El nacimiento de la col

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En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celeste sol, la roja virginidad de sus labios.
-Eres bella.
-Lo soy -dijo la rosa.
-Bella y feliz -prosiguió el diablo-. Tienes el calor, la gracia y el aroma. Pero…
-¿Pero?
-No eres útil. ¿No miras esos altos árboles llenos de bellotas?
Esos, a más de ser frondosos, dan alimentos a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco…

La rosa entonces -tentada como después lo sería la mujer- deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.

Pasó el buen Dios después del alba siguiente.
-Padre -dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza-, ¿queréis hacerme útil?
-Sea, hija mía -contestó el Señor, sonriendo.
Y entonces vió el mundo la primera col.

Rubén Darío
Nicaragua (1867-1916)

¿Quién me compra una naranja?

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¿Quién me compra una naranja
para mi consolación?
Una naranja madura
en forma de corazón.

La sal del mar en los labios,
¡ay de mí!,
la sal del mar en las venas
y en los labios recogí.

Nadie me diera los suyos
para besar.
La blanda espiga de un beso
yo no la puedo segar.
Nadie pidiera mi sangre
para beber.
Yo mismo no sé si corre
o si deja de correr.

Como se pierden las barcas,
¡ay de mí!,
como se pierden las nubes
y las barcas, me perdí.

Y pues nadie me lo pide,
ya no tengo corazón.
¿Quién me compra una naranja
para mi consolación?

José Gorostiza
México (1901-1973)

Balada de los dos abuelos

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(fragmento)

Sombras que solo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.

Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
mi abuelo negro.
Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
mi abuelo blanco.

Africa de selvas húmedas
y de gordos gongos sordos…
-¡Me muero!
(dice mi abuelo negro.)
Aguaprieta de caimanes,
verdes mañanas de cocos…
-¡Me canso!
(dice mi abuelo blanco.)

¡Oh, velas de amargo viento,
galeón ardiendo en oro…!
-¡Me muero!
(dice mi abuelo negro.)

¡Oh, costas de cuello virgen
engañadas de abalorios…!
-¡Me canso!
(dice mi abuelo blanco.)

¡Oh, puro sol repujado,
preso en el aro del trópico
oh luna redonda y limpia
sobre el sueño de los monos!

¡Qué de barcos, qué de barcos!

Nicolás Guillén
(Cuba, 1902-1989)

Mi caballero

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Por las mañanas
mi pequeñuelo
me despertaba
con un gran beso.

Puesto a horcajadas
sobre mi pecho,
bridas forjaba
con mis cabellos.

Ebrio él de gozo
de gozo yo ebrio,
me espoleaba
mi caballero:
¡qué suave espuela
sus dos pies frescos!

¡Cómo reía mi jinetuelo!

Y yo besaba
sus pies pequeños,
¡los pies que caben
en solo un beso!

José Martí
Cuba (1853-1895)

En un trozo de papel

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En un trozo de papel
con un simple lapicero
yo tracé una escalerita,
tachonada de luceros.

Hermosas estrellas de oro,
de plata no había ninguna.
Yo quería una escalera
para subir a la Luna.

Para subir a la Luna
y secarle sus ojitos,
no me valen los luceros,
como humildes peldañitos.

¿Será por que son dorados
en un cielo azul añil?
Solo sé que no me sirven
para llegar hasta allí.

Estrellitas y luceros,
pintados con mucho amor,
¡quiero subir a la Luna
y llenarla de color!

Antonio García Teijero
España (1952- )