No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.
El resentimiento es un suelo fértil para la maleza. Es la fuente de lo que puede destruir nuestra relación con otras personas y con Dios. A veces se disfraza, por ejemplo, cuando una persona dice que ha perdonado las ofensas pasadas, pero demuestra amargura. El resentimiento puede aferrarse en el corazón y esconderse sin que uno sea consciente de ello.
Considere las siguientes preguntas y vea si necesita perdonar a alguien:
°¿Ha estado esperando que cierta persona reciba lo que se merece?
°¿Habla negativamente de esa persona a los demás?
°¿Fantasea con venganza, aunque sea leve?
°¿Piensa en lo que alguien le hizo?
°¿Qué siente cuando a esa persona le sucede algo bueno?
°¿La culpa por lo que sucedió en su vida?
°¿Le resulta difícil ser abierto y confiar en la gente?
°¿Se enoja, deprime o amarga con frecuencia?
°¿Le resulta difícil o imposible dar gracias a Dios por la persona que le ha agraviado?
Medite sobre el siguiente pasaje;
«Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” (Mateo 6:14-15)
Tómese un momento para dejar que el Señor examine su corazón. ¿Encontrará Él allí resentimiento?. Haga una resolución, y haga la siguiente petición a Dios;
«Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.» (Salmo 139:23-24)»
Lee, Medita y Aplica!
Anónimo