Mateo 5:1…cuando vió la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. 2y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:
Inicia ministerio de sanidad y la gente comienza a llegar buscando remedio de problemas físicos, y se riega la voz, literalmente. Recuerden que en otras instancias, cuando Cristo sanó algún enfermo la recomendación fue “no lo cuenten a nadie.” Pero como es típico de nosotros, todo el mundo empezó a aglomerarse alrededor del Señor.
Es posible que Cristo sintiera la necesidad de alejarse de la multitud. No lo seguían por sus enseñanzas, sino por los milagros. Es interesante estudiar cómo respondió la gente a la enseñanza.
¿Quien o quiénes conforman la audiencia?
Entender esto es importante para nosotras.
La audiencia primaria son aquellos individuos que El llamó, que dejaron su trabajo y vocación, le siguen y quieren saber cuál es el asunto. De modo que Cristo dirige la enseñanza en particular a este grupo, y sabemos que es así porque al final del sermón leemos que la gente se maravillaba de su enseñanza.
La multitud –audiencia secundaria– es un montón de gente que quiere saber si Jesús es un sanador, son gente curiosa unas y enfermos otras. No están ahí porque han adoptado una causa radical y se han alejado de lo familiar. No, están ahí porque quizás encuentre algo para mí…
Ej Señor Jesús se dirige a los suyos, pero es consciente de la multitud alrededor y ocasionalmente durante el sermón se dirige a la audiencia global.
¿Por qué tomó asiento?
Era la posición tradicional de un maestro en la sinagoga o en la escuela. Pero si leemos Salmo 80:1-2 [¡Oh Pastor de Israel, escucha,
tú que conduces a José como a un rebaño!
¡Tú, que estás entre los querubines, resplandece 2delante de Efraín,
de Benjamín y de Manasés!
Despierta tu poderío y ven para salvarnos] ;
99:1 [¡El SEÑOR reina, tiemblan los pueblos!
Él tiene su trono entre los querubines;
la tierra se estremece.]
Hebreos 1:3 Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder. Y cuando hubo hecho la purificación de nuestros pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.
¿Recuerdan al Monte Sinaí?
La montaña santa, nadie podía acercarse; Dios descendía en truenos y relámpagos… el pueblo aterrorizado en pocas palabras. ¿Pero ahora? Dios presente se sienta y permite que todos se acerquen a escuchar, a su alrededor. No pierdan el contraste.
En Isaías 2:3, 700 años antes de Cristo, Muchos pueblos vendrán y dirán: “Vengan, subamos al monte del SEÑOR, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos, y nosotros caminemos por sus sendas”. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del SEÑOR«. Una idea nada popular para el pueblo de Israel, acostumbrado a temer el Monte Sinaí. Pero he aquí Dios comunicándose, enseñando sus caminos, Isaías nos extiende invitación para subir a la montaña, aprender y caminar en los senderos del Señor. Vivir el Sermón del Monte no puede separarse de sostener relaciones correctas con Jesucristo: sumisión a la soberanía y gracia de quien lo predica, porque inmerso en el Sermón encontramos la autoridad y señorío de Cristo mismo.
Una palabra de precaución.
El Sermón no es un mensaje calculado para producir la mayor cantidad de culpa en el mínimo de capítulos bíblicos: “he aquí el estándar, nadie lo llena, por tanto a recogerse y hacerlo mejor.” No.
Es verdad que nos quedamos cortas, pero el propósito general es tener una visión gloriosa de lo que el Señor quiere para nosotros. Nos describe el estilo de vida real (de realeza), el nuevo patrón de conducta dentro del nuevo reino al cual hemos entrado. No se trata de una vida ideal en un mundo ideal, sino de la vida del reino en un mundo caído.
¿Cómo reaccionaremos?
Una palabra más: abrió su boca y les enseñaba..
¿Es obvio, verdad? Pero la expresión es idiomática, una fórmula tradicional que enfatiza el propósito y la sobriedad de lo que viene. Mateo hace énfasis, ¿quién hablará? Una y otra vez el uso es de pronombres personales: El, Su, de El.
¿Quién es el objeto indiscutible de lo que estudiaremos? Cristo mismo.
Al inaugurar el reino de los cielos, El abre su boca y enseña (como en Génesis… y Dios dijo) con todo el peso y autoridad, de una manera que nadie estaba acostumbrado.
Observen la cercanía.
Isaías 2:3, 700 años antes, escribió “y vendrán muchos pueblos, y dirán: venid, subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob, y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.”
La pura idea habría aterrorizado al pueblo, y sin embargo Isaías promueve la invitación “ven, subamos a la montaña de Jehová” y escuchemos sus enseñanzas y caminemos en sus sendas!