A Mercedes Sosa

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No sé qué fuerza vital tiene la lluvia

que evoca en mí tu voz de cordillera,

tu voz de libertades sin frontera.

*

Voz que es guitarra y es abrigo.

*

Unica al dolor del afligido

de hombres y mujeres oprimidos.

*

Voz de cantor de pueblos tristes,

de labriegos, de obreros, de estudiantes,

combatientes de paz y guerra.

*

Tu voz de mar azul y caracolas.

De arena, de sal, de viento enardecido

que no alcanza a quebrantar las olas.

*

Voz que se levanta cristalina

con luces de unicornio y de quimeras

cual dulce despertar de estrellas.

Voz de sol, de tules, de azucena.

De matices, de verde primavera.

Voz de cristal que no se quiebra.

*

De ruiseñor, de carretero errante,

de pueblo de gesto antiguo, solidario

tendida la mano al caminante.

*

Tu voz, Mercedes, que reverdece

en cada gota perfumada de rocío.

Y en cada amanecer, florece.

*

Voz que crece igual que los trigales

de pueblos oprimidos y olvidados

que a pesar de tanto olvido, ¡crecen!

“Servilletas de otoño”

Luis Scheker Ortiz. Rep. Dominicana

La lluvia y tú

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La lluvia pertinaz golpea mis sentidos.

Desde algún lugar remoto dispara

como misil gruesas gotas invisibles.

El viento tormentoso le acompaña

gruñendo cual celoso Otelo,

que cubre con su manto gris su rostro.

La lluvia, potro desbocado, sin dejar

de ser hermosa, con casos centelleantes

hoy el suelo de arcilla apisonado.

La lluvia triste, humillada y vencida,

abre sus pobres surcos sedientos

herida de miseria campesina.

La lluvia no da tregua, cruel castiga,

Arrasa el suelo, fulmina sembradíos.

Deja sus huellas de angustia y fatigas.

Con ruego, el astro rey ha de irrumpir

cargado de rayos luminosos, a rescatar

los surcos de la tierra virgen maltratados,

Como la tierra huérfana, sedienta,

arrasada, en espera del sol que la redima,

así quedó mi alma destrozada.

“Servilletas de otoño”

Luis Scheker Ortiz. Rep. Dominicana

El gallo despertador

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Kikirikííí…

estoy aquí

decía el gallo Colibrí.

*

El gallo Colibrí era pelirrojo,

y era su traje

de hermoso plumaje.

*

Kikirikííí…

levántate campesino,

que ya está el sol de camino.

*

Kikirikííí…

levántate labrador,

despierta con alegría, 

que viene el día.

*

Kikirikííí…

Niños del pueblo despertad con el ole,

que os esperan en el “cole”.

El pueblo no necesita reloj,

¡le vale el gallo despertador!

Gloria Fuertes. ESPAÑA

(1908 – 1998)

Las mañanicas

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En las mañanicas del mes de mayo

cantan los ruiseñores.

Retumba el campo.

*

En las mañanicas,

como son frescas,

cubren ruiseñores las alamedas.

*

Ríense las fuentes tirando perlas

a las florecillas

que están más cerca.

*

Vístense las plantas de varias sedas,

que sacar colores poco les cuesta.

*

Los campos alegran tapetes varios,

cantan los ruiseñores

retumba el campo.

*

Sale el mayo hermoso

con los frescos vientos

que le ha dado marzo

de céfiros bellos.

*

Las lluvias de abril flores le trajeron:

púsose guirnaldas en los rojos cabellos.

*

Los que eran amantes amaron de nuevo

y los que no amaban a buscarlo fueron.

Y luego que vieron mañanas de mayo, 

cantas los ruiseñores,

retumba el campo.

*

Félix Lope de Vega y Carpio. España (1562-1635)

Balada del caracol negro

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Caracoles negros.

Los niños sentados escuchan un cuento.

El río traía coronas de viento

y una gran serpiente

desde un tronco viejo

miraba las nubes

redondas del cielo.

*

Niño mío, chico ¿dónde estás?

Te siento en el corazón

y no es verdad.

*

Lejos esperas que yo saque

tu alma del silencio.

Caracoles grandes.

Caracoles negros.

Federico García Lorca. España (1898-1936)

El Espejo y la Verdad

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En uno de sus viajes que tuvo la mala idea

de hacer no sé con qué objeto

la Verdad sobre la tierra,

oyó de un espejo amigo sentidas y amargas quejas.

“¿De qué me sirve -decía- 

que, fiel a tus advertencias,

repita forma y colores con semejanza perfecta,

lo mismo al pobre mendigo

y al que nada en la opulencia,

al labrador y al herrero 

como a los reyes y reinas,

y diga la verdad pura

sin rodeos ni cautelas?

Vanse de mí satisfechos, aunque increíble parezca,

igualmente los hermosos que los de horrible presencia.

Digo a un viejo: “esa peluca se ve desde media legua”

y él va muy hueco pensando

“nadie que es peluca acierta”.

Pónese el chato narices, otro va y se las cercena,

el gordo se quita carnes, el que es flaco las aumenta.

Multiplícase el pequeño,

el que es muy alto se resta,

y, en fin, a ninguno he oído:

“¡Qué feo soy!” o “¡Qué fea!”.

Si algún remedio eficaz no buscas de esta epidemia,

teme que tu santo imperio del mundo desaparezca.”

“No, respondió la Verdad con la faz grave y serena,

mi dominación es justa y será por eso eterna.

Si tal vez por excepción se sustrae el hombre a ella,

esta excepción que te irrita casos hay en que aprovecha.

Di: ¿si sordo el amor propio a tus verdades no fuera, 

cómo se consolarían los horribles y las feas?

¿Qué mal hay si va una joven,

muy erguida y satisfecha,

su fealdad ostentado

como si fuera belleza?

¡Es ridícula! ¿Qué importa siempre que dichosa sea?

Abunda la vanidad porque el mérito escasea,

y en paz vive cada cual ignorando su miseria.”

«

Al ver un ente risible

que hueco se pavonea,

más vano por sus defectos

que otros hay con sus bellezas,

los sabios de brocha gorda

el absurdo cacarean,

y el hombre bueno y prudente

bendice a la Providencia.

Concepción Arenal. España (1820-1893)