S,H,C espirituales

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¿Y quién os podrá hacer daño si demostráis tener celo por lo bueno?

Pero aun si sufrís por causa de la justicia, dichosos sois. Y no os amedrentéis por temor a ellos ni os turbéis, sino santificad a Cristo como Señor en vuestros corazones, estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros, pero hacedlo con mansedumbre y reverencia. (1Pedro 3:13-15)

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“Cuán grande es El” escrito por Carl Boberg en 1885 a los 25 años de edad. Realizaba una excursión de aproximadamente 3 km en su natal Suecia cuando le acometió una fuerte tormenta. Ante la majestad del Dios Creador, la majestuosidad de su creación, Su bondad inherente en el regalo de su Hijo amado, el hombre sabio no puede menos que responder  con un corazón ensanchado ¡cuán grande es El!

Uno de los himnos más cantados y populares de todos los tiempos, uno de los más traducidos, he aquí en versión “moderna” por este armonioso grupo llamado Page CXVI en honor a CS Lewis.

Adolescentes.3

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Tedd Tripp es Senior Pastor of Grace Fellowship Church in Hazleton, Pennsylvania. Este artí­culo apareció en Journal of Biblical Counseling, Volume 23 Number 3, Summer 2005. Por su relevancia publicaremos algunos extractos como una pequeña serie. El artículo completo lo encontrarán en la dirección de la página web. ¡Gracias!
© 2005, 2010 – The Christian Counseling and Educational Foundation.
http://www.ccef.org/communicate-teens

TEMAS BASICOS
Proverbios 1 describe tres aspectos fundamentales para los años juveniles. Estudia Proverbios 1. Discute cada tema con tus adolescentes. Primero, porque la opinión de Dios importa de modo supremo. El mira y pesa lo que hacemos. Segundo, porque los hijos necesitan aprender a escuchar a sus padres y recordar las cosas sabias que dicen. Tercero, porque hemos de ser cuidadosos para elegir nuestros amigos.
1. El temor de Dios
El temor a Dios es el principio del conocimiento, pero los necios desprecian sabiduría y disciplina (Proverbios 1:7)
Dios nos ve y nos pesa. Aquí empieza la sabiduría. Vivimos en tiempos peligrosos. Hay multitud de carreras tontas. Y algunas veces la iglesia no puntualiza aquello que más necesitamos escuchar. Por ejemplo, el evangelismo moderno enfatiza la inmanencia de Dios (Dios está con nosotros). El es nuestro amigo. Pero esto debiera balancearse igualmente con la trascendencia de Dios: Dios es Dios Santo. El es Soberano. El es Dios de gloria. Hemos de adorarle en asombro y reverencia.
Necesitamos enfatizar la trascendencia de nuestro poderoso y majestuoso Dios a quien todo aquel que es sabio teme.

El evangelismo moderno se pierde en esto a menudo. En lugar de ser atraídos a la presencia de un Dios asombroso y glorioso, reducimos la adoración a un mero entretenimiento. En los últimos 50 años, en círculos evangélicos, hemos abandonado la riqueza del himnario que teníamos. En muchos casos ha sido reemplazado con parodias musicales que se pueden aplaudir y brincar, que carecen la profundidad, belleza y majestad del himnario de generaciones pasadas.
Forma parte del movimiento de lejanía al sentido de un Dios trascendente, quien es glorioso, majestuoso, santo, asombroso, maravilloso. Es moverse lejos de un Dios quien ha de ser temido, adorado, ante quien nos inclinamos.
Nuestros hijos necesitan esta verdad. Necesitan conocer al GRAN Dios que les ama.
El temor a Dios es el Paso #1 en el sendero de la sabiduría.

Mi esposa y yo fuimos bendecidos con tres hijos nacidos en un período de cinco años. Han crecido juntos. Cuando pequeños, les leíamos historias del Nuevo y Viejo Testamento. Cuando jovencitos, argumentadores de todo y de todos, leímos juntos las epístolas. Tomamos las cartas de Pablo por separado y discutíamos cada uno de sus finos razonamientos en la mesa de la cocina.
De adolescentes, leímos los profetas. ¿Cuál es el tema de los profetas? Juicio. La santidad de Dios. Un Dios puro y santo que no tolera el pecado, que no pasa por alto nada, que está dispuesto incluso a expulsar al pueblo escogido del Pacto fuera de la tierra prometida y preservar sólo un pequeño rebaño. Un Dios que no será burlado, y que no pasará por alto la maldad.
Noche tras noche, confrontamos escenas de juicio en nuestras lecturas. Algunas veces me cuestioné como padre “¿estoy haciendo lo mejor?”. Una noche, sentados los cinco a la mesa, revisábamos uno de los momentos de santidad previo a un período de juicio. Uno de nuestros hijos soltó de repente lo siguiente: “Papá, en lugar de traer un letrero pegado en el carro que dice ‘Sonríe, Dios te ama’, debiéramos pegar otro que diga ‘Tiembla, Dios es fuego consumidor’.”
Lleno de verdad, ¿no es cierto? De hecho, el amor de Dios no puede entenderse si no tenemos conocimiento apropiado de la ira de un Dios santo.

¿Por qué Cristo se halla entre el cielo y la tierra y clama “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”, ¿Por qué Dios derramó su ira sobre Su Hijo?
Porque El es Santo. No puede pasar por alto el pecado. No hay modo de que nos acepte en Su cielo a menos que nuestro pecado sea justificado [en Cristo]. El dejó de mirar a Su Hijo para poder vernos a nosotros. No podemos entender la muerte de Cristo si no entendemos la ira de un Dios santo y entender algo del temor a Dios.
Tus adolescentes necesitan desesperadamente conocer el temor a Dios.
Por esto es tan importante mostrarles al Dios grande y glorioso de modo que ocupe el tamaño que El debiera tener en sus vidas -no como algo insignificante en la órbita tangencial de sus vidas, sino en el único lugar.
El temor a Dios es el principio de la sabiduría.

2. Recuerda las palabras de tus Padres
Oye, mi hijo, la instrucción de tu padre y no deseches la enseñanza de tu madre. Porque collares de gracia serán para tu cabeza y adornos para tu cuello (Proverbios 1:8).

Salomón amplía la idea en Proverbios 6:20-24
Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre; átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello. Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán; hablarán contigo cuando despiertes.
Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen, para que te guarden de la mala mujer.”

Urge a su hijo: “recuerda las palabras de tus padres.”
Durante esos años adolescentes necesitamos conectarnos con nuestros hijos, decirles cosas como “cariño, te quiero mucho; estamos comprometidos contigo. Por favor no permitas que estos años sean tiempos de lejanía.”
Ciertamente no tiene por qué ser así.

Necesitamos urgir a nuestros jóvenes a que vean la sabiduría de amarrarse a lo que Papá y Mamá han dicho y enseñado y a no distanciarse de ellos.

¿Acaso suena esto a egoísmo? Si tú no hablas así a tus hijos, ¿quién lo hará?
Tristemente hasta ministerios eclesiásticos de jóvenes podrían alejar los hijos de sus hogares y familias. Margy -hija nuestra- fue con un grupo de jóvenes de la escuela cristiana a un gran congreso sobre liderazgo juvenil. El conferencista, un hombre joven, lo primero que dijo fue “quiero que todos los viejos salgan del salón. Los jóvenes no hablarán conmigo si ustedes están aquí.” De modo que todos los sabios, adultos maduros, con eones de experiencia, se levantaron y salieron del salón. Todos excepto Margy.
El conferencista debió levantarse y decir “jóvenes, miren a estos viejos que los han traído. Demos gracias a Dios por ellos. Se han sacrificado para que ustedes disfruten educación cristiana. Manejan los mismos viejos carros. Han ahorrado para ustedes. Demos gracias a Dios por ellos.” En lugar de hablar así, ¿cuál fue el mensaje? “saquemos a todos estos viejos de aquí porque no pueden entendernos.”
¿Es este el mensaje que nuestros adolescentes necesitan oír?
Los ministerios de jóvenes necesitan enfocarse en tender puentes entre familia y hogar, y asegurarse que la familia y hogar caminen juntos en los senderos que deben andar.
Nuestros hijos necesitan ver la importancia de amarrarse a la guía y sabiduría de sus padres.

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Adolescentes.2

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Tedd Tripp es Senior Pastor of Grace Fellowship Church in Hazleton, Pennsylvania. Este artículo apareció en Journal of Biblical Counseling, Volume 23 Number 3, Summer 2005. Por su relevancia publicaremos algunos extractos como una pequeña serie. El artículo completo lo encontrarán en la dirección de la página web. ¡Gracias!
© 2005, 2010 – The Christian Counseling and Educational Foundation.
http://www.ccef.org/communicate-teens

Metas Paternas para los Años de Adolescencia
¿Qué deseamos conseguir en esos años de la adolescencia de nuestros hijos? ¿Cómo “atravesarlos”? Anhelamos que nuestros jóvenes adopten el evangelio de Cristo como su fuente primaria de fe. Anhelamos que permanezcan en la verdad y la abracen de tal manera que si incluso uno de sus padres abandonara la fe, ellos continúen siendo fieles.
Para ello, necesitamos cultivar su interacción con la Palabra de Dios.

A menudo utilizamos nuestras propias palabras cuando debiéramos usar las palabras de la Escritura. La Escritura dice que “la Palabra de Dios nunca retornará vacía, sino que hará lo que yo [Jehová] quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:11).
Mis discursos podrán perderse en mis hijos, pero el Espíritu de Dios obra a través de Su Palabra.

Imagina llegar una tarde a tu casa y encontrar que tus hijos ven un programa basura en el televisor. Si te pones a debatir con ellos sobre si debieran ver un programa así, ten por seguro que perderás. Su primer argumento será “Papá, ¡oímos cosas peores en la escuela! Si no quieres que escuchemos esta clase de palabras, sácanos de allí!”.
Pero tú puedes llevarlos a las Escrituras. Decir, por ejemplo “yo sé que escuchan cosas peores en la calle o en la escuela, pero, ¿cómo ustedes responden a ello?” y luego leerles las palabras de Pablo a los Efesios.

Entre ustedes, padres, no debe existir ni siquiera la más mínima sospecha de inmoralidad sexual o de alguna clase de impureza o envidia, porque esto es impropio al pueblo santo de Dios; tampoco existir palabras obscenas, lenguaje tonto o burlón, palabras que están absolutamente fuera de lugar, sino que su hablar sea con acciones de gracias.
Pueden estar seguros en esto. Ninguna gente inmoral o impura o envidiosa -tales personas son idólatras- tiene herencia en el reino de Dios en Cristo.
No permitas que nadie te engañe con palabras vacías, pues esto acarrea la ira de Dios a causa de la desobediencia. Por tanto, no seas compañero de tales personas. Una vez estuvimos en tinieblas, pero ahora somos luz en el Señor. Vive como hijo de luz (pues el fruto de ser iluminado consiste en toda bondad, justicia y verdad) y procura el agrado de Dios. No tengas nada que ver con las infructuosas obras de las tinieblas, más bien enfréntalas. Porque es vergonzoso incluso mencionar lo que tales desobedientes hacen en secreto (Efesios 5:3-12).

¿Qué significa tomar en serio este pasaje?
¡Efesios 5 aniquila el 90% de los programas de televisión! Puedes decirle a tus hijos que “yo no escribí el libro, por favor no argumenten conmigo. Es la Palabra de Dios. Es la manera como Dios considera con qué nos entretenemos. Vivamos como Dios dice. ¿Quieres lo crudo o lo que es bueno?

O imagina a tu hija adolescente hablando con palabras irrespetuosas, nada amables, a sus hermanitas pequeñas. Si tú le hablas con igual lenguaje o tono irrespetuoso, terminarás creando animosidad. Pero podemos decir “hablemos de lo que acabas de decir y cómo lo dijiste, busquemos en Santiago 3.”
¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tienen celos amargos y contención en el corazón, no te jactes, ni mientas contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa (Santiago 3:13-16).
El pasaje critica formas irrespetuosas de hablar. Te ayuda a evitar argumentos calientes con tu adolescente porque es un reto para ambos. Y luego te ofrece esperanza: “pero El da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” (Santiago 4:6)

La Palabra de Dios dice: “piensa en tu forma de hablar, ¿reflejas sabiduría de lo alto? [pacífico, gentil, sumiso, lleno de misericordia y buenos frutos, imparcial, sincero]. ¿O es sabiduría terrenal, llena de envidia, ambición egoísta, desorden, y toda práctica diabólica? Jesús es misericordioso. Pidamos ayuda.”
Ayuda a tus hijos adolescentes a evaluar su lenguaje en el colador de la Palabra de Dios. Enseña a tus hijos a buscar ayuda de Dios. En cada área, pastorea y cultiva la interacción de tus hijos con la Palabra de Dios.

Pastorea tus adolescentes en períodos de duda
Son tiempos de lucha con preguntas de fe. Es cierto para todos, incluso aquellos adolescentes criados en hogares cristianos. De niñitos creerán todo lo que les enseñes sobre Jesús, Sus milagros, y más. Lo creen porque Mamá y Papá dicen que es verdad. Pero al ir creciendo descubren que “allá afuera” hay otras personas inteligentes que no creen lo mismo que Papi o Mami cree.
Empiezan luchas con la pregunta “¿Creo estas cosas porque es lo que me han enseñado o porque en verdad las creo por mí mismo?” Madurez en la fe deriva de enfrentar preguntas de madurez.

Pastorea tus hijos a través de esos inevitables tiempos de duda.

No hagas retos: “¿Cómo es posible que cuestiones la existencia de Dios después de todo lo que te hemos enseñado?”
Más bien inquiere “¿Qué preguntas tienes? Hablemos de ellas. Tu Mamá y yo no somos cristianos porque desenchufamos el cerebro. Creemos que nuestra fe es razonable. Tendrás problemas para entender o darle sentido a la vida si no crees lo que te hemos enseñado. También tuvimos que aprender esto.”
Ayúdales a pensar estas cosas.
Como en cualquier otra carrera, uno corre al lado del otro hasta que está seguro que el otro corredor tiene el bastón de relevo firme en sus manos, entonces lo deja ir.

Pastorea tus hijos con palabras agradables. Las palabras suaves promueven instrucción. Proverbios 16 dice que “las palabras suaves son como miel, dulces al cuerpo y saludables para el alma.” Esta clase de palabras nutren, tienen sabor, construyen.
Es frecuente que los padres sientan que sus hijos se distancian de ellos, de modo que elevan la voz o el tono en lenguaje destructivo. Necesitamos volver atrás y retomar el camino. Necesitamos emplear palabras agradables, dulces al cuerpo y saludables para el alma. Necesitamos desarrollar relaciones conducentes a mutualidad como adultos delante de Dios. Esto es crucial.
¡Estamos criando hijos para que sean adultos como nosotros!

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