Apuntes a Génesis II

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TEMA 6. MELLIZOS. Génesis 28:10-22

Aparentemente Isaac quiere enderezar el barco. Pienso que la mayoría nos podemos reconocer en este Isaac, cuando servimos por motivos impuros o intenciones mal dirigidas, pero ejercitamos fe y Dios cumple Su buena obra, mientras nos disciplina en el camino.

He aquí una familia de fe y de fallas para llevar a cabo los planes de Dios.
– Isaac, dependiente de sus sentidos y falta de resolución.
– Rebeca, quien actúa mediante dominación y decepción.
– Jacob, quien engaña y blasfema al mentir.
Y sin embargo hay aquí un mensaje de esperanza para todos: la entrada al Reino de Dios en última instancia depende de la gracia soberana de Dios, no de la fidelidad humana.

La divina promesa de esperanza sobrepasa todas estas fallas. El escritor de Génesis muestra las debilidades humanas, es cierto, pero destacando la gracia de Dios. La salvación es por completo obra de Su misericordia.

Ahora, si bien se imparte la bendición de acuerdo a la buena voluntad divina, también se pronuncia veredicto sobre las egoístas acciones de la familia. Hemos de aprender que Dios nos usa a pesar de nuestras fallas, y hemos de reconocer que hay consecuencias reales secundarias a nuestro pecado y arrogancia.

10Y salió Jacob de Beerseba, y fue para Harán.
El hijo favorito de Mami, fuera de casa. La acción marca el principio del peregrinaje de Jacob como patriarca de cuño propio. Lleva en mente encontrar esposa, lo que no sabe es que primero encontrará a Dios.
De Beerseba hasta Harán son más de 800 km, un largo viaje, pero la narración se enfoca en solo 2 días y en un solo lugar.

11Y llegó a cierto lugar y pasó la noche allí, porque el sol se había puesto; tomó una de las piedras del lugar, la puso de cabecera y se acostó en aquel lugar. 12Y tuvo un sueño, y he aquí, había una escalera apoyada en la tierra cuyo extremo superior alcanzaba hasta el cielo; y he aquí, los ángeles de Dios subían y bajaban por ella.
Donde le cogió la noche, como dirían nuestros campesinos, imposible viajar en la oscuridad. Lo que parece ordinario, un cierto lugar y una piedra cualquiera. Jacob está en medio de la nada, no sabe dónde está; es Dios quien toma la iniciativa y lo sorprende.
El sueño contiene una escalera, la palabra es de controversia porque en una escalera no hay modo de subir y bajar al mismo tiempo (¿por qué necesitarían escalera los ángeles?) así que otros sugieren se trataría de una rampa o algo así.

En el original se lee “escalera dirigida a la tierra.” Viene a la mente la historia de Babel,  allí los rebeldes construyen hacia los cielos pero aquí la construcción no es producto de ilusiones humanas grandiosas: es el modo como Dios se da a conocer a Jacob. No es orgullo lo que sube y baja, son mensajeros -ángeles de Dios- espíritus ministradores enviados a servir por causa de los que heredarán salvación (Hebreos 1:14).

13Y he aquí, el Señor estaba sobre ella, y dijo: Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. 14También tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás hacia el occidente y hacia el oriente, hacia el norte y hacia el sur; y en ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra. 15He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que vayas y te haré volver a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he prometido.

En el hebreo se lee que Jehová estaba parado al lado de Jacob, cerca, por tanto habla en lugar de llamar. ¿Qué dice el Señor?
Para sorpresa nuestra, no hay una sola palabra de amonestación por la conducta de Jacob contra su padre y su hermano. En lugar de fulminarlo, Dios expresa una cadena de promesas ¡incondicionales! (Jacob se integra al club, con Abraham e Isaac, de estar libres de censura por parte de Dios a pesar de conducta escandalosa patente. Esta ausencia de amonestación contrasta con los primeros capítulos de Génesis -Adán y Eva, Caín, Noé y contemporáneos, etc.; en la época de los patriarcas la amonestación cae sobre no israelitas -Faraón, Abimelec).

Pero parece haber censura indirecta. Dios se revela como el Dios de tu padre y de tu abuelo, de la primera y de la segunda generación, ¿lo será de la tercera?
La frase Dios de Isaac debe haber retiñido en los oídos de Jacob, porque ahora está frente al mismo Dios: Yo Soy Dios de quien tú engañaste y tomaste ventaja. ¿Me engañarás también a Mí?

Previo el énfasis ha sido la “obtención” de la bendición por parte de Jacob. Ahora el énfasis cambia a “ser” la bendición -en ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra. “Yo Soy… Te protegeré…Te extenderás… Te haré regresar…No te abandonaré…” Seis veces el sujeto es Dios y el objeto es Jacob. Es la quinta ocasión que Génesis se refiere al patriarca y/o su descendencia como medio de bendición mundial. Quizás ahora es más dramática: Abraham estaba casado pero sin hijos, Jacob ni siquiera tiene esposa.

Yo estoy contigo… Constituye la primera de 3 promesas personales hechas a Jacob: de intimidad, de preservación y protección, de volverlo a casa.
No te dejaré… Dios no está limitado a un sitio particular.

16Despertó Jacob de su sueño y dijo: Ciertamente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía. 17Y tuvo miedo y dijo: ¡Cuán imponente es este lugar! Esto no es más que la casa de Dios, y esta es la puerta del cielo.
Jacob se da cuenta de inmediato que no se trata de un sueño cualquiera. Descubre con total asombro la realidad de la divina presencia a su lado y se reprocha a sí mismo no haberse percatado antes, él creía ser dueño de su espacio.
Interesante, comparen la respuesta de Jacob con la de Sansón: el primero no se dio cuenta de la presencia de Dios con él, el segundo no se dio cuenta que Dios no estaba con él (Jueces 16:20).
Resulta inexcusable la ignorancia o la presunción de la presencia de Dios.
La reacción de Jacob va de la sorpresa al asombro al temor, lo cual prepara el terreno para la acción siguiente.

18Y se levantó Jacob muy de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, la erigió por señal y derramó aceite por encima. 19Y a aquel lugar le puso el nombre de Betel [casa de Dios], aunque anteriormente el nombre de la ciudad había sido Luz. 20Entonces hizo Jacob un voto, diciendo: Si Dios está conmigo y me guarda en este camino en que voy, y me da alimento para comer y ropa para vestir, 21y vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios. 22Y esta piedra que he puesto por señal será casa de Dios; y de todo lo que me des, te daré el diezmo.

En los días de los patriarcas fue lícito erigir piedras como pilares (Génesis 31:13,45; 35:14; Exodo 24:4). Tales pilares servirían como (1) recordatorio de encuentro con Dios o símbolo visible e Su presencia, (2) establecer un límite y ser de testimonio, (3) servir de monumento en la tumba de un ser amado (Génesis 35:20).
Pero tiempo después tal práctica se consideró ilícita. ¿Por qué? Porque eran parte del culto canaanita que había de ser destruído (Exodo 23:24; 34:13; Deuteronomio 7:5). Además, levantar pilares formó parte de las caídas en el paganismo y sincretismo religioso del pueblo de Dios (1 Reyes 14:23; 2 Reyes 17:10). Es probable que la razón última para que algo lícito se tornara ilícito es que la piedra misma fuese vista como ídolo, no como símbolo.

La historia está llena de incidentes transformados. Una piedra convertida en pilar. Un cierto lugar en Bethel (casa de Dios). Un hombre que huye de su casa ahora corre hacia Dios. El mismo hombre será convertido de Jacob a Israel. Ahora, el Dios de Beth-El se convierte en el Dios personal de Jacob.
Piedad verdadera es mucho más que lindos sentimientos espirituales. La piedad encuentra expresión en actos de adoración tangibles, públicos, corporativos: altares, circuncisión, ahora pilares y diezmos.

El turno ahora es de Jacob, quien pronuncia el voto más largo del Antiguo Testamento. Toma lo inmediato de las promesas divinas y revela su dependencia total en Dios. El mismo que antes manipuló a su antojo su padre y su hermano ahora es visualizado como uno huérfano de todo recurso, a merced de otro. Es evidente que no puede manipular a Dios.
Los votos no eran contratos o acuerdos limitados, eran rendiciones que reorientan vida; compromisos de relaciones continuas con Dios incluso después de haber sido librados de adversidad. Ahora bien, una vez hechos había que mantenerlos (Deuteronomio 23:21-23; Proverbios 20:25; Eclesiastés 5:4-5): honestidad de intención y de ejecución.
Ojo: la Escritura no da preceptos ni prácticas para que el cristiano haga votos conectados a peticiones personales. El voto nazareo expresaba separación de influencias corruptas para dedicación al Señor (Hechos 18:18; 21:23).

Para Jacob, este voto reorienta su jornada; un viaje que empezó como huida y en busca de esposa se convierte en un peregrinaje lleno de contenido teológico.
Jacob se arroja a la misericordia divina, no está calculando si acepta o no acepta a Dios.

Interesante, en los pactos con Abraham e Isaac el Señor establece condiciones: el cumplimiento de promesas según la obediencia de los patriarcas. Ahora es al revés: Jacob condiciona adoración a que el Señor cumpla Sus promesas!

La promesa de diezmar es un momento importante. No es más el que recibe, ahora es el que da. Y la intención es diezmar con regularidad, en aumento, no una mera ofrenda de una sola vez.

y de todo lo que me des, te daré el diezmo… Tú eres mi Dios. Ofrece diezmar como símbolo de su relación: se compromete y por otro lado reconoce Quién es la fuente de toda provisión.
Sobre el diezmo, desde tiempos antiguos se reconoce lo apropiado de dar a Dios al menos el 10% del ingreso. Disminuir el % es robar a Dios (Malaquías 3:6-12). Los apóstoles enuncian un estándar mayor para diezmar: el creyente se da a Dios primero (Romanos 12:1-2; 2 Corintios 8:5); después regresa bendiciones materiales a quienes traen bendiciones espirituales (1 Corintios 9:6-18; Gálatas 6:6) y ofrendas a los necesitados (Romanos 15:25-28; 1 Corintios 16:1-3; Efesios 4:28). Ahora el principio es “quien siembra escasamente, escasamente también segara; quien siembra abundantemente…así segará” (2 Corintios 9:6-7). Como creyentes, diezmar con entusiasmo, generosa y alegremente, la cantidad según el nivel de prosperidad de cada quien.

Nuestra práctica debiera reflejar la abundante generosidad a que somos llamados en el Nuevo Testamento. Los apóstoles no imponen obligación de diezmar, ni instruyen o motivan bajo ese argumento.

Volviendo a Jacob, he aquí el inicio de la transformación del carácter de este hombre.
El sitio de descanso ahora es santuario, el axis entre cielos y tierra. Bethel fue reemplazado por el Tabernáculo, luego por un Templo de piedra y cedros. Pero estos tipos de templo encuentran su cumplimiento en Cristo (Juan 2:19-22) y Su iglesia (Juan 7:37-39; I Corintios 3:16-17; 6:19; Apocalipsis 21:22).
A menudo, la iglesia parece insignificante (1 Corintios 1:26-31), nuestras vidas oscuras y difíciles hasta que Dios abre nuestros ojos para ver Su presencia transformándonos en el punto de enlace entre cielos y tierra.
La presencia de Dios proporciona dignidad eterna y significado a nuestra identidad, pero además transforma nuestro viaje de expedición turística en peregrinaje sacro (Hebreos 11:13; 1 Pedro 1:17; 2:11; Hebreos 12:22-24).

La vida consiste de tiempo cronos (horarios) y tiempo crisis (momentos definitorios). La regularidad de cronos confirma el carácter y prepara para momentos decisivos. Tiempos de crisis cambian la forma del tiempo cronos.
Encuentros con Dios son momentos de decisiones que cambian vida.
Responder a las crisis en fe lleva las marcas de frutos de virtud y significado eterno.
Responder en incredulidad lleva las marcas de vicios y una existencia insignificante.

Si Dios recompensara la virtud aliviando de inmediato el sufrimiento, confundiríamos moralidad con placer. Usaríamos a Dios para indulgencias privadas; una ética basada en hacer bien para obtener lo bueno, no en agradar a Dios sirviendo a la comunidad.
Al retrasar recompensas, Dios nos permite desarrollar gracias espirituales como fe, perseverancia, carácter, esperanza. He aquí la razón o una de las razones del por qué nos gloriamos en las tribulaciones (Romanos 5:3; 1Pedro 2:20-23; 3:8-22).
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