Brevitas et Claritas, 2 Reyes 19:10-11

Estándar

Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, para decir: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. He aquí tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, destruyéndolas; ¿y escaparás tú? 2 Reyes 19:10-11.

A diferencia del rey Ezequías, es probable que usted no se enfrente a un ejército invasor. Pero si es como la mayoría, su vida está llena de obstáculos, problemas y necesidades cotidianas que amenazan su paz y seguridad. ¿Qué hace al respecto? ¿Confía en sus propias fuerzas y su talento para encontrar un camino, o pide ayuda a Dios como lo hizo el rey Ezequías?

«Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo: Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente.» (2 Reyes 19:15-16)… «Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios.» (2 Reyes 19:19). 

Uno de los propósitos de la oración es hacernos conscientes de nuestra dependencia del Señor. Ninguna preocupación es demasiado pequeña para llevarla a Él, y nada es demasiado grande que Él no pueda manejarlo. De hecho, se nos dice que no nos preocupemos por nada y que oremos por todo, «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.» (Filipenses 4:6). Dependencia en la oración produce una paz inexplicable, incluso en medio de circunstancias que no han cambiado, «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:7).

Luego olvidamos que somos criaturas que dependen por completo del Creador para poder respirar. La oración es un privilegio que Dios ha dado a sus hijos; permite poner humildemente nuestras preocupaciones ante nuestro Padre, confiados en que Él dirigirá nuestro camino y proveerá para nuestras necesidades. No tenemos nada que perder, excepto nuestro orgullo y autosuficiencia, junto con el temor y la ansiedad resultantes.

Lee. Medita. Aplica.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s