Soy un ser humano

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Más allá de cualquier ideología,

más allá de lo sabio y lo profano,

soy parte del espacio,

soy la vida

por el hecho de ser

un ser humano.

Yo soy el constructor de mis virtudes

como lo soy, a la vez, de mis defectos;

torrente inagotable de inquietudes,

genial contradicción de lo perfecto.

Yo puse las espinas en la frente

los clavos en los pies

y en ambas manos,

después rompí a llorar

amargamente

la muerte irreparable

de mi hermano.

Por mí se hace polémica la duda.

¿Quién soy? ¿Adónde voy?

¿De dónde vengo?

A través de los tiempos, tan aguda,

que con ella renazco

y me sostengo.

Soy el que abrió la caja de Pandora

que guardaba los males del planeta.

No escapó la esperanza…

¡En buena hora!

Por ella sobrevivo y soy poeta.

Yo soy quien ha creado las prisiones,

la lucha fratricida y la injusticia.

Mas también he inventado las canciones

y el encanto sutil de una caricia.

En nombre de mi Dios,

soy asesino, embustero, fanático y tirano.

Desafiando las leyes del destino

tengo sangre de siglos en las manos.

Mas también en su nombre soy la rienda

que consigue domar a tanto potro.

Sería, sin un orden, la merienda

de comernos los unos a los otros.

Soy el poder, que condena los instintos

naturales del hombre, 

mi censura

reptando por oscuros laberintos

impone la moral

de su estatura.

Yo soy un individuo entre la masa.

La coincidencia es solo un accidente.

Busco esposa, doy hijos, tengo casa,

soy la opción de un cerebro inteligente.

¿Qué vale más, inquietud de mi existencia,

cuando llegue el final y quede inerte?

¿El arte, por fijar mi trascendencia

o el eterno misterio de la muerte?

Por todo,

más allá de ideologías,

más allá de lo sabio y lo profano,

soy parte del espacio, soy la vida

por el hecho de ser

un ser humano.

Alberto Cortéz. Argentina (1940-2019)

Hojas de hierba

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(6) fragmento

Me preguntó un niño: ¿Qué es la hierba?, trayéndomela a manos llenas;

¿cómo podía responderle? Tampoco sé yo lo que es la hierba.

Sospecho que es el emblema de mi temperamento, tejido con la verdura de la esperanza. 

O imagino que es el pañuelo de Dios,

prenda perfumada y rememorativa, abandonada adrede, 

que lleva en las puntas el nombre de su dueño para que lo veamos, reparemos en él y preguntemos: ¿De quién?

O presumo que la hierba es un niño, el recién nacido de la vegetación.

O creo que es un jeroglífico uniforme,

que significa: crezco igualmente en las regiones vastas y en las regiones estrechas,

crezco igualmente en medio de la raza negra y de la raza blanca,

al canadiense, al piel roja, a todos me entrego, y a todos los acepto.

Y ahora se me figura que es la hermosa cabellera de las tumbas.

Walt Whitman. USA (1819-1849)

 

No te rindas

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No te rindas,

aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo,

aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,

liberar el lastre, retomar el vuelo.

 

No te rindas,

que la vida es eso,

continuar el viaje, perseguir tus sueños,

destrabar el tiempo,

correr los escombros y destapar el cielo.

 

No te rindas, por favor no cedas,

aunque el frío queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se esconda y se calle el viento,

aún hay fuego en tu alma,

aún hay vida en tus sueños,

porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,

porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto,

porque no hay heridas que no cure el tiempo,

abrir las puertas quitar los cerrojos,

abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,

recuperar la risa,

ensayar el canto,

bajar la guardia y extender las manos,

desplegar las alas e intentar de nuevo,

celebrar la vida y retomar los cielos.

 

No te rindas, por favor no cedas,

aunque el frío queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se ponga y se calle el viento,

aún hay fuego en tu alma,

aún hay vida en tus sueños,

porque cada día es un comienzo,

porque esta es la hora y el mejor momento,

porque no estás sola,

porque yo te quiero.

 

Mario Benedetti. Uruguay (1920-2009)