No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.
El pasaje contiene una importante verdad bíblica: Nuestras acciones y palabras tienen consecuencias. O dicho de otro modo, cosechamos lo que sembramos. Y esto es sobre todo evidente en nuestras relaciones.
Previamente, en Gálatas, Pablo explicó que hay una batalla entre la nueva naturaleza del creyente, que es gobernada por el Espíritu, y la “carne”, que es gobernada por la inclinación a pecar que permanece en nosotros. Luego enumeró algunas de las obras de la carne, muchas de las cuales son relacionales: discordias, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia,
«Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.» (Gálatas 5:19-21). En contraste, Pablo nos dice que el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio, «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.» (Gálatas 5:22-24).
¿Cuál de estas listas refleja con mayor precisión su manera de tratar a los demás?
Es cierto que existen algunas personas que son difíciles de amar, pero sembrar el fruto del Espíritu Santo en esas relaciones cosechará un corazón indulgente (perdonador o tolerante), un carácter piadoso y una obediencia fiel en nosotros. Pero sembrar para la carne tiene una influencia en nuestra vida. Antes de interactuar con alguien, pregúntese qué tipo de cosecha le gustaría. Nunca se equivocará si deja que el Espíritu le dirija.
Lee, Medita y Aplica!
Anónimo