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Tal como soy, de pecador, sin más confianza que tu amor, ya que me llamas, acudí; Cordero de Dios, heme aquí.

Tal como soy, buscando paz en mi desgracia y mal tenaz, conflicto grande siento en mí; Cordero de Dios, heme aquí.

Tal como soy, me acogerás; perdón, alivio, me darás; pues tu promesa ya creí; Cordero de Dios, heme aquí.

Tal como soy, to compasión vencido ha toda oposición, ya pertenezco solo a Ti; Cordero de Dios, heme aquí.

Carlota Elliot.

 

Apuntes a Hebreos 4:14-16

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Para pensar:

En 4:14 la idea de retener ocurre igual que en dos versos anteriores. Aparecerá dos veces más en Hebreos. Completa las ideas por favor:

3:6 retengamos nuestra _________ y nuestra _________

3:14 retenemos el _______________ firme hasta el fin

4:14 retengamos nuestra ________ (ver también 1 Juan 4:15)

6:18 retengamos la _____________

10:23 mantengamos firme ____________________ sin vacilar;

Así que, de acuerdo a la comparación, ¿qué hemos de retener?

14Teniendo, pues, un gran Sumo Sacerdote que trascendió [pasó a través de] los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe. 15Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado.

¿Qué hacía el Sumo Sacerdote levita? Entraba al santuario externo, el interno, el lugar santo, y una vez al año al Lugar Santísimo para acceder al propiciatorio o sillín de la misericordia. He aquí a Jesucristo pasando a través de los cielos, llevándonos a la habitación del Trono donde alcanzamos misericordia y gracia.

el Hijo de Dios… ¿se dan cuenta? ¿Cómo pensamos de Cristo? Hay un patrón aquí.

Hablar solo de Jesús se refiere solo a la persona histórica, al hombre; una referencia a su humanidad. Pero Jesús el Hijo de Dios, combina tanto su humanidad como su divinidad, una doctrina importantísima que luego no entendemos, pues tendemos a inclinarnos en uno u otro sentido cuando en realidad Jesucristo es ambas cosas al mismo tiempo, y sentado a la diestra de Dios el Padre, sigue siendo ambas cosas. Su trascendencia no hace diferente su humanidad.

¿Por qué es importante? Porque si es totalmente humano no sería nuestro substituto; a menos que sea totalmente Dios. 

16Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.

¿Por qué? Porque tenemos un sumo sacerdote que puede compadecerse, mostrar simpatía, de nuestras debilidades o flaquezas. ¿Cuáles debilidades? ¿Aquellas donde podríamos caer en tentación? No.

Jesucristo humano experimentó hambre, sed, frío, cansancio, la gama completa de emociones, tristeza, y todo lo que se les ocurra. El es capaz de relacionarse y entender las debilidades de nuestra carne y también de nuestro espíritu, aunque permaneció sin pecar. Fue tentado en todo como nosotros, pero no pecó. Pensemos en esto.

trascender:

Tb. transcender. Del lat. transcendĕre ‘pasar de una cosa a otra’, ‘traspasar’.

1. Exhalar olor tan vivo y subido, que penetra y se extiende a gran distancia.

2. Dicho de algo que estaba oculto: Empezar a ser conocido o sabido.

3. Dicho de los efectos de algunas cosas: Extenderse o comunicarse a otras, produciendo consecuencias.

4. Estar o ir más allá de algo.

5. En el sistema kantiano, traspasar los límites de la experiencia posible.

7. Penetrar, comprender, averiguar algo que está oculto.

simpatía:

Del lat. sympathīa, y este del gr. συμπάθεια sympátheia ‘comunidad de sentimientos’.

1. Inclinación afectiva entre personas, generalmente espontánea y mutua.

2. Inclinación afectiva hacia animales o cosas, y la que se supone en algunos animales.

3. Modo de ser y carácter de una persona que la hacen atractiva o agradable a las demás.

4. Relación de actividad fisiopatológica entre órganos sin conexión directa.

5. Relación entre dos cuerpos o sistemas por la que la acción de uno induce el mismo comportamiento en el otro.

empatía:

A partir del gr. ἐμπάθεια empátheia.

1. Sentimiento de identificación con algo o alguien.

2. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

¿Qué hacemos o cómo respondemos cuando algo nos tienta, o vemos algo tentador? Racionalizamos. Calculamos opciones. Quizás… Pero lo que no hacemos es salir corriendo. Consideramos, nos recreamos, jugamos con la idea, absorbemos la tentación… “quizás no es como Dios dice...”

¿Y Cristo? Para empezar, no interioriza o internaliza la tentación (Mateo 4, o el uso de la Escritura para responder a tentaciones). No se pone a considerar pros y contras de la tentación. Tiene un mejor reposo que el nuestro. Pasó 33 años de su vida siendo tentado igual que tú y que yo, y respondiendo “no mi voluntad Padre, sino la tuya sea hecha.” Pero no olvidemos que sintió tentaciones, por ello se compadece, tiene simpatía (sympateko en el original).

Luego perdemos el punto. 

Pensamos que a Cristo le fue fácil evadir tentaciones porque era Dios. Piensa, ¿qué es más fácil? ¿entregarse o evadir el pecado? ¿miles de veces al día cada día durante 33 años? ¿Podremos entender esta clase de sufrimiento?

¿Te resulta difícil creer que Jesucristo fue tentado en todo como nosotros?

Queremos responder “sí” porque luego pensamos que nuestras tentaciones son mayores.

“Esto es nuevo” decimos, como para justificar por qué caímos. 1 Corintios 10:13 (no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla).

Amadas, si es una tentación común a todos los hombres, luego entonces tiene la misma solución que cualquier otra tentación. ¡Oremos al Señor que nos provea la vía de escape! (y sepamos discernirla)

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¿Que cuántos años tengo?

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¿Que cuántos años tengo? 

¡Qué importa eso!

¡Tengo la edad que quiero y siento!

La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.

Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido…

 

Pues tengo la experiencia de los años vividos

y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo! 

¡No quiero pensar en ello!

Pues unos dicen que ya soy viejo

otros que “estoy en el apogeo.”

Pero no es la edad que tengo,

ni lo que la gente dice,

sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,

para hacer lo que quiero,

para reconocer yerros viejos,

rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir: 

¡estás muy joven, no lo lograrás!

¡estás muy viejo, ya no podrás!

 

Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,

pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños,

se empiezan a acariciar con los dedos,

las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor, 

a veces es una loca llamarada,

ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada, 

y otras, es un remanso de paz, como el atardecer en la playa.

 

¿Que cuántos años tengo?

No necesito marcarlos con un número,

pues mis anhelos alcanzados,

mis triunfos obtenidos,

las lágrimas que por el camino derramé

al ver mis ilusiones truncadas

¡valen mucho más que eso!

¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más!

Pues lo que importa ¡es la edad que siento!

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.

Para seguir sin temor por el sendero,

pues llevo conmigo la experiencia adquirida

y la fuerza de mis anhelos.

¿Que cuántos años tengo?

¡Eso! ¿A quién le importa?

¡Tengo los años necesarios para perder ya el miedo

y hacer lo que quiero y siento!

Qué importa cuántos años tengo

o cuántos espero,

si con los años que tengo

¡aprendí a querer lo necesario

y a tomar, solo lo bueno!

José Saramago. Portugal (1922-2010)

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(les ruego ir a YouTube como solicita el video)

Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos, y diles, así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles:

Jehová te bendiga, y te guarde.

Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia.

Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.

Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.

Números 6:2422-27

Amor de ciudad grande

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¡De gorja son y rapidez los tiempos!

Corre cual luz la voz; en alta aguja,

cual nave despeñada en sirte horrenda,

húndese el rayo, y en ligera barca

el hombre, como alado, el aire hiende.

 

¡Así el amor, sin pompa ni misterio

muere, apenas nacido, de saciado!

¡Jaula es la villa de palomas muertas

y ávidos cazadores!

Si los pechos se rompen de los hombres,

y las carnes rotas por tierra ruedan,

¡no han de verse dentro más que

frutillas estrujadas!

 

¡De gorja son y rapidez los tiempos!

Se ama de pie, en las calles, entre el polvo

de los salones y plazas; muere

la flor el día en que nace.

Aquella virgen trémula que antes a la muerte daba

la mano pura que a ignorado mozo;

el goce de temer, aquel salirse del pecho el corazón; el inefable placer de merecer;

el grato susto de caminar de prisa en derechura

del hogar de la amada, y a sus puertas

como un niño feliz romper en llanto.

 

Y aquel mirar, de nuestro amor al fuego,

irse tiñendo de color las rosas.

 

¡Ea, que son patrañas! Pues ¿quién tiene

tiempo de ser hidalgo? ¡Bien que se sienta,

cual áureo vaso o lienzo suntuoso,

dama gentil en casa de magnate!

¡O si se tiene sed, se alarga el brazo

y a la copa que pasa se la apura!

Luego, la copa turbia al polvo rueda

¡y el hábil catador -manchado el pecho

de una sangre invisible- sigue alegre,

coronado de mirtos, su camino!

No son los cuerpos ya sino deshechos,

y fosas. y jirones. Y las almas

no son como en el árbol, fruta rica

en cuya blanda piel la almíbar dulce

en su sazón de madurez rebosa,

sino fruta de plaza que a brutales

golpes el rudo labrador madura.

¡La edad es ésta de los labios secos!

¡De las noches sin sueño! 

¡De la vida estrujada en agraz!

¿Qué es lo que falta que la ventura falta?

Como liebre azorada, el espíritu se esconde,

trémulo huyendo al cazador que ríe,

cual en soto selvoso, en nuestro pecho.

Y el deseo, del brazo de la fiebre,

cual rico cazador recorre el soto.

¡Me espanta la ciudad!

¡Toda está llena de copas por vaciar, o huecas copas!

Tengo miedo !ay de mí! de que este vino

tósigo sea, y en mis venas luego

cual duende vengador los dientes clave.

¡Tengo sed, mas de un vino que en la tierra

no se sabe beber! 

No he padecido bastante aún, para romper el muro

que me aparta ¡oh dolor! de mi viñedo.

¡Tomad vosotros, catadores ruines

de vinillos humanos, esos vasos

donde el jugo de lirio a grandes sorbos

sin compasión y sin temor se bebe!

¡Tomad!

¡Yo soy honrado, y tengo miedo!

José Martí. Cuba (1853-1895)

Apuntes a Hebreos 4:11-13

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11Por tanto, esforcémonos por entrar en ese reposo, no sea que alguno caiga siguiendo el mismo ejemplo de desobediencia.

“Nadie será llevado al cielo en fáciles campos de flores” Isaac Watts (1674-1748)

¿No es curioso? ¿Esforzarse para entrar en el reposo? ¿Por qué no dice “trabaja” para entrar? 

Pensemos esto. Hay una clase de trabajo que sirve a la santificación. Hay otra clase de trabajo que sirve a la salvación. Justificación por la fe y obras para santificación es el trabajo que nos permite entrar en el reposo de nuestra salvación. ¿Por qué?

Si estamos creciendo en santidad, ¿qué haremos menos? Pecar.

¿Alguna vez has intentado reposar en medio de pecado? La escritura señala que el malvado no encuentra reposo en ninguna parte. El pecado no te proporciona un agradable y pacífico sueño.

Por tanto, esforcémonos.

12Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón.

El contexto importa. ¡Todos conocemos este verso! Lean ahora a la luz del pasaje:

La palabra de Dios es:

-Viva, no está muerta;

-Activa, no pasiva; transforma;

-Más filosa que una espada de doble filo;

-Capaz de dividir las partes más íntimas de tus pensamientos; lo más profundo de ti;

-Discierne pensamientos e intenciones del corazón

¿Recuerdan cómo empieza Hebreos? Dios, habiendo hablado… (1:1). Los antiguos israelitas no entraron por causa de incredulidad, ¿cuáles razones podríamos tener para dudar la palabra de Dios? Es necesario profundizar y despejar dudas.

La palabra de Dios es personal: está viva. 

Inspirada por el Espíritu Santo, Dios está presente en medio de ella: ahí lo encontramos, aprendemos de El, tenemos comunión con El. 

Si Dios está presente en ella, luego entonces es verdadera, ¡porque Dios no miente!

Si Dios está presente en ella, decir “quiero a Jesús pero no creo en la Biblia” es una contradicción. Rechazar la palabra de Dios es rechazar a Dios.

La palabra de Dios es poderosa: activa.

La palabra griega para “activo” (ἐνεργὴς) también puede traducirse como poderoso.

La palabra de Dios es suficientemente poderosa para cumplir todo lo que necesitamos (2 Timoteo 3:17-17 Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra). 

La palabra de Dios es penetrante: más cortante que cualquier espada de dos filos (la espada corta romana)

Diseñada específicamente para alcanzar el corazón humano.

Penetra hasta lo más profundo “la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos”

¿Qué hace en nuestro interior? 

  • Exponer quiénes somos realmente: “discernir los pensamientos y las intenciones del corazón.”
  • No hay forma de esconderse: “no hay cosa creada oculta a su vista.”
  • Revela Dios a nosotros, pero también nosotros a Dios!

Expone las cosas de nuestro interior que nos encallecen, nos engañan, nos apartan  del creer, y las remueve quirúrgicamente.

¿Cómo estudiar la Biblia puesto que manifiesta la presencia viva de Dios mismo? ¿Cómo debiera este conocimiento cambiar la manera de escuchar una predicación bíblica?

13Y no hay cosa creada oculta a su vista [de Dios], sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.

Daremos cuenta. ¿Vivimos a la luz de esta verdad?

¿Entenderemos que al venir cada semana y vernos en el espejo de la palabra de Dios, hay un bisturí? ¿Que en cualquier forma de estudio bíblico, estamos ahí, al desnudo, delante de Dios?

¡Es cuando crece o debiera crecer nuestra fe! Porque entonces Dios mismo nos viste con la perfecta justicia de Jesucristo, nos restaura, nos hace dignas, nos llama hijos e hijas, hermanas.

Sería terrible a menos que Dios sea infinitamente bueno y la buena nueva es que Dios es infinitamente bueno. 

Jesucristo es mejor que Moisés, mejor libertador, mejor líder, mejor abogado, Hijo, mientras que Moisés fue siervo. El es en Quien podemos colocar toda nuestra confianza absoluta, no necesitamos ninguna otra red de seguridad.

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Ancianidad

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Deseáis, señor Sarmiento, saber en estos mis años

sujetos a tantos daños,

cómo me porto y sustento,

yo os lo diré en brevedad,

porque la historia es bien breve,

y el daros gusto se os debe con toda puntualidad.

Salido el sol por oriente de rayos acompañado,

me dan un huevo pasado

por agua, blando y caliente.

Con dos tragos del que suelo llamar yo néctar divino,

y a quien otros llaman vino

porque nos vino del cielo.

Cuando el luminoso vaso toca en la meridional,

distando por un igual

del Oriente y del ocaso,

me dan asada y cocida una gruesa y gentil ave,

con tres veces del suave 

licor que alarga la vida.

Después que cayendo, viene

a dar en el mar Hesperio,

desamparado el imperio

que en este horizonte tiene;

me suelen dar a comer tostadas en vino mulso,

que el enflaquecido pulso

restituyen a su ser.

Luego me cierran la puerta,

yo me entrego al dulce sueño,

dormido soy de otro dueño;

no sé de mi nueva cierta.

Hasta que, habiendo sol nuevo

me cuentan cómo he dormido:

y así de nuevo les pido

que me den néctar y huevo.

Ser vieja la casa es esto:

veo que se va cayendo,

vóile puntales poniendo

porque no caiga tan presto.

Más todo es vano artificio;

presto me dicen mis males

que han de faltar los puntales 

y allanarse el edificio.

Baltasar del Alcázar. España (1530-1606)