Job

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El fue quien vino en soledad callada,

y moviendo sus huestes al acecho

puso lazo a mis pies, fuego a mi techo

y cerco a mi ciudad amurallada.

 

Como lluvia en el monte desatada

sus saetas bajaron a mi pecho;

El mató los amores de mi lecho

y cubrió de tinieblas mi morada.

 

Trocó la blanda risa en triste duelo,

convirtió los deleites en despojos,

ensordeció mi voz, ligó mi vuelo,

 

hirió la tierra, la ciñó de abrojos,

y no dejó encendida bajo el cielo

más que la obscura lumbre de sus ojos.

 

Concha Urquiza. México (1910-1945)

Las piedras del camino

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Las piedras del camino se llenan de ternura

y de musgos; los cielos contemplan con dulzura

los senos azulosos del agua que se estanca.

 

Clareando entre los charcos de sol todos deshechos,

se hinchan de luz las agrias venas de los helechos

tendidos sobre el fresco terror de la barranca.

 

Concha Urquiza. México (1910-1945)

Poema de la amistad

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No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, ni tengo respuestas para tus dudas o temores, pero puedo escucharte y compartirlo contigo.

No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro. Pero cuando me necesites estaré junto a ti.

No puedo evitar que tropieces. Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas. Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos. Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz. 

No juzgo las decisiones que tomas en la vida. Me limito a apoyarte, a estimularte y a responderte si me lo pides.

No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes actuar, pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer.

No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parta el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.

No puedo decirte quién eres ni quién deberías ser. Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo. En estos días oraré por ti.

En estos días me puse a recordar a mis amistades más preciosas. Soy una persona feliz: tengo más amigos de lo que imaginaba. 

Eso es lo que ellos me dicen, me lo demuestran. Es lo que siento por todos ellos.

Veo el brillo en sus ojos, la sonrisa espontánea y la alegría que sienten al verme.

Y yo también siento paz y alegría cuando los veo y cuando hablamos, sea en la alegría o sea en la serenidad, en estos días pensé en mis amigos y amigas, entre ellos, apareciste tú.

No estabas arriba, ni abajo ni en medio. No encabezabas ni concluías la lista. No eras el número uno ni el número final.

Lo que sí sé es que te destacabas por alguna cualidad que transmitías y con la cual desde hace tiempo se ennoblece mi vida. Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero, el segundo o el tercero de tu lista.

Basta que me quieras como amigo.

Entonces entendí que realmente somos amigos.

Gracias por ser si amigo.

Jorge Luis Borges. Argentina (1899-1986)

There I go again

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There I go again:

quick to stumble, break, and fall.

Another choice of word

that’s slipped and heard

so full of swearing gall.

 

And there I go again:

poor steward of time and wages;

so wasted, spent;

dare I repent

before the Rock of Ages?

 

Now there I go again:

harboring rage against my neighbor,

whom I’m to love

if I’m made of

the Spirit for Whom I labor.

 

God of heaven,

tell me this –

do I betray you with a kiss…

from unclean lips,

so coarse- profane?

I am not fit

to call Your name!

 

Much less to have

Your mercy, new,

that falls on me

with morning due…

so crisp and clean,

‘fore men confessed,

all my sins

as grace refreshed;

and Godly sorrow swallows pride

with

I AM

holy, satisfied,

 

not by a pious claim of mine

for none are they to find.

Though of no merit,

I will inherit

a kingdom, most divine!

 

Because God’s rage against me

has been meted out;

and not on me

but on a tree

where Christ defeated doubt!

 

And so to Him I reach for,

despite my deep chagrin…

His hem, I touch,

absolving much!

It’s there, I go again.

1Way2Truth4Life.org

¿Me estoy poniendo viejo?

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– Te estás volviendo viejo – me dijeron, has dejado de ser tú, te estas volviendo amargado y solitario.

– No, respondí. No me estoy volviendo viejo, me estoy volviendo sabio.

He dejado de ser lo que a otros agrada para convertirme en lo que a mí me agrada ser. He dejado de buscar la aceptación de los demás para aceptarme a mí mismo. He dejado tras de mí los espejos mentirosos que engañan sin piedad.

No, no me estoy volviendo viejo; me estoy volviendo asertivo, selectivo de lugares, personas, costumbres e ideologías.

He dejado ir apegos, dolores innecesarios, personas, almas, y corazones, no por amargura sino simplemente por salud. Dejé las noches de fiesta por insomnios de aprendizaje, dejé de vivir historias y comencé a escribirlas, hice a un lado los estereotipos impuestos, dejé de usar maquillaje para ocultar mis heridas, ahora llevo un libro que embellece mi mente.

Cambié las copas de vino por tazas de café, me olvidé de idealizar la vida y comencé a vivirla.

No, no me estoy poniendo viejo. Llevo en el alma lozanía y en el corazón la inocencia de quien a diario se descubre. Llevo en las manos la ternura de un capullo que al abrirse expandirá sus alas a otros sitios inalcanzables para aquellos que solo buscan la frivolidad de lo material. Llevo en mi rostro la sonrisa que se escapa traviesa al observar la simplicidad de la naturaleza, llevo en mis oídos el trinar de las aves alegrando mi andar.

No, no me estoy poniendo viejo. Me estoy volviendo selectivo, apostando mi tiempo a lo intangible, reescribiendo el cuento que alguna vez me contaron, redescubriendo mundos, rescatando aquellos viejos libros que a medias páginas había olvidado.

Me estoy volviendo más prudente, he dejado los arrebatos que nada enseñan, estoy aprendiendo a hablar de cosas trascendentes, estoy aprendiendo a cultivar conocimientos, estoy sembrando ideales y forjando mi destino.

No, no es que me esté volviendo viejo por dormir temprano los sábados, es que también los domingos hay que despertar temprano, disfrutar el café sin prisa y leer con calma un poemario.

No es por vejez por lo que se camina lento, es para observar la torpeza de los que aprisa andan y tropiezan con el descontento.

No es por vejez por lo que a veces se guarda silencio, es simplemente porque no a toda palabra hay que hacerle eco.

No, no me estoy poniendo viejo, estoy comenzando a vivir lo que realmente me interesa.

Víctor Hugo. Francia (1802-1885)

cortesía de A. Corona

Golondrinas yucatecas

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Vinieron en tardes serenas de estío,

cruzando los aires con vuelo veloz,

en tibios aleros formaros sus nidos,

sus nidos formaron piando de amor.

 

¡Qué blancos sus pechos! sus alas qué inquietas,

¡qué inquietas y leves! y abriéndose en cruz,

y cómo alegraban las tardes aquellas,

las tardes aquellas bañadas en luz.

 

Así en la mañana jovial de mi vida

llegaron en alas de la juventud

amores y ensueños como golondrinas,

como golondrinas bañadas de luz.

 

Mas trajo el invierno su niebla sombría, 

la rubia mañana, llorosa, se fue,

se fueron los sueños y las golondrinas,

y las golondrinas se fueron también.

 

Ricardo Palmerín Pavia. México (1887-1944)

El célebre océano

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El mar decía a sus olas

“hijas mías volved pronto.”

 

Yo veo desde aquí las esfinges en equilibrio sobre el alambre,

veo una calle perdida en el ojo del muerto.

Hijas mías llevad vuestras cartas y no tardéis,

cada vez más rápidos los árboles crecen,

cada vez más rápidas las olas mueren.

Los récords de la cabeza son batidos por los brazos,

los ojos son batidos por las orejas

solo las voces luchan todavía contra el día.

 

Creéis que oye nuestras voces,

el día tan maltratado por el océano.

Creéis que comprende la plegaria inmensa

de esta agua que cruje sobre sus huesos.

 

Mirad el cielo mugiente y las virutas del mar,

mirad la luz vacía como aquel que abandonó su casa.

El océano se fatiga de cepillas las playas,

de mirar con un ojo los bajos relieves del cielo,

con un ojo tan casto como la muerte que lo aduerme

y se aduerme en su vientre.

 

El océano ha crecido de algunas olas,

seca su barba,

estruja su casaca confortable,

saluda al sol en el mismo idioma,

ha crecido de cien olas.

 

Esto se debe a su inclinación natural,

tan natural como su verde.

Más verde que los ojos que miran la hierba

la hierba de conducta ejemplar.

 

El mar ríe y bate la cola.

Ha crecido de mil olas.

 

Vicente Huidobro. Chile (1893-1948)