2 Corintios 10:4-5

Estándar

 Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo (2 Corintios 10:4-5).

Hay muchos elementos de nuestra corrupta sociedad que tratan de captar nuestra atención: el cine, la televisión, los libros, la música, la ropa, los anuncios, y ahora el Internet; todo está diseñado para captar las emociones. Por ejemplo, los expertos en publicidad saben que comprar es en definitiva una decisión emocional. Pocas personas conocen el funcionamiento mecánico del automóvil que se anuncia y ni se interesan en eso; pero les impresiona si se parece a un auto de carrera, si hay una linda muchacha detrás del volante, o si hay otras carnadas emotivas incluidas en el anuncio.

Tenemos que cuidar nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad. Tenemos que buscar la voluntad de Dios meditando en su Palabra y permitiendo que su voluntad sea la nuestra. Una mente indefensa, no controlada y obstinada va a llenarse de malos deseos que resultarán en malas acciones. Hemos de aprender a controlar cómo reaccionan nuestras emociones y nuestra mente ante el anzuelo tentador con el que se encuentran.

«Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.» (Romanos 13:13-14).

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

Gálatas 2:20

Estándar

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gálatas 2:20).

¿Cuál es el objetivo de la vida cristiana? Romanos 8.29 lo expresa de esta manera: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”. Esto se llama santificación, y tiene varias etapas.

Primero viene la salvación: nuestra redención por medio del sacrificio expiatorio de Cristo. El resultado es el perdón del pecado, que nos permite tener una relación con Dios.

Luego, Dios nos da la oportunidad de servir. Fuimos creados para hacer buenas obras en el nombre del Señor Jesucristo, «Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.» (Efesios 2:10).

Después viene la frustración por la insuficiencia. Esta es una parte necesaria de la experiencia cristiana. Aunque es difícil, esta fase es hermosa porque nos lleva a la dependencia total del Señor, que es lo mejor de nuestra vida espiritual. Y es lo que nos acerca más a nuestro objetivo final: convertirnos en un reflejo de Cristo.

Por desgracia, muchos cristianos no llegan al punto de una total dependencia del Señor. El apóstol Pablo nos recuerda que debemos fijar nuestra mirada en la meta de la madurez en Cristo, «prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.» (Filipenses 3:14). Aprender a morir a uno mismo es doloroso, pero, irónicamente, es el único camino verdadero a la vida.» 

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

1 Pedro 1:6-7

Estándar

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo (1 Pedro 1:6-7). 

¿Por qué permite, por qué envía Dios las pruebas?

Dios tiene un propósito para cada una.

Profundicemos hoy en el tema de las pruebas. ¿Qué propósito podría tener Dios al permitir que las enfrentemos?

•DIOS PERMITE LAS PRUEBAS PARA PROBAR NUESTRA FE. Sin embargo, no lo hace con la expectativa de que fracasemos. Más bien, quiere que aprendamos a depender más de Él. La fe que no ha sido puesta a prueba, no crece.

•DIOS UTILIZA LAS PRUEBAS PARA MOSTRAR SU PODER SUSTENTADOR. Como sabemos, todos enfrentamos períodos dolorosos en la vida. Al recurrir al poder de Dios durante estos tiempos, podemos compartir un poderoso testimonio frente a quienes no conocen a Cristo.

•NUESTRAS PRUEBAS NOS PREPARAN PARA AYUDAR A OTROS. Cuando pasamos por problemas, nos preparamos para alentar a quienes lleguen a pasar por alguna prueba similar. Este principio fue parte importante del ministerio de Pablo, «el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.» (2 Corintios 1:4).

•DIOS PERMITE LAS PRUEBAS PARA PURIFICARNOS. Las dificultades nos presionan, sobre todo en las áreas donde tratamos de ocultar el pecado. El Señor sabe que estas cosas deben ser sacadas a la superficie y enfrentadas abierta y sinceramente si queremos llegar a ser creyentes maduros.

Dios tiene un propósito para cada prueba. Manténgase firme y deje que el Padre celestial lleva a cabo su voluntad en usted, por los medios que Él considere necesarios. 

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

Santiago 1:2-4

Estándar

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna (Santiago 1:2-4).

¿Alguna vez ha mirado a alguien y ha pensado: quién fuera tan afortunado? En realidad, nadie tiene una existencia libre de problemas, y la Biblia nos dice que todos pasamos por pruebas.

Santiago 1.2 es un versículo corto, pero muy significativo ya que utiliza la palabra “cuando”. Pasar por pruebas no es una cuestión de si pasaremos por ellas, sino de cuándo.

En segundo lugar, Santiago dice que “hallaremos” pruebas, lo que implica que las dificultades surgirán de manera inesperada.

En tercer lugar, utiliza el adjetivo “diversas” para denotar las maneras cambiantes y sorprendentes en que aparecen las adversidades. Santiago tiene un mensaje específico que quiere transmitir: “Prepárense. Los problemas se acercan, así que deben estar preparados para manejarlos de manera efectiva”.

“Efectiva” tal vez no sea una palabra que usted usaría para describir su respuesta a las pruebas. Muy a menudo, esperamos que las dificultades pasen de nosotros rápidamente. Sin embargo, eso nos robaría la oportunidad de crecimiento que se encuentra en cada prueba.

Vuelva a leer despacio el pasaje de hoy. Ore mientras lee, pidiéndole al Señor que le muestre cómo soportar y cómo alegrarse en las pruebas. Él tiene un plan para los momentos difíciles. Pregúntele hoy cuál puede ser, y luego confíe en que Él logrará su propósito en ella.

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

Salmo 106:13-14

Estándar

Bien pronto olvidaron sus obras; No esperaron su consejo. Se entregaron a un deseo desordenado en el desierto; Y tentaron a Dios… (Salmos 106:13-14)

Siempre es mejor esperar el tiempo de Dios. Si nos adelantamos a Él o nos quedamos rezagados, nos costará caro.

La autosuficiencia nos saca de la voluntad del Señor. Lo que se hace bien, pero en el momento equivocado, puede dejarnos vulnerables a las tretas de Satanás, y puede retrasar o incluso destruir las bendiciones que Dios había dispuesto para nosotros. Actuar conforme a nuestra agenda puede también traer confusión, tanto a nosotros como a otras personas, resultando en imprevistos y problemas.

Por negarnos a esperar en Dios, a menudo nos causamos angustias inútiles. Por ejemplo, si usamos la tarjeta de crédito para comprar ropa innecesaria, aparatos electrónicos, y otras cosas para complacernos, podemos llegar a acumular deudas más allá de nuestra capacidad de pago. Entonces nuestra capacidad crediticia se desplomará con poco alivio financiero. Mientras que al manejar el dinero conforme a los principios bíblicos, quizás nuestro estilo de vida sea exento de lujos, pero tendremos libertad y paz mental. Podemos aplicarlo a cualquier otra área de nuestra vida. 

«Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová.» (Lamentaciones 3:24-26.)

Lee. Medita. Aplica.

Colosenses 3:12

Estándar

Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia (Colosenses 3:12)

La compasión solo es posible cuando pensamos en los demás antes que en nosotros. El egocentrismo (pensar sólo en nosotros) nos impide ver las necesidades y las heridas de quienes nos rodean y actuar en beneficio de ellos. Necesitamos una mente renovada.

Nacemos con una naturaleza egoísta y pecaminosa, conocida como el “viejo yo”. Pero cuando una persona pone su confianza en Cristo, recibe un “nuevo yo” creado en justicia por Dios. A medida que nuestra mente se renueva con la Palabra de Dios y crecemos en obediencia, el amor y la compasión de Cristo comienzan a fluir a través de nosotros. En vez de ser ajenos al sufrimiento que nos rodea, Dios nos abrirá los ojos y nos usará para consolar a los necesitados.

Un corazón compasivo no se logra por medio del esfuerzo propio sino mediante una vida enfocada en Dios. Cuando nos acercamos a Él por medio de su Palabra y su Hijo, transforma nuestro enfoque, pensamientos y sentimientos. ¡Qué alivio saber que Dios ha provisto todo lo que necesitamos para imitar a Cristo! Él siempre nos capacita para obedecer.

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

Jonás 1:1-3

Estándar

Vino palabra del Señor a Jonás, hijo de Amitai, diciendo: Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y proclama contra ella, porque su maldad ha subido hasta mí. Pero Jonás se levantó para huir a Tarsis, lejos de la presencia del Señor. Y descendiendo a Jope, encontró un barco que iba a Tarsis, pagó el pasaje y entró en él para ir con ellos a Tarsis, lejos de la presencia del Señor (Jonás 1:1-3)

¿Alguna vez ha tratado de huir de Dios? La mayoría de nosotros no intentaremos escapar físicamente huyendo a otro lugar, como lo hizo Jonás. Pero somos expertos en ignorar los mandatos de Dios, en distraernos con las ocupaciones, y ofrecer un plan alternativo en lugar de la total obediencia. No importa cómo lo justifiquemos y nos excusemos, la rebelión solo conduce al dolor y al sufrimiento.

Mientras huía del Señor, Jonás pasó por alto algunos aspectos esenciales que todos deberíamos tener en cuenta. Supuso equivocadamente que huir sería una manera de evitar obedecer a Dios, pero el Señor no se deja disuadir por nuestros intentos de manipulación. Como escribió David en una ocasión, «Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.» (Salmo 139:9-10).

Jonás también pasó por alto el hecho de que la desobediencia, en sentido figurado, hace descender a una persona. Observe que el renuente profeta en realidad experimentó esto de una manera más literal también, pues después de descender a Jope, bajó a un barco y terminó sumergido en las profundidades del mar, «Y tomaron a Jonás, y lo echaron al mar; y el mar se aquietó de su furor.» (Jonás 1:15).

Huir de Dios es inútil; no hay lugar para esconderse porque siempre estamos a la vista del Señor. Por eso, en vez de tratar de huir de su presencia, recibamos con complacencia.

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

1 Pedro 2:1-2

Estándar

Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación (1 Pedro 2:1-2)

Si alguien en realidad ha sido salvo, será evidente hambre por la Palabra de Dios. Esto es porque, como creyentes, hemos saboreado la bondad del Señor y, por tanto, anhelamos conocerlo a profundidad. Mordisquear por costumbre las Sagradas Escrituras no hace mucho para estimular nuestro apetito. La Palabra de Dios es un gusto adquirido, y cuanto más la consumamos, mayor será nuestra hambre por ella.

Si usted ha perdido su deseo de la Palabra, pídale al Señor que le restaure el apetito por leerla todos los días. A medida que se familiarice más con la Biblia, notará que su entendimiento y deseo de ella aumentan. Y lo mejor de todo, es que su amor y su devoción por su Salvador crecerán también. 

Haga suya la convicción y devoción que tenía David en la Palabra de Dios;» 

«¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.» (Salmos 119:97).

«¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.» (Salmos 119:103).

«Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.» (Salmos 119:105).

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

Salmo 15:1-2

Estándar

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón (Salmos 15:1-2).

¿Cómo definir la integridad?

En el diccionario, se define como «apegarse a los principios morales y éticos». En la vida cotidiana, la integridad se define como ser honesto y confiable. Si basamos la integridad en estas dos definiciones, terminamos viviendo vidas basadas en una verdad moral de nuestra elección y esperando que otros nos vean como confiables y correctos. Ambas definiciones son correctas y, al mismo tiempo, incompletas. La integridad es mucho más.

Integridad es esto: vivir, actuar y hablar en coherencia con lo que decimos ser, basados en lo que Dios dice que es correcto. Significa basar nuestras palabras y nuestras acciones en Sus principios y verdad. ¿Por qué basarnos en los principios de Dios? Porque Él es el autor de todo lo que es justo, correcto y verdadero.

Dios nos creó para recibir de Él nuestros principios éticos y morales. Cualquier otro origen en que basemos valores o verdades son opiniones de hombres, no es integridad real. La verdad de Dios es la única que nos guiará a una vida de integridad. Así que vivir con integridad significa decir «sí» a lo que Dios dice que es recto y bueno; decir «no»  a lo que Dios señala como no bueno ni recto.

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

Romanos 12:14

Estándar

Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis (Romanos 12:14).

La Biblia nos ordena no solo a que no aborrecer ni buscar venganza contra quienes puedan perjudicarnos, de hecho enseña que debemos ir más allá y bendecirlos. Eso es lo que les dijo Jesús a quienes oyeron su Sermón del Monte: “Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian” (Lucas 6:27-28).

Para amar verdaderamente a sus enemigos, entonces tratarlos como si fueran sus amigos. 

«Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, Y si tuviere sed, dale de beber agua; Porque ascuas amontonarás sobre su cabeza,Y Jehová te lo pagará.» (Proverbios 25:21-22).

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo