Si alguien quiere saber cuál es mi patria

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Si alguien quiere saber cuál es mi patria

no la busque,

no pregunte por ella.

Siga el rastro goteante por el mapa

y su efigie de patas imperfectas.

No pregunte si viene del rocío

o si tiene espirales en las piedras

o si tiene sabor ultramarino

o si el clima le huele en primavera.

No la busque ni alargue las pupilas.

No pregunte por ella.

(¡Tanto arrojo en la lucha irremediable 

y aún no hay quien lo sepa!

¡Tanto cero y fulgor de resistir

y aún no hay quien lo vea!)

No, no la busque.

Si alguien quiere saber cuál es mi patria,

no pregunte por ella.

No quiera saber si hay bosques, trinos,

penínsulas muchísimas y ajenas,

o si hay cuatro cadenas de montañas,

todas derechas,

o si hay varios destinos de bahías

y todas extranjeras.

Siga el rastro goteando por la brisa

y allí donde la sombra se presenta,

donde el tiempo castiga y desmorona,

ya no la busque,

no pregunte por ella.

Su propia sangre, su órbita querida,

su instantáneo chispazo de presencia,

su funeral de risa y de sonrisa,

su potrero de espaldas indirectas,

su puño de silencio en cada boca,

su borbotón de ira en cada mueca,

sus manos enguatadas en la fábrica y

sus pies descalzos en la carretera,

las largas cicatrices que le bajan

como antiguos riachuelos, 

su siniestra figura de mujer obligada a parir

con cada coz que busca su cadera

para echar una fila de habitantes

listos para la rueda,

todo dirá de pronto dónde existe

una patria moderna.

Dónde habrá qué buscar y qué pregunta

se solicita. Porque apenas

surge la realidad y se apresura

una pregunta, ya está la respuesta.

No, no la busque.

Tendría que pelear por ella…

Pedro Mir. República Dominicana (1913-2000)

The dying storm

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I am feeble, pale, and weary,

and my wings are nearly furled;

I have caused a scene so dreary,

I am glad to quit the world!

Whit bitterness I’m thinking

on the evil I have done,

and to my caverns sinking

from the coming of the sun.

*

The heart of man will sicken

in that pure and holy light,

when he feels the hopes I’ve stricken

with an everlasting blight!

For widely, in my madness,

have I poured abroad my wrath,

and changing joy to sadness,

scattered ruin on my path.

*

Earth shuddered at my motion,

and my power in silence owns;

but the deep and troubled ocean

o’er my deeds of horror moans!

I have sunk the brightest treasure –

I’ve destroyed the fairest form –

I have sadly filled my measure,

and I am now a dying storm.

Hannah Flagg Gould. USA (1789-1865)

Who is my neighbour?

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Who is thy neighbour! See him stand,

with sunken cheek and eye,

where hunger shows the empty hand

thy bounty can supply!

Look where the widowed mother pines

for what thou well canst spare;

where paused age, in want, reclines,

and see thy neighbour there!

Behold him in the stranger, thrown

upon a foreign shore,

who, homeless, friendless, and alone,

is shivering at thy door!

Go meet him in thine enemy,

and good for evil pay;

and bear in mind, for such as he,

thy Saviour bids thee pray.

Go seek him in the dungeon’s night,

and comfort there impart;

implore the smile of Heaven to light

that desolated heart.

Look where the son of Africa sighs

for rights enjoyed by thee;

he is thy neighbour! Loose his ties

and set the captive free!

Columbia, favored of the skies!

how can thy banner wave,

while at my feet, thy neighbour lies

a crushed and fettered slave?

There is a blot among its stars;

a stain upon thy hand;

a mark upon thy face, that mars

the beauty of our land!

Thou, noble tree of liberty,

should not thy verdure fade

o’er him who would his neighbour see

excluded from thy shade?

Did they who reared thee by their toil

not will thy fruit to be,

alike, for all who thread thy soil,

a harvest sweet and free?

Hannah Flagg Gould. USA (1789-1865)

The Crocus’s soliloquy

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Down in my solitude under the snow

where nothing cheering can reach me;

here, without light to see how to grow,

I’ll trust to nature to teach me.

I will not despair, nor be idle, nor frown,

lock’d in so gloomy a dwelling;

my leaves shall run up, and my roots shall run down,

while the bud in my bosom is swelling.

Soon as the frost will get out of my bed,

from this cold dungeon to free me,

I will peer up with my little bright head;

all will be joyful to see me.

Then from my heart will young petals diverge,

as rays of the sun from their focus;

I from the darkness of earth will emerge,

a happy and beautiful crocus.

Gaily array’d in my yellow and green,

when to their view I have risen,

will they not wonder that one so serene

cam from so dismal a prison?

Many, perhaps, from so simple a flower

this little lesson may borrow –

patient to-day, through its gloomiest hour,

we come out the brighter to-morrow.

Hannah Flagg Gould. USA (1789-1865)

The rime of the ancient mariner

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And a good south wind sprung up behind;

the albatross did follow,

and every day, for food or play,

came to the mariner’s hollo!

In mist or cloud, on mast or shroud,

it perched for vespers nine;

whiles all the night, trough fog-smoke white

glimmered the white moon-shine.

God saves thee, ancient mariner!

From the fiends, that plague thee thus!

Why looks thou so? -With my cross bow

I shot the Albatross…

Samuel Taylor Coleridge. England (1772-1834)

Apologia pro vita sua

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The poet in his lone yet genial hour

gives to his eyes a magnifying power:

or rather he emancipates his eyes

from the black shapeless accidents of size –

In unctuous cones of kindling coal,

or smoke upwreathing from the pipe’s trim bole,

his gifted ken can see

phantoms of sublimity.

Samuel Taylor Coleridge. England (1772-1834)

Mimos

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Respira. Serás madre toda tu vida.

Enséñale las cosas importantes, las de verdad:

a saltar en los charcos, a observar los bichitos, a dar

besitos de mariposa y abrazos muy fuertes.

(No olvides esos abrazos

y no los niegues nunca).

Puede que dentro de unos años, los abrazos

que añores sean los que no le diste.

Dile cuánto le quieres siempre que lo pienses.

Déjale imaginar.

Imagina con él. Imagina con ella.

Déjale llorar. Llora con ellos.

Las paredes se pueden volver a pintar,

los objetos se rompen y se reemplazan de continuo

(los gritos de mamá duelen para siempre).

Puedes fregar los platos más tarde: mientras tú limpias ellos crecen.

No necesitan tantos juguetes: trabaja menos y quiere más.

Y, sobre todo, respira.

Serás madre toda tu vida.

El sólo será niño una vez.

-Anónimo-

PD: si cambias madre por abuela (o abuelo)…

Alma, bendice al Señor

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Alma, bendice al Señor, Rey potente de gloria;

de sus mercedes esté viva en ti la memoria.

¡Oh despertad, arpa y salterio!

Entonad himnos de honor y victoria.

Alma, bendice al Señor que a los orbes gobierna

y te conduce paciente con mano paterna.

Te perdonó, de todo mal te libró

porque Su gracia es eterna.

Alma, bendice al Señor, de tu vida la fuente

que te creó, y en salud te sostiene clemente;

tu defensor en todo trance y dolor,

Su diestra es omnipotente.

Alma, bendice al Señor y su amor infinito.

Con todo el pueblo de Dios su alabanza repito:

Dios, mi salud, de todo bien plenitud,

¡seas por siempre bendito!

Joachim Leander. Alemania (1650-1680)

¡Aleluya! Alma mía, canta salmos a tu Dios

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¡Aleluya! Alma mía, canta salmos a tu Dios.

He de darle, mientras viva, alabanzas con mi voz.

No confiéis en meros hombres, ni los reyes durarán;

todos mueren, y sus planes, pues, también perecerán.

Es dichoso él cuya ayuda es el Dios de Israel,

en Jehová su Dios espera, bienaventurado aquel.

Dios creó el universo, para siempre es Su verdad,

cuidará a los agraviados, hace obras de bondad.

Da comida a los hambrientos; al cautivo librará,

El levanta a los caídos, a los ciegos vista da.

Guardará a los extranjeros, viudas, huérfanos también;

Dios trastorna a los impíos mas al justo da sostén.

¡Aleluya! Alma mía, canta salmos a tu Dios.

Quiero darle, mientras viva, alabanzas conmigo voz.

Soberano sobre todo, reina siempre el Dios de Sion,

El merece de su pueblo alabanza y bendición.

The Psalter 1912

El mundo es de mi Dios

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El mundo es de mi Dios,

su eterna posesión.

Eleva a Dios su dulce voz la entera creación.

El mundo es de mi Dios,

trae paz así pensar.

El hizo el sol, y el arrebol,

la tierra, cielo y mar.

El mundo es de mi Dios,

escucho alegre son

del ruiseñor que a su Señor eleva su canción.

El mundo es de mi Dios,

y en todo mi redor,

las flores mil con voz sutil declaran fiel su amor.

El mundo es de mi Dios,

jamás olvidaré

aunque infernal parezca el mal,

mi Padre, Dios, es Rey.

El mundo es de mi Dios,

y al salvador Jesús

hará vencer por su poder

por la obra de la cruz.

Maltbie D. Babcok. USA (1858-1901)