Nostalgia

Estándar

Hace ya diez años que recorro el mundo.

¡He vivido poco! ¡Me he cansado mucho!

Quien vive de prisa no vive de veras:

quien no echa raíces no puede dar frutos.

Ser río que corre, ser nube que pasa, sin dejar recuerdos ni rastro ninguno, es triste; y más triste para quien se siente nube en lo elevado, río en lo profundo.

Quisiera ser árbol mejor que ser ave, quisiera ser leño mejor que ser humo;

y al viaje que cansa

prefiero el terruño:

la ciudad nativa con sus campanarios, arcaicos balcones, portales vetustos y calles estrechas, como si las casas tampoco quisiesen separarse mucho.

Estoy en la orilla de un sendero abrupto.

Miro la serpiente de la carretera que en cada montaña da vueltas a un nudo; y entonces comprendo que el camino es largo, 

que el terreno es brusco,

que la cuesta es ardua, 

que el paisaje es mustio.

¡Señor! Ya me canso de viajar, ya siento nostalgia, ya ansío descansar muy junto de los míos… 

Todos rodearán mi asiento para que les diga mis penas y triunfos; y yo, a la manera del que recorriera un álbum de cromos, contaré con gusto las mil y una noches de mis aventuras y acabaré en esta frase de infortunio:

-¡He vivido poco!

¡Me he cansado mucho!

 

José Santos Chocano. Perú (1875-1934)

Los cocuyos

Estándar

Parpadeos de luces vacilantes

bordean la selva cuando muere el día,

a manera de extraña pedrería

que relumbra y se apaga por instantes.

 

En estados círculos errantes,

brotan cocuyos en la selva umbría

cual si alguien, con la fiebre de la orgía,

arrojara puñados de diamantes.

 

De día ocultos en la verde alfombra,

solo en las horas de nocturna calma

divagan a través de la espesura;

 

y a fuerza de brillar entre la sombra,

acrisolan su brillo, como el alma

que a fuerza de sufrir se hace más pura.

 

José Santos Chocano. Perú (1875-1934)

Blasón

Estándar

Soy el cantor de América autóctono y salvaje:

mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.

Mi verso no se mece colgado de un ramaje

con un vaivén pausado de hamaca tropical…

 

Cuando me siento inca, le rindo vasallaje

al Sol, que me da el cetro de su poder real;

cuando me siento hispano y evoco el coloniaje,

parecen mis estrofas trompetas de cristal.

 

Mi fantasía viene de un abolengo moro:

los Andes son de Plata, pero el león, de oro;

y las dos castas fundo con épico fragor.

 

La sangre es española e incaico es el latido;

y de no ser poeta, quizás yo hubiera sido

un blanco aventurero o un indio emperador.

 

José Santos Chocano. Perú (1875-1934)

Lo fatal

Estándar

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,

ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

 

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido y un futuro terror…

y el espanto seguro de estar mañana muerto,

y sufrir por la vida y por la sombra y por

 

lo que no conocemos y apenas sospechamos,

y la carne que tienta con sus frescos racimos

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos!

 

Rubén Darío. Nicaragua (1867-1916)

Tú me quieres blanca

Estándar

Tú me quieres alba, me quieres de espumas,

me quieres de nácar.

Que sea azucena sobre todas, casta.

De perfume tenue, corola cerrada.

Ni un rayo de luna filtrado me haya.

Ni una margarita se diga mi hermana.

 

Tú me quieres nívea,

tú me quieres blanca,

tú me quieres alba.

 

Tú, que hubiste todas las copas a mano,

de frutos y mieles los labios morados;

tú, que en el banquete cubierto de pámpanos

dejaste las carnes festejando a Baco.

Tú, que en los jardines negros del Engaño

vestido de rojo corriste al Estrago.

 

Tú que el esqueleto conservas intacto

no sé todavía por cuales milagros,

me pretendes blanca (Dios te lo perdone),

¡me pretendes alba!

 

Huye hacia los bosques, vete a la montaña;

límpiate la boca. ¡Vive en las cabañas!

 

Alfonsina Storni. Chile (1892-1938)

Ama tu ritmo

Estándar

Ama tu ritmo y ritma tus acciones

bajo su ley, así como tus versos;

eres un universo de universos,

y tu alma una fuente de canciones.

 

La celeste unidad que presupones

hará brotar en ti mundos diversos,

y al resonar tus números dispersos

pitagoriza en tus constelaciones.

 

Escucha la retórica divina

del pájaro del aire y la nocturna

irradiación geométrica adivina;

 

mata la indiferencia taciturna

y engarza perla y perla cristalina

en donde la verdad vuelca su urna.

 

Rubén Darío. Nicaragua (1867-1916)

Celebración

Estándar

Pongámonos los zapatos, la camisa listada, el traje azul aunque ya brillen los codos, pongámonos los fuegos de bengala y de artificio, pongámonos vino y cerveza entre el cuello y los pies, porque debidamente debemos celebrar este número inmenso que costó tanto tiempo, tantos años y días en paquetes, tantas horas, tantos millones de minutos, vamos a celebrar esta inauguración.

Desembotellemos todas las alegrías resguardadas y busquemos alguna novia perdida que acepte una festiva dentellada.

Hoy es.

Hoy ha llegado. Pisamos el tapiz del interrogativo milenio. El corazón, la almendra de la época creciente, la uva definitiva irá depositándose en nosotros, y será la verdad tan esperada.

Mientras tanto una hoja del follaje acrecienta el comienzo de la edad: rama por rama se cruzará el ramaje, hoja por hoja subirán los días y fruto a fruto llegará la paz: el árbol de la dicha se prepara desde la encarnizada raíz que sobrevive buscando el agua, la verdad, la vida.

Hoy es hoy. Ha llegado este mañana preparado por mucha oscuridad: no sabemos si es claro todavía este mundo recién inaugurado, lo aclararemos, lo oscureceremos hasta que sea dorado y quemado como los granos duros del maíz. A cada uno, a los recién nacidos, a los sobrevivientes, a los ciegos, a los mudos, a mancos y cojos, para que vean y para que hablen, para que sobrevivan y recorran,para que agarren la futura fruta del reino actual que dejamos abierto tanto al explorador como a la reina, tanto al interrogante cosmonauta como al agricultor tradicional, a las abejas que llegan ahora para participar en la colmena y sobre todo a los pueblos recientes, a los pueblos crecientes desde ahora con las nuevas banderas que nacieron en cada gota de sangre o sudor.

Hoy es hoy y ayer se fue, no hay duda.

Hoy es también mañana, y yo me fui con algún año frío que se fue, se fue conmigo y me llevó aquel año.

De esto no cabe duda. Mi osamenta consistió, a veces, en palabras duras como huesos al aire y a la lluvia, y pude celebrar lo que sucede dejando en vez de canto o testimonio un porfiado esqueleto de palabras.

Pablo Neruda. Chile (1904-1973)