B et C, Santiago 1:5

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Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Santiago 1:5

Cuando se le pruebe, reconozca que necesita fortaleza, tiene que buscar un recurso mayor para resistir en medio de la prueba: Dios mismo. La búsqueda de la sabiduría es la búsqueda suprema del hombre. A quienes conocen y aman al Señor, Él provee de esa sabiduría.

Esa sabiduría no es especulación filosófica, sino el absoluto de la voluntad de Dios; «Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.» (Santiago 3:17).

La sabiduría divina da por resultado la conducta en todos los asuntos de la vida. ¿Cuál es su primera reacción frente a un problema? ¿Acudir de inmediato a algún otro recurso humano?

Aunque Dios puede obrar por medio de otros creyentes, su reacción inicial ante las pruebas debiera ser pedir a Dios directamente la sabiduría que le permitirá a usted sentir gozo y ser obediente en la búsqueda y el cumplimiento de la voluntad de Dios.

Las pruebas tienen el propósito de que seamos más dependientes de Dios al hacernos comprender que no tenemos suficientes recursos humanos, y que en Él lo tenemos todo.

«El temor de Jehová es el principio de la sabiduría,Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.» (Proverbios 9:10).

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B et C, Job 42:3

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…Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Job 42:3. 

Dios puede parecer esquivo o desinteresado en momentos o situaciones difíciles. Nuestras emociones pueden dañar la confianza en la verdad de Dios, y llegamos incluso a creer que no hay ningún resultado deseable para nuestra situación actual.

Sin embargo, Job nos muestra que con resistencia y paciencia podemos aprender cualquier lección que Dios quiere que aprendamos. Fue esa misma confianza la que hizo que glorificara a Dios al terminar su tiempo de sufrimiento: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6).

Como resultado de la paciencia y la confianza constantes durante su larga prueba, Job alcanzó un nuevo conocimiento de su Dios soberano y una mayor seguridad de las alegrías de ser tratado como uno de sus hijos.

«Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.» (Hebreos 12:6-8).

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Brevitas et Claritas, Salmo 23:4

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Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Salmo 23:4.

¿Comprenderemos que Dios va a permitir que pasemos por las pruebas, y que Él está obrando para que todo resulte en su propósito Santo?

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.» (Romanos 8:28).

Todos soñamos con un ambiente perfecto de comodidad y tranquilidad. Aunque cualquier reposo temporal de las pruebas nos lleve a creer que podamos hallar una permanente liberación de ellas, nuestra vida en la tierra nunca estará libre de las pruebas. Podemos vivir en una felicidad engañosa, sin presagiando ningún problema y prediciendo un futuro desahogado, pero eso es una fantasía. Cristo advirtió a sus discípulos y a todos los que sigan sus pasos que esperaran pruebas en esta vida, «Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.» (Juan 15:18).

El puritano Thomas Manton, observó una vez que Dios tuvo un Hijo sin pecado, pero ningún hijo sin una cruz. Como cristianos, podemos estar seguros de que tendremos pruebas. Pero nuestra confianza es que tendremos victoria sobre ellas por la presencia de Dios. Vendrán las pruebas, pero la gracia de Dios estará con nosotros en nuestro tiempo de necesidad. 

El siguiente texto es un llamado de Jesucristo mismo para que estemos alertas sobre las pruebas y aflicciones que vendrán, también es un llamado para que confiemos y descansemos en Él, ya que Él venció para darnos paz, seguridad y tranquilidad.

«Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.» (Juan 16:33).

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Brevitas et Claritas, 2 Reyes 19:10-11

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Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, para decir: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. He aquí tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, destruyéndolas; ¿y escaparás tú? 2 Reyes 19:10-11.

A diferencia del rey Ezequías, es probable que usted no se enfrente a un ejército invasor. Pero si es como la mayoría, su vida está llena de obstáculos, problemas y necesidades cotidianas que amenazan su paz y seguridad. ¿Qué hace al respecto? ¿Confía en sus propias fuerzas y su talento para encontrar un camino, o pide ayuda a Dios como lo hizo el rey Ezequías?

«Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo: Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente.» (2 Reyes 19:15-16)… «Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios.» (2 Reyes 19:19). 

Uno de los propósitos de la oración es hacernos conscientes de nuestra dependencia del Señor. Ninguna preocupación es demasiado pequeña para llevarla a Él, y nada es demasiado grande que Él no pueda manejarlo. De hecho, se nos dice que no nos preocupemos por nada y que oremos por todo, «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.» (Filipenses 4:6). Dependencia en la oración produce una paz inexplicable, incluso en medio de circunstancias que no han cambiado, «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:7).

Luego olvidamos que somos criaturas que dependen por completo del Creador para poder respirar. La oración es un privilegio que Dios ha dado a sus hijos; permite poner humildemente nuestras preocupaciones ante nuestro Padre, confiados en que Él dirigirá nuestro camino y proveerá para nuestras necesidades. No tenemos nada que perder, excepto nuestro orgullo y autosuficiencia, junto con el temor y la ansiedad resultantes.

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Brevitas et Claritas Mateo 18:21-22

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Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Mateo 18:21-22

Se dice que el único ejército que deja atrás sus heridos es el ejército cristiano. Debiéramos luchar por cambiar esa mentalidad. Es tiempo de que el cristiano de hoy dé la mano a aquellos que han cometido faltas y haga todo lo necesario para que se levanten. 

«Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.» (Gálatas 6:1)

Seamos agentes de bendición y perdón, no jueces que solo buscan faltas en otros para asegurar que sea su final. A veces nos convertimos en agentes de Satanás y no actuamos como siervos de Cristo. Si en nuestro grupo o iglesia alguien comete un pecado o una falta, la solución no es condenarlo, sino ayudarlo a levantarse y orar para que ese error o pecado no se repita ni sea el final de su caminar con Cristo, sino parte del proceso de convertirse en grandes hombres y mujeres de Dios. 

Tenemos un Dios, que es el Dios de las «setenta veces siete» oportunidades, actuemos como sus siervos. Hagamos de esta generación de cristianos la mejor de todas para la gloria y la honra de nuestro Señor Jesucristo. No, no damos por hecho que es bueno fallar o pecar contra Dios, pero sí que entendamos que, si caemos, está la gracia de Cristo para restaurarnos, así como David pudo arrepentirse y fue perdonado.

«Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado.» (Salmos 32:5). También nosotros podemos lograrlo gracias a la sangre poderosa de Cristo, capaz de darnos una segunda oportunidad y mucho más.

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B et C: 2 Crónicas 32:31

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…Dios lo dejó [al rey Ezequías], para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón. 2 Crónicas 32:31. 

¿Necesitaba Dios probar a Ezequías para saber lo que había en su corazón?

No. Dios ya lo sabía por su omnisciencia, «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.» (Jeremías 17:9-10).

Pero Él nos prueba para que podamos averiguarlo. Nos ayuda a hacer un recuento espiritual acerca de nosotros mismos al traer pruebas a nuestra vida a fin de demostrar la fortaleza o la debilidad de nuestra fe. Si en la actualidad está atravesando por una prueba y se enoja con Dios preguntándose por qué le sucede eso, es señal de fe débil. Si, por otra parte, está descansando y regocijándose en el Señor, habiendo puesto la prueba en sus manos, entonces es fuerte su fe. 

Es preciso traer a la memoria la vida de Job. En un solo día perdió todo, hijos, familia, animales, riquezas, ¿y cual fue su reacción? 

«Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.» (Job 1:20-22). 

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B et C: Romanos 5:3-4

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…también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza. Romanos 5:3-4.

Los joyeros usan “la prueba del agua” como una de las maneras más seguras de identificar un verdadero diamante. Una piedra de imitación nunca es tan brillante como una piedra genuina, pero a veces no puede determinarse la diferencia a simple vista. Los joyeros saben que un diamante genuino puesto en el agua centellea refulgente, mientras que la imitación es prácticamente opaco. Esa prueba hace relativamente fácil seleccionar el verdadero ­diamante.

A modo de analogía, encuentro que la fe de muchas personas bajo las aguas de la tristeza o la aflicción no es más que una imitación. Sin embargo, cuando un verdadero hijo de Dios está hundido en una prueba, brillará más refulgente que nunca. 

«En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,» (1 Pedro 1:6-7).

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B et C: Proverbios 2:6-7

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Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. El provee de sana sabiduría a los rectos; es escudo a los que caminan rectamente. Proverbios 2:6-7

Nadie quiere ser insensato a los ojos de Dios, pero cuando ignoramos lo que dice y vivimos de la manera que queremos, terminamos siendo insensatos. La autosuficiencia nunca nos hará sabios. Si bien nuestra inteligencia, educación y destrezas pueden ser útiles, no son sustitutos del juicio piadoso. Si queremos la sabiduría divina, hemos de seguir sus instrucciones.

Pedirla: Clamar por inteligencia y prudencia. Dios provee discernimiento espiritual a quienes lo piden, lo cual implica que debemos estar dispuestos a esperar su respuesta. En momentos de necesidad deseamos tener discernimiento inmediato; sin embargo, crecer en sabiduría no es un proceso rápido.

Buscarla: La sabiduría es como un tesoro escondido. Si en verdad queremos encontrarlo, profundizaremos en la Palabra de Dios porque Él es la fuente de conocimiento e inteligencia. Si prestamos atención para conocer a Dios, entenderemos lo que desea y lo que aborrece.

Obedecer a Dios: Él reserva sabiduría para los rectos. Si conocemos los principios bíblicos, pero no los ponemos en práctica, no creceremos en sabiduría. En cambio, al obedecer con diligencia la Palabra de Dios, la sabiduría entrará en nuestros corazones, guardará nuestros caminos y nos protegerá del mal y el engaño.

¿Estamos dispuestos a hacer lo que se requiere para recibirla?

Alimentarnos a diario con la Palabra de Dios. O los afanes de esta vida y la búsqueda del éxito nos distraerán. Adquirir sabiduría requiere compromiso, tiempo, diligencia y búsqueda resuelta, pero bien vale la pena el esfuerzo. 

«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.» (Santiago 1:5). 

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B et C: Filipenses 2:12-13

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Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:12-13.

Hay muchos libros que prometen una vida cristiana exitosa, pero ninguna técnica humana puede llevar a cabo la obra de Dios. Cualquier compromiso o rededicación basada en nuestro propio esfuerzo no durará; la verdadera transformación proviene solo del Espíritu Santo. Por eso el Señor quiere que dependamos de Él para tener fuerzas y ser perseverantes.

El pasaje nos recuerda verdades básicas en cuanto a la vida cristiana:

PARTICIPAMOS AL OCUPARNOS DE NUESTRA SALVACIÓN: No se refiere a nuestra conversión inicial a través de la fe en Cristo; más bien, es el proceso de santificación mediante el cual crecemos a semejanza de Cristo. Un estilo de vida obediente y santo es algo que hemos de escoger y buscar.

NECESITAMOS TENER UNA ACTITUD DE TEMOR Y TEMBLOR: No hay lugar para la frivolidad en nuestra vida, porque Dios es santo y un día tendremos que darle cuenta de lo que hayamos hecho.

DIOS OBRA EN NOSOTROS: Jesucristo señala que nada podemos hacer separados de Él. «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.» (Juan 15:5).

El Salvador es quien nos capacita para vivir el proceso de santificación, semejantes a Su imagen.

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B et C: 1 Pedro 1:13

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Esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado.

1 Pedro 1:13.

Seguramente ha oído sermones y ha visto muchos libros acerca del amor y de la fe, pero ¿ha escuchado alguna vez un mensaje o leído un libro acerca de la esperanza? Por alguna razón, a veces pasamos por alto la esperanza.

La esperanza es algo que falta en la experiencia cristiana de nuestra cultura. No vivimos con esperanza sobre todo porque nos concentramos demasiado en nuestras circunstancias actuales.

¿Qué es la esperanza?

Es la actitud del cristiano en cuanto al futuro. La esperanza en su naturaleza intrínseca es como la fe. Ambas tienen la confianza, o creencia en Dios, como su punto central, pero hay una diferencia entre ellas. Fe es creer en Dios en el presente, y esperanza es creer en Dios para el futuro. La fe cree en Dios por lo que ha hecho y hace, y la esperanza cree en Dios por lo que hará.

Ponga su esperanza en Él y viva esperando el glorioso cumplimiento de su promesa futura.

«Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.» (Romanos 8:24-25).

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