Parábola de la Inconstante

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Antes cuando me hablaba de mí misma, decía:
si yo soy lo que soy
y dejo que en mi cuerpo, que en mis años
suceda ese proceso
que la semilla le permite al árbol
y la piedra a la estatura, seré la plenitud.

Y acaso era verdad. Una verdad.

Pero, ay, amanecía dócil como la hiedra
a asirme a una pared como el enamorado
se ase del otro con sus juramentos.

Y luego yo esparcía a mi alrededor, erguida
en solidez de roble,
la rumorosa soledad, la sombra
hospitalaria y daba al caminante
-a su cuchillo agudo de memoria-
el testimonio fiel de mi corteza.

Mi actitud era a veces el reposo
y otras el arrebato,
la gracia o el furor, siempre los dos contrarios
prontos a aniquilarse
y a emerger de las ruinas del vencido.

Cada hora suplantaba a alguno; cada hora
me iba de algún mesón desmantelado
en el que no encontré ni una mala bujía
y en el que no me fue posible dejar nada.

Usurpaba los nombres, me coronaba de ellos
para arrojar después, lejos de mí, el despojo.

Heme aquí, ya al final, y todavía
no sé qué cara le daré a la muerte.

Rosario Castellanos
(México, 1925-1974)

Puentes

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Yo dibujo puentes
para que me encuentres:
un puente de tela,
con mis acuarelas;
un puente colgante,
con tiza brillante;
puentes de madera,
con lápiz de cera…

Puentes levadizos,
plateados, cobrizos.
Puentes irrompibles,
de piedra, invisibles…

Y tú, ¡quién creyera!
¡No los ves siquiera!
Hago cien, diez, uno…
¡No cruzas ninguno!

Elsa Isabel Bornemann
(Argentina, 1952-2013)

Sueños compartidos

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Al llegar la noche,
antes de acostarme,
pregunto a mi madre
si puede ayudarme:
-Dime, mamaíta.
¿qué puedo soñar?

-Sueña con sirenas
saltando en el mar.
Que eres un pirata
con parche en el ojo,
que con su fragata
navega a su antojo,
buscando un tesoro,
empuña su espada,
soñando despierto
con ver a su amada.

Duermo calentito,
me arropan tus versos,
y acabo soñando:
sueño con tus besos.

-Sueña con la selva,
húmeda y tupida,
verde, intransitable,
cálida, tranquila.
Cabalga en el lomo
de un león enorme,
persigue a la luna
hasta el horizonte.

Cuélgate en las ramas
de un árbol frondoso,
cena con los monos
plátanos sabrosos.

Duermo calentito,
me arropa tu amor,
y acabo soñando:
sueño con tu olor.

-Dime, mamaíta,
¿qué sueño esta noche?

-Sueña con pingüinos
en el Polo Norte.
Baila con las focas,
patina en el hielo,
los osos polares
ahuyentan tus miedos.
Mira las estrellas
hay dos muy brillantes:
mis ojos te alumbran,
ojos vigilantes.

Duermo calentito,
tu voz es mi abrigo,
y acabo soñando:
soñando contigo…

Juan Guinea Díaz
(España, 1981- )

El humo

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El humo
de las chimeneas
se va de viaje
y por eso se pone
su mejor traje.

Para
no perderse
deja sus huellas
por toda la escalera
de las estrellas.

Elsa Isabel Bornemann
(Argentina, 1952-2013)

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Al pato, al perro, al loro y al gato
-esperen un poco- les dijo la nena.
Si no se pelean
yo vengo en un rato.
Les traigo galletas muy ricas a todos.

Pero hay un problema…

Hay un solo plato.
Hay que compartir
y si no, no hay trato.

-Bueno, bueno, bueno.
Le dijeron todos.

Y salió la nena a lo de Don Tato
y trajo un paquete de galletas dulces
para patiperros,
para lorigatos,
para gatiloros,
para loripatos.
Para patos, perros, loros y gatos.

Daniel Allaria Oriol
(Argentina, 1953- )

Cuéntico bóbico para una nénica aburrídica

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Una mañánica
de primavérica
hallé una láuchica
en la verédica.
Era muy rárica:
con dos mil rúlicos
sobre la cárica,
según calcúlico.
En su cartérica
guardaba heládico
de rica crémica
y chocolático.

Jugó a la abuélica,
también al ránguico,
pisa pisuélica
y bailó un tánguico.

Y muy ligérico
se fue en un cárrico
con su cochérico
y sus cabállicos.

No, no es mentírica
-cara de tórtica-
¿No crees nádica?
¡Pues no me impórtica!

Elsa Isabel Bornemann
(Argentina, 1952-2013)