Apuntes a Génesis, 42:1-38

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TEMA X. JOSE GOBIERNA EGIPTO. Génesis 42 al 47

Génesis 42:1-38

Luego de la exaltación de José en Egipto la historia regresa a Jacob, quien lleva alrededor de 20 años en Canaán. La profecía original dada a José será prontamente cumplida: 1) por los diez hermanos (42:1-38); 2) por ellos y Benjamín el menor (43:1 a 45:28); 3) por los 11 hermanos y Jacob (46:1-27).

42 1Viendo Jacob que había alimento en Egipto, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? 2Y dijo: He aquí, he oído que hay alimento en Egipto; descended allá, y comprad de allí un poco para nosotros, para que vivamos y no muramos. 3Entonces diez hermanos de José descendieron para comprar grano en Egipto. 4Pero a Benjamín, hermano de José, Jacob no lo envió con sus hermanos, porque dijo: No sea que le suceda algo malo. 5Y fueron los hijos de Israel con los que iban a comprar grano, pues también había hambre en la tierra de Canaán.

Cuando el episodio de Dina, los hijos de Jacob se enojaron con el padre por su falta de voluntad para actuar. Ahora es Jacob quien muestra turbación ante la inoperancia e incompetencia de sus hijos; una familia disfuncional, incapaz de ayudarse unos a otros.
El escritor habla ahora de “los 10 hermanos de José” en lugar de “los hijos de Jacob” en preparación para la escena que vendrá, es interesante que no hay protestas, quejas, ni siquiera una palabra; obediencia pasiva, en silencio, arman el viaje a Egipto.
Vean que Jacob reemplazó a José con Benjamín, los otros son “gastables” pero nada malo puede pasarle a Benjamín.

6Y José era el que mandaba en aquella tierra; él era quien vendía a todo el pueblo de la tierra. Y llegaron los hermanos de José y se postraron ante él rostro en tierra. 7Cuando José vio a sus hermanos, los reconoció, pero fingió no conocerlos y les habló duramente. Y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Y ellos dijeron: De la tierra de Canaán para comprar alimentos.
8José había reconocido a sus hermanos, aunque ellos no lo habían reconocido.
9José se acordó de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: Sois espías; habéis venido para ver las partes indefensas de nuestra tierra. 10Entonces ellos le dijeron: No, señor mío, sino que tus siervos han venido para comprar alimentos.

Para preservar sus vidas, sin saberlo, los hermanos comienzan a cumplir el sueño de José (37:5-7). José es el gobernador (administrador), y el que dispensa las provisiones (el financiero). Hay varias razones por qué los hermanos no le reconocieron: asumían que había muerto; estaba afeitado; les habla a través de un intérprete; viste como egipcio; tiene nombre egipcio. Pero lo más importante es que lo verdadero a nivel físico es también real a nivel espiritual: la falla de los hermanos radica en su falla para reconocer al José que Dios estaba preparando que fuese. Los hermanos carecen de conocimiento y de discernimiento.
¿Y José? ¿Qué piensa en su interior?
José mantiene el poder de conocimiento para sí mismo. Alguien que vende a su hermano como esclavo no es de confianza; es mejor retener esta clase de poder sobre ese alguien.

José había olvidado aflicciones, pero ahora recuerda sus sueños. Observa que solo hay diez hermanos presentes. ¿Dónde está el 11?
Así como planificó una estrategia basado en el sueño de Faraón, ahora comienza a desarrollar una estrategia para salvar a su familia física y espiritualmente.

Acusa a sus hermanos de ser espías. Sugiere que han venido a conocer las debilidades de Egipto. Acusación que repetirá cuatro veces, hasta llevarlos al paroxismo y romper su resistencia.

11Todos nosotros somos hijos de un mismo padre; somos hombres honrados, tus siervos no son espías. 12Pero él les dijo: No, sino que habéis venido para ver las partes indefensas de nuestra tierra. 13Mas ellos dijeron: Tus siervos son doce hermanos, hijos del mismo padre en la tierra de Canaán; y he aquí, el menor está hoy con nuestro padre, y el otro ya no existe. 14Y José les dijo: Es tal como os dije: sois espías. 15En esto seréis probados; por vida de Faraón que no saldréis de este lugar a menos que vuestro hermano menor venga aquí. 16Enviad a uno de vosotros y que traiga a vuestro hermano, mientras vosotros quedáis presos, para que sean probadas vuestras palabras, a ver si hay verdad en vosotros. Y si no, ¡por vida de Faraón!, ciertamente sois espías. 17Y los puso a todos juntos bajo custodia por tres días.

Por primera vez los hermanos dicen la verdad. Niegan con vehemencia y añaden detalles creyendo que les dará mayor credibilidad cuando en realidad le están dando a José la información que necesita.
Para afirmar su seriedad, José encarcela a los hermanos por tres días: culpables hasta no probar su inocencia.

18Y José les dijo al tercer día: Haced esto y viviréis, pues yo temo a Dios: 19si sois hombres honrados, que uno de vuestros hermanos quede encarcelado en vuestra prisión; y el resto de vosotros, id, llevad grano para el hambre de vuestras casas; 20y traedme a vuestro hermano menor, para que vuestras palabras sean verificadas, y no moriréis. Y así lo hicieron.
21Entonces se dijeron el uno al otro: Verdaderamente somos culpables en cuanto a nuestro hermano, porque vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no lo escuchamos, por eso ha venido sobre nosotros esta angustia.
22Y Rubén les respondió, diciendo: ¿No os dije yo: “No pequéis contra el muchacho” y no me escuchasteis? Ahora hay que rendir cuentas por su sangre.
23Ellos, sin embargo, no sabían que José los entendía, porque había un intérprete entre él y ellos. 24Y se apartó José de su lado y lloró. Y cuando volvió a ellos y les habló, tomó de entre ellos a Simeón, y lo ató a la vista de sus hermanos.

25José mandó que les llenaran sus vasijas de grano y que devolvieran el dinero a cada uno poniéndolo en su saco, y que les dieran provisiones para el camino. Y así se hizo con ellos. 26Ellos, pues, cargaron el grano sobre sus asnos, y partieron de allí.

Les da a probar durante tres días lo que él pasó ¡13 años! Observen la razón para revertir su plan: “yo temo a Dios.” José planta en la mente de sus hermanos la posibilidad de que también ellos teman a Dios, de que haya conciencia común de proveer al hambriento y proteger al indefenso.
Su cambio de planes, uno se queda y nueve se van, revela que él teme a Dios y no es alguien motivado por deseo de venganza. Sabe, además, que la cantidad de grano comprada no les alcanzará para el tiempo de hambruna, tendrán que regresar por más y traer a Benjamín.

El diálogo interno entre los hermanos revela que ellos conocían la doctrina de la retribución. Y ahora vemos que José no aceptó pasivamente su suerte sino que imploró y lloró ante la indiferencia de ellos. Rubén tiene buena memoria, pero ¿hasta qué punto su argumento es para colocarse fuera de la candidatura a quedarse en Egipto?
José escoge a Simeón, quizás por su reputación de hombre cruel (34:25; 49:5-7).
De las tres órdenes finales, una es para sus necesidades futuras (las vasijas), otra para las inmediatas (provisiones para el camino), pero la segunda orden (devolver el dinero) tuvo que cumplirse en secreto porque José prueba la lealtad de sus hermanos a Simeón.

Conoce a sus hermanos. A él lo vendieron por dinero. ¿Aceptarán el dinero e ignorarán a Simeón? ¿O les importará la liberación del hermano y por ende la salvación futura del hambre familiar?

27Y cuando uno de ellos abrió su saco para dar forraje a su asno en la posada, vio que su dinero estaba en la boca de su costal. 28Entonces dijo a sus hermanos: Me ha sido devuelto mi dinero, y he aquí, está en mi costal. Y se les sobresaltó el corazón, y temblando se decían el uno al otro: ¿Qué es esto que Dios nos ha hecho?

29Cuando llegaron a su padre Jacob en la tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había sucedido: 30El hombre, el señor de aquella tierra, nos habló duramente y nos tomó por espías del país. 31Pero nosotros le dijimos: “Somos hombres honrados, no somos espías. 32“Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre; uno ya no existe, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán.” 33Y el hombre, el señor de aquella tierra, nos dijo: “Por esto sabré que sois hombres honrados: dejad uno de vuestros hermanos conmigo y tomad grano para el hambre de vuestras casas, y marchaos; 34pero traedme a vuestro hermano menor para que sepa yo que no sois espías, sino hombres honrados. Os devolveré a vuestro hermano, y podréis comerciar en la tierra.”

35Y sucedió que cuando estaban vaciando sus sacos, he aquí que el atado del dinero de cada uno estaba en su saco; y cuando ellos y su padre vieron los atados de su dinero, tuvieron temor. 36Y su padre Jacob les dijo: Me habéis privado de mis hijos; José ya no existe, y Simeón ya no existe, y os queréis llevar a Benjamín; todas estas cosas son contra mí. 37Entonces Rubén habló a su padre, diciendo: Puedes dar muerte a mis dos hijos, si no te lo traigo; ponlo bajo mi cuidado, y yo te lo devolveré. 38Pero Jacob dijo: Mi hijo no descenderá con vosotros; pues su hermano ha muerto, y me queda sólo él. Si algo malo le acontece en el viaje en que vais, haréis descender mis canas con dolor al Seol [región de los muertos].

Por primera vez los hermanos mencionan a Dios. Sus conciencias despiertas pueden ver la mano de Dios detrás del crimen y el castigo.
Relatan a Jacob los sucesos, le hablan con suavidad pero noten que no hablan de los 3 días presos, de Simeón atado y preso, de su remordimiento y las protestas de Rubén, ni tampoco de haber encontrado el dinero en el primer saco.

Es posible que Jacob les haya creído, hasta que empezaron a vaciar los sacos y apareció el dinero en ellos. Jacob sabe que sus hijos no son muy confiables que digamos. ¿Pensará que vendieron a Simeón? El dinero los hace parecer culpables.
El discurso vuelve al mismo patrón jacobino de autocompasión que ya conocemos. Habla sin saber cuán ciertas son sus palabras esta vez: “me habéis privado.” No les da tiempo a responder, el dinero es prueba suficiente de su culpabilidad.
Su autocompasión es entendible, pero no justificable. Continúa destruyendo la familia al exhibir favoritismo hacia los hijos de Raquel.

El colmo se lo lleva Rubén. Debilidad y estupidez. En Egipto no sabe decir otra cosa que “se los dije.” Y ahora, en lugar de ofrecer su vida, pone la de sus dos hijos. ¿Qué beneficio o consuelo traería matar dos nietos de Jacob?

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