Poema de la amistad

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No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, ni tengo respuestas para tus dudas o temores, pero puedo escucharte y compartirlo contigo.

No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro. Pero cuando me necesites estaré junto a ti.

No puedo evitar que tropieces. Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas. Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos. Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz. 

No juzgo las decisiones que tomas en la vida. Me limito a apoyarte, a estimularte y a responderte si me lo pides.

No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes actuar, pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer.

No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parta el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.

No puedo decirte quién eres ni quién deberías ser. Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo. En estos días oraré por ti.

En estos días me puse a recordar a mis amistades más preciosas. Soy una persona feliz: tengo más amigos de lo que imaginaba. 

Eso es lo que ellos me dicen, me lo demuestran. Es lo que siento por todos ellos.

Veo el brillo en sus ojos, la sonrisa espontánea y la alegría que sienten al verme.

Y yo también siento paz y alegría cuando los veo y cuando hablamos, sea en la alegría o sea en la serenidad, en estos días pensé en mis amigos y amigas, entre ellos, apareciste tú.

No estabas arriba, ni abajo ni en medio. No encabezabas ni concluías la lista. No eras el número uno ni el número final.

Lo que sí sé es que te destacabas por alguna cualidad que transmitías y con la cual desde hace tiempo se ennoblece mi vida. Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero, el segundo o el tercero de tu lista.

Basta que me quieras como amigo.

Entonces entendí que realmente somos amigos.

Gracias por ser si amigo.

Jorge Luis Borges. Argentina (1899-1986)

There I go again

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There I go again:

quick to stumble, break, and fall.

Another choice of word

that’s slipped and heard

so full of swearing gall.

 

And there I go again:

poor steward of time and wages;

so wasted, spent;

dare I repent

before the Rock of Ages?

 

Now there I go again:

harboring rage against my neighbor,

whom I’m to love

if I’m made of

the Spirit for Whom I labor.

 

God of heaven,

tell me this –

do I betray you with a kiss…

from unclean lips,

so coarse- profane?

I am not fit

to call Your name!

 

Much less to have

Your mercy, new,

that falls on me

with morning due…

so crisp and clean,

‘fore men confessed,

all my sins

as grace refreshed;

and Godly sorrow swallows pride

with

I AM

holy, satisfied,

 

not by a pious claim of mine

for none are they to find.

Though of no merit,

I will inherit

a kingdom, most divine!

 

Because God’s rage against me

has been meted out;

and not on me

but on a tree

where Christ defeated doubt!

 

And so to Him I reach for,

despite my deep chagrin…

His hem, I touch,

absolving much!

It’s there, I go again.

1Way2Truth4Life.org

Apuntes a Jueces, 4:6-24

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v.6-7 Y ella mandó llamar a Barac, hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y le dijo:Esto ha ordenado el SEÑOR, Dios de Israel:”Ve, marcha al monte Tabor y lleva contigo a diez mil hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón.” 7Y yo atraeré hacia ti a Sísara, comandante del ejército de Jabín, con sus carros y sus muchas tropas al torrente Cisón, y lo entregaré en tus manos.

Débora hace un encargo solemne a Barac, en el nombre de Jehová. El encargo es precioso, prácticamente eleva a este hombre a un rol comparable al de Otoniel (3:7-11). Pero Barak responde imponiendo una condición:

v.8 Le respondió Barac: Si tú vas conmigo, yo iré; pero si no vas conmigo, no iré.

¡Vaya sorpresa! Salvar a Israel por la fuerza de las armas es tarea de hombres. 

Barak (significa rayo) , tiene sus órdenes y se le ha asegurado victoria…[en la mitología canaanita Baal se presentaba montado sobre nubes, llevando un trueno en una mano y un rayo como flecha en la otra, luchando contra Yam, el monstruo del caos marino de ahí que el nombre de Barac es un contraste].

El hecho de que Débora es capaz de hacer venir a Barac desde Cedes de Neftalí indica la amplitud de su autoridad, el pueblo estaba a unos 27 km al norte del mar de Galilea; ella le habla “en el nombre de Jehová, el Dios de Israel”: la fuente de su autoridad y la escala de la batalla que se avecina. Todo Israel, su seguridad y supervivencia, está en juego. 

Barac debe reclutar 10,000 hombres de Neftalí y Zabulón, llevarlos al Monte Tabor (el torrente de Cisón a 14.5 km al suroeste), Dios llevará a Sísara al torrente, lo cual daría ventaja táctica militar a Barac… como en el caso de Jericó, el verdadero comandante del ejército de Barac es Jehová.

La insistencia de Barac traiciona su estatura de héroe (la camisa le queda grande! Abinoam -nombre del papá- quiere decir “padre complaciente”, es decir que Barak no tiene antecedente militar, necesitará guía divina, lo cual es exactamente lo que Débora le promete), será reducido a un papel secundario, llegará tarde pues Sísara ya habrá muerto y la derrota del general será también la derrota del mismo Barac pues no recibirá el honor de la batalla. 

¿Intenta manipular a Débora la profetisa? Un relato anticipado también sobre Jefté, quien intentó manipular directamente a Dios, como veremos más adelante.

El torrente se halla a 14.5 km del Monte Tabor, cabeza del valle de Jezreel, a Barac se le ha prometido que Jehová atraerá a Sísara, con todos su ejército de carros e infantería, a un lugar que le dará ventaja militar a Barac, literalmente Jehová entregará al enemigo en las manos de Barac. Es decir que tiene la victoria segura siempre y cuando haga con exactitud lo que Jehová le ha mandado.

v.9 Y ella dijo:Ciertamente iré contigo; sin embargo, el honor no será tuyo en la jornada que vas a emprender, porque el SEÑOR venderá a Sísara en manos de una mujer. Entonces Débora se levantó y fue con Barac a Cedesv.10 Y Barac convocó a Zabulón y a Neftalí en Cedes, y subieron con él diez mil hombres; Débora también subió con él.

v.11 Y Heber ceneo, se había separado de los ceneos, de los hijos de Hobab, suegro de Moisés, y había plantado su tienda cerca de la encina en Zaanaim, que está junto a Cedes.

Reaparecen los kenitas (ceneos) que vimos en el primer capítulo, uno de sus jefes se había movido al norte, cerca de Cedes. Parte del drama próximo, de la cuidadosa construcción del escritor. La encina de Zaanaim (Josué 19:33) era el límite de la tribu de Neftalí y, curiosamente, asocia a Jael con un árbol, así como a Débora la identifica su palmera.

v.12 Avisaron a Sísara que Barac, hijo de Abinoam, había subido al monte Tabor.

v.13Y juntó Sísara todos sus carros, novecientos carros de hierro, y a todo el pueblo que estaba con él, desde Haroset- goim hasta el torrente Cisón.

v.14 Entonces Débora dijo a Barac:¡Levántate!, porque este es el día en que el SEÑOR ha entregado a Sísara en tus manos; he aquí, el SEÑOR ha salido delante de ti. Bajó, pues, Barac del monte Tabor seguido de diez mil hombres. 

v.15 Y el SEÑOR derrotó a Sísara, con todos sus carros y todo su ejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara bajó de su carro, y huyó a pie.

El servicio de inteligencia de Sísara le informa que un tal Barac ha subido al monte Tabor (recuerda: este monte es una cabeza en medio de la planicie) así que reúne todo su ejército -incluso los 900 carros de hierro- en el torrente de Cisón para enfrentarlo, sin saber que está siendo dirigido por Jehová (v.7). Débora cumple su palabra y acompaña a Barac. Repite el v.14 y observa que ella presenta al Señor como el guerrero que luchará por su pueblo. Noten el vigor y masculinidad de la foto, porque es algo que se ha vuelto escaso en la iglesia de hoy.

¿No les dice algo que el Dios de la Biblia es llamado Guerrero?

La Fortaleza de Israel no es esa imagen suave y llorona, pulida, de la imaginación occidental actual. ¡La única esperanza para un pueblo afligido radica en un Dios fuerte que “con justicia juzga y hace la guerra” (Apoc.19:11).

 Viendo que se ha cumplido la primera parte de su profecía, Débora interviene en el momento crítico y le recuerda la promesa de victoria –el Señor ha salido delante de ti-, lo cual enciende a Barac quien ahora sí descarga un rayo antes de que Sísara ordene su ejército.  El general es tomado por sorpresa, tal parece que Sísara asume que Barac estará esperando la embestida suya, no al revés. Sin embargo observen que la explicación del texto es teológica: Y el SEÑOR derrotó a Sísara, con todos sus carros y todo su ejército, a filo de espada delante de Barac. 

La evidencia concreta es Dios en operación, quien desata una tormenta e inutiliza los carros de hierro (5:20-21). [Otras ocasiones en que Dios desata una tormenta: Josué 10:10-11; 1 Samuel 7:10; Salmo 18:14; 144:6]. Saber que el Señor librará a Su pueblo no disminuye el hecho de que El es quien lo hace. Maravíllate al menos de lo oportuno que es para convertir las nubes en tormentas!

 Una repetición, en esencia, de lo que pasó en el Mar Rojo con Faraón y sus carros (Exodo 5:4-5), con una distintiva diferencia: Sísara baja del carro y huye a pie.

v.16 Mas Barac persiguió los carros y el ejército hasta Haroset- goim, y todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada; no quedó ni uno. 

v.17 Pero Sísara huyó a pie a la tienda de Jael, mujer de Heber ceneo; porque había paz entre Jabín, rey de Hazor, y la casa de Heber ceneo

¡Barac se fue por un lado -al oeste- mientras Sísara fue al este porque sabía… –v.17b!

Barac -en medio de la batalla- no se percató de la complicación, persiguió los carros y el ejército que huían a su base, mientras Sísara se escondía al este porque sabía que los kenitas eran aliados de Jabín.

v.18-22 Y Jael salió al encuentro de Sísara, y le dijo:Ven, señor mío, ven a mí; no temas. Y él fue hacia ella a la tienda, y ella le cubrió con una manta. Y él le dijo:Te ruego que me des de beber un poco de agua, porque tengo sed. Y ella abrió un odre de leche y le dio de beber; entonces lo cubrió. Entonces él le dijo:Ponte a la entrada de la tienda, y si alguien viene, y te pregunta, y te dice:”¿Hay alguien aquí?”, tú responderás:”No.” 

Pero Jael, mujer de Heber, tomó una estaca de la tienda y tomando en la mano un martillo, se le acercó silenciosamente y le clavó la estaca en las sienes, la cual penetró en la tierra, pues él estaba profundamente dormido y agotado, y murió. Y he aquí, cuando Barac perseguía a Sísara, Jael salió a su encuentro, y le dijo:Ven, y te mostraré al hombre que buscas. Y él entró con ella, y he aquí que Sísara yacía muerto con la estaca en la sien.

El canto de la sirena: invita a su víctima para luego destruirla. Al igual que Rahab la ramera, dándose cuenta por dónde andan las cosas, Jael rompe la solidaridad con su propio clan y tira los dados a favor de Israel.

v.23-24 Así sometió Dios en aquel día a Jabín, rey de Canaán, delante de los hijos de Israel. Y la mano de los hijos de Israel se hizo más y más dura sobre Jabín, rey de Canaán, hasta que lo destruyeron.

La muerte de Sísara es el final de la historia. Se cumple la profecía de Débora acerca del general y también acerca de Barac. Jabín se vuelve nada. Lo que empezó como el yugo de Jabín sobre Israel ahora termina con el yugo de Israel sobre Jabín: el equilibrio es restaurado. Pero note que no habla de “y la tierra reposó por X tiempo” sino hasta 5:31, al final de la canción de victoria, porque la victoria que el Señor les ha permitido alcanzar es tan significativa que lo justo es una fiesta de celebración!

Una esperaría que la lección sobre reyes canaanitas quedaría grabada en el subconsciente israelí para que no desearan algo semejante. Sin embargo, la historia de Gedeón y Abimelec nos mostrará la fascinación suicida que todos tenemos hacia el mal.

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¿Me estoy poniendo viejo?

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– Te estás volviendo viejo – me dijeron, has dejado de ser tú, te estas volviendo amargado y solitario.

– No, respondí. No me estoy volviendo viejo, me estoy volviendo sabio.

He dejado de ser lo que a otros agrada para convertirme en lo que a mí me agrada ser. He dejado de buscar la aceptación de los demás para aceptarme a mí mismo. He dejado tras de mí los espejos mentirosos que engañan sin piedad.

No, no me estoy volviendo viejo; me estoy volviendo asertivo, selectivo de lugares, personas, costumbres e ideologías.

He dejado ir apegos, dolores innecesarios, personas, almas, y corazones, no por amargura sino simplemente por salud. Dejé las noches de fiesta por insomnios de aprendizaje, dejé de vivir historias y comencé a escribirlas, hice a un lado los estereotipos impuestos, dejé de usar maquillaje para ocultar mis heridas, ahora llevo un libro que embellece mi mente.

Cambié las copas de vino por tazas de café, me olvidé de idealizar la vida y comencé a vivirla.

No, no me estoy poniendo viejo. Llevo en el alma lozanía y en el corazón la inocencia de quien a diario se descubre. Llevo en las manos la ternura de un capullo que al abrirse expandirá sus alas a otros sitios inalcanzables para aquellos que solo buscan la frivolidad de lo material. Llevo en mi rostro la sonrisa que se escapa traviesa al observar la simplicidad de la naturaleza, llevo en mis oídos el trinar de las aves alegrando mi andar.

No, no me estoy poniendo viejo. Me estoy volviendo selectivo, apostando mi tiempo a lo intangible, reescribiendo el cuento que alguna vez me contaron, redescubriendo mundos, rescatando aquellos viejos libros que a medias páginas había olvidado.

Me estoy volviendo más prudente, he dejado los arrebatos que nada enseñan, estoy aprendiendo a hablar de cosas trascendentes, estoy aprendiendo a cultivar conocimientos, estoy sembrando ideales y forjando mi destino.

No, no es que me esté volviendo viejo por dormir temprano los sábados, es que también los domingos hay que despertar temprano, disfrutar el café sin prisa y leer con calma un poemario.

No es por vejez por lo que se camina lento, es para observar la torpeza de los que aprisa andan y tropiezan con el descontento.

No es por vejez por lo que a veces se guarda silencio, es simplemente porque no a toda palabra hay que hacerle eco.

No, no me estoy poniendo viejo, estoy comenzando a vivir lo que realmente me interesa.

Víctor Hugo. Francia (1802-1885)

cortesía de A. Corona