B et C: Marcos 10:51-52

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L

Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino. Marcos 10:51-52

La Biblia enseña que nuestro trino Dios es omnisciente, conoce todas las cosas. Ninguna acción o persona se oculta de su vista; y el pasado, el presente, y el futuro están delante de Él.

“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.”  (Hebreos 4:13)

El Señor “…escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos…” (1 Cronicas 28.9). Nos conoce, y entiende lo que necesitamos. El amor y la preocupación de Dios por nosotros no cambian, aunque nuestro dolor sea el resultado de nuestras propias acciones pecaminosas.

Cristo demostró una y otra vez el amor y el cuidado de Dios por las personas. De hecho, gran parte de su ministerio consistió en aliviar el sufrimiento, junto con la enseñanza de cómo entrar en el reino de los cielos. Mientras viajaba a Jerusalén camino a la cruz, se encontró con un mendigo ciego que gritaba: “…¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Marcos 10.48). Aunque la multitud le decía que callara, Cristo se detuvo para restaurar su vista y reconocer su fe.

Él también escuchará nuestros gritos de ayuda, porque su amor se extiende como un manto sobre nosotros. Cuando nuestras circunstancias nos tienten a dudarlo, recordemos nuestra perspectiva limitada y confiemos en la naturaleza de nuestro Dios. De manera que, acepte la invitación de Cristo de llevar sus cargas a Él, y encuentre descanso para su alma.

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;” Mateo 11:29.

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Versainograma a Santo Domingo

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[fragmento]

Perdonen si les digo unas locuras

en esta dulce tarde de febrero,

y si se va mi corazón cantando

hacia Santo Domingo, compañeros.

Vamos a recordar lo que ha pasado allí,

desde que Don Cristóbal, el marinero,

puso los pies y descubrió la isla,

¡ay, mejor no la hubiera descubierto!

porque ha sufrido tanto desde entonces,

que parece que el diablo, y no Jesús,

se entendió con Colón en ese aspecto.

Esos conquistadores españoles,

que llegaron desde España, por supuesto,

buscaban oro y lo buscaron tanto

como si les sirviese de alimento.

Enarbolando a Cristo con su cruz,

los garrotazos fueron argumentos

tan poderosos, que los indios vivos

se convirtieron en cristianos muertos.

Aunque hace siglos de esta historia amarga,

por amarga y por vieja se las cuento,

porque las cosas no se aclaran nunca,

con el olvido ni el silencio.

Y hay tanta inquietud sin comentario,

en la América hirsuta que me dieron,

que si hasta los poetas nos callamos,

no hablan los otros porque tienen miedo.

Ya se sabe, en un día declaramos

la independencia azul de nuestros pueblos,

una por una, América Latina,

se desgranó como un racimo negro,

de nacionalidades diminutas,

con mucha facha y poco dinero.

(Andamos con orgullo y sin zapatos,

y nos creemos todos caballeros).

Pablo Neruda. Chile (1904-1973)

B et C: Juan 15:16

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No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Juan 15:16

Pedir en el nombre de Cristo conlleva doble significado. Primero, los creyentes hemos de pedir por asuntos que armonicen con el plan de Dios. Necesitamos preguntarle si nuestras oraciones coinciden con su voluntad. Dios tiene varias formas de asegurarnos si estamos en el camino correcto; por ejemplo, puede aumentar los anhelos correctos o disminuir los incorrectos. Otra posibilidad es que usará su Palabra para redirigir nuestros pasos o confirmar que estamos yendo por el camino correcto. De cualquier manera, Dios creará una senda para que hagamos su voluntad.

Segundo, invocar el nombre de Cristo significa que deseamos glorificarlo. Santiago hace esta advertencia: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3). Para entender eso, consideremos como ejemplos a los que oran para salir de un problema económico. ¿Quiere la persona salir de sus deudas para tener más dinero y salir de preocupaciones? ¿O para utilizar lo que tiene de maneras que honren al Señor? Los motivos son evidentes para Dios, y no favorecerá a quienes están arraigados en el pecado.

En el nombre de Jesucristo hay poder abundante. Sin embargo, invocarlo en oración no es un amuleto para obtener lo que queremos. Más bien, es una señal de que estamos dejando a un lado nuestros deseos personales y nuestra manera de hacer las cosas. Al hacerlo, nos comprometemos a seguir a Dios y honrarle con nuestros deseos y peticiones. 

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We pray for those who do not pray

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We pray for those who do not pray!
Who waste away salvation’s day;
For those we love who love not Thee—
Our grief, their danger, pitying see
Those for whom many tears are shed
And blessings breathed upon their head,
The children of thy people save
From godless life and hopeless grave.
Hear fathers, mothers, as they pray
For sons, for daughters, far away—
Brother for brother, friend for friend—
Hear all our prayers that upward blend.
We pray for those who long have heard
But still neglect Thy gracious Word;
Soften the hearts obdurate made
By calls unheeded; vows delayed.
Release the drunkard from his chain,
Bare those beguiled by pleasure vain,
Set free the slaves of lust, and bring
Back to their home the wandering.
The hopeless cheer; guide those who doubt;
Restore the lost; cast no one out;
For all that are far off we pray,
Since we were once far off as they.

Christopher Newman Hall. England (1806-1902)

Brevitas et Claritas: Salmo 51:2-4

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Lávame por completo de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas. Salmo 51:2-4.

¿Quiere un mayor desarrollo espiritual en su vida? ¿Pecar menos cada vez? Entonces acepte su responsabilidad.

No le eche la culpa a sus circunstancias, a su cónyuge, a su novio o a su novia, a su jefe, a sus empleados o a su pastor. Ni siquiera le eche la culpa a Satanás. Su pecado es culpa suya. Sin duda que Satanás y el sistema del mundo pueden contribuir al problema, pero el pecado ocurre en definitiva como un acto de la voluntad; mi voluntad, usted es responsable. Lo dice la Biblia: «sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.» (Santiago 1:14).

Tal vez uno de los mejores ejemplos de alguien que aprendió a aceptar su responsabilidad sea el del hijo pródigo. Cuando volvió a casa con su amoroso padre, dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (Lucas 15:21). Estuvo incluso dispuesto a que se le tratara como a un modesto jornalero porque sabía que no merecía nada, «Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.» (Lucas 15:19). He aquí la actitud de alguien que reconoce y confiesa su pecado. 

«Él que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia.» (Proverbios 28:13).

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Alma llanera

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Yo nací en esta ribera del Arauca vibrador.

Soy hermano de la espuma,

de las garzas y las rosas,

y del sol.

Me arrulló la viva diana de la brisa en el palmar,

y por eso tengo el alma

como el alma primorosa

del cristal.

Amo, lloro, canto, sueño,

con claveles de pasión.

Y adoro rubia crines

del potro que quiero yo.

Rafael Bolívar Coronado. Venezuela (1884-1924)

Pedro Elías Gutiérrez. Venezuela (1870-1954)