Proverbios 12:22

fijo

Los labios mentirosos son abominación a Jehová; Pero los que hacen verdad son su contentamiento.

¿Por qué es tan fácil mentir?  Decir algo falso es algo que todos hacíamos cuando éramos niños, pero mentir puede hacer tropezar aun a cristianos de toda la vida. El motivo subyacente para ceder al engaño suele ser el deseo de protegernos de alguna manera. Mentimos para salir de problemas, evitar una situación indeseable, obtener beneficio económico, ser aceptados, reforzar nuestra imagen, ocultar nuestras fallas, o por otras razones que a nuestro parecer nos benefician.

La obediencia a Dios vale mucho más que cualquier cosa que podamos ganar diciendo mentiras o adulterando la verdad en un esfuerzo por mantenernos a salvo.

¿Está dispuesto a comprometerse a decir la verdad aun cuando sea costoso? Falsear la información de la declaración de impuestos, aparentar lo que uno no es en las redes sociales, o restar importancia a un error de cálculo a su favor en un recibo y otras cosas más, no es justificable. Hablar verdad, obedecer, agradar al Señor y dejar las consecuencias en sus manos será siempre lo mejor que podemos hacer.»

El testigo falso no quedará sin castigo, Y el que habla mentiras no escapará. Proverbios 19:5.

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Lucas 10:39-42

fijo

Quizás conozca la historia de María y Marta, las dos hermanas que recibieron con alegría a Cristo en su hogar. Como muchos de nosotros, Marta se ocupó de que el Señor estuviera bien servido. Mientras tanto, María se sentó con el Señor y lo escuchó. Después de un rato, Jesús dijo a Marta: “…Afanada y turbada estás con muchas cosas; pero solo una cosa es necesaria…” (Lucas 10.41, 42).

Ninguna de las tareas que hacía Marta era mala o equivocada, pero el Señor le señaló con gentileza que sus tareas la estaban distrayendo de pasar tiempo con Él. De igual modo, el Señor no nos pide que abandonemos nuestras tareas. De hecho, mucho de lo que hacemos a diario es importante, pero debemos ser capaces de discernir lo bueno de lo mejor, saber también cuándo hemos permitido que otra cosa ocupe el lugar del Señor en el trono. Recuerde que nuestra relación con Él es lo más valioso que tenemos.

PIENSE EN ESTO:

• Reajustar las prioridades de nuestro corazón no es cosa de una sola vez. Pregúntele al Espíritu Santo qué puede estar desviando su atención del Señor.

• ¿Cómo se siente al saber que su atención plena honra a Dios?

2 Corintios 12:8-9

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respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

Los problemas y el sufrimiento que experimentamos en la vida no ocurren sin ningún propósito. Dios actúa a través de ellos para nuestro bien. Es posible que no nos guste o no entendamos con exactitud lo que hace, pero conocer algunos de sus objetivos nos ayuda a confiar en Él y cooperar para cosechar los beneficios de la aflicción. Veamos algunos;

    ■ Protección; Después de que el apóstol Pablo orara con fervor para que su aguijón en la carne le fuera quitado, Dios le reveló que era una protección contra el orgullo. Todos tenemos aspectos de debilidad que podrían llevarnos al pecado, y Dios en su sabiduría sabe cómo protegernos.

    ■ Dependencia; El aguijón de Pablo, que lo hacía débil, también lo enseñó a depender de la gracia y del poder de Cristo. De la misma manera, los problemas a menudo nos impulsan a buscar al Señor con humilde dependencia; para entonces estar en posición de recibir la fortaleza divina que Él promete darnos.

    ■ Perspectiva divina; Cuando el apóstol Pablo entendió al fin lo que el Señor trataba de hacer, vio su sufrimiento de manera diferente. Dejó de centrarse en su aflicción como un dolor y un obstáculo, y se sintió contento. Pudo regocijarse porque reconoció que el poder de Cristo en él era más importante que verse libre del dolor. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13).

A menos que reconozcamos que Dios siempre prioriza lo eterno sobre lo temporal, no entenderemos el valor del dolor, las pruebas y el sufrimiento.

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28).

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Romanos 15:13

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Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.

La esperanza suele definirse como desear algo acompañado de la expectativa de recibirlo. Si nuestra expectativa no se cumple, es fácil desanimarse. Tenemos un enemigo que quiere robar nuestra esperanza. Como padre de la mentira, Satanás trata de mantenernos enfocados en nuestras circunstancias para que dudemos del amor y el cuidado de Dios por nosotros.

Por tanto, a veces podemos sentirnos desesperados y abandonados, pero los sentimientos no son confiables. Como hijos del Padre celestial, nunca estamos en circunstancias irremediables porque Él promete obrar todo para nuestro bien, «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28). Pero su concepto de “bien” no siempre coincide con el nuestro. Con frecuencia ponemos nuestras esperanzas en las cosas de este mundo, mientras que Dios da prioridad a nuestro bienestar espiritual. «Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” (Colosenses 3:2)

La decepción y el desánimo son el resultado de poner nuestras esperanzas en la aspiración equivocada. Esto no significa que no podamos tener sueños y expectativas; sin embargo, no debemos aferrarnos a ellos, pues debemos tener una actitud de sumisión a Dios y confiar en que sigue obrando para nuestro bien cuando tales esperanzas no se concretan. Nuestras expectativas para esta vida son temporales, pero tenemos una esperanza viva en Cristo que es infalible y eterna.

«no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” (2 Corintios 4:18).

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Filipenses 4:4

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Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!

Filipenses 4:4

Muchos creyentes se convierten en víctimas de sus circunstancias y en consecuencia viven en altibajos espirituales. Para ellos, una orden de que se regocijen parece irracional. Pero la orden del versículo es regocijarse “en el Señor”.

No siempre podemos regocijarnos en nuestras circunstancias o en las de otras personas porque ambas pueden ser malas. Sin embargo, podemos regocijarnos en el Señor porque Él es siempre bueno y sabemos que nunca cambia. De modo que nuestra estabilidad espiritual se relaciona directamente con nuestro conocimiento de Dios. El conocerlo nos ayuda a vivir por encima de nuestras circunstancias y nos da estabilidad. Por eso se escribieron los Salmos en forma poética y se les puso música, para que el pueblo de Israel pudiera memorizar las Escrituras y cantar himnos a fin de profundizar su conocimiento de Dios. El conocerlo hace que todo lo demás parezca menos importante.

«Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, En la cual me has hecho esperar. Ella es mi consuelo en mi aflicción, Porque tu dicho me ha vivificado.” (Salmos 119:49-50).

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Filipenses 1:27

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Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio,

La estabilidad espiritual depende del amor mutuo, la armonía y la paz entre los creyentes. Nuestra vida debe estar entretejida para que podamos soportarnos y sustentarnos los unos a los otros.

Pablo quería que hubiera esa clase de armonía en la iglesia de Filipos, pero en su lugar había una gran desavenencia entre dos mujeres que amenazaban la vida de la iglesia, «Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor.» (Filipenses 4:2). Pablo procuraba que no se extendieran por toda la iglesia pecados como la parcialidad, la crítica, la amargura, la falta de perdón y el orgullo.

A fin de evitar tales problemas, es necesario que los creyentes velen y oren los unos por los otros. El amor mutuo produce la armonía que lleva a la estabilidad espiritual y que muestra lo que ha de hacer la iglesia: ayudar a los débiles, levantar a los caídos y restaurar a los quebrantados.

«Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.” (1 Tesalonicenses 5:11).

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Zacarías 4:6-7

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…Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura…

¿Está enfrentando lo que parece un obstáculo insuperable? Puede tratarse de un problema demasiado complejo para resolver, una tarea más allá de su capacidad, un pecado demasiado tentador para superar o una situación sobre la que no tiene control. Enfrentar tales cosas puede hacernos sentir débiles, indefensos y vulnerables. Pero recuerde que tenemos a Dios Todopoderoso, y que nada es demasiado difícil para Él.

Zorobabel fue un líder judío que, junto con 50.000 de sus compatriotas, regresó a Jerusalén del cautiverio babilónico. Comenzaron a reconstruir el templo, pero los obstáculos eran enormes. El pueblo se desanimó, por lo que Dios le dio a su profeta Zacarías una visión para animarlos. El mensaje les recordó que el progreso se logra “no con ejército, ni con fuerza, sino con [su] Espíritu”.

Esta misma verdad se aplica a nosotros hoy. Los obstáculos que usted atraviesa pueden parecer montañas demasiado grandes para moverlas, y con sus propias fuerzas, sin duda lo son. Pero, como cristiano, tiene el poder del Espíritu Santo dentro en usted. Aunque es posible que sus circunstancias no cambien, Él le dará consuelo, gozo, paz, paciencia y fortaleza para enfrentarlas. El Espíritu Santo es la promesa de Dios de auxilio continuo a su pueblo.»

«Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,Y se traspasen los montes al corazón del mar” (Salmo 46:1-2).

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Hebreos 6:17-18

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Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.

¿Alguna vez ha sentido que Dios no cumplió una promesa? Si es así, entonces el pasaje de hoy es para usted. Veamos tres enseñanzas que podemos aprender de ello.

1 NO HAY NADIE MÁS GRANDE QUE EL SEÑOR. Él tiene poder, conocimiento y sabiduría infinitos. Nada puede frustrar sus propósitos, así que todo lo que promete hacer, lo hará. El pasaje de hoy nos asegura que el Señor nunca le falla a sus hijos, aunque tengamos que esperar por su respuesta.

2 DIOS ES INMUTABLE. Eso significa que su Palabra y sus planes para el bien de sus hijos no cambian. Podemos contar con que Él hará todo lo que dice que hará. Aunque todo lo que nos rodea cambia, nuestro Padre celestial nunca lo hace.

3 ES IMPOSIBLE QUE DIOS MIENTA. Él es fiel y la fuente de toda verdad. Porque es santo, no hay pecado en Él. Todas sus promesas se basan en su integridad.

Una promesa tiene valor solo si el que la hace es digno de confianza. Dado que solo Dios cumple perfectamente este requisito, podemos vivir con la certeza de que cumplirá sus promesas. Además, su fidelidad absoluta significa que también podemos estar seguros de su lealtad y su amor incondicional por nosotros.

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Salmo 145:7-9

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Proclamarán la memoria de tu inmensa bondad, y cantarán tu justicia. Clemente y misericordioso es Jehová,Lento para la ira, y grande en misericordia. Bueno es Jehová para con todos, Y sus misericordias sobre todas sus obras.

La vida puede golpearnos con las circunstancias más inesperadas e indeseables. Cuando eso sucede, podríamos preguntarnos: ¿Dios se interesa por mí? He aquí tres verdades para recordar:

1. LA BIBLIA NOS DICE QUE; “…DIOS ES AMOR” (1 Juan 4.8). Esto significa que su naturaleza se caracteriza por la compasión y el cuidado. El amor se originó en Dios, y Él es el mayor ejemplo de cómo expresarlo. Además Dios es santo, lo cual significa que nuestro Padre es perfecto y nunca nos amará de una manera incorrecta.

2. DIOS NOS AMA PORQUE NOS LLAMA SUS HIJOS; “…A los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios”,» escribe Juan (Juan 1:12). Para algunos que han tenido una crianza difícil, esto puede no ser una noticia alentadora. Pero Dios es el padre perfecto que nos ama.

3. DIOS DIO LA DEMOSTRACIÓN SUPREMA DE SU AMOR EN LA CRUZ; El Hijo de Dios vino al mundo como una expresión del amor infinito de su Padre e hizo por nosotros lo que nadie más podía hacer. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» (Juan 3:16)

Después de considerar estas tres verdades sobre el amor de Dios, ¿cómo no esperar que Él se interese incluso por los detalles más pequeños de nuestra vida? Busque las maneras en que Él le está expresando su amor, y recuerde sus palabras: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13)

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Efesios 5:17-18

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Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,

Dios quiere que todos sus hijos sean llenos del Espíritu, pero muchos no están seguros de lo que eso significa. Si bien el Espíritu de Dios habita en cada creyente, la medida de su señorío está determinada por nuestra obediencia.

Trate de pensar en esto como la decisión voluntaria de rendirse al control del Espíritu Santo, ser sensible a su dirección y guía, obediente a sus impulsos, y dependiente de su poder. Quienes se han rendido a la dirección del Espíritu están siendo transformados a la semejanza de Cristo, pero el grado de sometimiento determina el nivel de transformación.

Aunque las buenas obras y el servicio fiel provienen del Espíritu, no son señales automáticas de que estamos rendidos a Él del todo. Recuerde que la entrega de la que estamos hablando involucra el carácter, no solo nuestras acciones. Servir de alguna manera puede ser, a veces, más fácil que amar a quienes no nos es fácil, o ser pacientes con las personas difíciles. Pero cuando el Espíritu Santo controla nuestra vida, Él es capaz de hacer a través de nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos.

Cada creyente decide quién gobernará su vida. Incluso aquellos que intentan evitar el asunto no tomando ninguna decisión, optan, sin saberlo, por gobernarse a sí mismos. La plenitud del Espíritu y el carácter piadoso aguardan a quienes eligen a Dios.

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Santiago 1:15

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Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

La mayoría de las personas piensan que el pecado es un acto o comportamiento individual. Pero el versículo de hoy dice que el pecado no es un acto; es el resultado de un proceso. Comienza con deseo, que está relacionado con la emoción. Comienza cuando usted desea sentirse satisfecho al adquirir algo, cuando tiene un anhelo emotivo de poseer algo que ve. Entonces la tentación afecta su mente mediante el engaño. Usted comienza a justificar su derecho a tener lo que desea. Su mente es engañada al creer que la satisfacción de sus deseos satisfará sus necesidades.

Acto seguido, su voluntad comienza a planificar cómo va a obtener lo que quiere, y cuando la lujuria es seducida (como quien dice) por la carnada, queda preñada en el vientre de la voluntad de una persona. Por último, ocurre el acto del pecado.

Saber cómo nace el pecado debiera ayudarnos a huir de la tentación, ya que el pecado trae consigo consecuencias dolorosas, y como resultado final la muerte, separación de Dios.

«Porque la paga del pecado es muerte…» (Romanos 6:23)

«La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.» (Romanos 13:12-14)

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Colosenses 3:1-3

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Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

La fe en Cristo es más que hacer “cosas cristianas” como asistir a la iglesia, ofrendar, orar y leer la Biblia de vez en cuando. La conversión genuina se evidencia por el anhelo de conocer mejor a Dios y de una manera más personal. Uno de los principios básicos del cristianismo es que cuanto más sabemos del Señor, más queremos aprender de Él.

Una mente fijada en las cosas de este mundo desaprovechará la senda que satisface espiritualmente. Sin embargo, buscar al Señor no implica abandonar todos nuestros planes ni nuestros sueños. Solo significa que sometemos en oración nuestras esperanzas a Su voluntad. A medida que nos esforzamos por conocer a Dios, nuestros deseos cambian para reflejar los suyos.

¿Cómo buscamos a Dios? Comenzamos por estudiar su Palabra y confiar en que el Espíritu Santo abrirá nuestra mente para comprenderla. Entonces, a medida que el Señor nos revela más de sí mismo a través de las Sagradas Escrituras, anhelaremos cada vez más su presencia.

Si su enfoque está puesto en las cosas de este mundo, sus deseos se inclinarán en esa dirección. Pero si dirige su atención a la Palabra de Dios, su deseo por Él se volverá más fuerte que todos los demás anhelos.»

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