Adolescentes.4

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Tedd Tripp es Senior Pastor of Grace Fellowship Church in Hazleton, Pennsylvania. Este artí­culo apareció en Journal of Biblical Counseling, Volume 23 Number 3, Summer 2005. Por su relevancia publicaremos algunos extractos como una pequeña serie. El artículo completo lo encontrarán en la dirección de la página web. ¡Gracias!
© 2005, 2010 – The Christian Counseling and Educational Foundation.
http://www.ccef.org/communicate-teens

3. Disociación de los Malvados
“Hijo mío, si los pecadores te quisieran engañar, no consientas (Proverbios 1:10).

Nuestros jóvenes enfrentarán engaños de pecadores. Gentes malvadas tratarán de alejar tus hijos y llevarlos a toda clase de mal: abandono sexual y perversión, uso de drogas, falta de respeto a las autoridades, manejo descuidado de vehículos, mentiras, y más.
Necesitamos preparar a nuestros hijos, que sepan reconocer y responder a tal peligro.
Crea escenas, pregunta “¿Cómo escapas de una conversación a todas luces peligrosa? ¿Cómo le dices a tus amigos que no, o te sales del carro si te das cuenta que se dirigen a lugares o a hacer cosas en las que no debieras participar? ¿Cómo escapas de situaciones así y dices ‘déjenme aquí. Voy a llamar a mis papás. Me iré en taxi. Los veré después.”
Ayuda a tus hijos a desarrollar convicciones y estrategias que puedan usar para salir de situaciones peligrosas.

Ojo: no se trata de viejos hombres o mujeres malvados en abrigos raídos. Serán los mismos jóvenes de su propia generación: jóvenes que visitan tu casa y te dicen Don o Doñita; jóvenes de la misma escuela cristiana o del mismo grupo escolar de tarea o del mismo equipo deportivo o del mismo vecindario. Crees que la mayoría de estos adolescentes están bien. No asumas que siempre serás capaz de distinguir quién es de peligro para tus adolescentes.

En cierta ocasión, mi hermano Paul y su esposa viajaron un fin de semana. Hicieron arreglos para que sus hijos permanecieran con algunas familias de la iglesia. Su hijo mayor iría a la casa de su mejor amigo. Pero cuando llegó el viernes, tal parece que había una grieta en la planificación: los padres del mejor amigo también habían salido de viaje, de modo que el muchacho de la casa había invitado a otros amigos más. La casa entera en manos de adolescentes durante todo el fin de semana. Lo primero que habían hecho era alquilar unos cuantos vídeos pornográficos. Ahora bien, el hijo de Pablo ama al Señor. Les rogó a los amigos que no los pusieran. Por supuesto ninguno hizo caso.
Pablo preguntó a su hijo qué había hecho cuando los otros veían los vídeos. El dijo “me senté en la cocina y me comí un saco de papitas, cuando terminaron entonces re reuní con ellos.” Tuvo la sabiduría para escapar de la situación. Necesitamos entrenar a nuestros hijos.

¿En qué consiste el engaño -la seducción- de estar con pecadores? ¿Qué ofrecen a tus adolescentes? Estudia el pasaje.

Si dicen “ven con nosotros; pongamos acechanzas para derramar sangre, acechemos sin motivo al inocente; los tragaremos vivos como el Seol, y enteros, como los que caen en un abismo; hallaremos riquezas de toda clase, llenaremos nuestras casas de despojos; echa tu suerte entre nosotros; tengamos todos una bolsa.
Hijo mío, no andes en camino con ellos. Aparta tu pie de sus veredas. (Proverbios 1:11-15)

¿Te das cuenta? Es camaradería. Es pertenecer al grupo. Es promesa de buenas cosas.
Necesitamos ofrecer una alternativa -hacer que nuestro hogar sea el lugar donde quieran estar. Abrir la puerta a sus amigos y entender e involucrarnos con sus intereses tanto como podamos.
Necesitamos momentos donde podamos también ser de influencia sobre los amigos. Hay tantos niños desplazados en la sociedad. ¡Ten la seguridad que vendrán muchos adolescentes a tu casa!
Cuando otros jóvenes visiten tu casa, será inevitable que alguno patee una lata de refresco en tu sala, o que otro suba los pies sobre la mesa. Romperán algunos adornos. ¿Qué diferencia hace esto? Algún día tus hijos llenarán un camión con tus cosas y tirarán tus “tesoros” a la basura. ¡Solo guardarán unas pocas cosas que les recuerden su niñez!
¿Cuál es la diferencia si tus cosas son usadas para el reino de Dios? Es un precio pequeño a pagar ante el privilegio de influir en tus adolescentes y sus amigos.

Más allá de nuestra casa hay una caída de agua. Cuando eran adolescentes, hacíamos antorchas de latas vacías, algunas sogas, un poco de keroseno y estopa y caminábamos hasta la cascada. Los niños se sentían héroes con antorchas. Durante muchos años dimos la bienvenida al año nuevo con un montón de adolescentes cerca de la cascada, tocando música, cantando, leyendo pasajes de la Escritura y discutiendo sobre ellos. Nunca estuvimos solos. Influimos en muchos más que nuestros propios adolescentes.

Temor a Dios, recordar las palabras de los padres, saber escoger amigos. ¿Para qué? ¿Qué atraerá esto?
Necesitamos crear un fuerte sentido de pertenencia. Necesitamos hogares que sean lugares de refugio donde nuestros hijos tienen aceptación garantizada, donde los abrazamos, estimulamos, interactuamos con ellos. No podemos permitir que obtengan sentido de identidad de otras personas o de lugares fuera del hogar.

Necesitamos organizar la vida y tener tiempo para nuestros hijos en sus años de adolescencia. Es tiempo que pasará volando. No te permitas estar tan ocupado con tus propias búsquedas que no tengas tiempo para estar y conectarte con tus hijos.

Si hemos de crear este sentido de pertenencia, necesitamos establecer comunicación. La mayoría piensa que comunicar se refiere a la capacidad de expresar ideas con palabras. Pero el fino arte de la comunicación es ser capaz de obtener las ideas de otra persona. “No toma placer el necio en la inteligencia, sino en que su corazón se descubra” (Proverbios 18:2).
¿Cuántas veces hemos sido necios en nuestras conversaciones? Hallamos placer en proclamar nuestra propia opinión más que en entender a la otra persona.

Una noche tuve una conversación con uno de mis hijos que me dejó corto. Yo tenía algo qué decirle. Fui a su habitación y sin más le solté lo que había. Luego dije “ahora voy a orar por ti, me alegro que tengamos la oportunidad de hablar juntos; luego me iré a dormir.” Oré por él. Me fui a mi habitación. Unos minutos después él tocó la puerta: “Papá, sólo quiero decirte que cuando saliste de mi cuarto dijiste que estabas contento de que habláramos. Sólo quiero decirte que yo no hablé ni una palabra.” En ese momento le pedí perdón. Dije “perdóname, yo hice la charla, tú supiste escuchar.” El me contestó “sí, algo así.” Hijo -continué- ¿si hubieras podido, qué me habrías dicho?” “No sé -fue su respuesta. Ya no importa. Sólo quería decirte que yo no hablé.”

Comunicarse con adolescentes no será fácil siempre. Hay que trabajar duro para hacerlo bien. Yo fui un necio esa noche. Pude haber dicho todo lo que tenía en un contexto de participación, pero en lugar de ello simplemente saqué de mi pecho lo que tenía lo más rápido posible e irme a la cama. No fui cruel o abusivo, pero sí un necio. Le recité un monólogo en lugar de establecer un diálogo.

Al que responde palabra antes de oír, le es fatuidad y oprobio” (Proverbios 18:13). ¿Cuántas veces hemos caído en esto?
Le decimos al muchacho: “Ya sé lo que vas a preguntar. La respuesta es ‘No!” “Pero Papá, ni siquiera he hecho la pregunta”
-”No tienes qué hacerla! ‘antes que la palabra esté en tu lengua, ya la sabes toda’ -¿no dice la Biblia eso?”
¿Saben algo? Luego de conversaciones así ninguno de nuestros hijos piensa “¡wow! qué bueno es tener un papá lector de mente!. Debiera jugar béisbol conmigo”
La realidad es que el muchacho se siente alienado, como si no fuera capaz nunca de alcanzar o romper la barrera con sus padres.
Un hogar así es un sitio muy peligroso.
Haz lo opuesto con tus hijos. Abre canales de comunicación. Abre puertas de interacción. “Como aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre; mas el hombre entendido lo alcanzará” (Proverbios 20:5). Algunas veces parecerán vacíos, pero los adolescentes poseen aguas profundas también. Aprende a rescatarlos.

Es como en la encarnación. Lo que Dios hace en ella es asombroso. Pudo haberse quedado en los cielos y hablarnos en nubes, truenos, fuegos y relámpagos. En lugar de ello vino y se involucró con nosotros. Tomó forma de hombre, carne como nuestra carne. Vivió en un cuerpo como el nuestro, con las mismas limitaciones que tenemos. Experimentó lo mismo que nosotros. Hambre y sed y cansancio como en el pozo de Jacob en Juan 4. Lloró frente a la tumba de Lázaro. Fue tentado -dice Hebreos- igual que nosotros, pero sin pecado. Por eso dice “Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:18).
En un sentido, la capacidad de Cristo para entender y ayudarnos está ligada al hecho de su experiencia de vida tal como nosotros la vivimos. Vió al mundo a través de nuestros ojos. Más todavía, hizo muchas preguntas (docenas de ellas registradas en la Escritura). Y escuchó y respondió las preguntas de muchos (de nuevo, docenas). No pontificó. Interactuó. Se encontró con la gente donde ella estaba.

Hagamos lo mismo con nuestros adolescentes. Seamos capaces de entender a ese joven que piensa es atractivo llenarse el cuerpo de aretes. Hemos de ser capaces de ver su mundo a través de los ojos suyos si queremos aprender a saber cómo hablarle verdades que necesita escuchar. La encarnación es una maravillosa ilustración. Uno cuyo amor es infinito vino y nos entendió. Esto es lo que necesitamos hacer con nuestros hijos.

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Adolescentes.3

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Tedd Tripp es Senior Pastor of Grace Fellowship Church in Hazleton, Pennsylvania. Este artí­culo apareció en Journal of Biblical Counseling, Volume 23 Number 3, Summer 2005. Por su relevancia publicaremos algunos extractos como una pequeña serie. El artículo completo lo encontrarán en la dirección de la página web. ¡Gracias!
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TEMAS BASICOS
Proverbios 1 describe tres aspectos fundamentales para los años juveniles. Estudia Proverbios 1. Discute cada tema con tus adolescentes. Primero, porque la opinión de Dios importa de modo supremo. El mira y pesa lo que hacemos. Segundo, porque los hijos necesitan aprender a escuchar a sus padres y recordar las cosas sabias que dicen. Tercero, porque hemos de ser cuidadosos para elegir nuestros amigos.
1. El temor de Dios
El temor a Dios es el principio del conocimiento, pero los necios desprecian sabiduría y disciplina (Proverbios 1:7)
Dios nos ve y nos pesa. Aquí empieza la sabiduría. Vivimos en tiempos peligrosos. Hay multitud de carreras tontas. Y algunas veces la iglesia no puntualiza aquello que más necesitamos escuchar. Por ejemplo, el evangelismo moderno enfatiza la inmanencia de Dios (Dios está con nosotros). El es nuestro amigo. Pero esto debiera balancearse igualmente con la trascendencia de Dios: Dios es Dios Santo. El es Soberano. El es Dios de gloria. Hemos de adorarle en asombro y reverencia.
Necesitamos enfatizar la trascendencia de nuestro poderoso y majestuoso Dios a quien todo aquel que es sabio teme.

El evangelismo moderno se pierde en esto a menudo. En lugar de ser atraídos a la presencia de un Dios asombroso y glorioso, reducimos la adoración a un mero entretenimiento. En los últimos 50 años, en círculos evangélicos, hemos abandonado la riqueza del himnario que teníamos. En muchos casos ha sido reemplazado con parodias musicales que se pueden aplaudir y brincar, que carecen la profundidad, belleza y majestad del himnario de generaciones pasadas.
Forma parte del movimiento de lejanía al sentido de un Dios trascendente, quien es glorioso, majestuoso, santo, asombroso, maravilloso. Es moverse lejos de un Dios quien ha de ser temido, adorado, ante quien nos inclinamos.
Nuestros hijos necesitan esta verdad. Necesitan conocer al GRAN Dios que les ama.
El temor a Dios es el Paso #1 en el sendero de la sabiduría.

Mi esposa y yo fuimos bendecidos con tres hijos nacidos en un período de cinco años. Han crecido juntos. Cuando pequeños, les leíamos historias del Nuevo y Viejo Testamento. Cuando jovencitos, argumentadores de todo y de todos, leímos juntos las epístolas. Tomamos las cartas de Pablo por separado y discutíamos cada uno de sus finos razonamientos en la mesa de la cocina.
De adolescentes, leímos los profetas. ¿Cuál es el tema de los profetas? Juicio. La santidad de Dios. Un Dios puro y santo que no tolera el pecado, que no pasa por alto nada, que está dispuesto incluso a expulsar al pueblo escogido del Pacto fuera de la tierra prometida y preservar sólo un pequeño rebaño. Un Dios que no será burlado, y que no pasará por alto la maldad.
Noche tras noche, confrontamos escenas de juicio en nuestras lecturas. Algunas veces me cuestioné como padre “¿estoy haciendo lo mejor?”. Una noche, sentados los cinco a la mesa, revisábamos uno de los momentos de santidad previo a un período de juicio. Uno de nuestros hijos soltó de repente lo siguiente: “Papá, en lugar de traer un letrero pegado en el carro que dice ‘Sonríe, Dios te ama’, debiéramos pegar otro que diga ‘Tiembla, Dios es fuego consumidor’.”
Lleno de verdad, ¿no es cierto? De hecho, el amor de Dios no puede entenderse si no tenemos conocimiento apropiado de la ira de un Dios santo.

¿Por qué Cristo se halla entre el cielo y la tierra y clama “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”, ¿Por qué Dios derramó su ira sobre Su Hijo?
Porque El es Santo. No puede pasar por alto el pecado. No hay modo de que nos acepte en Su cielo a menos que nuestro pecado sea justificado [en Cristo]. El dejó de mirar a Su Hijo para poder vernos a nosotros. No podemos entender la muerte de Cristo si no entendemos la ira de un Dios santo y entender algo del temor a Dios.
Tus adolescentes necesitan desesperadamente conocer el temor a Dios.
Por esto es tan importante mostrarles al Dios grande y glorioso de modo que ocupe el tamaño que El debiera tener en sus vidas -no como algo insignificante en la órbita tangencial de sus vidas, sino en el único lugar.
El temor a Dios es el principio de la sabiduría.

2. Recuerda las palabras de tus Padres
Oye, mi hijo, la instrucción de tu padre y no deseches la enseñanza de tu madre. Porque collares de gracia serán para tu cabeza y adornos para tu cuello (Proverbios 1:8).

Salomón amplía la idea en Proverbios 6:20-24
Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre; átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello. Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán; hablarán contigo cuando despiertes.
Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen, para que te guarden de la mala mujer.”

Urge a su hijo: “recuerda las palabras de tus padres.”
Durante esos años adolescentes necesitamos conectarnos con nuestros hijos, decirles cosas como “cariño, te quiero mucho; estamos comprometidos contigo. Por favor no permitas que estos años sean tiempos de lejanía.”
Ciertamente no tiene por qué ser así.

Necesitamos urgir a nuestros jóvenes a que vean la sabiduría de amarrarse a lo que Papá y Mamá han dicho y enseñado y a no distanciarse de ellos.

¿Acaso suena esto a egoísmo? Si tú no hablas así a tus hijos, ¿quién lo hará?
Tristemente hasta ministerios eclesiásticos de jóvenes podrían alejar los hijos de sus hogares y familias. Margy -hija nuestra- fue con un grupo de jóvenes de la escuela cristiana a un gran congreso sobre liderazgo juvenil. El conferencista, un hombre joven, lo primero que dijo fue “quiero que todos los viejos salgan del salón. Los jóvenes no hablarán conmigo si ustedes están aquí.” De modo que todos los sabios, adultos maduros, con eones de experiencia, se levantaron y salieron del salón. Todos excepto Margy.
El conferencista debió levantarse y decir “jóvenes, miren a estos viejos que los han traído. Demos gracias a Dios por ellos. Se han sacrificado para que ustedes disfruten educación cristiana. Manejan los mismos viejos carros. Han ahorrado para ustedes. Demos gracias a Dios por ellos.” En lugar de hablar así, ¿cuál fue el mensaje? “saquemos a todos estos viejos de aquí porque no pueden entendernos.”
¿Es este el mensaje que nuestros adolescentes necesitan oír?
Los ministerios de jóvenes necesitan enfocarse en tender puentes entre familia y hogar, y asegurarse que la familia y hogar caminen juntos en los senderos que deben andar.
Nuestros hijos necesitan ver la importancia de amarrarse a la guía y sabiduría de sus padres.

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Adolescentes.2

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Tedd Tripp es Senior Pastor of Grace Fellowship Church in Hazleton, Pennsylvania. Este artículo apareció en Journal of Biblical Counseling, Volume 23 Number 3, Summer 2005. Por su relevancia publicaremos algunos extractos como una pequeña serie. El artículo completo lo encontrarán en la dirección de la página web. ¡Gracias!
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Metas Paternas para los Años de Adolescencia
¿Qué deseamos conseguir en esos años de la adolescencia de nuestros hijos? ¿Cómo “atravesarlos”? Anhelamos que nuestros jóvenes adopten el evangelio de Cristo como su fuente primaria de fe. Anhelamos que permanezcan en la verdad y la abracen de tal manera que si incluso uno de sus padres abandonara la fe, ellos continúen siendo fieles.
Para ello, necesitamos cultivar su interacción con la Palabra de Dios.

A menudo utilizamos nuestras propias palabras cuando debiéramos usar las palabras de la Escritura. La Escritura dice que “la Palabra de Dios nunca retornará vacía, sino que hará lo que yo [Jehová] quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:11).
Mis discursos podrán perderse en mis hijos, pero el Espíritu de Dios obra a través de Su Palabra.

Imagina llegar una tarde a tu casa y encontrar que tus hijos ven un programa basura en el televisor. Si te pones a debatir con ellos sobre si debieran ver un programa así, ten por seguro que perderás. Su primer argumento será “Papá, ¡oímos cosas peores en la escuela! Si no quieres que escuchemos esta clase de palabras, sácanos de allí!”.
Pero tú puedes llevarlos a las Escrituras. Decir, por ejemplo “yo sé que escuchan cosas peores en la calle o en la escuela, pero, ¿cómo ustedes responden a ello?” y luego leerles las palabras de Pablo a los Efesios.

Entre ustedes, padres, no debe existir ni siquiera la más mínima sospecha de inmoralidad sexual o de alguna clase de impureza o envidia, porque esto es impropio al pueblo santo de Dios; tampoco existir palabras obscenas, lenguaje tonto o burlón, palabras que están absolutamente fuera de lugar, sino que su hablar sea con acciones de gracias.
Pueden estar seguros en esto. Ninguna gente inmoral o impura o envidiosa -tales personas son idólatras- tiene herencia en el reino de Dios en Cristo.
No permitas que nadie te engañe con palabras vacías, pues esto acarrea la ira de Dios a causa de la desobediencia. Por tanto, no seas compañero de tales personas. Una vez estuvimos en tinieblas, pero ahora somos luz en el Señor. Vive como hijo de luz (pues el fruto de ser iluminado consiste en toda bondad, justicia y verdad) y procura el agrado de Dios. No tengas nada que ver con las infructuosas obras de las tinieblas, más bien enfréntalas. Porque es vergonzoso incluso mencionar lo que tales desobedientes hacen en secreto (Efesios 5:3-12).

¿Qué significa tomar en serio este pasaje?
¡Efesios 5 aniquila el 90% de los programas de televisión! Puedes decirle a tus hijos que “yo no escribí el libro, por favor no argumenten conmigo. Es la Palabra de Dios. Es la manera como Dios considera con qué nos entretenemos. Vivamos como Dios dice. ¿Quieres lo crudo o lo que es bueno?

O imagina a tu hija adolescente hablando con palabras irrespetuosas, nada amables, a sus hermanitas pequeñas. Si tú le hablas con igual lenguaje o tono irrespetuoso, terminarás creando animosidad. Pero podemos decir “hablemos de lo que acabas de decir y cómo lo dijiste, busquemos en Santiago 3.”
¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tienen celos amargos y contención en el corazón, no te jactes, ni mientas contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa (Santiago 3:13-16).
El pasaje critica formas irrespetuosas de hablar. Te ayuda a evitar argumentos calientes con tu adolescente porque es un reto para ambos. Y luego te ofrece esperanza: “pero El da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” (Santiago 4:6)

La Palabra de Dios dice: “piensa en tu forma de hablar, ¿reflejas sabiduría de lo alto? [pacífico, gentil, sumiso, lleno de misericordia y buenos frutos, imparcial, sincero]. ¿O es sabiduría terrenal, llena de envidia, ambición egoísta, desorden, y toda práctica diabólica? Jesús es misericordioso. Pidamos ayuda.”
Ayuda a tus hijos adolescentes a evaluar su lenguaje en el colador de la Palabra de Dios. Enseña a tus hijos a buscar ayuda de Dios. En cada área, pastorea y cultiva la interacción de tus hijos con la Palabra de Dios.

Pastorea tus adolescentes en períodos de duda
Son tiempos de lucha con preguntas de fe. Es cierto para todos, incluso aquellos adolescentes criados en hogares cristianos. De niñitos creerán todo lo que les enseñes sobre Jesús, Sus milagros, y más. Lo creen porque Mamá y Papá dicen que es verdad. Pero al ir creciendo descubren que “allá afuera” hay otras personas inteligentes que no creen lo mismo que Papi o Mami cree.
Empiezan luchas con la pregunta “¿Creo estas cosas porque es lo que me han enseñado o porque en verdad las creo por mí mismo?” Madurez en la fe deriva de enfrentar preguntas de madurez.

Pastorea tus hijos a través de esos inevitables tiempos de duda.

No hagas retos: “¿Cómo es posible que cuestiones la existencia de Dios después de todo lo que te hemos enseñado?”
Más bien inquiere “¿Qué preguntas tienes? Hablemos de ellas. Tu Mamá y yo no somos cristianos porque desenchufamos el cerebro. Creemos que nuestra fe es razonable. Tendrás problemas para entender o darle sentido a la vida si no crees lo que te hemos enseñado. También tuvimos que aprender esto.”
Ayúdales a pensar estas cosas.
Como en cualquier otra carrera, uno corre al lado del otro hasta que está seguro que el otro corredor tiene el bastón de relevo firme en sus manos, entonces lo deja ir.

Pastorea tus hijos con palabras agradables. Las palabras suaves promueven instrucción. Proverbios 16 dice que “las palabras suaves son como miel, dulces al cuerpo y saludables para el alma.” Esta clase de palabras nutren, tienen sabor, construyen.
Es frecuente que los padres sientan que sus hijos se distancian de ellos, de modo que elevan la voz o el tono en lenguaje destructivo. Necesitamos volver atrás y retomar el camino. Necesitamos emplear palabras agradables, dulces al cuerpo y saludables para el alma. Necesitamos desarrollar relaciones conducentes a mutualidad como adultos delante de Dios. Esto es crucial.
¡Estamos criando hijos para que sean adultos como nosotros!

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Adolescentes.1

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Tedd Tripp es Senior Pastor of Grace Fellowship Church in Hazleton, Pennsylvania. Este artículo apareció en Journal of Biblical Counseling, Volume 23 Number 3, Summer 2005. Por su relevancia publicaremos algunos extractos como una pequeña serie. El artículo completo lo encontrarán en la dirección de la página web. Gracias!
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La vida del adolescente está llena de complejidad. Fuerzas poderosas compiten por su atención. A menudo tienen inseguridad. Se preocupan de su apariencia. Gastan mucho tiempo arreglando sus ropas y cabello. Se cambian de ropa tres y cuatro veces antes de salir. Practican frente al espejo: “¿es mi mejor sonrisa? ¿es éste mi mejor lado? ¿qué pensarán los demás? ¿tendré amigos?
Se sienten vulnerables en el mundo de los adultos. Un adulto dirá “si quieres que te traten como adulto, actúa como adulto” y al minuto siguiente el mismo adulto les dirá “no te creas más grande de lo que eres, todavía eres un mocoso.”

Los adolescentes nunca están exactamente seguros de lo que se espera de ellos. Son inestables en el mundo de las ideas. Sufren bombardeos por todas partes. No saben qué pensar o por qué. Algunas veces prueban ideas justo a la hora de la comida, diciendo cosas injustas. Observan a sus padres y esperan que les digan por qué esas cosas son injustas. Algunas veces los padres están fuera de lugar cuando se intercambian tales ideas y reaccionan en exceso por su causa.

Son inestables en lo emocional. Por un momento se sienten maravillosamente felices y al poco rato como si el mundo estuviera por acabar, por tercera vez en el mismo día. Sus vidas son montañas rusas emocionales. Es difícil encontrar tierra sólida.
Encaran tentaciones y problemas de adultos: un amigo suicida, deseos y oportunidades sexuales, acceso a drogas y alcohol, consciencia de que alguien sufre abusos, o les asaltan memorias de sus propias experiencias depredadoras por causa de otros. Pero los adolescentes encaran estos problemas por primera vez.
Les preocupa el futuro. ¿Cómo llegarán a ser útiles? ¿Qué voy a hacer? ¿Quiénes serán mis amigos? ¿Encontraré a quién amar? ¿Me amarán?

Necesitamos interactuar con nuestros adolescentes, con sabiduría en grandes cantidades. Necesitamos emplear manos de terciopelo. Necesitamos comunicarnos.
Errores comunes al tratar con adolescentes
Suscitan multitud de reacciones en los adultos -algunas veces buenas, pero más a menudo no tan buenas. Algunas veces los adolescentes hacen surgir nuestras peores respuestas. ¿Reconoce alguna de las siguientes?

 

(1) Espía contra espía. Un montón de padres desarrollan esta clase de relación con sus hijos. Los muchachos tratando de salirse con la suya siempre que puedan y los padres tratando de atraparlos en “la movida.” El juego del gato y el ratón.
(2) Abandono. Los padres simplemente se dan por vencidos en la instrucción o en ser influencia para sus hijos. Limitan su cuidado a algunos consejos, advertencias y cosas por el estilo. Los jóvenes reciben más influencia de sus amigos que de sus propios padres. Los padres piensan que “no les importa lo que yo piense, total, si les digo algo escogen lo contrario.” En lugar de aparecer en la etapa más cruenta de la batalla en el tiempo más importante de sus vidas, estos padres abandonan y carecen de influencia alguna sobre sus hijos.
(3) Autoritarismo versus Influencia. Autoritarismo no significa ejercicio apropiado de la autoridad, sino dureza: “no te puedes salir con la tuya, te equivocas, yo siempre estaré ‘alante’, te castigaré más fuerte.” En lugar de pretender mayor autoridad, debiéramos aprender a caminar junto a nuestros adolescentes como una mayor influencia positiva. Necesitamos ser aquella persona que capta sus oídos, que les muestra amor, que les ayuda a ser exitosos en las cosas que desean obtener, que ha ganado el derecho de hablarles. Necesitamos convertirnos en la persona influyente en sus vidas. Que estén dispuestos a escuchar lo que decimos. En los años que transcurren de la infancia a la adultez, nuestra autoridad disminuye, pero nuestra influencia debiera aumentar.
(4) Palabras descompuestas. El proverbio dice que las “palabras descompuestas hieren como espadas, pero la lengua de los sabios trae sanidad.” Piensa.
(5) Graduación en ligas menores. Los padres tienden a enfocarse en asuntos de gusto y estilo. Los adolescentes quieren vestirse a su manera. Como regla general, necesitamos dejarlos hacer.
Pero hemos de escoger las batallas cuidadosamente. Escoge aquellas con significado moral, donde hay verdades bíblicas en juego. Cada generación intenta distinguirse de la anterior. No te pierdas en batallas sobre gustos y estilos que no tienen ninguna relevancia moral o significancia ética.

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¿Quiénes somos?

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MINISTERIO DE DAMAS
IGLESIA BAUTISTA DE LA GRACIA, SANTIAGO R.D.

Felices de pertenecer a una iglesia local, nos interesa grandemente la adquisición y desarrollo de cualidades que sirvan a la edificación del cuerpo de Cristo.
Somos conscientes del alto porcentaje de mujeres que componen la membresía de cualquier iglesia local, y la nuestra no escapa a esta tendencia. Es imperativo que aprendamos Teología porque Dios ama a su iglesia, Cristo nos ama de tal modo que quiere que toda su iglesia, incluyendo las mujeres, “lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios” (Efesios 4:13, LBLA).

Vivimos en una época donde abunda el acceso a estudios bíblicos, donde se publican miríadas de libros, comentarios, notas personales, sermones, etc. Donde corremos el riesgo de reemplazar el estudio de la Biblia con estudios sobre la Biblia.

¿Cómo discernir, ministrar, de tal modo que seamos equipadas apropiadamente? ¿Cómo estimular la capacidad de leer con entendimiento? ¿Cuál es nuestra responsabilidad al estar bajo la Palabra de Dios?

Nuestro motto es sencillo: “Gente como nosotras hace cosas como estas.
¿Cuáles cosas? …todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay virtud alguna o algo que merece elogio, en esto meditad…(Filipenses 4:8).

¿De qué manera? Discipulando al modo de Cristo: uno a uno, de cerca, con Cristo (Marcos 3:14 Y designó a doce, para que estuvieran con El y para enviarlos a predicar). ¿Para qué? Para el desarrollo de una mentalidad espiritual individual y corporal que impacte todas nuestras áreas de influencia. Aprendiendo a ser lo que creemos, día a día, en oración, bajo el yugo de Cristo y Su Palabra.

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Discipulando según modelo de Steve Viars

¿Qué necesita la iglesia de/para un ministerio de damas? Desarrollo de teología sana donde las contribuciones de la mujer sean vistas con la visión adecuada.

1. Ofrecemos perspectiva única al menos de 4 formas distintas:
– Pensamos diferente a los hombres, vemos cosas que ellos no ven, etc.
– Ofrecemos enseñanza, porque Dios nos ha dado talentos. Dios no malgasta dones.
– Entendemos muy bien lo que es sentir miedo; lo que es ser dadoras de vida; lo que es ser vulnerables (no en balde son 9 meses de embarazo).
– Cuido del alma o consejería si queréis…
2. Conexión: Los dones son valiosos. Activamente ayudar a otras a ser excelentes, a crear modos de aplicar sus talentos. Abogar por ellas, buscando y productivamente identificando y apropiando (delegando!). Procurando que sirvan y otorgando credibilidad.

3. Hijos e hijas necesitan ver mujeres cultivadas, piadosas, que oran. Valorar y honrar el tiempo, remover barreras de participación, promover recursos, organizar relaciones de tutoría, en fin.

En honestidad, no hay una fórmula universal que determine cuánto hemos de aprender o estudiar. Saboreamos el privilegio de ser capaces, según necesidad y oportunidad. No todo el mundo es llamado a conseguir un PhD en Teología; pero todo el mundo es llamado a ser fiel con lo que Dios le haya otorgado. Damos, pues, de gracia, lo que de gracia hemos recibido.

Gracia, misericordia, y paz.
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De mujeres y transformaciones

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La pretensión de comprender a la verdadera mujer partiendo de la mentalidad y el equipo total masculino es un absurdo. Una eterna pérdida de tiempo.

La mujer es sobrecogedoramente distinta al hombre. Y no me limito a lo orgánico -visible o invisible- ni a los rasgos conductuales enseñados y aprendidos por centurias y centurias. La mujer auténtica, la que no es una pretensión de hombre en otro envase, esa, es un ser totalmente diferente al varón, con distintos y lejanos mecanismos de razonamiento y radicales diversidades en su escala de valores.

Los rumbos tomados por nuestros procesos de civilización han matado la fuerza originaria de la mujer; ella se ha ido masculinizando en sus esencias internas y ha llegado a ser una especie sustituta.  A la mujer verdadera, la que hizo Dios, la hemos sustituido por una mujer de hechura humana. “Hemos creado una raza de reemplazo: no es la mujer, es nuestra imagen con faldas, somos nosotros mismos con caderas redondas, una boca bella, un vientre inquietante” -escribe Louis Pauwels.

Escaso de capacidad creativa habría estado Dios si, decidido a crear un sexo opuesto, complementario, no hubiera podido hacerlo cuando el elemento opuesto es el accionante en todo el universo conocido, y donde no hay función opuesta no hay vida, porque la vida se produce por una interacción de oposiciones.

Solo hay que mirar con atención la fisiología, la química, la física, el mundo subatómico.

Qué extraña la mujer, con tanta fuerza cubierta por tenues encajes, por lencería primorosa, por telas tan indefensivas… Qué extraña la mujer, con todos los adminículos que le interesan, con su entusiasmo por las cajitas, los envases, los objetos memoriosos, las fechas, los aniversarios, los detalles. La verdadera ropa femenina tan tierna e invitante.

Los nuevos ideales, o mejor dicho, los viejos ideales y nuevas vías de accesos femeninos, llevan a la mujer a un caos.

Imagino que tendrán insólitos conflictos, tormentosas incompatibilidades entre su conducta externa y sus esencias. Creo que es el conflicto del doble papel.

La mujer está hoy pisando terrenos nuevos y pedregosos con sus delicados zapatos de tacón alto, y aunque pueda dar puntapiés -y los dé- con su calzado, no puede estar cómoda en ese tránsito irregular, accidentado y riscoso.

Ella es el vivero de la especie, ella deja sembrar la semilla en su entraña para que se opere el misterio de la vida, el misterio que sigue asombrando a la ciencia a medida que descubre nuevos detalles que llegan repletos de nuevas incógnitas, para dar lugar a nuevos descubrimientos que traerán misterios nuevos, más hondos y complejos.

La mujer es el gran arcano.

Hay mucha maravilla en ella, mucha luz aromática y mucha penumbra mefítica. En ella está la honradez más depurada y sublime, así como la malignidad más venenosa y taimada. Es demasiado esencial la mujer que Dios creó, para que pueda extinguirse, aplastada, aniquilada por una pseudo-mujer. Dudosa hechura nuestra.

Jacinto Gimbernard Pellerano. Violinista y director de orquesta; escritor dominicano. Artículo publicado en el periódico HOY, 25 de junio de 2016, pág.9A