Voz de la Iglesia

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Hasta hace relativamente poco tiempo, la sociedad occidental funcionaba bajo la premisa de que existe un conjunto de normas morales establecidas por el Creador del universo que trascienden las diferencias culturales y las preferencias personales.  

Sin embargo, desde hace ya varias décadas esa premisa está siendo sistemáticamente atacada por una “élite urbana”, como le llama el sociólogo Peter Berger, que, sin ser mayoritaria en número, pretende imponer una dictadura ideológica presionando a legisladores, manejando la educación, y promoviendo su agenda a través de medios masivos de comunicación.

Consecuentemente, las normas morales sobre las cuales se construyó el mundo civilizado han sido socavadas, y, poco a poco, desterradas de la conciencia colectiva de nuestra sociedad occidental. A tal punto que cualquiera que en el día de hoy se atreva a defender la existencia de valores morales absolutos se arriesga a ser considerado como un intolerante que no tiene derecho a ser escuchado en el debate público. 

Sencillamente tales élites no están dispuestas a permitir ningún otro dogma que el relativismo moral que promueven, atacando al mismo tiempo a la iglesia por su dogmatismo. ¡Qué ironía! Afirman dogmáticamente que es dañino ser dogmático respecto a los valores morales. 

De ese modo pretenden convencer a la población que ir en contra de su agenda es promover un discurso de odio, oponerse al progreso, y limitar la libertad del individuo.

Pero lo cierto es que este relativismo moral está siendo levantado sobre una serie de argumentos engañosos, muy bien mercadeados por esta élite urbana, disfrazando de progreso esta peligrosa y destructiva dictadura ideológica.

Uno de esos argumentos engañosos es que la diversidad cultural necesariamente va de la mano con el relativismo moral. “Si vamos a respetarnos mutuamente, debemos echar por tierra los valores morales absolutos”, dicen; cuando lo cierto es que hay valores morales que evidentemente están por encima de la diversidad cultural. 

Permítanme poner un ejemplo.

Cuando Guillermo Carey fue como misionero a la India se opuso militantemente a la práctica del satí, el rito de quemar viva a la viuda juntamente con el cadáver de su marido. Y todos aplaudimos esa iniciativa, porque aceptamos implícitamente una norma moral absoluta que trasciende los límites nacionales y las preferencias personales.

Y lo mismo podemos decir de la mutilación genital femenina que se practica todavía en algunos países africanos y del Medio Oriente; estoy seguro que esta élite “progresista” no dudaría en catalogar esta práctica como “violencia contra la mujer”, porque eso es precisamente lo que es, independientemente de la diversidad cultural.

Otro de estos argumentos engañosos es que el mejor tipo de sociedad es aquella que se rige por normas seculares, completamente desconectadas de toda creencia religiosa. Pero, ¿acaso es posible construir un estado absolutamente secular? Por supuesto que no, por la sencilla razón de que el estado tiene que lidiar constantemente con cuestiones que servirán de base a la promulgación de las leyes, tales como valores, la moralidad, el significado de la vida o la identidad humana, temas que no pueden ser debatidos desde una postura netamente secular.

De una forma u otra todos traeremos a la mesa de discusión nuestros propios conceptos sobre la existencia o inexistencia de Dios, o nuestras propias ideas de lo que constituye el bien mayor, tanto para el individuo como para la colectividad.

Es discriminatorio, entonces, tratar de acallar la voz de los cristianos en este foro público, sobre la premisa de que nuestras opiniones son religiosas porque, a final de cuentas, todas las opiniones que se emitan en esa plataforma serán tan esencialmente religiosas como los argumentos religiosos que se quieren echar a un lado.

Pensemos en el aborto, por ejemplo. ¿Cómo vamos a determinar la naturaleza del nonato? ¿Quién define el momento en que una vida humana comienza a ser sagrada y digna de protección? O ¿cuáles son los valores que debemos colocar como prioritarios al legislar sobre este asunto, el derecho que tiene la madre a decidir si continúa con el embarazo o el derecho que tiene la criatura en gestación a ser protegida?

Cualquiera que sea nuestro proceso de argumentación, será imposible mantenerlo en un terreno netamente secular. De modo que, si los cristianos abogamos por una sociedad sustentada por valores morales absolutos, de ninguna manera estamos atentando contra la separación de la iglesia y el estado (una idea, por cierto, que surgió dentro del seno del cristianismo).

En una democracia liberal se debe permitir en el debate la participación de todos los que tengan algo que aportar, cualquiera que sean sus convicciones religiosas o filosóficas. Este es un principio fundamental de toda democracia deliberativa.

De manera que no es el odio ni la discriminación fanática lo que motiva nuestro discurso, sino la genuina preocupación por el bien común. Como se ha dicho muchas veces, las ideas tienen consecuencias. Y como ciudadanos dominicanos tenemos una sincera preocupación por el país que amamos y por el legado que estamos dejando a las generaciones futuras.

Amordazar a la iglesia y desterrarla del foro público no es más que una muestra de esa dictadura ideológica que nos quieren imponer a la fuerza, y que sistemáticamente continuará acallando todas las voces que se opongan a su agenda y a sus dogmas.

Quiera el Señor conceder a la República Dominicana gobernantes y legisladores que se opongan a esta élite urbana, para que podamos mantener nuestra democracia y los valores sobre los que se construyeron nuestra identidad dominicana, y que valientemente nuestros próceres plasmaron en nuestro escudo: Dios, Patria y libertad.

P. Sugel Michelén. La voz de la iglesia en una nación democrática. Publicado el 18 de Junio, 2020. https://acento.com.do/opinion/

Salmo y anti-salmo

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Señor,

mi corazón no es soberbio,

ni mis ojos altivos,

no ando tras las grandezas,

ni en cosas demasiado difíciles para mí,

sino que he calmado y acallado mi alma.

Como un niño destetado en el regazo de su madre,

como un niño destetado reposa en mí mi alma.

Espera, oh Israel, en el Señor, desde ahora y para siempre.

Salmo 131:1-3

La fe nos libra de nuestro problema mayor: la orgullosa voluntad. Vean la dinámica de las palabras: “no soy superior a otros, no intento lo imposible, no me aferro a mis opiniones.” Interesante. Vemos los resultados, no el proceso. Pero para decir “no soy tal cosa” primero hay que identificar la cosa.

¿Qué nos produce ruido interior? David Powlison nos invita a hacer el ejercicio de convertir el salmo en su opuesto, un anti-salmo:

Yo,

mi corazón es orgulloso (me absorbo en mí mismo)

y mis ojos son altivos (los demás son inferiores)

y busco cosas grandes y difíciles para mí.

Por supuesto que estoy ruidoso e inquieto; es lo natural,

como niño hambriento en el regazo de su madre,

como niño hambriento, inquieto con mis demandas y  preocupaciones,

disperso mis expectativas sobre cualquier cosa y sobre todos, todo el tiempo.

¿Se dan cuenta? El ruido ahora tiene sentido, hasta es posible identificar con exactitud de dónde proviene. He ahí nuestra esclavitud a la corrupción presente en el mundo por causa de la concupiscencia (2 Pedro 1:4).

[Solo una cosa es lo suficientemente fuerte para vencer una vida tormentosa: lo que Dios ha prometido hacer en y a través de Cristo.  De parte de Dios, escapamos de nosotros al ser amados por Cristo mediante la poderosa presencia del Espíritu Santo. De parte nuestra, escapamos de nosotros al aprender un estilo de vida de arrepentimiento inteligente, fe genuina y obediencia específica].

SEEING WITH NEW EYES. Ch.4, Peace, be still. pp.75-89; David Powlison. 

 

Identifica tus ídolos

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Apocalipsis 2:4-5 Pero tengo esto contra ti:que has dejado tu primer amor. 5Recuerda, por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete, y haz las obras que hiciste al principio; si no, vendré a ti y quitaré tu candelero de su lugar, si no te arrepientes.

¿En qué estado se encuentra en ti la luz de la Presencia de Dios? O eres de las que tienen forma sin poder y/o actividad sin fruto? 

Recuerda: en pocas palabras o frases, escribe cómo fueron tus tiempos cuando sentías el más puro y sincero afecto por Cristo. Piensa en los hábitos, sentimientos, actitudes, libertades y efectividad.

Arrepentimiento. Escribe los pecados de tu vida. Cuidadosamente considera la lista de más abajo y pide al Espíritu Santo que abra tus ojos a todas aquellas áreas de desobediencia. Ora por la gracia para cambiar sincera y profundamente corazón y acciones. No acortes tu evaluación. Y no te engañes. Cualquiera puede nombrar sus pecados, solo Dios da la determinación para parar toda actividad pecaminosa, corregir cada error, caminar en obediencia. Arrepentimiento bíblico es esta determinación dada por el Señor así como verdadero aborrecimiento de cada pecado.

Lee con cuidado. Señala o marca las áreas que requieren mayor reflexión a medida que escribes tus pecados.

  1. ¿Hay pecados de orgullo, preocupación por tu apariencia o por tu estatus, querer salirte siempre con la tuya, dirigir la atención de una conversación hacia tu persona, autocompasión, olvido o desconsideración de otros debido a tu auto-absorción? ¿Actúas como si supieras todo? ¿Hay rebelión, voluntariedad, obstinación, arrogancia, berrinches, hipersensibilidad, menosprecio o actitudes de menosprecio a las autoridades que Dios ha colocado en tu vida? ¿Has permitido que entre amargura, ira, rudeza, lenguaje filoso hacia otros? ¿Tienes falta de amor? ¿Has dejado relación sin enmendar? ¿Has sido poco perdonadora?
  2. ¿Hay pecados de la lengua como lenguaje áspero, o sucio, crudeza, vulgaridad, pesimismo continuo a pesar de la luz de la bondad divina, juicio de otros?
  3. ¿Eres materialista, siempre preocupada por tu dinero y por lo que tienes, deseando más y más, insistente en tener lo último y lo mejor, descontenta con lo que Dios te ha dado, ingrata? ¿Eres deshonesta, hablando medias verdades para aparecer mejor de lo que eres? ¿Has robado bienes, tiempo, información? ¿Has robado a Dios?
  4. ¿Eres inmoral de mente o cuerpo¿ ¿Dejas que la impureza o cosas sin valor se presenten a tus ojos? ¿Flirteas, te vistes, hablas o conduces con sensualidad? ¿Tienes amor secreto por lo impuro?
  5. ¿Eres envidiosa o celosa de otros? ¿Adoras y sirves a Dios con medio corazón? ¿Eres de poca oración? ¿Olvidas Su Palabra? ¿Desconfías de Dios, o le haces aparecer como Padre despreocupado o no amoroso? ¿Te preocupas?
  6. ¿Te has involucrado de alguna manera en lo oculto, consultado espíritus, astrología o adivinos?
  7. ¿Hay pecados de sobre-indulgencia, complaciendo al cuerpo sobre todo? ¿Te despreocupas del clamor de otros empobrecidos o incapaces de defenderse a sí mismos?
  8. ¿Eres poco amorosa o cuidadosa hacia otros de diferente clase social o económica?
  9. ¿Eres desconsiderada de las necesidades reales de tu familia o las necesidades de otros creyentes?
  10. ¿Hay algún otro pecado que el Espíritu Santo traiga a tu mente?

Escribe con todo detalle lo que Dios te muestra. Tus pecados quizás hayan sido cometidos años atrás, pero permanecen sin resolver, o quizás estén presentes en tu experiencia. Resuelve cada pecado del cual te has arrepentido.

¿Te has arrepentido de estos pecados?

Haz las primeras obras. El fruto del arrepentimiento se llama obediencia. ¿Qué te ha mostrado Dios? ¿Cuáles hábitos renovar? ¿Qué relaciones restaurar? ¿Qué o cuál confesión pública o privada por hacer? Escribe lo que vas a hacer y comienza a obedecer ahora mismo. Y rinde cuentas: dile a una de tus íntimas lo que harás.

Para continuar amando:

Depende de Dios. La vida de fe es la única vida que honra a Dios. Amar a Dios es fruto del Espíritu de Dios; por tanto, en tu celo de amor mediante obediencia también confía por la voluntad y capacidad; no culpemos al Señor por nuestra falta de deseo o por la desobediencia (Filipenses 2:12-13; 3:15-16; Hebreos 11:6).

Renueva tu mente. Meditar transforma. (Romanos 12:1-2; Juan 17:17; Proverbios 23:7).

Ten cuentas cortas. (Romanos 6:12; Apocalipsis3:19; Mateo 5:23-24; 18:15).

Regocíjate en el Señor. (Filipenses 3:2; Mateo 5:4).

Tomado de: Returning to your first love. Jim Elliff, www.ccwtoday.org

Algunos principios…

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…para hacer el bien con sabiduría.

Las Escrituras me mandan a hacer el bien, especialmente a los de la familia de la fe (Gálatas 6:10).

Las Escrituras me dicen que hay promesa de gran bendición a los que perseveran en bien hacer: la vida eterna (Romanos 2:7).

Las Escrituras me dicen que no busque mi propio bien, sino el de mi prójimo (1 Corintios 10:24).

Las Escrituras me exhortan a no cansarme de hacer el bien, pues en el tiempo de mi Señor y Rey segaremos si no hemos desmayado (Gálatas 6:9).

Las Escrituras me muestran cuál es la voluntad de Dios: hacer el bien, para con el bien hacer callar la ignorancia de los hombres (1 Pedro 2:15).

Las Escrituras me enseñan que hacer el bien tiene un precio: sufrir (1 Pedro 3:17).

Las Escrituras advierten de un peligro al hacer el bien: a) no ser tropiezo a nadie, para que la obra de bien que hagamos o el ministerio no sea vituperado (2 Corintios 6:3); b) no ser tropiezo haciendo el bien, de tal forma que nadie se aparte de Cristo (Romanos 14:15-16).

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ah, la conducta…

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Eso que procuro…

  1. ¿Es legítimo?
  2. ¿Me beneficia?
  3. ¿Me esclaviza?
  4. ¿Es consistente con el señorío de Cristo?
  5. ¿Es de ayuda para otros?
  6. ¿Es consistente con el ejemplo bíblico?

 

Sinclair Ferguson. DISCOVERING GOD’S WILL.