Celebración

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Pongámonos los zapatos, la camisa listada, el traje azul aunque ya brillen los codos, pongámonos los fuegos de bengala y de artificio, pongámonos vino y cerveza entre el cuello y los pies, porque debidamente debemos celebrar este número inmenso que costó tanto tiempo, tantos años y días en paquetes, tantas horas, tantos millones de minutos, vamos a celebrar esta inauguración.

Desembotellemos todas las alegrías resguardadas y busquemos alguna novia perdida que acepte una festiva dentellada.

Hoy es.

Hoy ha llegado. Pisamos el tapiz del interrogativo milenio. El corazón, la almendra de la época creciente, la uva definitiva irá depositándose en nosotros, y será la verdad tan esperada.

Mientras tanto una hoja del follaje acrecienta el comienzo de la edad: rama por rama se cruzará el ramaje, hoja por hoja subirán los días y fruto a fruto llegará la paz: el árbol de la dicha se prepara desde la encarnizada raíz que sobrevive buscando el agua, la verdad, la vida.

Hoy es hoy. Ha llegado este mañana preparado por mucha oscuridad: no sabemos si es claro todavía este mundo recién inaugurado, lo aclararemos, lo oscureceremos hasta que sea dorado y quemado como los granos duros del maíz. A cada uno, a los recién nacidos, a los sobrevivientes, a los ciegos, a los mudos, a mancos y cojos, para que vean y para que hablen, para que sobrevivan y recorran,para que agarren la futura fruta del reino actual que dejamos abierto tanto al explorador como a la reina, tanto al interrogante cosmonauta como al agricultor tradicional, a las abejas que llegan ahora para participar en la colmena y sobre todo a los pueblos recientes, a los pueblos crecientes desde ahora con las nuevas banderas que nacieron en cada gota de sangre o sudor.

Hoy es hoy y ayer se fue, no hay duda.

Hoy es también mañana, y yo me fui con algún año frío que se fue, se fue conmigo y me llevó aquel año.

De esto no cabe duda. Mi osamenta consistió, a veces, en palabras duras como huesos al aire y a la lluvia, y pude celebrar lo que sucede dejando en vez de canto o testimonio un porfiado esqueleto de palabras.

Pablo Neruda. Chile (1904-1973)

Christmas Bells

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I heard the bells on Christmas day

their old, familiar carols play,

and wild and sweet

the words repeat

of peace on earth, good will to men!

And thought how, as the day had come,

the selfies of all christendom

had rolled along

the unbroken song

of peace on earth, good will to men!

Till ringing, singing on its way,

te world revolved from neigh to day,

a voice, a chime,

a chant sublime

of peace on earth, good will to men!

Then from each black, accursed mouth

the cannon thundered in the South,

and with the sound

the carols drowned

of peace on earth, good will to men!

It was as if an earthquake rent

the hearth stones of a continent,

and made forlorn

the households born

of peace on earth, good will to men!

And in despair I bowed my head;

“there is no peace on earth,” I said;

“for hate is strong,

and mocks the song

of peace on earth, good will to men!

Then pealed the bells more loud and deep:

“God is not dead, nor doth He sleep;

the Wrong shall fail,

the Right prevail,

with peace on earth, good will to men!

 

Henry W. Longfellow. Estados Unidos(1807-1882)

Sazón del alba

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Si no todos los libros

cuando menos

he leído decenas, cientos, mil,

y no lo digo, no,

por vanidad,

muy al contrario:

después de tantos piélagos de letras

en el sistema vascular

adquiérense deberes máximos

y apenas el derecho

mínimo

a preguntarse con delicadeza

cuántas calladas horas

faltan aún para reconocer

el fruto verdadero,

los prístinos ecos de la lectura

sazonados aprisa por un amanecer.

 

Jaime García Terrés. México (1924-1996)

Bajo certero golpe

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Bajo certero golpe se desprende

el fruto del verano.

 

La madurez abre su pulpa

y desata en su entraña

el llanto.

 

Tan solo el hueso queda inconmovible 

en su abismo cerrado.

 

Dolores Castro. México (1923- )

Rutina

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¿Se habrán acostumbrado los pájaros?

Tomar impulso, y luego el aire,

ese poder de alas tendidas sobre el cielo.

La soledad en medio.

 

¿Se habrán acostumbrado

o irán sintiendo solo el frío,

el calor,

el rumbo que tomar,

la necesidad del alimento?

¿No sentirán la hermosa fuerza del aire

que se suspende entre sus alas

en medio

de la fragilidad

y con respeto?

¿Se habrán acostumbrado los pájaros al vuelo?

 

Dolores Castro. México (1923- )

A mí me ha dado en escribir sonetos

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A mí me ha dado en escribir sonetos

como a otros les dio en hacer sonatas,

lo mismo que si fueran corcholatas,

etiquetas, botones, o boletos.

 

A mí me ha dado en descubrir secretos.

A mí me ha dado en volar veletas.

Amí me ha dado en recortar siluetas

y en medir bien la luz de los abetos.

 

A mí me ha dado en alumbrar la rosa

y en medir el listón de la violeta.

 

La rosa que se vuela en mariposa.

La rosa desmayada tan secreta.

La rosa de la flor maravillosa

y en quebrar el fulgor de la ruleta.

 

Guadalupe Amor. México (1918-2000)

Casa redonda

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Casa redonda tenía

de redonda soledad:

el aire que la invadía

era redonda armonía

de irrespirable ansiedad.

 

Las mañanas era noches,

las noches desvanecidas,

las penas muy bien logradas,

las dichas muy mal vividas.

 

Y de ese ambiente redondo,

redondo por negativo,

mi corazón salió herido

y mi conciencia turbada.

Un recuerdo mantenido:

redonda, redonda nada.

 

Guadalupe Amor. México (1918-2000)