Juan 1:16

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Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.

¿Es la experiencia de la gracia de Dios en su vida algo emocionante? Es conmovedor el solo pensar en el hecho de que Dios, por su propio plan soberano, decidió tener misericordia conmigo.

Él derramó su gracia sobre mí. Él perdonó todos mis pecados. Me dio la presencia interior del Espíritu Santo. Me dio el entendimiento de su Palabra. Me llamó al ministerio espiritual. Todos los días me da abundante comunión con los santos, y me gozo en ser parte de su pueblo redimido. Él me permite ver el mundo como la obra de sus manos. Soy su hijo, y Él me ama de una forma personal.

No hay nada mejor que recibir gracia sobre gracia. Pido a Dios que esa sea la experiencia de usted.

«Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!» (Romanos 11:32-33)

Efesios 4:1

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…Que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados.

¿Tiene idea de cuán supremo llamamiento es servir a Cristo?

Pablo dijo: “…Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10). También dijo: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados”  (Efesios 4:1).

En los tiempos antiguos, a un vencedor en los juegos olímpicos se le preguntó una vez: “Espartano, ¿qué ganarás con esta victoria?” A lo que respondió: “Señor, tendré el honor de luchar en la línea del frente para mi rey”. ¿Es Cristo tu Rey? ¿Cuál es tu respuesta?

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Filipenses 1:21

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Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.

Personalice el versículo de hoy llenando los espacios en blanco:

“Porque para mí el vivir es___, y el morir es ___”.

Si usted puso riqueza en el primer espacio, el morir no es ganancia, sino pérdida. Lo mismo puede decirse si usted escogió prestigio, fama, poder o posesiones, ya que ninguna de esas cosas permanece después de la muerte: se pierde el prestigio, se olvida la fama, el poder es inútil y otros se quedan con las posesiones. Para que el versículo de hoy tenga sentido como lo escribió Pablo, solo Cristo puede llenar el primer espacio en blanco. De otra manera, la muerte es inevitablemente una pérdida. La Biblia lo explica de esta manera; «Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.» (Apocalipsis 20:14-15)

Algunos que lean esto dirán que pusieron a Cristo en el espacio en blanco. Pero si lo piensan bien comprenderán que lo que en realidad quisieron decir fue Cristo más la riqueza, Cristo más el poder o Cristo más las posesiones. Cristo no comparte el primer espacio con ninguna otra cosa. Los que verdaderamente viven para Cristo no tienen temor alguno de la muerte y hacen el mejor uso de la vida, glorificando a Cristo en ambos casos. 

«…Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.» (Eclesiastés 12:13-14).

«Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.» (1 Juan 2:16-17).

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Mateo 20:26-28

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Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Servir a Dios no es opcional. La gente inventa todo tipo de excusas: demasiado viejo, demasiado joven, demasiado ocupado, demasiado cansado, demasiado enfermo… la lista es interminable. Pero cualquier razón carece de valor según las Sagradas Escrituras, que nos dicen que los creyentes somos, “…creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2.10).

El servicio no depende de la salud, la edad o la experiencia. Conozco hombres y mujeres postrados en cama que dedican su día a la oración de intercesión. Y he conocido a creyentes que nunca estudiaron en un seminario y que, sin embargo, se esfuerzan por discipular a nuevos creyentes. La diferencia entre estas personas y quienes ponen excusas es la actitud. Si nos vemos como siervos, estaremos enfocados en Dios y dependeremos del Espíritu Santo. Pero si nos pasamos preocupados sobre cómo, cuándo y a qué costo trabajamos para el Señor, entonces somos egocéntricos y de poca utilidad para Él.

Un día compareceremos ante Dios, y Él nos pedirá cuentas de cómo usamos los talentos y los dones espirituales que nos fueron dados. ¿Qué podremos decirle, que pueda justificar el desatender las oportunidades que nos dió para usar esos dones? Ninguna excusa será aceptada. La entrega completa a la voluntad de Dios es la clave para agradarlo y crecer en santidad.

«Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.» (2 Corintios 5:10).

El Señor nos da talentos y habilidades con un propósito, y nos equipará para un mayor servicio a su reino. Si le servimos de todo corazón, podremos esperar escuchar; «…Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.» (Mateo 25:21) 

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Salmo 145:5-7

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En la hermosura de la gloria de tu magnificencia, y en tus hechos maravillosos meditaré. Del poder de tus hechos estupendos hablarán los hombres, y yo publicaré tu grandeza. Proclamarán la memoria de tu inmensa bondad, y cantarán tu justicia.

Cuando surgen los problemas, ¿cuál es su enfoque principal: el problema, la manera en que le afecta a usted o el efecto en los demás? En los momentos difíciles, David meditaba en la suficiencia del Señor y en su buena, agradable y perfecta voluntad. Ese enfoque es evidente no solo en el salmo de hoy, sino también en otros: a lo largo de su vida, David entregaba sus problemas a Dios y ponía su atención en Él. El resultado eran nuevas fuerzas y esperanza para su alma.

Dado que David tenía una relación de confianza con Dios, enfrentaba las pruebas esperando la ayuda divina. Por ejemplo, su inminente lucha con Goliat le hizo recordar el poder liberador de Dios en el pasado y el presente, «Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo…» (1 Samuel 17:37). Al enfrentar las amenazas y los avances homicidas del rey Saúl, David confiaba en la protección del Señor como su refugio y fortaleza, «Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.» (Salmos 18:2). Y cuando se afligía por la pérdida de sus seres queridos, dejaba que la presencia y la consolación del Padre celestial llenaran su corazón y su mente, 

» …mas David se fortaleció en Jehová su Dios.» (1 Samuel 30:6).

Como en el caso de David, nuestras circunstancias también pueden servir como estímulo para meditar en la Palabra. Dios nos ha dado su Palabra, un recurso maravilloso donde su carácter, obras y propósitos se muestran con claridad. Cuando llegue algún problema, utilícelo como recordatorio para meditar en algún atributo del Señor y obtener fuerzas y esperanza.

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Lucas 15:7

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…Habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

Al principio de la parábola de la oveja perdida, Jesús pregunta: “¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?” (Lucas 15:4). Cualquier pastor buscaría una oveja perdida, ya que no se trata solamente del deber, sino de afecto.

Después de encontrar a la oveja, el pastor en esa parábola fue a su casa e invitó a sus amigos y vecinos para celebrar con ellos. El gozo del pastor era tan grande que tenía que expresarlo.

El verso de hoy es la conclusión de esa parábola y una esperanza para los cristianos de hoy. Así como el pastor se regocija por la oveja perdida, nuestro Buen Pastor (Jesucristo) se regocija por el pecador arrepentido, por haber encontrado a su oveja perdida.

«Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,» (Hechos 3:19).

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Colosenses 4:2

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Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias;

La oración es una prioridad para todo cristiano. Si Cristo, que era el Hijo de Dios, se escabullía a menudo para hablar con su Padre, ¡entonces nosotros seguramente la necesitamos aún más! Sin la oración y la lectura de la Biblia, somos propensos a sentirnos desanimados y distantes de Dios.

Cuando se avecinan problemas, ¿busca usted opciones creadas por el hombre en lugar de llevar sus preocupaciones al Señor? Buscar cualquier otro tipo de soluciones solo aleja de Dios y de su voluntad. Es más, son efímeras en el mejor de los casos y fracasos totales en el peor. En tales condiciones, el desánimo es inevitable. Pero un creyente que está inmerso en la oración y la lectura de las Sagradas Escrituras encuentra seguridad en el poder y la presencia de Dios.

Aunque el hábito de descuidar la oración tiene consecuencias negativas, la dirección puede revertirse en cualquier momento. Primero, confiese su falta de oración. Luego, pida al Señor que le dé las fuerzas y el deseo de hacer de la comunicación con Él una disciplina. Luego, reserve un tiempo cada día para leer su Biblia y orar. En esos momentos de comunión, Él aliviará las cargas, le dará ánimo y le llenará de confianza en cuanto a su fidelidad y el cuidado que tiene de usted. 

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Salmo 25:16-17

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Mírame, y ten misericordia de mí, Porque estoy solo y afligido. Las angustias de mi corazón se han aumentado; Sácame de mis congojas.

¿Qué hemos de pensar al orar, pero el Señor no responde? Como seres limitados por el tiempo, podemos encontrar la espera muy frustrante. Sin embargo, Dios no percibe el tiempo como nosotros. Conoce el final de un asunto antes de que este haya empezado. Su conocimiento se extiende desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura, y nada se esconde de su vista.

Además, su compasión y su bondad rodean a quienes le pertenecen. Él permite que las circunstancias difíciles no nos destruyan, sino que fortalezcan nuestra fe y nos lleven a la madurez espiritual. A veces, Él retiene las respuestas porque no son espiritualmente beneficiosas para nosotros.

«Encaminará a los humildes por el juicio,Y enseñará a los mansos su carrera. Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, Para los que guardan su pacto y sus testimonios.» (Salmos 25:9-10) 

El Salmo 25.9,10 enseña que esperar en el Señor requiere al menos tres cosas:

1. Humillarnos para que Él nos muestre sus caminos, en vez de esperar que Dios actúe según nuestras preferencias.

2. Confiar en la dirección del Señor, y recordar que todos sus caminos están determinados por su amor y su bondad.

3. Ser obedientes, lo que requiere esperar y confiar en Él.

Si Dios parece lento en responder su oración, tenga en cuenta que Él no le ha abandonado, sino que le está redirigiendo a su camino. 

«Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.» (Salmos 139:23-24).

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2 Corintios 4:4-6

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En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

Piense en la luz y la oscuridad, y en el modo en que afectan su capacidad de ver. En la oscuridad no tenemos sentido de dirección ni valor para avanzar, pero en la luz todo está claro. En un sentido muy real, esta perspectiva también es válida en el ámbito espiritual. Quienes habitan en la oscuridad espiritual no pueden percibir las realidades de Dios.

Sin embargo, el Señor tiene el poder de ayudarnos a discernir la verdad. Él dijo: “…Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8.12). Por eso la frase “la luz del evangelio de la gloria de Cristo” es la descripción perfecta del mensaje de salvación. Es la buena noticia que puede trasladar a alguien de las tinieblas espirituales a la luz de Jesucristo, «el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,» (Colosenses 1:13).

Quienes hemos aceptado al Señor Jesucristo como Salvador somos ahora “hijos de luz” «Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz» (Efesios 5:8). Él nos llama a cada uno de nosotros a llevar el evangelio a un mundo incrédulo que no es capaz de ver en la oscuridad. Es importante que nuestro estilo de vida se distinga de la oscuridad que nos rodea. En sus interacciones diarias, ¿es usted un portador de luz que señala el camino hacia Cristo?

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Romanos 1:16

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Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree…

Las personas quieren cambiar. Toda publicidad se basa en la presuposición de que las personas quieren que las cosas sean diferentes de la manera en la que son. Quieren verse mejor, sentirse mejor y vivir mejor. Quieren cambiar su vida pero, salvo desde un punto de vista externo, no pueden hacerlo.

Solo el evangelio de Jesucristo tiene el poder de transformar a las personas y librarlas del pecado, de Satanás, del juicio, de la muerte y del infierno. Hechos 4:12 dice: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. Y ese nombre es Jesucristo.

Así que la Palabra de Dios, que es toda acerca de Jesucristo, puede hacer por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. Somos pecadores y no podemos remediar nuestra condición, pero de Dios viene el poder extraordinario e ilimitado que puede transformar nuestras vidas. 

«Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,» (Hechos 3:19).

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