Retórica

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Cantan los pájaros, cantan

sin saber lo que cantan:

todo su entendimiento es su garganta.

 

La forma que se ajusta al movimiento

no es prisión sino piel del pensamiento.

 

La claridad del cristal transparente

no es claridad para mí suficiente:

el agua clara es el agua corriente.

 

Octavio Paz. México (1914-1998)

Niña

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Nombras el árbol, niña.

Y el árbol crece, lento,

alto deslumbramiento,

hasta volvernos verde la mirada.

 

Nombras el cielo, niña.

Y las nubes pelean con el viento

y el espacio se vuelve

un transparente campo de batalla.

 

Nombras el agua, niña.

Y el agua brota, no sé dónde,

brilla en las hojas, habla entre las piedras

y en húmedos vapores nos convierte.

 

No dices nada, niña.

Y la ola amarilla,

la marea de sol,

en su cresta nos alza,

en los cuatro horizontes nos dispersa

y nos devuelve, intactos,

en el centro del día, a ser nosotros.

 

Octavio Paz. México (1914-1998)

Una hoja de hierba

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fragmento

Creo que una hoja de hierba, no es menos

que el día de trabajo de las estrellas,

y que una hormiga es perfecta,

y un grano de arena,

y el huevo del régulo,

son igualmente perfectos,

y que la rana es una obra maestra,

digna de los señalados,

y que la zarzamora podría adornar

los salones del paraíso,

y que la articulación más pequeña de mi mano

avergüenza a las máquinas,

y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha,

supera todas las estatuas,

y que un ratón es milagro suficiente

como para hacer dudar

a seis trillones de infieles.

Walt Whitman. USA (1819-1849). Traducción de León Felipe

Oh Capitán, mi Capitán…

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Oh Capitán, mi Capitán:

nuestro azaroso viaje ha terminado.

Al fin venció la nave y el premio fue ganado.

Ya el puerto se halla próximo,

ya se oye la campana

y ver se puede el pueblo que entre vítores,

con la mirada sigue la nao soberana.

 

Mas ¿no ves, corazón, oh corazón,

como los hilos rojos van rodando

sobre el puente en el cual mi Capitán

permanece extendido, helado y muerto?

 

Oh Capitán, mi Capitán:

levántate aguerrido y escucha cual te llaman

tropeles de campanas.

Por ti se izan banderas y los clarines claman.

Son para ti los ramos, las coronas, las cintas.

Por ti la multitud se arremolina,

por ti llora, por ti su alma llamea

y la mirada ansiosa, con verte, se recrea.

 

Oh Capitán, ¡mi Padre amado!

Voy mi brazo a poner sobre tu cuello.

Es solo una ilusión que en este puente

te encuentres extendido, helado y muerto.

 

Mi padre no responde.

Sus labios no se mueven.

Está pálido, pálido. Casi sin pulso, inerte.

No puede ya animarle mi ansioso brazo fuerte.

Anclada está la nave: su ruta ha concluido.

Feliz entra en el puerto de vuelta de su viaje.

La nave ya ha vencido la furia del oleaje.

Oh playas, alegraos; sonad, claras campanas

en tanto que camino con paso triste, incierto,

por el puente do está mi Capitán

para siempre extendido, helado y muerto.

 

Walt Whitman. USA (1819-1849). Traducción de León Felipe

 

Hojas de hierba

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(6) fragmento

Me preguntó un niño: ¿Qué es la hierba?, trayéndomela a manos llenas;

¿cómo podía responderle? Tampoco sé yo lo que es la hierba.

Sospecho que es el emblema de mi temperamento, tejido con la verdura de la esperanza. 

O imagino que es el pañuelo de Dios,

prenda perfumada y rememorativa, abandonada adrede, 

que lleva en las puntas el nombre de su dueño para que lo veamos, reparemos en él y preguntemos: ¿De quién?

O presumo que la hierba es un niño, el recién nacido de la vegetación.

O creo que es un jeroglífico uniforme,

que significa: crezco igualmente en las regiones vastas y en las regiones estrechas,

crezco igualmente en medio de la raza negra y de la raza blanca,

al canadiense, al piel roja, a todos me entrego, y a todos los acepto.

Y ahora se me figura que es la hermosa cabellera de las tumbas.

Walt Whitman. USA (1819-1849)

 

No te rindas

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No te rindas,

aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo,

aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,

liberar el lastre, retomar el vuelo.

 

No te rindas,

que la vida es eso,

continuar el viaje, perseguir tus sueños,

destrabar el tiempo,

correr los escombros y destapar el cielo.

 

No te rindas, por favor no cedas,

aunque el frío queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se esconda y se calle el viento,

aún hay fuego en tu alma,

aún hay vida en tus sueños,

porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,

porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto,

porque no hay heridas que no cure el tiempo,

abrir las puertas quitar los cerrojos,

abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,

recuperar la risa,

ensayar el canto,

bajar la guardia y extender las manos,

desplegar las alas e intentar de nuevo,

celebrar la vida y retomar los cielos.

 

No te rindas, por favor no cedas,

aunque el frío queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se ponga y se calle el viento,

aún hay fuego en tu alma,

aún hay vida en tus sueños,

porque cada día es un comienzo,

porque esta es la hora y el mejor momento,

porque no estás sola,

porque yo te quiero.

 

Mario Benedetti. Uruguay (1920-2009)

 

Sonetos

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(3)

Al que ingrato me deja, busco amante;

al que amante me sigue, dejo ingrata;

constante adoro a quien mi amor maltrata,

maltrato a quien mi amor busca constante.

 

Al que trato de amor, hallo diamante,

y soy diamante al que de amor me trata;

triunfante quiero ver al que me mata,

y mato al que me quiere ver triunfante.

 

Si a éste pago, padece mi deseo;

si ruego a aquél, mi pundonor enojo;

de entrambos modos infeliz me veo.

 

Pero yo, por mejor partido, escojo

de quien no quiero, ser violento empleo,

que, de quien no me quiere, vil despojo.

 

Sor Juana Inés de la Cruz. México (1648-1695)