Apuntes a Santiago. 4:13-17

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TEMA 9. FE GENUINA Y SUMISION. 4:13-17

Entremos ahora a la arrogancia de presumir sobre el futuro. Arrogancia de decir “yo sé más que Dios, tengo más poder, tengo más autoridad que Dios.”
13Oíd [vamos] ahora, los que decís: Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y pasaremos allá un año, haremos negocio y tendremos ganancia.
14Sin embargo, no sabéis cómo será vuestra vida mañana [pues ¿qué es vuestra vida?]. Sólo sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. 15Más bien, debierais decir [en lugar de decir]: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. 16Pero ahora os jactáis en vuestra arrogancia [vuestras pretensiones]; toda jactancia semejante es mala. 17A aquel, pues, que sabe hacer lo bueno [lo correcto] y no lo hace, le es pecado.

Lo primero que notamos es que Santiago no les llama “amados hermanos.” Parece establecer una sutil distinción entre los que profesan, hay algunos cuyo comportamiento indica que no todos son auténticos creyentes:
(1) Señala al que pretende creer pero que no es creyente porque no toma en cuenta la voluntad de Dios en su futuro. Describe a una persona que tiene una bien planificada vida para sí mismo y anticipa éxito en lo que hará.
(2) Vergüenza en un instante. ¡Ni siquiera sabes qué será de ti mañana! ¡No hagas tales presunciones como si tú controlaras lo que sucederá! La verdad es que no nos gusta escuchar cosas como estas. Sin embargo fue Jesús quien nos comparó con la hierba del campo que un día es y desaparece, imagen tomada del AT. Una paradoja de la Escritura: “tienes significado”, “eres insignificante.” Tensión en ello. Santiago dice que somos un vapor…
(3) Más bien, reconocer “si el Señor quiere…

Vimos el contraste entre un Juez celestial y un juez terrenal. Ahora vemos el contraste entre el hombre y Dios: el hombre como vapor, Dios es eterno -ilimitado en tiempo. Omnisciente -ilimitado en conocimiento. Todopoderoso -ilimitado en poder.
Dios es soberano. No solo tiene todo el poder sino también todo el conocimiento y toda la sabiduría para usarlo y toda la autoridad para hacerlo.

Santiago nos está diciendo que hagamos el traje a nuestra medida. No nos medimos bien si nos comparamos con alguien 100 veces mayor: olvidamos que intentamos medirnos contra Alguien infinito, inmensurable, muy por encima de nosotros. Ten la medida correcta de quién eres. ¡Somos grillos! Quizás debiéramos consultar a Dios al hacer planes, ¿no creen?

Ok, he aquí el tema de la voluntad de Dios. Entre cristianos suele haber dos posiciones al respecto:
(1) olvidarse x completo al planificar;
(2) repetir como pericos la frase “si el Señor quiere… te llamo mañana… te digo luego…” La realidad es que la frase se convierte en una táctica anti-trabajo o anti-lo que yo no quiero hacer… porque en el fondo tú sabes muy bien si quieres hacer lo que te piden o no!

Necesitamos comprender con exactitud lo que significa querer lo que El quiere para nuestras vidas, es decir comprender la voluntad de Dios. ¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida?
Miren lo que dice la Escritura:
(1) Que seamos salvas. (2 Pedro 3:9).
(2) Que seamos llenas con Su Espíritu (Efesios 5:17-18).
(3) Que seamos santas (1 Tes 4:3-8). ¡Libres del poder del pecado! (ya fuimos libres de la culpa del pecado).
(4) Que seamos sumisas (1 Pedro 2:13-15). El verso claramente une voluntad de Dios a sumisión a autoridad terrenal. Ama a tu prójimo como a ti mismo… llamado a la sumisión. Humillaos… (Filipenses 2); está en todas partes. La voluntad de Dios es que seamos sumisos.
(5) Que suframos (1 Pedro 3:17; Filipenses 1:21).
(6) Que obedezcamos bien, primero como acto de adoración (Romanos 12:1-2); del corazón (Efesios 6:5-6); como forma de vida (Colosenses 1:9-10). Obediencia por el Espíritu Santo, (Hebreos 13:20-21).

¿Por qué preguntamos que cuál es la voluntad de Dios para su vida? Si estos 6 puntos cubren el 90% de nuestra vida, claramente definidos en la Escritura, y nos enfocamos en ellos, seguro que el 10% restante resolverá solo.

El problema es que hacemos la pregunta equivocada cuando tocamos el tema de la voluntad de Dios. Preguntamos : ¿Qué hago Señor? ¿Qué debo hacer?

La pregunta real que debiéramos hacer PORQUE es la que EL nos contesta en SU Palabra es ¿QUIEN debo ser? ¿Quien debería ser Señor?
Salva, llena del Espíritu, santificada, sufrida, obediente, sumisa…

Porque si soy lo que que debiera ser, luego entonces cae en su puesto lo que debo hacer. Una persona que es lo que debe ser emplea sabiduría de lo alto en cada decisión que toma, porque camina por fe, no por vista. Analiza los hechos, aplica sabiduría divina, hace la mejor elección con los datos que tiene y confía en Dios. Busca primeramente el reino de Dios y Su justicia, siempre estarás dentro de la voluntad de Dios.

Si el Señor quiere…haré esto o aquello. No una simple formalidad sino dicho de todo corazón, buscando responder la pregunta “Señor, ¿qué Tú quieres que yo sea?” Y permite que lo que Dios quiere que hagas surja de modo natural en el proceso.

17A aquel, pues, que sabe hacer lo bueno [lo correcto] y no lo hace, le es pecado.
¿Sabes lo que tienes qué hacer y no lo has hecho? Eso es pecado. Pecado de omisión.
Santiago nos ha exhortado a tomar en cuenta al Señor en todos nuestros planes, no tenemos excusa, sabemos lo que tenemos que hacer.
La Escritura es muy clara en esto: pecados de omisión son tan serios y reales como los de comisión. Ej. el siervo de la parábola que no empleó el talento que se le confió (Lucas 19:11-27); la gente que no tiene cuidado de los indefensos de la sociedad (Mateo 25:31-46), reciben condenación porque no hacen.
Otra muy poderosa enseñanza del mismo Señor (Lucas 12:47 Y aquel siervo que sabía la voluntad de su señor, y que no se preparó ni obró conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes) debe alertarnos sobremanera, porque tenemos la tendencia, cuando pensamos sobre pecado, a pensar solo en lo que hicimos y que no debiéramos haber hecho. Nuestra propia confesión de pecados suele ser así, pero igualmente debiéramos considerar aquellas cosas en que hemos fallado por hacer, que el Señor nos ha mandado a hacer.

Calumniar es pecado de comisión, pero los pecados de omisión son igualmente peligrosos, y es lo que conduce al tercer encabezado de Santiago, el pecado de atesorar riquezas, como si fueran nuestras.

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