Paisaje de otoño

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Mi madre tiene hoy la memoria bien despierta.

Sonríe. No sabe a quien regala su nobleza.

Mira hondo, puedes verla,

con la misma ternura que abandonó los campos

el paso adipso de la primavera,

llegada, tal vez, a la hora del retraso.

Conversa despacito,

toca los raíles de su propio laberinto.

En ocasiones reza. Me confiesan sus ojos.

Su inteligencia fue el destello de un primor,

duele decirlo ahora, luego de tantos años,

si mi niñez cabía en un suspiro de sus miedos.

Enseñó a mi padre, amorosamente,

la desembocadura de la luz en las palabras.

Los recuerdos y la vida, sin apremio,

a mi madre se les mueren tomados de las manos.

Sin embargo, es una gracia, un prodigio,

ha tenido su memoria hoy en vigilia.

Recuerda episodios de la guerra de abril.

y los muertos le duelen de la tiranía y del escarnio

en todo el cuerpo.

Ha dicho, en voz baja, hijo querido, generoso.

Ha regalado al fresco de la casa una sonrisa.

Y como ha vivido a pasos de atardecer,

se ha marchado lejos de sí misma y de nosotros.

José Mármol. República Dominicana (1960- )

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