Soneto

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¿Qué tengo que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta cubierto de rocío

pasas las noches del invierno oscuras?

 

¡Oh, cuánto fueran mis entrañas duras,

pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

 

¿Cuántas veces al Angel me decía:

“alma, asómate agora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía”!

 

¡Y cuántas, hermosura soberana,

“mañana le abriremos”, respondía,

para lo mismo responder mañana!

 

Félix Lope de Vega y Carpio. España (1562-1635)

Soneto a una mujer que se afeitaba y estaba hermosa

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Yo os quiero confesar, don Juan, primero,

que aquel blanco color de doña Elvira

no tiene de ella más, si bien se mira,

que el haberle costado su dinero.

 

Pero tras eso, confesaros quiero

que es tanta la beldad de su mentira

que en vano a competir con ella aspira

belleza igual de rostro verdadero.

 

Mas, ¿qué mucho que yo perdido ande

por un engaño tal, pues que sabemos

que nos engaña así Naturaleza?

 

Porque ese cielo azul que todos vemos

ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande

que no sea verdad tanta belleza!

 

Bartolomé de Argensola. España (1562-1631)

Nota: que no hay nada nuevo bajo el sol, o que la historia se repite siglo tras siglo.

Don Belianís de Grecia a Don Quijote de la Mancha

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Rompí, corté, abollé y dije y hice

más que en el orbe caballero andante;

fui diestro, fui valiente, fui arrogante;

mil agravios vengué, cien mil deshice.

 

Hazañas dí a la Fama que eternice;

fui comedido y regalado amante;

fue enano para mí todo gigante,

y al duelo en cualquier punto satisfice.

 

Tuve a mis pies postrada la Fortuna,

y trajo del copete mi cordura

a la calva Ocasión al estricote.

 

Mas aunque sobre el cuerno de la luna

siempre se vio encumbrada mi ventura

tus proezas envidio, ¡oh gran Quijote!

 

Miguel de Cervantes SaavedraEspaña (1547-1616)

Nota: que la buena cabeza aprovechó la ocasión, en la tercera estrofa, (porque la ocasión es calva pero tenía flequillo).

Es de vidrio la mujer

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Es de vidrio la mujer,

pero no se ha de probar

si se puede o no quebrar,

porque todo podría ser.

 

Y es más fácil el quebrarse,

y no es cordura el ponerse

a peligro de romperse

lo que no puede soldarse.

 

Y en esta opinión estén

todos, y en razón la fundo:

que si hay Dánaes en el mundo,

hay lluvias de oro también.

 

Miguel de Cervantes Saavedra. España (1547-1616)

Nota: Dánae fue encerrada por su padre Acrisio en una torre, con el fin de que Zeus (Júpiter) no la tuviera. Zeus se convirtió en lluvia de oro y entró por la ventana. Así fue concebido Perseo…

And did those feet in ancient time

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And did those feet in ancient time,

walk upon Englands mountains green:

and was the holy Lamb of God,

on Englands pleasant pastures seen!

And did the countenance divine,

shine forth upon our clouded hills?

And was Jerusalem builded here,

among these dark satanic mills?

Bring me my bow of burning gold;

bring me my arrows of desire:

bring me my spear: o clouds unfold!

Bring me my chariot of fire!

I will not cease from mental fight,

nor shall my sword sleep in my hand:

till we have built Jerusalem,

in Englands green and pleasant land.

 

William Blake, England (1757-1827)

Do not stand at my grave and weep

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Do not stand at my grave and weep 

I am not there. I do not sleep. 

I am a thousand winds that blow. 

I am the diamond glints on snow. 

I am the sunlight on ripened grain. 

I am the gentle autumn rain. 

When you awaken in the morning’s hush 

I am the swift uplifting rush 

Of quiet birds in circled flight. 

I am the soft stars that shine at night. 

Do not stand at my grave and cry; 

I am not there. I did not die. 

 

Mary Elizabeth Frye. Estados Unidos (1905-2004)

Lament

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Weep, weep for those

who do the work of the Lord

with a high look

and a proud heart.

Their voice is lifted up

in the streets, and their cry is heard.

The bruised reed they break

by their great strength, and the smoking flax

they trample.

Weep not for the quenched

(for their God will hear their cry

and the Lord will come to save them)

but weep, weep for the quenchers.

For when the Day of the Lord

is come, and the vales sing

and the hills clap their hands

and the light shines

then their eyes will be opened

on a waste place,

smouldering,

the smoke of the flax bitter

in their nostrils,

their feet pierced

by broken reed-stems . . .

Wood, hay and stubble,

and no grass springing,

and all the birds flown.

Weep, weep for those

who have made a desert

in the name of the Lord.

 

Evangeline Paterson. Ireland (1928-2000)