Romanos 1:4

Estándar

Declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de ­santidad, por la resurrección de entre los muertos. Romanos 1:4.

Jesucristo tenía que ser más que hombre; tenía que ser también Dios. Si Jesucristo fuera solo hombre, aun el mejor de los hombres, no podía haber salvado a los creyentes de su pecado. Si fuera incluso el hombre justo de la simiente de David, pero no Dios, no podía haber soportado el castigo de Dios el Padre en la cruz y haber resucitado de los muertos. No podía haber vencido a Satanás y al mundo, sino que habría sido vencido como son vencidos todos los hombres.

Si hubo alguna duda de que Jesucristo era el Hijo de Dios, su resurrección de los muertos debiera eliminarla. Tenía que ser hombre para llegar a nosotros, pero tenía que ser Dios para resucitarnos.  Cuando Dios resucitó a Cristo de los muertos, confirmó que era verdad lo que él dijo.

Tan claro como el horizonte separa la tierra del cielo, así la resurrección separa a Jesucristo del resto de la humanidad. Jesucristo es Dios encarnado. Gloria a nuestro Salvador! 

«En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,» (Hebreos 1:2-3).

Lee. Medita. Aplica.

Si alguien quiere saber cuál es mi patria

Estándar

Si alguien quiere saber cuál es mi patria

no la busque,

no pregunte por ella.

Siga el rastro goteante por el mapa

y su efigie de patas imperfectas.

No pregunte si viene del rocío

o si tiene espirales en las piedras

o si tiene sabor ultramarino

o si el clima le huele en primavera.

No la busque ni alargue las pupilas.

No pregunte por ella.

(¡Tanto arrojo en la lucha irremediable 

y aún no hay quien lo sepa!

¡Tanto cero y fulgor de resistir

y aún no hay quien lo vea!)

No, no la busque.

Si alguien quiere saber cuál es mi patria,

no pregunte por ella.

No quiera saber si hay bosques, trinos,

penínsulas muchísimas y ajenas,

o si hay cuatro cadenas de montañas,

todas derechas,

o si hay varios destinos de bahías

y todas extranjeras.

Siga el rastro goteando por la brisa

y allí donde la sombra se presenta,

donde el tiempo castiga y desmorona,

ya no la busque,

no pregunte por ella.

Su propia sangre, su órbita querida,

su instantáneo chispazo de presencia,

su funeral de risa y de sonrisa,

su potrero de espaldas indirectas,

su puño de silencio en cada boca,

su borbotón de ira en cada mueca,

sus manos enguatadas en la fábrica y

sus pies descalzos en la carretera,

las largas cicatrices que le bajan

como antiguos riachuelos, 

su siniestra figura de mujer obligada a parir

con cada coz que busca su cadera

para echar una fila de habitantes

listos para la rueda,

todo dirá de pronto dónde existe

una patria moderna.

Dónde habrá qué buscar y qué pregunta

se solicita. Porque apenas

surge la realidad y se apresura

una pregunta, ya está la respuesta.

No, no la busque.

Tendría que pelear por ella…

Pedro Mir. República Dominicana (1913-2000)

Mateo 7:20-21

Estándar

Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Mateo 7:20-21

Lo peor que puede sucederle a una persona es pensar que ha sido salva de la condenación, para descubrir después de la muerte que no es así. A todos nos gustaría creer que son ciertas las aseveraciones o afirmaciones de quienes aseguran ser cristianos, pero Jesús hace una dura advertencia porque sabe que muchos serán engañados. Se sentarán en la iglesia semana tras semana, asegurando que Jesús es el Hijo de Dios, pero sin nunca involucrarse en una relación personal con Él.

Fe intelectual no es lo mismo que fe salvadora. No es suficiente creer que Jesús murió y resucitó. Hasta los demonios creen eso «…También los demonios creen, y tiemblan.» (Santiago 2:19).

La salvación implica más que conocimiento: requiere confiar en que Jesús pagó el castigo por nuestros pecados, recibir su perdón, dejar el pecado y establecer una relación con Él. Lo que identifica a un cristiano no es lo que dice ser, sino más bien los frutos que lo identifican con el Señor. 

«Así, todo buen árbol da buenos frutos…» (Mateo 7:17)

Lee. Medita. Aplica.

Deuteronomio 6:1-2

Estándar

Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. Deuteronomio 6:1-2.

¿Es usted buen oyente? 

Saber escuchar es una cualidad muy necesaria en toda relación, incluso en nuestra comunión con Dios. La mayoría de nosotros somos mejores hablando que escuchándolo a El. Nos apresuramos a expresarle nuestras necesidades y peticiones, pero luego tenemos tanta prisa que pasamos por alto el consultar su Palabra para ver lo que quiere decirnos.

La triste verdad es que muchos cristianos preferirían no leer la Biblia antes que dejar de hacer cualquier otra cosa de su rutina diaria. Sin embargo, la Palabra de Dios es el fundamento de nuestra fe, y necesitamos deleitarnos en ella con regularidad si queremos prosperar espiritualmente. El alimento diario de las Sagradas Escrituras restaura nuestra mente, que a su vez alinea nuestra perspectiva, deseos, actitudes, palabras y decisiones con la voluntad del Señor.

Aunque cada versículo de la Biblia es inspirado por Dios y nos ha sido dado para nuestro beneficio, no escucharemos su voz a menos que hagamos de su Palabra una prioridad. 

Si le pedimos, Él nos enseñará a escuchar y nos ayudará a entender lo que está diciendo en las Sagradas Escrituras. Nuestro espíritu necesita estar sintonizado con el Padre, y esta sensibilidad se desarrolla a través de la oración, la meditación en su Palabra y un corazón dócil que obedezca sus mandatos.»

Lee. Medita. Aplica.

The dying storm

Estándar

I am feeble, pale, and weary,

and my wings are nearly furled;

I have caused a scene so dreary,

I am glad to quit the world!

Whit bitterness I’m thinking

on the evil I have done,

and to my caverns sinking

from the coming of the sun.

*

The heart of man will sicken

in that pure and holy light,

when he feels the hopes I’ve stricken

with an everlasting blight!

For widely, in my madness,

have I poured abroad my wrath,

and changing joy to sadness,

scattered ruin on my path.

*

Earth shuddered at my motion,

and my power in silence owns;

but the deep and troubled ocean

o’er my deeds of horror moans!

I have sunk the brightest treasure –

I’ve destroyed the fairest form –

I have sadly filled my measure,

and I am now a dying storm.

Hannah Flagg Gould. USA (1789-1865)

Juan 4:9-10

Estándar

La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. Juan 4:9-10.

El encuentro del Señor con la mujer samaritana es un maravilloso ejemplo de su amoroso cuidado de las personas que sufren. Aunque este encuentro pareciera accidental, en realidad fue una cita providencial con el Mesías.

Cuando la mujer se acercó al pozo, el Señor Jesús inició la conversación pidiéndole que le diera un trago de agua. Como los judíos y los samaritanos no fraternizaban entre sí, su acercamiento directo la sorprendió. Pero abrió la puerta para el diálogo.

Durante todo el intercambio, el Señor quiso ayudar a la mujer a reconocer su mayor necesidad, para poder satisfacerla: la salvación. Al parecer ella había estado buscando amor y aceptación, pero ahora Cristo le ofrecía el agua viva del Espíritu Santo, lo único que podría saciar su sed espiritual.

Al igual que la mujer samaritana, nosotros a veces podemos estar tan concentrados en satisfacer nuestras necesidades inmediatas, que no vemos la mano de Dios extendida con amor, ofreciendo satisfacción verdadera. El mundo hace todo tipo de promesas de amor, aceptación y autoestima, pero estas nunca duran. Solo el Señor Jesús puede llenar nuestras almas vacías para la eternidad. Así que, cuando su pozo se seque, busque a Cristo y deje que Él sacie su sed con su Espíritu.

«Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.» (Juan 4:14).

Lee. Medita. Aplica.

Mateo 7:28-29

Estándar

Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Mateo 7:28-29.

Algo que influyó sobremanera en los oyentes de Jesús es que enseñaba con autoridad. La palabra más empleada en el Nuevo Testamento para referirse a la autoridad pertenece al poder y al privilegio, y muestra la soberanía de Cristo.

A diferencia de Jesús, los escribas judíos citaban a otros para darles autoridad a sus enseñanzas. El Señor tenía que citar solamente la Palabra de Dios y podía hablar como la autoridad suprema sobre la verdad. Habló la verdad eterna sencilla, directa y poderosamente, pero con amor y compasión. Eso asombraba a sus oyentes, y debiera también impresionarnos profundamente a nosotros. Ya que la autoridad de Jesucristo es tan sorprendente, que aún la naturaleza se le somete al escuchar su Voz.

«El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?» (Mateo 8:26-27).

Lee. Medita. Aplica.

Who is my neighbour?

Estándar

Who is thy neighbour! See him stand,

with sunken cheek and eye,

where hunger shows the empty hand

thy bounty can supply!

Look where the widowed mother pines

for what thou well canst spare;

where paused age, in want, reclines,

and see thy neighbour there!

Behold him in the stranger, thrown

upon a foreign shore,

who, homeless, friendless, and alone,

is shivering at thy door!

Go meet him in thine enemy,

and good for evil pay;

and bear in mind, for such as he,

thy Saviour bids thee pray.

Go seek him in the dungeon’s night,

and comfort there impart;

implore the smile of Heaven to light

that desolated heart.

Look where the son of Africa sighs

for rights enjoyed by thee;

he is thy neighbour! Loose his ties

and set the captive free!

Columbia, favored of the skies!

how can thy banner wave,

while at my feet, thy neighbour lies

a crushed and fettered slave?

There is a blot among its stars;

a stain upon thy hand;

a mark upon thy face, that mars

the beauty of our land!

Thou, noble tree of liberty,

should not thy verdure fade

o’er him who would his neighbour see

excluded from thy shade?

Did they who reared thee by their toil

not will thy fruit to be,

alike, for all who thread thy soil,

a harvest sweet and free?

Hannah Flagg Gould. USA (1789-1865)