Historia de la Redención (6)

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D. Judá queda sola (Caída de la Nación). 2 Reyes 18-25, 2 Crónicas 10-28.

Judá ocupó el territorio circundado por el mar Muerto y la porción inferior del Río Jordán en el oriente; su capital era Samaria. Este Reino del Sur gozó la ventaja de un centro fijo de adoración y de gobierno, tenían potentes fortificaciones y un hermoso templo.

Por lo general las tribus del sur permanecieron más leales a Dios, lo que no ocurrió en el norte. Como ejemplo de esto tenemos a rey Josías, que reinó conforme al corazón en los caminos del Señor e intentó llevar el corazón del pueblo a Dios, eliminando la idolatría.

El reino del Norte tuvo por capital a Jerusalén, sus reyes decidieron llevar al pueblo a la idolatría a pesar de que Dios siempre les envió profetas. Tal es el caso de Elías y Eliseo. Esta generación no conocía a Jehová y los grandes portentos que había hecho. Fácilmente le dieron la espalda como habían hecho sus padres. Sin embargo el Señor seguía enviando a sus profetas para llamarlos al arrepentimiento, pero ellos preferían hacer pactos y alianzas con sus enemigos egipcios cuando fueron amenazados por los asirios en vez de volverse a Dios. Así que, llegado el tiempo, Dios envió juicio sobre este pueblo y en el reinado de Oseas, subió Salmanasar, rey de Asiria, invadió todo el país y tomó su capital; llevando gran parte de los habitantes del reino a poblar las tierras de Asiria y trajo a los asirios para que poblaran Samaria y se mezclaran con el pueblo. De esta unión nacieron los que se conocen como samaritanos y se le dio fin al reino del norte ya que nunca más volvieron a ser una nación. A pesar de que Dios les dio muchas oportunidades para el arrepentimiento, nunca le escucharon a Él ni a sus profetas. Después de esto, sólo quedó el reino del sur o Judá como pueblo de Dios en posesión de la tierra.

E. La cautividad (Sometimiento de la nación a extranjeros). Daniel, Ezequiel.

Judá también se sumergió en una serie de reinados malvados hasta que llega Ezequías, quien vuelve su corazón a Dios. En su reinado, estando los asirios en Samaria intentan tomar a Judá pero Ezequías, volviéndose a su Señor, es liberado del enemigo.

Tristemente sus sucesores no conocieron a Jehová ni a sus profetas, así que Él envió otro pueblo para que les castigaran, los babilonios con su rey Nabucodonosor. Estos, durante el reinado de Sedequías, invaden a Jerusalén, quemando a su paso las casas de todos los príncipes y las casa de la ciudad, destruyen sus murallas y saquearon y quemaron la casa de Jehová. Los babilonios también llevaron cautivos a la mayoría de los hijos de Judá durante setenta años a Babilonia y pusieron a sus gobernantes en todo Judá. Pero el Señor no abandonó a su pueblo a pesar de haberlos enviado a una nación idolatra, Dios se reservaba un remanente.

Aún en medio de esta opresión había corazones temerosos de Dios. Tal es el caso de Mesac, Sadrac y Abeg-Nego, jóvenes que servían en la corte del rey y que prefirieron ser expuestos a la muerte antes de adorar a otros dioses. Dios hizo un portento más cuando libró a estos jóvenes del horno de fuego al que fueron condenados, dando a conocer que el Dios de ellos era el Dios verdadero sobre toda la tierra y que fuera de él no había otro.

Tal fue la influencia de algunos del remanente en Babilonia, que al caer este imperio delante de los persas, siendo Darío rey medo-persa, Dios dio en su profeta Daniel gran aceptación delante de sus ojos. Esto trajo envidia entre los hombres perversos de la corte y tramaron una trampa contra Daniel que resulto en que fuera echado en el foso de los leones. Pero Dios estaba con él y le salvó de la muerte. Nuevamente Dios dio muestra de su poder a sus hijos en el cautiverio. Durante este tiempo Dios no se apartó completamente de su pueblo, pues les enviaba a sus profetas como lo eran Jeremías, Ezequiel y Daniel con el propósito de que el pueblo pudiera ver Su mano a pesar de las condiciones y mantuvieran la esperanza de volver a la tierra.

F. Restauración (Regresa el Remanente del Pueblo a su tierra) Esdras, Nehemías, Ester.

Cuando Ciro derroca a Nabucodonosor Dios pone en su corazón que otorgue permiso a los judíos para que vuelvan a su tierra y la reconstruyan, lo que una parte del pueblo hizo. Después de setenta años en cautiverio podían regresar a su tierra. La prosperidad que muchos habían logrado explica por qué no todos regresaron a Jerusalén.

Durante el imperio persa Dios levanta a una mujer llamada Esther y la lleva a gobernar como reina. Mediante la sabia intervención de esta mujer Dios preserva al pueblo que todavía estaba en Persia de ser exterminados.

Más adelante durante el reinado de Darío I se le da permiso a los judíos de regresar a reconstruir la ciudad y el templo proveyéndole de los recursos y protección de sus gobernadores en Jerusalén. Así se reconstruye el Templo, aunque este último tenía menos gloria que el de Salomón y lamentablemente sin el arca. La vida religiosa no se restauró con la fidelidad requerida ni sin dificultades por la constante oposición de los samaritanos. Así que Esdras obtiene permiso para viajar a Jerusalén y a lo largo de trece años, aproximadamente, logra restaurar la adoración a Dios. Después de un tiempo también a Nehemías se le permite regresar y éste emprende la labor de la reconstrucción de las murallas. Finalizada esta obra, el pueblo estaba deseoso de escuchar la palabra de Dios. Esdras y los escribas explicaron la ley de Jehová y se celebró la fiesta de los Tabernáculos, esta vasta convocación no se había visto desde los tiempos de Josías.

G. PREPARACION para la Salvación.

Período entre Antiguo y Nuevo Testamento / 400 años de silencio.

Sucedido estas cosas llegó un tiempo de silencio de parte de Dios, alrededor de cuatrocientos años, cuando en el pueblo de Israel no hubo profeta. Durante este período el Señor guardó su remanente en la familia del sumo sacerdote Matatías al oponerse a la idolatría, aunque no puedo ver la libertad religiosa obtenida por otro Macabeo, la firmeza que tuvo de parte del Señor fue un motor impulsador de gran valentía. Judas Macabeo obtuvo la libertad religiosa y esta obra fue seguida por su hermano Simón. Así permanecieron hasta la llegada del Imperio Romano, aunque esta libertad religiosa y nacional no significa que no fueron influenciados por la cultura helénica que sucedió a la siria.

Dios siguió preparando el camino a través de la historia permitiendo que los romanos, grandes constructores, invadieran Judea de mano de Pompeyo. Roma con su gobierno republicano puso un gobernador tras otro en Judea. Ninguna de esta influencia pudo frenar la obra que Dios estaba preparando, preparando al pueblo para la llegada de Aquel que derrotaría el imperio de la muerte. Preparando la expansión de su palabra a todas las naciones de la tierra y quienes mejor que los romanos para preparar el camino por donde esa palabra se llevaría, facilitando el camino para la salvación de los gentiles. Ciertamente la gloria de Dios alumbraría el mundo.

Bianka Reyes de Suriel

 

Historia de la Redención (5)

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Época de los Jueces.

A. Época oscura de la nación. Jueces, Rut.

Pero luego se levantó una generación que no conocía a Jehová y empezó en Israel una época oscura. No habiendo ley cada quien hacía lo que bien le parecía. Se entregaron a la idolatría y a mezclarse con los pueblos vecinos. Empezaron a vivir como las naciones vecinas, aceptando y practicando sus costumbres. Ciertamente esta generación olvidó el pacto de ser un pueblo santo, una nación selecta para Dios. Al ver todo este mal el Señor les enviaba pueblos que los oprimieran y lo obligaran a servidumbre. Seguido de este padecimiento venía el arrepentimiento del pueblo, Dios en su misericordia les escuchaba, perdonaba y les enviaba un libertador o juez. A esto le seguía un tiempo de relativa paz hasta que ese juez y generación vivían; pero luego se levantaba otra generación mala, que no conocía a Dios y este siclo iniciaba nuevamente.

Se cuentan siete siclos de esta naturaleza en Israel lo cual demuestra la longanimidad, amor y misericordia de Dios hacia su pueblo enviándoles trece jueces. Y aconteció que en este tiempo hubo y una hambruna en Israel y Elimelec, su mujer Noemí y sus hijos salieron de la tierra y moraron en los campos de Moab. Estando allá sus hijos se casan con dos moabitas Orfa y Rut. Transcurrido el tiempo Elimelec y sus hijos mueren, dejando a sus mujeres viudas. Entonces Noemí oyendo que Dios había visitado a su pueblo decide volver, y le dice a sus nueras que están libres y que si quieren se pueden quedar en su tierra, a lo que Rut le dice que la acompañaría y que su pueblo será su pueblo y su Dios será su Dios.

Al volver, Noemí le pide a un pariente lejano de su marido, hombre muy rico llamado Booz, que le permitiera ir a su campo a recoger la sombra de sus sembrados. Este hombre justo así se lo permitió. Después de un tiempo sucedió que Booz tomó a Rut como su mujer y el Señor le permitió que concibiera y diera a luz a Obed. Ciertamente Dios tenía un plan especial para esta familia y su descendencia, pues de ella vendrían grandes hombres de Dios y reyes de Israel.

Hubo en Israel un hombre llamado Elcana y su mujer era Ana, la cual era estéril. Un día estando ella en la casa de Dios ofreciendo sacrificio, le pidió al Señor un hijo y le prometió que si le fuese concedida esta petición ella le dedicaría su hijo. Al cabo del tiempo ella concibió y dio a luz a un niño y lo llamó Samuel e hizo tal como había prometido; llevó a Samuel para que ministrara en el templo. Samuel creció y la mano del Señor era con él, lo bendijo Dios de tal manera que por medio de Samuel que durante su administración Israel descansó de sus enemigos.

 B. Reino unido. (Época dorada de la Nación) 1 Reyes 1-11, 1 Crónicas, 2 Crónicas 1.9

Aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso por jueces a sus hijos, pero sus hijos no andaban en los caminos de Jehová. Entonces los ancianos de Israel le pidieron a Samuel que le constituyera un rey que saliera con ellos a la guerra, un rey como las demás naciones; olvidando así todo lo que el Señor había hecho con ellos desde que los sacó de Egipto.

A Samuel esta idea no le pareció nada bien pues era muestra de que rechazaban a Dios y su reinado sobre ellos. El Señor le habla a Samuel y le dice que escuche al pueblo y que les escoja rey, solamente que les recordara cómo les trataría un rey humano. El pueblo no le hizo caso; más bien insistió en el asunto. Entonces eligieron por rey a Saúl, que era un hombre hermoso de apariencia pero no tenía un corazón para Dios. No pasó mucho tiempo para evidenciar el corazón de Saúl, en una ocasión usurpó el oficio de sacerdote y en otra permitió que el pueblo tomara del anatema, del cual Dios les había prohibido que tomarán parte.

Para Saúl, satisfacer su deseo de popularidad era más importante que obedecer a Dios. Así que Dios lo desechó y cortó su descendencia para que siguiera el reinado. Dios le dijo a Samuel que se buscaría otro rey, uno conforme a su corazón. Le dijo que fuera a la casa de Isaí hijo de Obed, hijo de Booz, y de los hijos de Isaí el Señor escogió a David.

El reinado de David fue próspero y pudo organizar un imperio. Se reconoce de él su gran valentía en las batallas y el amor a su Señor reflejado en sus salmos. También organizó la vida religiosa del imperio y logró que el arca fuera restaurada a su lugar. David reinó sobre todo Israel por treinta y tres años, a su muerte lo sucedió su hijo Salomón.

A Salomón se le conoce como el rey sabio, reinó sobre todo Israel y durante su reinado la nación gozó de una riqueza y esplendor sin igual, también se gozó de paz con las demás naciones. El principio de su mandato estuvo marcado por la devoción a la causa de Dios además de la escritura de muchos proverbios en los cuales reflejaba la gran sabiduría que le había sido otorgada por Dios. Su mayor legado fue sin dudas la construcción del templo del Señor, el primer templo permanente de adoración a Dios que tuvo el pueblo de Israel. Este templo fue majestuoso, adornado con detalles magníficos y su dedicación fue un día de restauración de votos del pueblo hacia su Dios. Pero no todo fue esplendor en su reino ya que Salomón tuvo un período de oscuridad y apostasía. Durante un tiempo se volvió a los ídolos, lujuria y toda clase de excesos; tuvo un período de decadencia espiritual. Él, al igual que el pueblo, se corrompieron y no tuvieron un corazón firme para el Señor. No obstante, Dios fue fiel y Salomón reinó sobre todo Israel hasta el final de sus días.

C. Reino Dividido (Decadencia de la Nación) 1 Reyes 12-22, 2 Reyes 1-17, 2 Crónicas 10-28.

El reino de Salomón se dividió en dos casi inmediatamente después de su muerte. Un hombre llamado Jeroboam, de la tribu de Efraín, al oír de la muerte del rey regresa de Egipto con ambiciones de poder y arma un complot contra el sucesor al reino, Roboam, hijo de Salomón. Ya que el pueblo estaba siendo oprimido con altos impuestos por el sucesor al trono, no dudaron en agruparse y rebelarse contra su reinado. El deterioro espiritual y la vida entregada a la idolatría impidieron que el pueblo y su rey buscaran el consejo de Dios en este asunto.

El reino se dividió en dos: las tribus de Judá y Benjamín formaron el reino del norte, las diez tribus restantes el reino del sur. Roboam y Jeroboam fueron los primeros reyes de estos reinos respectivamente. El reino del norte (Israel) tuvo diecinueve reyes, todos reinaron de espaldas a Dios y sumergidos en la idolatría, pero Dios no les dejó en oscuridad, levantaba sus profetas aún en medio de un pueblo de dura cerviz. El reino del sur (Judá) también tuvo diecinueve reyes y una reina; algunos tomaron a Jehová como su Dios, otros no, también contó con el favor de Dios al hablarles por medio de sus profetas. Después de todo esto el pueblo de Israel fue de mal en peor y nunca más fue el reino esplendoroso que un día fue, nunca más fue un solo pueblo.

Bianka Reyes de Suriel

Historia de la Redención (4)

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Israel se revela y anda errante por el desierto (12 espías), serpiente de bronce.

Llegó el día de partir y todo el pueblo levantó el campamento y se dispuso a partir hacia la tierra que Dios les había prometido. En el transcurso del camino Israel se queja nuevamente por falta de carne, a lo que Dios les respondió enviándoles codornices.

Después de dos meses llegan a Cades-Barnea y desde allí envían espías para que fueran a explorar la tierra que Dios les había prometido. Cuando estos espías entran, notan que era una tierra fértil, tal como Dios les había dicho. Sin embargo al retornar y dar su reporte dicen que no podrán poseerla porque está habitada por gigantes. Sólo Josué y Caleb, quienes traen uvas como muestra de la fertilidad de la tierra, dan un reporte esperanzador; pues llaman al pueblo a confiar en el Dios que los había sacado de Egipto. Sin embargo el pueblo, falto de fe, decidió creer en el reporte negativo de los diez espías. Aquí nuevamente el pueblo se rebela contra Dios y desea su muerte.

Entonces Dios viendo la rebelión del pueblo, habla con su siervo Moisés y le dice que verdaderamente ninguno de esa generación entraría a la tierra, excepto Josué y Caleb. Después de esto el pueblo peregrinó en el desierto hasta que toda esa generación incrédula pereció. Aquí también murieron María y Aarón hermanos de Moisés. Tristemente Moisés ve llegar sus últimos días en este lugar, no pudiendo entrar a la tierra prometida al igual que sus hermanos. Sólo pudo verla de lejos ya que Dios le permitió verla. Finalmente, sabiendo él que sus últimos días habían llegado comisiona a Josué para que sea el nuevo líder, el que introduciría el pueblo a la tierra. Moisés deja este mundo no sin antes exhortar al pueblo a la fidelidad, adoración y obediencia al único Dios verdadero.

Josué entra, conquista y habita Canaán (12 tribus).

Estando Josué al mando del pueblo, Dios nuevamente ratifica su pacto con este pueblo y le dice a Josué que no temiera porque Él no abandonaría a su pueblo, más bien lo introduciría a la tierra que había jurado a sus padres.

Al igual que Moisés, Josué envió a dos espías a Jericó para que la inspeccionaran; pero estos dos espías fueron descubiertos y perseguidos. Ellos se escondieron en la casa de una ramera llamada Rahab. Esta les salvó la vida y les hizo jurar por el nombre de Jehová su Dios que cuando Jehová le entregara la ciudad ellos salvarían su familia. Así lo prometieron y salieron de la ciudad descolgados por un cordón de la casa de esa mujer. Este cordón ella debía colgarlo para que la ubicaran el día de la batalla y todo el que estuviera en su casa fuera librado de la muerte.

Los espías llegan a Josué y le dicen que ciertamente el Señor había entregado la ciudad en sus manos pues el temor llenaba los corazones de todos sus habitantes. Josué organiza el pueblo camino a Jericó, los sacerdotes delante con el arca y el ejército detrás. Al llegar a las poderosas murallas de Jericó, el Señor les dice que la rodeen por seis días y que al séptimo se prepararan porque sus murallas caerían.

Sucedió tal como Dios había dicho, los israelitas destruyeron la ciudad menos a los de la casa de Rahab. Después el ejército de Israel derrota la ciudad de Hai, a los amorreos y a otros pueblos más, aunque no exterminaron por completo a todos los pueblos aledaños que habitaban en aquella región.

Finalmente, llega el momento de repartir y poseer la tierra entre las tribus de Israel. La repartición de la tierra entre las nueve tribus y media se llevó a cabo por medio de suertes, bajo la vigilancia de Josué y el sumo sacerdote Eleazar. A cada tribu se le dio conforme a su necesidad y tamaño. Las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés habían tomado posesión al este del río Jordán. Para los hombres de estas tribus era tiempo de volver a sus familias pues ya habían cumplido lo prometido a Moisés de luchar junto al pueblo hasta la conquista de la tierra. Así habitó Israel la tierra que Jehová había prometido a sus padres Abraham, Isaac y Jacob.

Al igual que lo hiciera Moisés, Josué ya siendo viejo dio un discurso final recordando al pueblo la fidelidad de Dios, sus portentos y milagros. Les pidió que se esforzaran en guardar todo lo que estaba escrito en la ley de Moisés y que no se apartaran ni a derecha ni izquierda; que guardaran con diligencia sus corazones para amar a Jehová. Después de estas cosas murió Josué a la edad de ciento diez años y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sabían todas las obras que Jehová había hecho por Israel.

Bianka Reyes de Suriel