El hombre iracundo promueve contiendas; Mas el que tarda en airarse apacigua la rencilla.
Una vez fui reprendido severamente mientras estaba en una reunión de otra organización. Quise decir algo, pero en lugar de eso me dirigí a Dios, lo cual me permitió mantener la calma y reaccionar de buena manera. Recurrir al Señor en oración siempre es lo mejor en una crisis. Podemos pedirle que nos dé:
■ DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL. Dios entiende a la perfección la situación, y puede ayudarnos a entenderla. Con su ayuda, podemos comprender el origen del problema y avanzar hacia su resolución.
■ UN ESPÍRITU TRANQUILO. Es natural reaccionar con rapidez y defendernos. Pero necesitamos centrar nuestra atención en el Señor y experimentar la paz interior que Él promete, «Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones…” (Colosenses 3:14-15).
■ SABIDURÍA. El Señor les dijo a los discípulos que el Espíritu Santo les daría palabras sabias para cuando se enfrentaran a autoridades hostiles,
«Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir” (Lucas 12:11-12).
Él hará lo mismo con usted. Si se siente tentado a discutir, pídale al Espíritu que selle sus labios hasta que Dios le dé las palabras y el momento adecuado para responder, «Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios” (Salmos 141:3).
No importa cuál sea la situación, Dios nos ha llamado a representarlo de la misma manera que lo hizo Cristo: mediante la dependencia de nuestro Padre celestial.
Lee, Medita y Aplica!
Anónimo