S, H, y C espirituales

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 El Señor es mi pastor, nada me faltará. En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce.

El restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de su nombre.

Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento.

Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos; has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días.

Apuntes a Santiago. 3:1-12

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TEMA 7. FE GENUINA Y OBRAS. 3:1-12

La lengua es uno mismo. Muestra lo que hay en el corazón, es decir, a la persona verdadera. Además, el mal uso de la lengua es la manera más fácil de pecar.
En la Escritura la lengua es descrita como malvada, engañosa, perversa, inmunda, corrupta, aduladora, difamante, chismosa, blasfema, insensata, jactanciosa, amargada, maldiciente, contenciosa, sensual, vil… y la lista no termina!

Hasta ahora Santiago ha venido enfatizando que hay un tipo de hombre (o mujer) que reconoce la existencia y hasta cree en Dios, pero actúa como si no hubiera Dios, es decir una persona atea en la práctica.

¿Por qué debieran importarnos nuestras palabras?
“Las palabras también son obras.” Y obras muy significativas, Jesús mismo señala que serán la base para el juicio divino escatológico (Mateo 12:37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado). Una manera de hablar recta manifiesta un corazón recto. Una naturaleza transformada producirá una conducta transformada, y la nueva conducta implica una nueva forma de hablar, hablar que corresponde con la vida salva y santificada que refleja la naturaleza santa de Quien ha dado la nueva vida.

La Escritura contiene muchas verdades que a primera vista parecen ser contradictorias a nuestra mente finita. Por ejemplo:
> escogidos para salvación por la gracia soberana de Dios antes de la fundación del mundo; sin embargo, hemos de ejercer fe a fin de ser salvos.
> guardados seguros en Cristo por decreto soberano de Dios pero hemos de perseverar en fe.
> podemos vivir en santidad gracias al poder del Espíritu Santo; sin embargo se nos manda a obedecer.
> padecemos pruebas y hemos de soportarlas.
> recibiremos la Palabra; sin embargo hemos de recibirla.
> amables con los necesitados sin mostrar parcialidad; sin embargo hemos de ser amables sin mostrar favoritismo.
> produciremos buenas obras; sin embargo hemos de producirlas.

Donde hay fe genuina, activa, y transformación espiritual, esas cosas y muchas otras serán el resultado y han de ser el resultado.

Santiago ahora nos ofrece otra de esas realidades: el verdadero creyente poseerá una lengua santificada y sin embargo ha de mantener una lengua santificada.

1Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos un juicio más severo.

Didaskaloi (maestros) se empleaba a menudo para referirse a rabinos y a cualquiera que desempeñara funciones de enseñanza o predicación, pero vean que Santiago está hablando a todos en general (hermanos míos, muchos de vosotros), es decir a alguno que se levanta y quiere enseñar la verdad de Dios a otras personas.
Señala que hay un riesgo. ¿Por qué?
Muchos quisieran ser maestros, interesante, porque la gente tiende a respetar a esa persona, al maestro lo tratan con honor, un buen maestro marca vidas, ¿qué mejor que pararse al frente y abrir la palabra de Dios y compartir con otros?

Saben, pasé unos 20 años dando clases en la universidad, y en los primeros años, la fama que tenía es que “nadie entendía nada.” La materia era compleja, pero mi error era asumir que el estudiante conocía lo que se supone debía haber conocido en materias previas. No era así.
Esto me enseñó a desarrollar compasión por mis estudiantes, utilizar tiza y pizarra (poner imágenes en un proyector era muy abstracto). Sin embargo, también debía preparar conferencias para especialistas de otras áreas, a los que también debía tratar con compasión y respeto, la segunda lección. Siempre, siempre, respetar tu audiencia significa prepararse con anticipación suficiente, escudriñar la literatura pertinente, pensar las posibles preguntas, tener objetivos precisos al inicio y colocar conclusiones breves y concisas al final.

Aplicado a la enseñanza de la Palabra de Dios me he dado cuenta que además de compasión y respeto, el maestro debe aprender a no ser miedoso (por lo menos hasta cierto punto). No es posible andar con miedos a la hora de enseñar lo que Dios dice que hay que enseñar. Por eso hay que tener balance: conocimiento y amor.
Lo que sí es necesario es temor. Temor a Dios. No miedo a la opinión de la gente sino temor a Dios. Nos debe importar mucho que si vamos a hacer algo para Dios lo hagamos bien, lo preparemos bien, lo estudiemos bien, profundicemos bien. Enseñanza de la cual daremos cuenta.
¿Qué dice Santiago? sabiendo que recibiremos un juicio más severo.

2Porque todos tropezamos de muchas maneras. Si alguno no tropieza en lo que dice, es un hombre perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.

Observen que Santiago habla en plural, se incluye. Somos más susceptibles a juicio porque nos enfrascamos con regularidad en la actividad más proclive a pecar: el discurso mismo.
Multitud de maestros hay que buscan manipular, utilizan humor, contar historias, hipérbole (exagerar cosas), todo con tal de ganar la atención de la audiencia, mantenerla despierta o interesada sin que necesariamente desarrolle entendimiento en lo que se dice…

Santiago no está colocando obstáculos a ser maestros, las iglesias necesitan maestros y maestras, enseñar es un don espiritual. Si tú tienes es don, olvídate que eso es lo que no podrás dejar de hacer. Y si eres fiel en las pequeñas cosas, pues eso es lo importante, es lo que te ayudará a crecer como persona y como maestra.

3Ahora bien, si ponemos el freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, dirigimos también todo su cuerpo.
4Mirad también las naves; aunque son tan grandes e impulsadas por fuertes vientos, son, sin embargo, dirigidas mediante un timón muy pequeño por donde la voluntad del piloto quiere.
5Así también la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo, se jacta de grandes cosas. Mirad, ¡qué gran bosque se incendia con tan pequeño fuego!
6Y la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, es encendida por el infierno e inflama el curso de nuestra vida.

Es decir que ¿si controlamos nuestra lengua seremos perfectas? No. Ya vimos que esta palabra significa “madurez.” Santiago nos informa que seremos mujeres cristianas maduras en la fe si somos capaces de controlar nuestra lengua.
Para ello nos da un par de ilustraciones poderosas pero advierte “presta atención no al gran problema, sino a la pequeña cosa que está causando la mayoría del problema.”
Y luego una imagen terrible. Un mundo de iniquidad, encendidas por Gehenna (valle de Hinon -destrucción e idolatría, fuera de Jerusalén, tiradero de basura siempre encendido, gusanos, etc.) que contamina todo. La representación visual de un lugar adonde nadie quiere ir, mucho menos vivir.

7Porque todo género de fieras y de aves, de reptiles y de animales marinos, se puede domar y ha sido domado por el género humano,8pero ningún hombre puede domar la lengua; es un mal turbulento y lleno de veneno mortal.
9Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a la imagen de Dios;10de la misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
11¿Acaso una fuente por la misma abertura echa agua dulce y amarga?
12¿Acaso, hermanos míos, puede una higuera producir aceitunas, o una vid higos? Tampoco la fuente de agua salada puede producir agua dulce.

¿Cuál es la respuesta a estas preguntas? Claramente no.
En el Cap. 1 “no tengas una doble mente.”
En el Cap.2 “no tengas un doble estándar: no pienses que alguien vale más que otro.”
En el Cap.3 nos dice “no tengas una doble lengua.” No digas una cosa y luego te das la vuelta y dices otra cosa.

¿Ven el reto ahora? Tenemos una doble lengua. Porque nuestras palabras tienen poder (Proverbios 18:21 Muerte y vida están en poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto) (¿notan la doble lengua aquí?). Un verso escalofriante y al mismo tiempo de esperanza porque si la muerte y la vida están en la lengua luego entonces quizás pueda yo escoger palabras de vida y comer ese fruto.
Nuestras palabras tienen poder, un doble poder: el poder de crear y el poder de destruir. Observen que las palabras de Dios son como las nuestras y no son como las nuestras. Una de las maneras de no ser como las nuestras es lo que dice la Escritura: la hierba se seca y la hoja se cae pero la Palabra de Dios permanece para siempre. Su Palabra permanece. Afortunadamente nuestra palabra no permanece mucho tiempo o seguiríamos hiriendo gente por siempre y siempre. Tenemos la oportunidad de cambio, de reflejar un corazón transformado, pero la Palabra del Señor permanece para siempre.

Cuando Dios habla, ¿qué sucede? Donde no había nada ahora existe todo (Génesis 1). Las palabras de Dios tienen poder milagroso para crear y destruir.
Nuestras palabras tienen poder también, piensa un segundo. Ahora bien, no tienen poder similar a las palabras de Dios. Luego hay confusión en las filas cristianas, muchos creen que ciertas palabras tienen más poder que otras y al estar orando repiten estribillos como “en el nombre de Jesús…” como si al decir esto Dios estuviera más obligado a obrar lo que decimos, o repiten “oh Señor, estamos aquí reunidos en Tu nombre…” así que ahora Tú tienes que obrar y hacer lo que pedimos.
¿Tiene sentido esto?
¿Nuestras palabras harán que algo milagroso suceda?
Esto se parece bastante a idolatría…
Amadas, nuestras palabras no tienen poder similar a las palabras de Dios, pero aún así impactan a las personas que nos escuchan. No es poder sobrenatural pero es poder real. Nuestras palabras tienen poder para destruir. Por ejemplo:

Chisme. Chisme y calumnia destruyen el carácter. No hay vía más rápida. La gente cree las cosas que digamos de otros. ¿Por qué lo hacemos? Porque nuestros corazones no siguen la ley real, porque no elevamos al otro por encima de nosotros sino que nos elevamos a nosotros mismos.

Crítica. Crítica destruye relaciones. Destruye la confianza de otros, si creciste con padres criticones sabes exactamente lo que estoy diciendo.

Sarcasmo. Sarcasmo destruye confianza. El otro nunca sabe que terreno pisa, si lo que tú dices va en serio o es broma. Si escarbas un poco, te darás cuenta que la persona sarcástica en lo secreto se cree más lista que los demás, que su humor es un poco más sutil, etc. Las personas se sienten inseguras a su alrededor, porque no saben si habla en serio o no. No es difícil ser sarcástica, es mucho más difícil aprender gentileza.

Elevar la voz destruye comunicación.

¿Se dan cuenta que cualquiera de estas cosas me eleva por encima de otros o pone a los demás en situaciones débiles? ¿Los pone en desventaja de modo que yo tenga ascendencia? En conflicto directo con la ley real.

Pero hay buenas noticias. Nuestras palabras también tienen poder para crear.

Honestidad. Hablar con honestidad crea confianza. Di lo que tengas que decir de manera no amenazadora. Desarrolla un lugar seguro: podrás dar cualquier opinión y será escuchada, sin retribuciones ni amenazas de unos contra otros. Aprende a escuchar, especialmente a personas de opiniones contrarias; nos moldea, nos conforma cuando oímos cómo razonan otros; bríndales un lugar seguro para hablar y decir lo que piensan, date oportunidad de escuchar, de ser lenta para hablar y no airarte.

Perdonar. Hablar de perdón crea sanidad. ¡Cuánto poder tienen nuestras palabras! Poder decir a otra persona que una está equivocada tiene poder. Y cuán difícil es admitir esas palabras. Y cuán fácil es hablar aquellas otras palabras que debilitan y rompen relaciones!

Alentar. Hablar de estímulo crea confianza. ¿Conoces a alguien que siempre tiene palabras de aliento? Tales personas son un ejemplo maravilloso, don del cielo. Una rareza, reconocemos que son verdaderas y nos atraviesan con su don.

Las palabras tienen poder para crear y poder para destruir. Oh Dios, bendito seas porque a medida que te conocemos Tú cambias nuestro hablar más y más en palabras de vida, palabras que edifiquen y den fruto (Colosenses 4:5-6 Andad sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo. Que vuestra conversación sea siempre con gracia, sazonada como con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada persona).

Por último Santiago da el ejemplo de agua dulce y salada. Imposible sobreestimar la importancia de una fuente de agua dulce en la seca Palestina.
¿Cuál es la fuente de agua viva? Cristo, el Verbo -la Palabra- hecha carne.
En Cristo somos nuevas criaturas. No más doble mente. No más doble estándar. No más doble lengua.

perfidia
Del lat. perfidia.
1. Deslealtad, traición o quebrantamiento de la fe debida.

13¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Que muestre por su buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.

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Parábola de la Inconstante

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Antes cuando me hablaba de mí misma, decía:
si yo soy lo que soy
y dejo que en mi cuerpo, que en mis años
suceda ese proceso
que la semilla le permite al árbol
y la piedra a la estatura, seré la plenitud.

Y acaso era verdad. Una verdad.

Pero, ay, amanecía dócil como la hiedra
a asirme a una pared como el enamorado
se ase del otro con sus juramentos.

Y luego yo esparcía a mi alrededor, erguida
en solidez de roble,
la rumorosa soledad, la sombra
hospitalaria y daba al caminante
-a su cuchillo agudo de memoria-
el testimonio fiel de mi corteza.

Mi actitud era a veces el reposo
y otras el arrebato,
la gracia o el furor, siempre los dos contrarios
prontos a aniquilarse
y a emerger de las ruinas del vencido.

Cada hora suplantaba a alguno; cada hora
me iba de algún mesón desmantelado
en el que no encontré ni una mala bujía
y en el que no me fue posible dejar nada.

Usurpaba los nombres, me coronaba de ellos
para arrojar después, lejos de mí, el despojo.

Heme aquí, ya al final, y todavía
no sé qué cara le daré a la muerte.

Rosario Castellanos
(México, 1925-1974)