Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.
Dios es fiel para cumplir sus promesas. Pero si usted es como la mayoría de los cristianos, es probable haber sentido que Él le ha decepcionado en algún momento. Tal vez encontró una promesa en la Biblia y tuvo fe en que el Señor se la cumpliría, pero no lo ha hecho. El problema no es la fidelidad de Dios; lo más probable es que usted haya malentendido la promesa. Por tanto, al evaluar si un pasaje se aplica a usted, hágase estas preguntas:
■ ¿ES LIMITADO O PERTENECE A TODOS LOS CREYENTES? Ciertas promesas bíblicas fueron dadas a un individuo en particular, mientras que otras fueron para toda la nación de Israel. Y a veces una promesa se refería a un evento o circunstancia específica.
■ ¿HAY UNA CONDICIÓN PARA LA PROMESA? Si es así, debemos cumplir ese requisito. De lo contrario, no se aplicará a nosotros.
■ ¿ESTOY ORANDO POR UNA NECESIDAD O POR UN DESEO? Dios nos asegura que Él dará todo lo que considere necesario para hacer su obra en nuestra vida, «Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia,» (2 Pedro 1:3). Pero eso no incluye todo lo que queramos, a menos que sea alineado con la voluntad de Dios.
Estas directrices nos ayudarán a discernir qué promesas son para nosotros. Pero debemos recordar que algunas podrían cumplirse solo en la eternidad. Cuando ese sea el caso, podemos mirar a los santos de Hebreos 11 como modelos a seguir. Ellos le creyeron a Dios, aunque no vieran cumplidas sus promesas.
Lee, Medita y Aplica!
Anónimo