Más que de inmediato

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Todo lo queremos resuelto al instante, más pronto que inmediatamente. Somos así.
-Que mis hijos respondan y cumplan al instante.
-Que la comida aparezca en la mesa como por arte de magia.
-Que me resuelvan en el banco desde que llego a la puerta.
-Que el café suba de una vez…

Ejemplos hay por doquier.

Curiosamente, rara vez trasladamos este deseo de lo instantáneo a lo espiritual.
[Ok, sí lo hacemos pero en un solo sentido: vertical de arriba abajo. Que Dios nos responda aquí y ahora la petición que hicimos].

El problema radica en que es exactamente al revés:

“Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.” (Mateo 4:20)
“Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.” (Mateo 4:22)
“Jesús vio a un hombre llamado Mateo que estaba sentado al banco de los tributos públicos y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.” (Mateo 9:9)

¿Cómo es que Simón, Andrés, Jacobo, Juan, Mateo, se levantaron e hicieron al instante lo que Jesús les pidió?

¿Qué vieron estos hombres?
¿Es nuestra obediencia inmediata a las peticiones de Dios? ¿A sus mandamientos?

¿Qué vemos nosotros?

 

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Esta nota apareció el primero de agosto en el blog del programa de radio de La IBI, “Mujer para la gloria de Dios.” Con algunas leves modificaciones, la esencia permanece, 🙂

Dos maneras de vivir

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Desde la óptica de Cristo, hay dos caminos para vivir la vida. En uno, estás conectado a Dios y El dirige tu vida. Esta es la idea del Salmo 23: “El Señor es mi pastor… y sus misericordias me seguirán todos los días de mi vida”.

En el otro camino, estás conectado a ti mismo en gran medida, desconectado. Llamaré a esto el Antisalmo 23: “Ando por mí mismo… y la frustración me persigue todos los días de mi vida”.

Analiza:

Antisalmo 23
Ando por mí mismo.
Nadie mira por mí ni me protege.
Experimento un continuo sentido de necesidad.
Nada está en lo correcto. Estoy siempre inquieto.
Fácilmente frustrado y a menudo decepcionado.
Es una selva –me siento abrumado.
Es un desierto –tengo sed.
Mi alma se siente rota, torcida, estirada.
No puedo enderezarme a mí mismo.
Tropiezo y caigo en obscuras vías.
Con todo, insisto: Quiero hacer lo que yo quiero, cuando yo quiera y como yo quiera.
Pero la vida es confusa.
¿Por qué será que las cosas no funcionan realmente?
Soy asaltado por el vacío y la futilidad –sombras de muerte.

Temo la gran herida y pérdida final.
La muerte me espera al final de cada camino, pero no pienso en ello.
Paso mi vida protegiéndome a mí mismo.
Pueden suceder cosas malas, no hay consuelo que dure.

Estoy solo… encarando todo aquello que pudiera herirme.
¿Son mis amigos realmente amigos?
Otras gentes me utilizan para sus fines.
No puedo confiar en nadie. Nadie está a mi espalda.
Nadie está a favor mío –excepto yo.

Y estoy tanto solo sobre mí, que resulta enfermizo.
No pertenezco a nadie excepto a mí mismo.
Mi copa nunca está totalmente llena. Tengo vacío.
La frustración me persigue todos los días de mi vida.
¿Seré simplemente obliterado hacia la nada?
¿Estaré solo para siempre, sin hogar, en caída libre al vacío?
Sartre dijo “el infierno es la otra gente”.
Yo añado “el infierno es yo mismo también”.
Es una muerte en vida, y luego moriré.

El antisalmo describe cómo se siente y cómo luce la vida cuando Dios desaparece de la escena. Captura el sin-sentido y futilidad de propósitos mezquinos y autodeprecatorios. Expresa los temores y la silenciosa desesperación de quien no puede encontrar una voz porque no hay nadie con quien hablar realmente.

Pero el antisalmo no tiene por qué ser la historia final. Será nuestra realidad únicamente si la construimos sobre mentiras.
Pero en la realidad, alguien más es el centro de la historia. El YO SOY fue, es y será, por siempre y siempre, independiente a si la gente se da cuenta o no.

Al despertar, al ver quién es Jesús, todo cambia. Ves la Persona en cuyo cuidado y capacidad puedes confiar. Experimentas Su cuido. Ves la Persona a quién estás destinado a adorar y dar Gloria. Le amas porque El te ama. El Salmo 23 captura cómo se siente y cómo luce la vida cuando Cristo pone Su mano sobre nuestro hombro.

Salmo 23
Jehová es mi pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará.
Confortará mi alma;
me guiará por sendas de justicia por amor de Su nombre.

Aunque ande en valle de sombra de muerte,
no temerá mal alguno, porque Tú estarás conmigo.
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
unges mi cabeza con aceite;
mi copa está rebosando.

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán
todos los días de mi vida,
y en la casa de Jehová moraré por largos días.

 

¿Puedes ver, sentir, la diferencia?

David Powlison. CCEF.
http://www.boundless.org/2005/articles/a000182

 

 

 

 

 

 

 

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¿Santidad?

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“Regocijaos en el Señor siempre, otra vez digo, regocijaos.” Filipenses 4:4

Vaya vaya, regocijarse viene a ser asunto de obediencia. Un patrón de vida, en pocas palabras, aun cuando habrán ocasiones donde no es natural o apropiado. ¿A qué, entonces, se refiere Pablo?

Pienso que necesitamos aprender la diferencia entre regocijo y felicidad. Felicidad es un sentimiento de bienestar basado en circunstancias, mientras que regocijo -gozo- se relaciona con nuestra perspectiva de las circunstancias.

Observen que el mandato de Filipenses no señala felicidad, porque no es algo que uno pueda escoger o controlar. Regocijo, al no tener que ver con circunstancias sino con nuestra perspectiva de las mismas, se convierte entonces en un tema de obediencia.

¿Qué es santidad? Alegría. Regocijo en el Señor siempre, buscando agradar a Dios.

Necesitamos sobreponernos a la realidad, mantener esperanza, exudar contentamiento con lo que Dios nos ha dado. Aunque al mismo tiempo sintamos luto o tristeza. Todo el mundo luce feliz en un momento dado, pero es en tiempos de problemas y dificultades cuando el regocijo del creyente marca la diferencia.

Idea central tomada de The Cripplegate. How to be happy this year. 02 Jan 2017.  <{{{{<<

Santidad y Libertad Cristiana

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1 Corintios 9:19-23 presenta dos categorías generales de personas: (1) gente como Pablo, quien se convierte en todo para todos por causa del evangelio, y (2) gente para quien aquellos como Pablo muestran flexibilidad.

La pregunta obligada para quienes están [estamos] comprometidos a vivir el evangelio es la siguiente: ¿cómo llegar a ser como Pablo, alcanzar esa flexibilidad que exhibe de una cultura a otra, en lugar de ser otro personaje etnocéntrico ante quien los demás deben ser flexibles?

No es fácil. Requiere años de atención cuidadosa al jardín de tu conciencia. Requiere madurez espiritual, convicción teológica, amor cristiano, disciplina personal, y compromiso absoluto -no desviado- con el evangelio.
No debe causar ninguna sorpresa que tanto los párrafos anteriores como los siguientes a 1 Corintios 9:19-23 sean todos sobre el negarse a uno mismo y sobre la disciplina personal por causa del evangelio y de los perdidos.

Eso es lo que significa libertad cristiana realmente: la libertad para disciplinarse a uno mismo a ser flexible por amor del evangelio.

1 Corintios 9:19 Libertad cristiana es…
Porque aunque soy libre de todos, libertad
de todos me he hecho para disciplinarse a uno mismo
esclavo a ser flexible
para ganar a mayor número por causa del evangelio

No es acerca de ti ni de tu libertad para hacer todo cuanto quieras.
Es sobre libertad para disciplinarte a ti mismo a ser flexible por amor del evangelio y por causa de los creyentes débiles.

AD Naselli & JD Crowley. Conscience: what it is, how to train it, and loving those who differ. Crossway, 2016. pp.131-132