En un restaurant

Estándar

Esa mujer hermosa sentada a mi vera

no se cansa de hablar, de fumar, de contarle

tantas cosas inútiles a su compañero,

alardeando de su encanto al mismo tiempo.

Su tolerante amigo no la oye, no le escucha.

Ni una sola mirada fija en sus ojos.

Ni un solo latido de su corazón se esparce.

Cual seres extraños ambos se aburren.

Resignado en su soledad él pide la cuenta.

Apenas un primer bocado ha probado.

Ella su copa de vino no ha degustado.

Saldada la cuenta tranquilamente se levanta.

Sin decir adiós, abandona su silla.

Ella asombrada lo ve marcharse.

Cuando muere el amor todo termina.

¡No hay peros que valgan!

Luis Scheker Ortiz. Rep. Dominicana

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