Hebreos 12:1

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Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, Hebreos 12:1.

Las competencias deportivas eran populares en los tiempos del Nuevo Testamento. Tiene sentido que el escritor de Hebreos haya comparado la vida cristiana con una carrera. Pero seguir a Cristo no es una carrera corta, sino un maratón con muchos obstáculos, dificultades y giros inesperados.

Para animarnos en la carrera Dios nos ha dado una “gran nube de testigos”. Se trata de los santos del pasado que caminaron fielmente con Él a través de todas las pruebas y desafíos de la vida (Hebreos 11:4-38). Sus ejemplos nos inspiran a confiar en el Señor y obedecerlo por muy difíciles y complicados que puedan ser los obstáculos en nuestro camino.

También nos insta a “[despojarnos] de todo peso y del pecado que nos asedia”. Si queremos ser sostenidos a lo largo de la carrera, debemos examinar con sinceridad nuestra vida en busca de lo que pueda impedirnos conocer al Señor y seguirlo. Podría ser algún pecado, ídolo, distracciones mundanas o enseñanza falsa que hayamos aceptado como verdadera.

Y, por supuesto, debemos fijar nuestros ojos en Cristo, el ejemplo supremo de perseverancia fiel, quien sufrió por nosotros en la cruz para que pudiéramos vivir con Él para siempre.

«Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.» (Hebreos 12:2).

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The rime of the ancient mariner

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And a good south wind sprung up behind;

the albatross did follow,

and every day, for food or play,

came to the mariner’s hollo!

In mist or cloud, on mast or shroud,

it perched for vespers nine;

whiles all the night, trough fog-smoke white

glimmered the white moon-shine.

God saves thee, ancient mariner!

From the fiends, that plague thee thus!

Why looks thou so? -With my cross bow

I shot the Albatross…

Samuel Taylor Coleridge. England (1772-1834)

Filipenses 4:4

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Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Filipenses 4:4

Muchos creyentes se convierten en víctimas de las circunstancias y en consecuencia viven en altibajos espirituales. ¡Les parece que una orden de que se regocijen es irracional!

Pero la orden del versículo es regocijarse “en el Señor”.

No siempre podremos regocijarnos en nuestras circunstancias o en las de otras personas porque ambas, a nuestro parecer, pueden ser malas. Sin embargo, podemos regocijarnos en el Señor porque Él es siempre bueno y sabemos que nunca cambia. De modo que nuestra estabilidad espiritual se relaciona directamente con nuestro conocimiento de Dios. El conocerlo nos ayuda a vivir por encima de nuestras circunstancias y nos da estabilidad. Los Salmos se escribieron en forma poética y se les puso música para que el pueblo de Israel memorizara las Escrituras y cantara himnos a fin de profundizar su conocimiento de Dios. El conocerlo hace que todo lo demás parezca menos importante. 

«No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» (Filipenses 4:11-13).

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1 Juan 1:3-4

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Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. 1 Juan 1:3-4

Jesús nos llama a ser sus testigos.

Pero hay cristianos que piensan que necesitan alguna habilidad o carisma excepcional para poder comunicar las buenas nuevas a los demás. Sin embargo, testificar no es simplemente hablar del plan de salvación con alguien. La palabra significa literalmente ver, escuchar, o conocer por presencia y percepción personal; dar testimonio de; dar u ofrecer evidencia de algo. Cuando Juan escribió que lo que estaba compartiendo, lo había experimentado por sí mismo, estaba diciendo: “¡Estoy lleno de gozo por la experiencia de conocer a Jesús, y quiero invitarles a participar de ese gozo!”

Ser testigo de Cristo no es asunto de elocuencia o talento. Es un desborde de su relación con Dios que le conforma a imagen de Él. Cuando usted no se resiste a que el Espíritu Santo muestre la vida y el poder del Señor por medio de usted, el fruto de la presencia de Dios en su vida será un gozo que contagia.

Y las personas que todavía no conocen al Señor ansiarán tener la relación que usted tiene. De esa manera, se sentirán atraídas por el Espíritu de Dios en usted. 

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Apologia pro vita sua

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The poet in his lone yet genial hour

gives to his eyes a magnifying power:

or rather he emancipates his eyes

from the black shapeless accidents of size –

In unctuous cones of kindling coal,

or smoke upwreathing from the pipe’s trim bole,

his gifted ken can see

phantoms of sublimity.

Samuel Taylor Coleridge. England (1772-1834)

Génesis 25:32-34

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Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura. Génesis 25:32-34.

Muchas personas piensan poco en las consecuencias de sus decisiones. Como resultado, luego sacrifican bendiciones futuras por placeres presentes. Lo cual no es nada nuevo, al punto que lo vemos en el primer libro del Antiguo Testamento.

Dominado por sus necesidades y deseos inmediatos, Esaú no valoró el privilegio de su primogenitura. En ese tiempo, el hijo mayor recibía una doble porción de la herencia de su padre, junto con el liderazgo de la familia. Pero en esta situación particular, había mucho más en juego: la primogenitura contenía las bendiciones del pacto que Dios había hecho con Abraham. A Esaú no le importó su herencia espiritual, así que la vendió por una comida.

El hecho de encontrarnos lejos de esa transacción particular hace que sea fácil ver la insensatez de la decisión de Esaú. Pero ¿y usted? ¿Sacrifica las bendiciones espirituales de Dios por una ganancia a corto plazo? Quizás pasa muchas horas trabajando, o practicando un pasatiempo, o en las redes sociales, pero reserva poco tiempo para dedicarlo a la Palabra de Dios y a la oración.

Usted puede proteger su futuro rindiéndose al control del Espíritu Santo y siguiendo lo que las Sagradas Escrituras consideran más valioso: conocer, amar, obedecer y servir a Dios. Esta inversión cosecha bendiciones a largo plazo, que continúan en la eternidad.

«Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.» (Juan 6:27).

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Mateo 5:48

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Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Mateo 5:48

Jesús enfrentó a gran oposición durante su ministerio cuando no estuvo de acuerdo con la teología judía contemporánea, “Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?” (Mateo 15:3). Como era hipocresía, rechazó la presunta devoción de los fariseos.

Muchos en su época decían: “¿Estará Jesús diciendo una verdad nueva? ¿Estará realmente hablando en nombre de Dios? Él no dice lo que dicen los fariseos. En realidad, dice lo opuesto de lo que se nos enseña”.

Jesús dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17). Jesús no condenó la ley del Antiguo Testamento, sino que condenó la tradición que se había creado alrededor de ella. Los guías religiosos habían pervertido tanto la ley de Dios que Jesús declaró: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20).

Es necesario autoevaluarnos, ¿está descansando nuestra fe en nosotros mismos? en lo que hacemos por Dios? ¿O en la única y suficiente obra que es recibida en el cielo como válida? ¡La obra del Señor Jesucristo!

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