Versos sencillos. XVII.

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Es rubia: el cabello suelto

da más luz al ojo moro.

Voy, desde entonces, envuelto

en un torbellino de oro.

 

La abeja estival que zuma

más ágil por la flor nueva,

no dice, como antes, “tumba,”

“Eva” dice: todo es “Eva.”

 

Bajo, en lo oscuro, al temido

raudal de la catarata

¡y brilla el iris, tendido

sobre las hojas de plata!

 

Miro, ceñudo, la agreste

pompa del monte irritado

¡y en el alma azul celeste

brota un jacinto rosado!

 

Voy, por el bosque, a paseo

a la laguna vecina

y entre las ramas la veo,

y por el agua camina.

 

La serpiente del jardín

silba, escupe y se resbala

por su agujero: el clarín

me tiende, trinando, el ala.

 

¡Arpa soy, salterio soy

donde vibra el universo:

vengo del sol y al sol voy!

¡Soy el amor, soy el verso!

 

José Martí. Cuba (1853-1895)

Mi reyecillo

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Los persas tienen un rey sombrío;

los hunos foscos

un rey altivo;

un rey ameno

tienen los íberos;

rey tiene el hombre, rey amarillo:

¡mal van los hombres

con su dominio!

 

Mas yo vasallo de otro rey vivo,

un rey desnudo,

blanco y rollizo:

su cetro -¡un beso!

mi premio -¡un mimo!

 

¡Oh! Cual los áureos reyes divinos

de tierras muertas,

de pueblos idos

-¡Cuando te vayas, llévame, hijo!

Toca en mi frente

tu cetro omnímodo;

úngeme siervo, siervo sumiso:

¡No he de cansarme de verme ungido!

¡Lealtad te juro, mi reyecillo!

Sea mi espalda

pavés de mi hijo:

pasa en mis hombros

el mar sombrío,

muera al ponerte

en tierra vivo:

mas si amar piensas

el amarillo

rey de los hombres,

¡muere conmigo!

¿Vivir impuro?

¡No vivas, hijo!

 

José Martí. Cuba (1853-1895)

Espiral

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Como el clavel sobre su vara, 

como el clavel, es el cohete:

es un clavel que se dispara.

 

Como el cohete el torbellino:

sube hasta el cielo y se desgrana,

canto de pájaro en un pino.

 

Como el clavel y como el viento

el caracol es un cohete:

petrificado movimiento.

 

Y la espiral en cada cosa

su vibración difunde en giros:

el movimiento no reposa.

 

Octavio Paz. México (1914-1998)

Retórica

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Cantan los pájaros, cantan

sin saber lo que cantan:

todo su entendimiento es su garganta.

 

La forma que se ajusta al movimiento

no es prisión sino piel del pensamiento.

 

La claridad del cristal transparente

no es claridad para mí suficiente:

el agua clara es el agua corriente.

 

Octavio Paz. México (1914-1998)

Niña

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Nombras el árbol, niña.

Y el árbol crece, lento,

alto deslumbramiento,

hasta volvernos verde la mirada.

 

Nombras el cielo, niña.

Y las nubes pelean con el viento

y el espacio se vuelve

un transparente campo de batalla.

 

Nombras el agua, niña.

Y el agua brota, no sé dónde,

brilla en las hojas, habla entre las piedras

y en húmedos vapores nos convierte.

 

No dices nada, niña.

Y la ola amarilla,

la marea de sol,

en su cresta nos alza,

en los cuatro horizontes nos dispersa

y nos devuelve, intactos,

en el centro del día, a ser nosotros.

 

Octavio Paz. México (1914-1998)

Una hoja de hierba

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fragmento

Creo que una hoja de hierba, no es menos

que el día de trabajo de las estrellas,

y que una hormiga es perfecta,

y un grano de arena,

y el huevo del régulo,

son igualmente perfectos,

y que la rana es una obra maestra,

digna de los señalados,

y que la zarzamora podría adornar

los salones del paraíso,

y que la articulación más pequeña de mi mano

avergüenza a las máquinas,

y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha,

supera todas las estatuas,

y que un ratón es milagro suficiente

como para hacer dudar

a seis trillones de infieles.

Walt Whitman. USA (1819-1849). Traducción de León Felipe

Oh Capitán, mi Capitán…

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Oh Capitán, mi Capitán:

nuestro azaroso viaje ha terminado.

Al fin venció la nave y el premio fue ganado.

Ya el puerto se halla próximo,

ya se oye la campana

y ver se puede el pueblo que entre vítores,

con la mirada sigue la nao soberana.

 

Mas ¿no ves, corazón, oh corazón,

como los hilos rojos van rodando

sobre el puente en el cual mi Capitán

permanece extendido, helado y muerto?

 

Oh Capitán, mi Capitán:

levántate aguerrido y escucha cual te llaman

tropeles de campanas.

Por ti se izan banderas y los clarines claman.

Son para ti los ramos, las coronas, las cintas.

Por ti la multitud se arremolina,

por ti llora, por ti su alma llamea

y la mirada ansiosa, con verte, se recrea.

 

Oh Capitán, ¡mi Padre amado!

Voy mi brazo a poner sobre tu cuello.

Es solo una ilusión que en este puente

te encuentres extendido, helado y muerto.

 

Mi padre no responde.

Sus labios no se mueven.

Está pálido, pálido. Casi sin pulso, inerte.

No puede ya animarle mi ansioso brazo fuerte.

Anclada está la nave: su ruta ha concluido.

Feliz entra en el puerto de vuelta de su viaje.

La nave ya ha vencido la furia del oleaje.

Oh playas, alegraos; sonad, claras campanas

en tanto que camino con paso triste, incierto,

por el puente do está mi Capitán

para siempre extendido, helado y muerto.

 

Walt Whitman. USA (1819-1849). Traducción de León Felipe