León cautivo

Estándar

Grave en la decadencia de su prez soberana,

sobrelleva la aleve clausura de las rejas,

y en el ocio reumático de sus garras ya viejas

la ignominia de un sordo lumbago lo amilana.

 

Mas a veces el ímpetu de su sangre africana

repliega un arrogante fruncimiento de cejas,

y entre el huracanado tumulto de guedejas

ennoblece su rostro la vertical humana.

 

Es la hora en que hacia el vado, con nerviosas cautelas,

desciende el azorado trote de las gacelas.

Bajo la tiranía de atávicos misterios,

 

la fiera siente un lúgubre influjo de destino,

y en el oro nictálope de su ojo mortecino

se hastía una magnánima desilusión de imperios.

 

Leopoldo Lugones. Argentina (1874-1938)

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