El Cristo de Velásquez

Estándar

(fragmento)

Amor de Ti nos quema, blanco cuerpo,

amor que es hambre, amor de las entrañas;

hambre de la palabra creadora

que se hizo carne; fiero amor de vida

que no se sacia con abrazos, besos,

ni con enlace conyugal alguno.

 

Solo comerte nos apaga el ansia,

pan de inmortalidad, carne divina.

Nuestro amor entrañado, amor hecho hambre,

¡oh Cordero de Dios! manjar Te quiere;

quiere saber sabor de tus redaños*,

comer tu corazón, y que su pulpa

como maná celeste se derrita

sobre el ardor de nuestra seca lengua,

que no es gozar en Ti; es hacerte nuestro,

carne de nuestra carne, y tus dolores

pasar para vivir muerte de vida.

 

Y tus brazos abriendo como una muestra

de entregarte amoroso, nos repites:

“¡Venid, comed, tomad; éste es mi cuerpo!”

¡Carne de Dios, verbo encarnado, encarna

nuestra divina hambre carnal de Ti!

 

Miguel de Unamuno. España (1865-1937)

*redaño: membrana que cubre los intestinos y estómago en especial del cerdo, en ocasiones también en cordero o vacuno.

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