Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio
La biblia advierte sobre el peligro de un corazón incrédulo. Israel se sumía en la incredulidad con una regularidad espantosa. Es sorprendente la rapidez con que olvidaron los maravillosos milagros con los que Dios los liberó de la esclavitud. Un corazón malvado e incrédulo pasará fácilmente por alto las promesas de leche y miel a favor de los alimentos de Egipto, «Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos.» (Números 11:5-6).
Necesitamos darnos cuenta de que la incredulidad es una raíz venenosa de todo tipo de maldad. Es una blasfemia que ataca el carácter mismo de Dios, acusándolo de ser falso, infiel y poco confiable. Este horrible cáncer carcome la salud espiritual de las iglesias, y Dios nos advierte que aquellos con corazones incrédulos están en peligro de hundirse.
Por eso se nos dice que nos animemos unos a otros, día tras día. Necesitamos que los demás nos acompañen cuando dudamos para persuadirnos de permanecer en la Palabra, mantener nuestro enfoque en Cristo y aferrarnos a nuestra fe durante toda la vida. Una relación estrecha y creciente con el Señor mantendrá nuestros corazones sensibles y receptivos a Él. Entonces tendremos la seguridad de que nuestra salvación es genuina, y podremos entrar en el descanso que Él ha preparado para sus seguidores.
Lee, Medita y Aplica!
Anónimo