Génesis 25:32-34

Estándar

Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura. Génesis 25:32-34.

Muchas personas piensan poco en las consecuencias de sus decisiones. Como resultado, luego sacrifican bendiciones futuras por placeres presentes. Lo cual no es nada nuevo, al punto que lo vemos en el primer libro del Antiguo Testamento.

Dominado por sus necesidades y deseos inmediatos, Esaú no valoró el privilegio de su primogenitura. En ese tiempo, el hijo mayor recibía una doble porción de la herencia de su padre, junto con el liderazgo de la familia. Pero en esta situación particular, había mucho más en juego: la primogenitura contenía las bendiciones del pacto que Dios había hecho con Abraham. A Esaú no le importó su herencia espiritual, así que la vendió por una comida.

El hecho de encontrarnos lejos de esa transacción particular hace que sea fácil ver la insensatez de la decisión de Esaú. Pero ¿y usted? ¿Sacrifica las bendiciones espirituales de Dios por una ganancia a corto plazo? Quizás pasa muchas horas trabajando, o practicando un pasatiempo, o en las redes sociales, pero reserva poco tiempo para dedicarlo a la Palabra de Dios y a la oración.

Usted puede proteger su futuro rindiéndose al control del Espíritu Santo y siguiendo lo que las Sagradas Escrituras consideran más valioso: conocer, amar, obedecer y servir a Dios. Esta inversión cosecha bendiciones a largo plazo, que continúan en la eternidad.

«Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.» (Juan 6:27).

Lee. Medita. Aplica.

Mateo 5:48

Estándar

Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Mateo 5:48

Jesús enfrentó a gran oposición durante su ministerio cuando no estuvo de acuerdo con la teología judía contemporánea, “Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?” (Mateo 15:3). Como era hipocresía, rechazó la presunta devoción de los fariseos.

Muchos en su época decían: “¿Estará Jesús diciendo una verdad nueva? ¿Estará realmente hablando en nombre de Dios? Él no dice lo que dicen los fariseos. En realidad, dice lo opuesto de lo que se nos enseña”.

Jesús dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17). Jesús no condenó la ley del Antiguo Testamento, sino que condenó la tradición que se había creado alrededor de ella. Los guías religiosos habían pervertido tanto la ley de Dios que Jesús declaró: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20).

Es necesario autoevaluarnos, ¿está descansando nuestra fe en nosotros mismos? en lo que hacemos por Dios? ¿O en la única y suficiente obra que es recibida en el cielo como válida? ¡La obra del Señor Jesucristo!

Lee. Medita. Aplica.

2 Corintios 4:17-18

Estándar

Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. 2 Corintios 4:17-18

La adversidad puede agotarnos, sobre todo cuando se prolonga. A veces pareciera como si nos estuviéramos moviendo de un problema a otro. ¿Qué hacer cuando pareciera que Dios no responde nuestras oraciones?

Un rasgo notable del apóstol Pablo era su determinación a permanecer fiel a Cristo en medio de la adversidad. Muchos cristianos se quedan atascados en las dificultades de la vida porque no entienden lo que Dios está haciendo.

Nuestra manera de reaccionar ante las dificultades revela tanto nuestro carácter como nuestro conocimiento de Dios. Es fácil decir: “Confío en el Señor” cuando la vida es buena, pero a menos que reconozcamos que también es soberano, incluso en la adversidad, nuestra alabanza pronto se convertirá en quejas y autocompasión. 

Servimos a un Dios digno de nuestra fe y confianza. Cada prueba es una oportunidad para que la luz de Cristo brille a través de nosotros. También es uno de los medios que Dios usa para madurar nuestra fe, conformarnos a la semejanza de su Hijo y cumplir su plan especial para nuestra vida. 

Lee. Medita. Aplica.

Lamentaciones 3:22-23

Estándar

Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Lamentaciones 3:22-23.

La bondad de la fidelidad de Dios con los creyentes es evidente en todo momento, ya que, aunque le seamos infieles, Él permanece fiel a nosotros.

El profeta Miqueas se regocijó en la fidelidad de Dios: “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia” (Miqueas 7:18).

Siempre que lo necesite, puede confiar en la fidelidad de las promesas de Dios:

“Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré” (Salmos 91:15); “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

Lee. Medita. Aplica.

Romanos 6:13

Estándar

Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Romanos 6:13

Uno de los roles del Espíritu Santo es hacer que los creyentes tengamos conciencia de las actitudes y acciones que son contrarias a la voluntad de Dios. Si decidimos resistir el convencimiento, trataremos de acallar la voz del Espíritu Santo, lo cual significa, por lo general, dar al Señor menos de nuestro tiempo o nada en absoluto. En consecuencia, el pecado no confesado nos alejará del Padre en vez de deleitarnos en nuestra relación con Él.

Pecar suele sentirse bien por un tiempo. Por ejemplo, podemos justificar nuestra amargura cuando la otra persona nos ha hecho daño. A veces, queremos aferrarnos al resentimiento y prolongar nuestro sentido de validación. Como cristianos, sin embargo, no deberíamos manejar nuestra vida por emociones. Hemos de tener en cuenta la verdad de Dios: la Biblia dice que si nos negamos a confesar y arrepentirnos, el pecado esclavizará nuestro corazón y destruirá nuestro testimonio.

«El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.» (Proverbios 28:13).

Satanás nos tienta con pecados que harán sentir bien a nuestro ser natural: un hábito que produce placer o consuelo es más fácil de justificar que uno que parezca repulsivo. Pero en realidad, ningún pecador es feliz siguiendo la maldad. El gozo auténtico se encuentra solo en la unidad con el Señor. 

Lee. Medita. Aplica.

Santiago 1:17

Estándar

Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto… Santiago 1:17

Lo que viene de Dios es bueno y es perfecto. Dios nunca producirá lo malo porque su naturaleza es buena. Mientras que nosotros tenemos una naturaleza que da origen al pecado, Dios no es así.

¿Por qué trataríamos de satisfacernos con malos deseos que dan por resultado la muerte cuando Dios está derramando todo lo que pudiéramos desear para nuestra satisfacción?

Solo un necio sería atraído con semejante trampa cuando tiene a su disposición toda la bondad de Dios por su misericordia. De igual modo puede compararse nuestra carne con un pozo de aguas estancadas. Es absurdo creer que pudiéramos satisfacernos bebiendo de él cuando podemos acudir a la fuente de agua viva misma que nos da toda buena dádiva y todo don perfecto. 

«Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.» (Eclesiastés 12:13).

Lee. Medita. Aplica.

1 Tesalonicenses 5:18

Estándar

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

1 Tesalonicenses 5:18.

Un corazón agradecido es esencial para el servicio espiritual. Si trata de servir al Señor, sin gratitud en su corazón por lo que El ha hecho por usted, entonces está sirviendo en la carne con motivos incorrectos. Alguien que es agradecido comprende que Dios tiene una razón para todo lo que ocurre. Alguien que sirve de forma externa, legalista o ritual no hallará muchas cosas por las cuales estar agradecido en su vida, porque no es agradecido por las cosas que Dios ya ha hecho por él.

¿Tiene usted un corazón agradecido? ¿Se siente entusiasmado con acción de gracias por lo que Dios ha hecho? Si es así, entonces no sentirá amargura ni resentimiento hacia Dios ni hacia nadie más, aún cuando esté pasando por un período de aflicción. 

Hay mucho de qué estar agradecido. A menudo Satanás nos tienta diciéndonos: “Mereces algo mejor que eso. No tienes por qué estar agradecido”. Pero cuando lo haga, cerciórese de recordar por cuántas cosas tiene que estar agradecido.

«Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.» (Gálatas 1:3-5).

Lee. Medita. Aplica.

1 Timoteo 1:18-19

Estándar

Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia, manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual algunos naufragaron en cuanto a la fe (1 Timoteo 1:18-19).

Dios nos dio el regalo de la conciencia como brújula moral, si la ignoramos, naufragamos o iremos a la deriva. Al escribir a Timoteo, Pablo le encargó al joven que guardara las verdades de la fe y una buena conciencia. Ignorar cualquiera de ambos consejos pondría en peligro a Timoteo.

La conciencia es un monitor interno que juzga nuestras acciones como correctas o incorrectas, pero ella está alterada y necesita ser redimida. Dependiendo de cómo haya sido programada, nuestra brújula moral tiene incluso el potencial de empujarnos en la dirección equivocada.

Pablo mismo es una ilustración de ello. Su educación formal como fariseo le había enseñado que los cristianos eran una amenaza para Dios y la fe judía. Su conciencia había sido programada para pensar que matarlos sería un servicio al Señor. Persiguió ferozmente a los creyentes sin una pizca de sentimiento de culpa. Solo después de que Cristo literalmente chocara con Pablo en el camino a Damasco, su sentido interno del bien y del mal fue transformado, y el rumbo de su vida cambió.

Necesitamos que las verdades de la fe moldeen y modulen nuestra conciencia para poder confiar en que ella nos guíe en la dirección correcta (evitar una conciencia sinceramente equivocada). Tome un momento para preguntarle al Señor si hay algo que está nublando sus señales internas, examínese y confíe en las promesas de Cristo.

«Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.» (Proverbios 3:5-6).

Lee. Medita. Aplica.

-Anónimo-

Mateo 5:14

Estándar

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder (Mateo 5:14).

El apóstol Pablo observó al mundo pagano y llegó a la conclusión de que su manera egoísta e inútil de pensar lleva al entendimiento entenebrecido y a un corazón endurecido. Esto, a su vez, conduce a insensibilidad al pecado y a la conducta sin pudor, que entonces lleva a la obscenidad desvergonzada. 

«Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.» (Romanos 1:21).

Y no es en muy diferente a la actualidad.

Los creyentes ni siquiera hemos de tener el mínimo interés en alguna de las malvadas características de los incrédulos. Debemos ser una luz sobre un monte, separados del mal que nos rodea. Hemos de ser diferentes. No puede esconderse una ciudad sobre un monte. Debemos levantarnos como sal y luz. Pero si somos corrompidos por el sistema, somos inservibles.

Nuestro bendito Señor Jesucristo nos compró a costa de su propia vida. Nos dio una nueva naturaleza que es santa, sin mancha y santificada para siempre. Solo nos pide que vivamos conforme a lo que nos ha dado, abandonando nuestra vieja manera de vivir y adoptando la nueva.

«Vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.» (Efesios 4:24).

Lee. Medita. Aplica.

-Anónimo-

Mateo 23:12

Estándar

Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido (Mateo 23:12).

El orgullo es engañoso. De hecho, la persona orgullosa suele ser la última en darse cuenta de la condición de su corazón. Este fue el caso de los escribas y fariseos a quienes el Señor confrontó. Se consideraban buenas personas que guardaban la ley de Dios, no veían su deseo de prominencia y respeto como evidencia de orgullo.

Lo mismo ocurre hoy: nuestra búsqueda de reconocimiento y validación sigue fluyendo del orgullo. Quizás queremos que alguien nos agradezca por el trabajo que hemos hecho, y si no lo hace, nos resentimos o comenzamos a sentir lástima de nosotros mismos. O tal vez nuestro orgullo se manifieste con una actitud de superioridad, y en secreto nos consideramos mejores que los que nos rodean. Podemos incluso optar por asociarnos con personas notables y respetadas, mientras ignoramos a aquellos que no lo son.

Sin embargo, mientras perseguimos la admiración, nuestro espíritu se marchita porque nos hemos vuelto orgullosos. La única solución es volver a Dios y humillarnos ante Él, confesando nuestro pecado y reconociendo los aspectos de nuestra vida que han sido afectados por el orgullo. Luego debemos pedirle al Señor que nos ayude a mantenernos alertas ante cualquier actitud de exaltación personal que aparezca, para que podamos arrepentirnos y caminar en obediencia otra vez.

Una de las maneras más efectivas de vencer el orgullo es mirar el ejemplo de Cristo. No había nada en nosotros que justificara su amor y salvación. Solo éramos dignos del infierno, pero se humilló para convertirse en hombre, morir en nuestro lugar y ofrecernos salvación eterna. ¡A Él sea la gloria por siempre!

«Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.» (Filipenses 2:5-8).

Lee. Medita. Aplica.

-Anónimo-