Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo. Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.
El Señor quiere fortalecer nuestra fe para que podamos permanecer firmes en su gran poder. Lo hace poniéndonos en situaciones desafiantes que están más allá de nuestras fuerzas. Si confiamos en nosotros mismos, fracasaremos. Pero descubriremos la gran fidelidad de Dios si imitamos el ejemplo de David en el pasaje de hoy:
LA MOTIVACIÓN DIVINA. El deseo del joven pastor de ovejas era defender el nombre del Señor. En medio de nuestros problemas, debemos examinar lo que nos motiva para asegurarnos de que está centrado en Cristo y no en nosotros mismos.
RECONOCIMIENTO DE LA NATURALEZA DE LA BATALLA. La lucha de David en el ámbito físico fue contra Goliat. Pero la verdadera batalla era espiritual, al igual que la nuestra, «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:12).
RECUERDO DE LA FIDELIDAD DE DIOS EN EL PASADO. La confianza de David se basaba en el poder del Señor que le permitió proteger a sus ovejas de los animales salvajes. Aunque usted sea un nuevo creyente, también tiene una historia de la fidelidad de Dios que le fortalece y alienta.
DEPENDENCIA DEL SEÑOR. David no confiaba en armaduras o armas tradicionales; creyó en que el poder de Dios dirigiría una pequeña piedra a la cabeza de Goliat.
Aquel que venció el pecado, también velará por usted, le fortalecerá y le cuidará en cada situación. Confíe en Él.
«Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.»
(Isaías 26:4).
Lee, Medita y Aplica!
Anónimo