Historia de la Redención (6)

Estándar

D. Judá queda sola (Caída de la Nación). 2 Reyes 18-25, 2 Crónicas 10-28.

Judá ocupó el territorio circundado por el mar Muerto y la porción inferior del Río Jordán en el oriente; su capital era Samaria. Este Reino del Sur gozó la ventaja de un centro fijo de adoración y de gobierno, tenían potentes fortificaciones y un hermoso templo.

Por lo general las tribus del sur permanecieron más leales a Dios, lo que no ocurrió en el norte. Como ejemplo de esto tenemos a rey Josías, que reinó conforme al corazón en los caminos del Señor e intentó llevar el corazón del pueblo a Dios, eliminando la idolatría.

El reino del Norte tuvo por capital a Jerusalén, sus reyes decidieron llevar al pueblo a la idolatría a pesar de que Dios siempre les envió profetas. Tal es el caso de Elías y Eliseo. Esta generación no conocía a Jehová y los grandes portentos que había hecho. Fácilmente le dieron la espalda como habían hecho sus padres. Sin embargo el Señor seguía enviando a sus profetas para llamarlos al arrepentimiento, pero ellos preferían hacer pactos y alianzas con sus enemigos egipcios cuando fueron amenazados por los asirios en vez de volverse a Dios. Así que, llegado el tiempo, Dios envió juicio sobre este pueblo y en el reinado de Oseas, subió Salmanasar, rey de Asiria, invadió todo el país y tomó su capital; llevando gran parte de los habitantes del reino a poblar las tierras de Asiria y trajo a los asirios para que poblaran Samaria y se mezclaran con el pueblo. De esta unión nacieron los que se conocen como samaritanos y se le dio fin al reino del norte ya que nunca más volvieron a ser una nación. A pesar de que Dios les dio muchas oportunidades para el arrepentimiento, nunca le escucharon a Él ni a sus profetas. Después de esto, sólo quedó el reino del sur o Judá como pueblo de Dios en posesión de la tierra.

E. La cautividad (Sometimiento de la nación a extranjeros). Daniel, Ezequiel.

Judá también se sumergió en una serie de reinados malvados hasta que llega Ezequías, quien vuelve su corazón a Dios. En su reinado, estando los asirios en Samaria intentan tomar a Judá pero Ezequías, volviéndose a su Señor, es liberado del enemigo.

Tristemente sus sucesores no conocieron a Jehová ni a sus profetas, así que Él envió otro pueblo para que les castigaran, los babilonios con su rey Nabucodonosor. Estos, durante el reinado de Sedequías, invaden a Jerusalén, quemando a su paso las casas de todos los príncipes y las casa de la ciudad, destruyen sus murallas y saquearon y quemaron la casa de Jehová. Los babilonios también llevaron cautivos a la mayoría de los hijos de Judá durante setenta años a Babilonia y pusieron a sus gobernantes en todo Judá. Pero el Señor no abandonó a su pueblo a pesar de haberlos enviado a una nación idolatra, Dios se reservaba un remanente.

Aún en medio de esta opresión había corazones temerosos de Dios. Tal es el caso de Mesac, Sadrac y Abeg-Nego, jóvenes que servían en la corte del rey y que prefirieron ser expuestos a la muerte antes de adorar a otros dioses. Dios hizo un portento más cuando libró a estos jóvenes del horno de fuego al que fueron condenados, dando a conocer que el Dios de ellos era el Dios verdadero sobre toda la tierra y que fuera de él no había otro.

Tal fue la influencia de algunos del remanente en Babilonia, que al caer este imperio delante de los persas, siendo Darío rey medo-persa, Dios dio en su profeta Daniel gran aceptación delante de sus ojos. Esto trajo envidia entre los hombres perversos de la corte y tramaron una trampa contra Daniel que resulto en que fuera echado en el foso de los leones. Pero Dios estaba con él y le salvó de la muerte. Nuevamente Dios dio muestra de su poder a sus hijos en el cautiverio. Durante este tiempo Dios no se apartó completamente de su pueblo, pues les enviaba a sus profetas como lo eran Jeremías, Ezequiel y Daniel con el propósito de que el pueblo pudiera ver Su mano a pesar de las condiciones y mantuvieran la esperanza de volver a la tierra.

F. Restauración (Regresa el Remanente del Pueblo a su tierra) Esdras, Nehemías, Ester.

Cuando Ciro derroca a Nabucodonosor Dios pone en su corazón que otorgue permiso a los judíos para que vuelvan a su tierra y la reconstruyan, lo que una parte del pueblo hizo. Después de setenta años en cautiverio podían regresar a su tierra. La prosperidad que muchos habían logrado explica por qué no todos regresaron a Jerusalén.

Durante el imperio persa Dios levanta a una mujer llamada Esther y la lleva a gobernar como reina. Mediante la sabia intervención de esta mujer Dios preserva al pueblo que todavía estaba en Persia de ser exterminados.

Más adelante durante el reinado de Darío I se le da permiso a los judíos de regresar a reconstruir la ciudad y el templo proveyéndole de los recursos y protección de sus gobernadores en Jerusalén. Así se reconstruye el Templo, aunque este último tenía menos gloria que el de Salomón y lamentablemente sin el arca. La vida religiosa no se restauró con la fidelidad requerida ni sin dificultades por la constante oposición de los samaritanos. Así que Esdras obtiene permiso para viajar a Jerusalén y a lo largo de trece años, aproximadamente, logra restaurar la adoración a Dios. Después de un tiempo también a Nehemías se le permite regresar y éste emprende la labor de la reconstrucción de las murallas. Finalizada esta obra, el pueblo estaba deseoso de escuchar la palabra de Dios. Esdras y los escribas explicaron la ley de Jehová y se celebró la fiesta de los Tabernáculos, esta vasta convocación no se había visto desde los tiempos de Josías.

G. PREPARACION para la Salvación.

Período entre Antiguo y Nuevo Testamento / 400 años de silencio.

Sucedido estas cosas llegó un tiempo de silencio de parte de Dios, alrededor de cuatrocientos años, cuando en el pueblo de Israel no hubo profeta. Durante este período el Señor guardó su remanente en la familia del sumo sacerdote Matatías al oponerse a la idolatría, aunque no puedo ver la libertad religiosa obtenida por otro Macabeo, la firmeza que tuvo de parte del Señor fue un motor impulsador de gran valentía. Judas Macabeo obtuvo la libertad religiosa y esta obra fue seguida por su hermano Simón. Así permanecieron hasta la llegada del Imperio Romano, aunque esta libertad religiosa y nacional no significa que no fueron influenciados por la cultura helénica que sucedió a la siria.

Dios siguió preparando el camino a través de la historia permitiendo que los romanos, grandes constructores, invadieran Judea de mano de Pompeyo. Roma con su gobierno republicano puso un gobernador tras otro en Judea. Ninguna de esta influencia pudo frenar la obra que Dios estaba preparando, preparando al pueblo para la llegada de Aquel que derrotaría el imperio de la muerte. Preparando la expansión de su palabra a todas las naciones de la tierra y quienes mejor que los romanos para preparar el camino por donde esa palabra se llevaría, facilitando el camino para la salvación de los gentiles. Ciertamente la gloria de Dios alumbraría el mundo.

Bianka Reyes de Suriel

 

Historia de la Redención (5)

Estándar

Época de los Jueces.

A. Época oscura de la nación. Jueces, Rut.

Pero luego se levantó una generación que no conocía a Jehová y empezó en Israel una época oscura. No habiendo ley cada quien hacía lo que bien le parecía. Se entregaron a la idolatría y a mezclarse con los pueblos vecinos. Empezaron a vivir como las naciones vecinas, aceptando y practicando sus costumbres. Ciertamente esta generación olvidó el pacto de ser un pueblo santo, una nación selecta para Dios. Al ver todo este mal el Señor les enviaba pueblos que los oprimieran y lo obligaran a servidumbre. Seguido de este padecimiento venía el arrepentimiento del pueblo, Dios en su misericordia les escuchaba, perdonaba y les enviaba un libertador o juez. A esto le seguía un tiempo de relativa paz hasta que ese juez y generación vivían; pero luego se levantaba otra generación mala, que no conocía a Dios y este siclo iniciaba nuevamente.

Se cuentan siete siclos de esta naturaleza en Israel lo cual demuestra la longanimidad, amor y misericordia de Dios hacia su pueblo enviándoles trece jueces. Y aconteció que en este tiempo hubo y una hambruna en Israel y Elimelec, su mujer Noemí y sus hijos salieron de la tierra y moraron en los campos de Moab. Estando allá sus hijos se casan con dos moabitas Orfa y Rut. Transcurrido el tiempo Elimelec y sus hijos mueren, dejando a sus mujeres viudas. Entonces Noemí oyendo que Dios había visitado a su pueblo decide volver, y le dice a sus nueras que están libres y que si quieren se pueden quedar en su tierra, a lo que Rut le dice que la acompañaría y que su pueblo será su pueblo y su Dios será su Dios.

Al volver, Noemí le pide a un pariente lejano de su marido, hombre muy rico llamado Booz, que le permitiera ir a su campo a recoger la sombra de sus sembrados. Este hombre justo así se lo permitió. Después de un tiempo sucedió que Booz tomó a Rut como su mujer y el Señor le permitió que concibiera y diera a luz a Obed. Ciertamente Dios tenía un plan especial para esta familia y su descendencia, pues de ella vendrían grandes hombres de Dios y reyes de Israel.

Hubo en Israel un hombre llamado Elcana y su mujer era Ana, la cual era estéril. Un día estando ella en la casa de Dios ofreciendo sacrificio, le pidió al Señor un hijo y le prometió que si le fuese concedida esta petición ella le dedicaría su hijo. Al cabo del tiempo ella concibió y dio a luz a un niño y lo llamó Samuel e hizo tal como había prometido; llevó a Samuel para que ministrara en el templo. Samuel creció y la mano del Señor era con él, lo bendijo Dios de tal manera que por medio de Samuel que durante su administración Israel descansó de sus enemigos.

 B. Reino unido. (Época dorada de la Nación) 1 Reyes 1-11, 1 Crónicas, 2 Crónicas 1.9

Aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso por jueces a sus hijos, pero sus hijos no andaban en los caminos de Jehová. Entonces los ancianos de Israel le pidieron a Samuel que le constituyera un rey que saliera con ellos a la guerra, un rey como las demás naciones; olvidando así todo lo que el Señor había hecho con ellos desde que los sacó de Egipto.

A Samuel esta idea no le pareció nada bien pues era muestra de que rechazaban a Dios y su reinado sobre ellos. El Señor le habla a Samuel y le dice que escuche al pueblo y que les escoja rey, solamente que les recordara cómo les trataría un rey humano. El pueblo no le hizo caso; más bien insistió en el asunto. Entonces eligieron por rey a Saúl, que era un hombre hermoso de apariencia pero no tenía un corazón para Dios. No pasó mucho tiempo para evidenciar el corazón de Saúl, en una ocasión usurpó el oficio de sacerdote y en otra permitió que el pueblo tomara del anatema, del cual Dios les había prohibido que tomarán parte.

Para Saúl, satisfacer su deseo de popularidad era más importante que obedecer a Dios. Así que Dios lo desechó y cortó su descendencia para que siguiera el reinado. Dios le dijo a Samuel que se buscaría otro rey, uno conforme a su corazón. Le dijo que fuera a la casa de Isaí hijo de Obed, hijo de Booz, y de los hijos de Isaí el Señor escogió a David.

El reinado de David fue próspero y pudo organizar un imperio. Se reconoce de él su gran valentía en las batallas y el amor a su Señor reflejado en sus salmos. También organizó la vida religiosa del imperio y logró que el arca fuera restaurada a su lugar. David reinó sobre todo Israel por treinta y tres años, a su muerte lo sucedió su hijo Salomón.

A Salomón se le conoce como el rey sabio, reinó sobre todo Israel y durante su reinado la nación gozó de una riqueza y esplendor sin igual, también se gozó de paz con las demás naciones. El principio de su mandato estuvo marcado por la devoción a la causa de Dios además de la escritura de muchos proverbios en los cuales reflejaba la gran sabiduría que le había sido otorgada por Dios. Su mayor legado fue sin dudas la construcción del templo del Señor, el primer templo permanente de adoración a Dios que tuvo el pueblo de Israel. Este templo fue majestuoso, adornado con detalles magníficos y su dedicación fue un día de restauración de votos del pueblo hacia su Dios. Pero no todo fue esplendor en su reino ya que Salomón tuvo un período de oscuridad y apostasía. Durante un tiempo se volvió a los ídolos, lujuria y toda clase de excesos; tuvo un período de decadencia espiritual. Él, al igual que el pueblo, se corrompieron y no tuvieron un corazón firme para el Señor. No obstante, Dios fue fiel y Salomón reinó sobre todo Israel hasta el final de sus días.

C. Reino Dividido (Decadencia de la Nación) 1 Reyes 12-22, 2 Reyes 1-17, 2 Crónicas 10-28.

El reino de Salomón se dividió en dos casi inmediatamente después de su muerte. Un hombre llamado Jeroboam, de la tribu de Efraín, al oír de la muerte del rey regresa de Egipto con ambiciones de poder y arma un complot contra el sucesor al reino, Roboam, hijo de Salomón. Ya que el pueblo estaba siendo oprimido con altos impuestos por el sucesor al trono, no dudaron en agruparse y rebelarse contra su reinado. El deterioro espiritual y la vida entregada a la idolatría impidieron que el pueblo y su rey buscaran el consejo de Dios en este asunto.

El reino se dividió en dos: las tribus de Judá y Benjamín formaron el reino del norte, las diez tribus restantes el reino del sur. Roboam y Jeroboam fueron los primeros reyes de estos reinos respectivamente. El reino del norte (Israel) tuvo diecinueve reyes, todos reinaron de espaldas a Dios y sumergidos en la idolatría, pero Dios no les dejó en oscuridad, levantaba sus profetas aún en medio de un pueblo de dura cerviz. El reino del sur (Judá) también tuvo diecinueve reyes y una reina; algunos tomaron a Jehová como su Dios, otros no, también contó con el favor de Dios al hablarles por medio de sus profetas. Después de todo esto el pueblo de Israel fue de mal en peor y nunca más fue el reino esplendoroso que un día fue, nunca más fue un solo pueblo.

Bianka Reyes de Suriel

Historia de la Redención (4)

Estándar

Israel se revela y anda errante por el desierto (12 espías), serpiente de bronce.

Llegó el día de partir y todo el pueblo levantó el campamento y se dispuso a partir hacia la tierra que Dios les había prometido. En el transcurso del camino Israel se queja nuevamente por falta de carne, a lo que Dios les respondió enviándoles codornices.

Después de dos meses llegan a Cades-Barnea y desde allí envían espías para que fueran a explorar la tierra que Dios les había prometido. Cuando estos espías entran, notan que era una tierra fértil, tal como Dios les había dicho. Sin embargo al retornar y dar su reporte dicen que no podrán poseerla porque está habitada por gigantes. Sólo Josué y Caleb, quienes traen uvas como muestra de la fertilidad de la tierra, dan un reporte esperanzador; pues llaman al pueblo a confiar en el Dios que los había sacado de Egipto. Sin embargo el pueblo, falto de fe, decidió creer en el reporte negativo de los diez espías. Aquí nuevamente el pueblo se rebela contra Dios y desea su muerte.

Entonces Dios viendo la rebelión del pueblo, habla con su siervo Moisés y le dice que verdaderamente ninguno de esa generación entraría a la tierra, excepto Josué y Caleb. Después de esto el pueblo peregrinó en el desierto hasta que toda esa generación incrédula pereció. Aquí también murieron María y Aarón hermanos de Moisés. Tristemente Moisés ve llegar sus últimos días en este lugar, no pudiendo entrar a la tierra prometida al igual que sus hermanos. Sólo pudo verla de lejos ya que Dios le permitió verla. Finalmente, sabiendo él que sus últimos días habían llegado comisiona a Josué para que sea el nuevo líder, el que introduciría el pueblo a la tierra. Moisés deja este mundo no sin antes exhortar al pueblo a la fidelidad, adoración y obediencia al único Dios verdadero.

Josué entra, conquista y habita Canaán (12 tribus).

Estando Josué al mando del pueblo, Dios nuevamente ratifica su pacto con este pueblo y le dice a Josué que no temiera porque Él no abandonaría a su pueblo, más bien lo introduciría a la tierra que había jurado a sus padres.

Al igual que Moisés, Josué envió a dos espías a Jericó para que la inspeccionaran; pero estos dos espías fueron descubiertos y perseguidos. Ellos se escondieron en la casa de una ramera llamada Rahab. Esta les salvó la vida y les hizo jurar por el nombre de Jehová su Dios que cuando Jehová le entregara la ciudad ellos salvarían su familia. Así lo prometieron y salieron de la ciudad descolgados por un cordón de la casa de esa mujer. Este cordón ella debía colgarlo para que la ubicaran el día de la batalla y todo el que estuviera en su casa fuera librado de la muerte.

Los espías llegan a Josué y le dicen que ciertamente el Señor había entregado la ciudad en sus manos pues el temor llenaba los corazones de todos sus habitantes. Josué organiza el pueblo camino a Jericó, los sacerdotes delante con el arca y el ejército detrás. Al llegar a las poderosas murallas de Jericó, el Señor les dice que la rodeen por seis días y que al séptimo se prepararan porque sus murallas caerían.

Sucedió tal como Dios había dicho, los israelitas destruyeron la ciudad menos a los de la casa de Rahab. Después el ejército de Israel derrota la ciudad de Hai, a los amorreos y a otros pueblos más, aunque no exterminaron por completo a todos los pueblos aledaños que habitaban en aquella región.

Finalmente, llega el momento de repartir y poseer la tierra entre las tribus de Israel. La repartición de la tierra entre las nueve tribus y media se llevó a cabo por medio de suertes, bajo la vigilancia de Josué y el sumo sacerdote Eleazar. A cada tribu se le dio conforme a su necesidad y tamaño. Las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés habían tomado posesión al este del río Jordán. Para los hombres de estas tribus era tiempo de volver a sus familias pues ya habían cumplido lo prometido a Moisés de luchar junto al pueblo hasta la conquista de la tierra. Así habitó Israel la tierra que Jehová había prometido a sus padres Abraham, Isaac y Jacob.

Al igual que lo hiciera Moisés, Josué ya siendo viejo dio un discurso final recordando al pueblo la fidelidad de Dios, sus portentos y milagros. Les pidió que se esforzaran en guardar todo lo que estaba escrito en la ley de Moisés y que no se apartaran ni a derecha ni izquierda; que guardaran con diligencia sus corazones para amar a Jehová. Después de estas cosas murió Josué a la edad de ciento diez años y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sabían todas las obras que Jehová había hecho por Israel.

Bianka Reyes de Suriel

Historia de la Redención (3)

Estándar

B. De Egipto a Canaán (El crecimiento del pueblo de Dios) Éxodo – Josué.

Dios preserva a su Pueblo en Egipto. Crecimiento, Moisés, las 10 plagas, Pascua, Liberación.

Dios bendijo grandemente a su pueblo en la tierra de Egipto, los libró de la hambruna y les multiplicó grandemente. Después de un tiempo, llamó Jacob a sus hijos, los bendijo y profetizó sobre ellos y sus descendencias las obras maravillosas que Dios haría con ellos. También les dio mandamientos sobre dónde debían sepultarlo y al terminar entregó el espíritu.

Pasó un tiempo y José procedió igual, llamó a sus hermanos y les dijo que moriría, pidió que tomaran sus huesos y los llevaran a la tierra que Dios juró a sus padres que les daría; porque el Señor les visitaría y ciertamente les haría subir allá. Al tiempo se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no tenía el mismo trato con la familia de José, al contrario, les veía como una amenaza. Así que ideó un plan para someterlos a esclavitud y así fue. Además quiso impedir que siguieran multiplicándose y le dijo a las parteras que mataran a todo niño varón al momento de nacer. Pero el Señor puso su temor en sus corazones y no lo hicieron.

Por esta amenaza, cuando una familia de los hijos de Leví tuvo un hermoso niño quisieron salvarlo colocándolo en el río, cerca de donde se bañaba la hija del Faraón. Ésta, al verle, le tomó como su hijo. El nombre de ese niño fue Moisés. Moisés vivía con los privilegios del hijo de la hija del Faraón, pero Dios tenía un plan para él y su pueblo que estaba siendo maltratado en esa tierra. El Señor siguió multiplicando a su pueblo en esta tierra hasta que llegó en momento de sacarlos y llevarlos a la tierra que Él había prometido a sus padres. Para esta tarea Dios llamó a Moisés para que fuese el líder del pueblo y le pidiera al Faraón que dejara ir a su pueblo. Pero el corazón de Faraón se endureció y dijo que no les dejaría ir.

Dios entonces, para mostrar su poder y la gloria de su gran nombre, envió sobre los egipcios diferentes plagas: ranas, moscas, muerte del ganado, tinieblas y otras más. Pero el corazón del Faraón seguía endurecido. Entonces habló Jehová a Moisés y le dijo que hablara a toda la congregación que todas las familias tomaran un cordero sin mancha y lo comieran con panes sin levaduras y hierbas amargas. Además debían tomar la sangre del cordero y colocarla en los postes y en el dintel de la casa en donde estuvieran celebrando la pascua, así lo hizo todo el pueblo de Israel. Y pasó el Señor aquella noche por toda la tierra de Egipto, tal como lo había dicho, e hirió con la muerte de todo primogénito de esa tierra. Toda esa tierra lloró a sus hijos menos los Israelitas, pues fueron librados por la señal de la sangre del cordero. Sólo después de esto faraón dejó salir al pueblo de Egipto. El número de ellos era aproximadamente dos millones y medio de personas. Realmente Dios hizo de la descendencia de Abraham un pueblo numeroso.

La provisión de Dios para Su Pueblo antes del Monte Sinaí.

Mar Rojo, agua, maná, Amalec.

No pasa mucho tiempo cuando Faraón decide perseguirlos y vengar la muerte de los primogénitos. Ya los israelitas se encontraban en el desierto y con el Mar Rojo en frente. Cuando vieron que los egipcios los perseguían se llenaron de temor y empezaron a quejarse con Moisés. Así que Dios habla a Moisés y le dice al pueblo que marche hacia adelante. Entonces Dios, dando muestra de su gran poder, divide el Mar Rojo en dos y su pueblo pasa por el medio del mar como por tierra seca. Intentando hacer lo mismo los egipcios, Dios cierra el mar con ellos dentro y todos perecen. Así libró el Señor a su pueblo de los egipcios, con su gran poder y su mano extendida.

Estando ya en el desierto los hijos de Israel empezaron a quejarse contra Moisés porque no tenían qué comer. Dios entonces dice a Moisés que hablara con el pueblo para que salieran en la mañana a recoger pan del cielo o maná, la provisión que Él haría fielmente cada día. Y así sucedió.

El pueblo siguió desplazándose por el desierto y nuevamente se quejó contra Moisés a causa del agua. Nuevamente Dios proveyó para su pueblo haciendo brotar agua de entre las rocas. Durante todo el tiempo que estuvieron en el desierto el pueblo nunca tuvo necesidad de nada, Dios fue su proveedor fiel. Aunque Israel tenía un corazón quejoso Dios nunca apartó su misericordia de ellos.

El pueblo siguió avanzando por el desierto y llegaron a Refidim. Allí fueron atacados sorpresivamente por los Amalecitas. Este pueblo atacó traicioneramente a Israel por la espalda, cuando estaban cansados e indefensos. Entonces Moisés le manda a Josué a preparar al pueblo para enfrentar al enemigo. Josué organiza a los varones israelitas para luchar contra Amalec. Entre tanto el pueblo luchaba, Moisés oraba a Dios y sucedía que cuando él oraba con sus manos arriba el pueblo tomaba ventaja en la batalla así que Moisés perseveró en la oración y Dios le dio la victoria a su pueblo. Dios también les prometió que exterminaría de la tierra a los amalecitas. Todo el pueblo estaba muy agradecido por haber sido librado y Moisés edificó un altar un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi. Después de lo sucedido Jetro, el suegro de Moisés, viendo el gran trabajo de su nuero, le aconseja que seleccione hombres sabios para que lo ayuden a lidiar con un pueblo tan grande. Así lo hizo y fue así como principió el largo proceso de organizar al pueblo.

Dios revela su palabra en el Monte Sinaí. Ley moral, ley civil y ley ceremonial.

Cuando salieron de Refidim, el pueblo llegó al desierto del Sinaí y allí acamparon por un tiempo. Dios llama a Moisés para que le diga al pueblo, de parte de Dios, que si ellos caminaban en los caminos de Dios y guardaban su pacto, ellos serían su especial tesoro sobre todos los demás pueblos sobre la tierra. Esto era sin lugar a dudas un privilegio enorme, debían estar agradecidos de la misericordia del Dios que los había librado de la esclavitud. Luego Dios señaló el día cuando descendería sobre el Monte Sinaí, todos debían bañarse y vestirse para este día especial. Nadie podía subir al monte, sólo Moisés podía, y así lo hizo. Estando Moisés en el monte Dios le entrega las leyes que regirán al pueblo en todos los aspectos de la vida.

Como ellos eran el pueblo de Dios debían conducirse diferentes a todos los pueblos sobre la tierra. Dios le dio tres tipos de leyes: Moral, Civil y Ceremonial. La primera parte de la ley divina contenía Los diez Mandamientos, los principios fundamentales sobre la moralidad y la religión. Se prohibía idolatría, robo, adulterio, etc. También se prohibía cualquier clase de crueldad e injusticia y se protegía a los menos privilegiados y al menesteroso. En la ley ceremonial se incluía todo lo relacionado a la adoración, al cómo conducirse en la casa de Dios, el tabernáculo, las ofrendas y los sacrificios. Todo esto habló Dios a Moisés, para sacrificarse para sí un pueblo santo, donde su Nombre se diera a conocer sobre toda la faz de la tierra. Y cuando acabó Dios de hablar a Moisés le dio las dos tablas del testimonio, escritas con su dedo.

Rebelión de Israel. Becerro de oro.

Viendo el pueblo que Moisés tardaba mucho en descender del monte Sinaí, se acercaron al hermano de Moisés llamado Aarón para que levantase dioses que fueran delante del pueblo pues creyeron que Moisés había muerto.

Nuevamente vemos como este pueblo es rápido en darle la espalda a Dios y dudar de su fidelidad. Aarón accedió débilmente a la petición y fabricó un becerro de oro de los adornos que le trajeron. Entonces Jehová le dice a Moisés que descienda del monte porque el pueblo se había corrompido. Al regresar, descubre con horror que el pueblo estaba practicando la idolatría. Tirando las tablas de la ley al suelo tomó el becerro de oro y lo fundió, haciéndole beber a todos. Entonces oró Moisés a favor del pueblo, para que este pecado de idolatría fuera perdonado y la presencia de Dios no se apartara del pueblo. El Señor escuchó el clamor y les perdonó y ratificó su pacto de bendecirles y hacerles el bien haciéndoles entrar en la tierra prometida.

La provisión de Dios para su pueblo después del Monte Sinaí. Agua, maná.

Entre tanto Dios seguía afirmando su pacto, su presencia se seguía manifestando. De día con una nube y de noche con una columna de fuego. Cuando se movían, el pueblo partía del sitio donde estuvieran. Antes de salir del campamento del Sinaí, se censó al pueblo, los varones de veinte años para arriba. El resultado fue de 603,550 individuos. En este tiempo ya el tabernáculo estaba en uso y se acercaba el primer aniversario de su liberación. El pueblo estaba contento y preparándose para celebrar la pascua nuevamente. Durante todo este tiempo ellos habían disfrutado de la misericordia de Dios y de su longanimidad. Cada día seguía dándoles maná y agua para el pueblo y en ganado.

Bianka Reyes de Suriel

Historia de la Redención (2)

Estándar

2. Vía de Salvación. El trato de Dios con la Nación de Israel.

(Génesis 12 -Malaquías)

A. Época de los Patriarcas (El Padre de la Nación) Génesis Caps. 12 al 50.

Abraham. Pueblo, tierra, nación, bendición. De todos los pueblos Dios se propuso escoger uno para completar la revelación de sí mismo, para mantener en alto la adoración del único y verdadero Dios en medio de un mundo que adoraba a muchos dioses.

Dios escogió a un hombre llamado Abram, hijo de Taré y descendiente de Sem. Abram nació en Ur de Caldea, la familia emigró hacia Harán, al noreste de la Mesopotamia. Estando Abram en este lugar Dios se le revela y le dice: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a una tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a lo que te bendijeren y maldeciré a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

Ya que Abram era un hombre temeroso de Dios, creyó y le obedeció de todo su corazón, saliendo así sin saber exactamente a dónde iba. Al salir se llevó consigo a su esposa Sara y a su sobrino Lot, además de todos sus bienes, ganado y trabajadores. Salieron hacia una tierra llamada Canaán, tierra habitada por diversos pueblos llamados cananeos. Y Abraham (pues Dios le cambió el nombre) vio toda aquella tierra y se le apareció nuevamente el Señor y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y creyó Abraham a Dios. En el tiempo señalado, Sara dio a luz a un niño al cual llamaron Isaac.

Isaac. Ambos estaban felices y agradecidos de Dios, Abraham, el amigo de Dios, sabía que el Señor tenía un plan grande para su hijo ya que se le había prometido que él sería padre de muchedumbre de gentes, y naciones y reyes saldrían de su simiente. Pero un día el Señor le dijo a Abraham que sacrificara a su hijo Isaac y él sabiendo que Dios todo lo puede no dudó en ofrecer a su hijo, pero Dios no buscaba derramamiento de sangre, sino probar la fe. Al ver el Señor la fe de Abraham y que no le había negado a su hijo Isaac, ratificó sus promesas con él y su descendencia jurando por sí mismo de que le bendeciría y multiplicaría y que en su simiente serían benditas todas la familias de la tierra. Luego de un tiempo Isaac se casa con Rebeca y tiene dos hijos, Esaú y Jacob.

Jacob. Esaú era diestro en la caza y Jacob era un hombre pacífico que habitaba en tiendas. A Esaú por ser el primogénito era al que le correspondían la bendición espiritual y los bienes de la familia. Pero Esaú no era un hombre temeroso de Dios: despreció las bendiciones de su primogenitura cambiándola a su hermano Jacob por un plato de lentejas. Jacob vive un tiempo con su tío Labán y allí se casa con dos hermanas Lea y Raquel y procrea doce hijos y una hija. En esta tierra Jacob prosperó y se multiplicó, pero después de un tiempo decidió volver con toda su familia a Canaán pero el hecho de haber engañado a su hermano le traía temor a su corazón, sin embargo Dios le envía su ángel y éste le bendice y le cambia el nombre de Jacob por el de Israel.

José. De sus doce hijos, Jacob mostró una clara preferencia por José. Éste era el hijo mayor de Raquel, la esposa favorita. Esta actitud de Jacob provocó el disgusto de los hijos de Lea, su otra esposa. José mostró desde el principio una naturaleza espiritual y sensible. Dos sueños extraños que parecían mostrar la autoridad de José sobre sus hermanos y aún sobre sus padres, demostraron que la mano de Dios era sobre él.

Debido a estos sueños y a que su padre Jacob le señalaba como favorito, sus hermanos resolvieron, provocados por los celos y su malvado corazón, acabar con José y sus sueños. Un día Jacob envió a José donde sus hermanos pastaban el rebaño, al verlo los hermanos decidieron venderle a una caravana de mercaderes que se dirigía a Egipto. Lo vendieron por veinte monedas de plata. Le quitaron su túnica y la mancharon con sangre de animal para simular su muerte delante de su padre Jacob.

Sin embargo Dios tenía un plan para José y para su pueblo; José se hizo grande en la tierra de Egipto porque había mostrado una sabiduría sin igual al haber interpretado los sueños del Faraón. José siempre le dio la gloria a Dios por la sabiduría que posaba sobre él. Luego de un tiempo sobrevino una hambruna sobre las naciones del Mediterráneo y las naciones vecinas venían a Egipto a buscar alimento, pues gracias a la administración de José esta tierra había sido librada de esta escasez de alimento.

Viendo Jacob que en Egipto había alimentos envió a sus hijos a comprar víveres. Cuando los hijos de Jacob llegaron a Egipto fueron atendidos por José, quien se reveló como el hermano que habían vendido tiempo atrás más no había nada que temer porque él los había perdonado, también les dijo que todo había sucedido por una buena razón: Dios había preservado su pueblo de esta manera.

Entonces José les dijo que volvieran a Canaán, trajeran a su padre Jacob y a todas sus familias y que vinieran a vivir a Egipto, a una tierra fértil y buena para el ganado llamada Gosén. Así lo hicieron ellos, trajeron a su padre y familias, todos ellos eran aproximadamente setenta personas.

Bianka Reyes de Suriel

Historia de la Redención (1)

Estándar

Nuestra amada hermana Bianka ha preparado una breve historia sobre la redención del hombre que abarca desde Génesis hasta Apocalipsis. Disfruten.

Narrativa sobre el Antiguo Testamento.

Creación y propósito del hombre. Génesis Caps. 1,2 En el principio de los tiempos, decidió Dios crear, y creó Él, con su palabra y en espacio de seis días, la Tierra y todo lo que existe. Hizo Dios el universo y todo lo que contiene, sus grandes planetas y estrellas luminosas. A la tierra le dijo que produjera diferentes plantas buenas y deliciosas para comer. Hizo también los animales que viven en el mar, en la tierra y los que pueden volar. Todo lo hizo Dios bueno y hermoso en gran manera en un espacio de seis días. Para culminar su obra y la gloria de su Nombre y para que usaran y gobernaran sobre todo lo creado creó al hombre, varón y hembra los creó. Este hombre era perfecto, tenía su complacencia en Dios y disfrutaba de su comunión.

  1. El Trato de Dios con el mundo entero antes de escoger la nación de Israel. Necesidad de Salvación. (Génesis Caps. 3 al 11).

Caída (Pecado). Pero el estado de perfecta armonía entre el Creador y sus criaturas no fue perdurable, ellos decidieron desobedecer a su Creador, escuchando las falsas promesas de Satanás. Se volvieron en contra de Dios y comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal que se les había prohibido. Eva comió primero y después Adán, muriendo espiritualmente en ese mismo instante. Por esta desobediencia entró el pecado al mundo y toda la creación fue afectada.

La relación entre Dios y ellos se rompió, ya no existía esa comunión abierta entre ellos. Dios es santo y sin relación con el pecado. Sin embargo, Dios, mostrando su infinito amor y misericordia antes de echarlos del huerto les promete un Redentor, uno que saldría de la simiente de la mujer y que destruiría para siempre el dominio del pecado y de Satanás, uno que restauraría nuevamente la comunión entre Dios y la raza humana.

Primer Homicidio. Ahora viviendo el hombre fuera del huerto, en un estado de pecado, sufriendo las maldiciones de Dios sobre la tierra y todo su fruto; Eva concibió y trajo al mundo una descendencia pecadora y apartada naturalmente de Dios. Los primeros hijos de Adán y Eva fueron Caín y Abel, uno agricultor y el otro pastor. No pasó mucho tiempo para que empezaran a cosechar los frutos amargos del pecado. Sucedió un día que vinieron a adorar a Dios y cada uno trajo su ofrenda, pero Dios no se agradó de la ofrenda de Caín. Caín, gobernado por su ira y celos mató a su hermano Abel. Previamente vemos cómo Dios le sale al encuentro al pecador, primero haciendo ver en qué consiste el dominio del pecado, luego preguntando a Caín por su hermano. Esto así para llamarlo al arrepentimiento al cual éste nunca procedió.

Diluvio. La inclinación natural del hombre siguió siendo de continuo hacia el mal y las generaciones venideras así lo demostraron. Su corazón siempre inclinado a apartarse de Dios y su gobierno. El pecado prevaleció tanto y la maldad se volvió tan grande en la mente y acciones de los hombres, que Dios decidió destruir esa generación maligna y perversa a fin de hacer un nuevo principio.

Hubo un hombre llamado Noé que andaba en los caminos de Señor, Dios ordena a Noé que construya un arca muy grande donde él, su esposa, sus tres hijos y las esposas de ellos serían librados del juicio que Él traería sobre toda la faz de la tierra. Los hijos de Noé se llamaban Cam, Sem y Jafet. Dios también le dijo a Noé que llevara dentro del arca las parejas de animales que Él le indicaría. Ciento veinte años duró Noé construyendo el arca y en todo ese tiempo no hubo un solo corazón que se volviera hacia Dios.

Finalmente envió Dios un diluvio que duró cuarenta días y cuarenta noches y toda la faz de la tierra fue inundada, sobreviviendo únicamente Noé, su familia y los animales que estaban con él. Al salir del arca, Noé alabó y adoró a Dios construyendo un altar donde ofreció sacrificio. Noé y familia recibieron la promesa de que Dios no volvería a destruir la tierra con un diluvio y les dio como señal el arcoíris. Sus descendientes aumentaron rápidamente y se esparcieron por los valles fértiles de aquella tierra. (Asia Menor).

Torre de Babel

El Comienzo de Naciones. Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras, pero esto no significaba que los hombres se reunieran a alabar en nombre de Dios y contar sus maravillas o las grandes obras que había hecho a favor del hombre; más bien se pusieron de acuerdo para construir su propio gobierno y dijeron: vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre por si fuésemos esparcidos sobre la faz de la tierra.

Este plan no fue del agrado de Dios, pues sabía que la motivación de sus perversos corazones era que Él no gobernara sobre ellos. Él sabía que los hombres no desistirían de este plan puesto ya se había puesto de acuerdo. Por tanto dijo: Descendamos y confundamos allí su lengua para que ninguno entienda el habla de su compañero. Entonces cada uno se agrupó con aquellos que tenían el mismo idioma.

Así esparció Dios toda aquella gente desde allí sobre toda la faz de la tierra y así dejaron de edificar la ciudad. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió el Señor el lenguaje de toda la tierra.

Bianka Reyes de Suriel

 

499 años!

Estándar

Post tenebras lux (después de oscuridad, luz)

Sola Escritura. 2Pedro 1:21; 2Timoteo 3:16; Marcos 7:7; 1Corintios 4:6
Sola Gracia. Efesios 2:8-9; Tito 3:5; Romanos 3:24
Sola Fe.
Solo Cristo. 1Timoteo 2:5; Hebreos 7:23-25
Soli Deo Gloria. Isaías 46:5-11

El 31 de octubre de 1517, al clavar su lista de 95 tesis en las puertas de madera del castillo de Wittenburg, Lutero dio inicio a la Reforma.

¡Feliz día!