Romanos 13:10

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El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

La clave para obedecer la ley de Dios es el amor. Cuando amamos a los demás, automáticamente obedecemos la ley. Usted no cometerá adulterio si ama a alguien. Es porque el amor no corrompe a otros ni roba su pureza. Solamente la lujuria y el egoísmo hacen eso.

Si usted ama a alguien, su amor hace inservible el mandamiento de no matar. No necesito que se me recuerde que no mate a las personas si las amo. Cuando usted ama a alguien, tampoco le robará. Por lo tanto, no necesita que se le diga que no robe. Ni codiciará lo que es de otro cuando lo ama.

«Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» (Romanos 13:9).

El amor no substituye la ley; cumple la ley. Mediante el amor, usted puede cumplir el amor de Dios.

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Efesios 4:29

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Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca…

El poder de las palabras es doble: construir o destruir. El consejo del apóstol Pablo hoy es que; «ninguna palabra corrupta salga de nuestras bocas». Las palabras no son otra cosa sino la expresión de tus sentimientos, si éstos han sido heridos por las circunstancias, lo más probable es que tus palabras expresen la condición de tu corazón herido. «…Porque de la abundancia del corazón habla la boca.» (Mateo 12:34).

¿Existe algun remedio para este mal? Sí, el remedio se llama nuestro Señor Jesucristo. El vino para sanarnos; puedes depositar sobre El tus ansiedades, tristezas y aflicciones. El colocará su ungüento sanador en las llagas más profundas de tu corazón, calmará tus dolores y dará vida a tu espíritu, «echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.» (1 Pedro 5:7). Entonces, la fuente de tu corazón será un manantial de agua pura y tus palabras un instrumento de edificación para todos. 

«El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.» (Mateo 12:35-37).

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1 Corintios 9:16-17

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Hay la historia de un misionero anciano que volvía a su país desde África. Iba en el mismo barco en el que viajaba el Presidente Teddy Roosevelt, que había estado en África de cacería. Cuando atracó el barco en Nueva York, las multitudes saludaban al presidente, pero el anciano misionero y su esposa bajaron del barco sin que nadie los notara.

“Eso no parece justo”, le dijo el misionero a su esposa en un tono más bien amargado. “Entregamos nuestra vida en África a fin de ganar almas para Cristo, y cuando llegamos a nuestro país, no hay recompensa alguna ni nadie va a recibirnos. El presidente mató algunos animales y recibe la bienvenida de un rey”. Mientras oraban antes de acostarse, el misionero sintió que el Señor le estaba diciendo: “¿Sabes por qué no has recibido todavía tu recompensa? Porque no estás en el cielo”.

Eso es lo que Pablo tenía en mente en su servicio espiritual. No quería recibir aclamación superficial o temporal. Estuvo dispuesto a esperar hasta llegar al cielo, su hogar definitivo, para recibir lo que Dios le había prometido. ¿Está usted dispuesto a esperar?

«Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.»(Santiago 5:7-8). 

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Romanos 5:8

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Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Dios es el único que ofrece amor incondicional. Ninguna otra persona en la tierra puede dar amor libremente, es decir, un amor que no es una respuesta a lo que percibe, sino que funciona independientemente del objeto al que otorga su amor. 

Piénsalo por un momento, ¿cuál es la “elección de amor” menos egoísta que has hecho (o harás) en tu vida? Si lo piensas un poco, notarás que es el mismo para todos: elegir con quién te quieres casar. No hay otra decisión de amar que exija más “libertad” para elegir que ésta. Sin embargo, ni siquiera el acto de elegir a quién amar fue (o será) hecho enteramente por amor desenfrenado. ¿Por qué? Porque al elegir seguías esclavizado por tus deseos. Porque al tomar tu decisión lo hiciste en base a lo que percibiste. Porque cuando elegiste a la persona, lo hiciste a la luz de lo que tenía para ofrecer. 

¿Quién en su sano juicio elige pasar el resto de su vida con una persona que considera poco atractiva, orgullosa, egoísta, caprichosa, terca, infiel y egocéntrica? ¡Nadie! Tú y yo elegimos a la persona con la que queríamos casarnos a la luz de lo que podía ofrecer. Tú y yo elegimos a nuestro cónyuge filtrando nuestra decisión en base a aquellas cualidades que consideramos valiosas (belleza, carácter, madurez espiritual, etc.).

 ¿Puedes verlo? La elección no se hizo libremente; fue hecha “en esclavitud” a tus ambiciones. Fuiste incapaz de escapar de ti mismo, de tus esperanzas, de tus pasiones, de tus anhelos más profundos; en fin, fuiste incapaz de acabar con tu amor egoísta. 

Ahora, medita en esta verdad: ¡Dios no es así! Como alguien dijo una vez, él es “completamente otro”; él es “totalmente distinto”; él es el polo opuesto a mí. En una palabra, es santo. (Es decir, “apartado”.) Después de todo, ¿qué significa ser santo sino ser diferente de TODOS LOS DEMÁS? El amor incondicional de Dios se basa eternamente en dos grandes pilares; por un lado, se basa en su carácter inmutable y, por otro lado, se basa en su obra inmutable: la cruz. 

El pasaje que consideramos hoy hace una declaración que verifica y confirma el concepto: cuando Dios busca derramar su amor “único”, no se acerca a personas “únicas.” Va tras los «pecadores», los «enfermos», los «pobres de espíritu» y los «leprosos». Más aún, como dice Romanos 5:10, se acerca a los “enemigos”; es decir, va tras aquellos a quienes tú y yo nunca buscaríamos amar. 

De hecho, ¡nuestros enemigos son personas a las que nunca podríamos amar! ¡Ese es el punto! Dios tiene una habilidad que a nosotros nos falta. ¡Él es libre para amar porque puede amar según su propio carácter! 

Ahora vuelve a leer Romanos 5:8. ¿Cómo se “demuestra” (muestra) que el amor de Dios es “distinto”, “santo” e “inigualable”? “Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” ¿Viste eso? La evidencia de que el amor de Dios es distinto de todos los demás tipos de amor es que Cristo no murió por personas atractivas, buenas o espirituales; ¡La evidencia de que el amor de Dios es distinto es que Él, en su plena libertad, decidió morir por aquellos que no lo merecían! ¡Por sus enemigos! ¡Por los pecadores! Ese amor, el amor “santo” y “distinto” de Dios, es el único amor en el universo que es capaz de darse sin tener en cuenta las virtudes del otro.

 ¿Por qué? Porque no es la persona que recibe amor la que es virtuosa, sino el carácter de la Persona que lo da. 

Orar y meditar a lo largo del día: 

La cruz es la máxima expresión de un amor distinto y diferente de todos los demás, es la entrega voluntaria del “mayor tesoro del universo” (Cristo) por el menos merecedor de tal acto. (a mí). 

UN AÑO DE CAMBIOS: Un devocional centrado en disfrutar a Dios. Nicolás Emilio Tranchini. Cortesía del Hno. Hans Olivares.

Jueces 14:3

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Y su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? Y Sansón respondió a su padre: Tómame ésta por mujer, porque ella me agrada. 

El libro de los Jueces habla de un hombre llamado Sansón, tan fuerte que podía matar a un león con sus manos, «Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano…» (Jueces 14:6). Tenía una fuerza física como ningún otro ser humano. Pero esto no pudo compensar su debilidad interior.

Todos tenemos puntos débiles. Dios quiere que estos defectos del carácter nos muestren lo dependientes que somos de Él. Cuando los manejamos bien, nos llevan a tener una relación más profunda con el Señor, pero cuando no, hacen estragos en nuestra vida.

La debilidad de Sansón era su incontrolable sensualidad. Aunque había sido criado en un hogar consagrado al Señor y tenía un claro llamamiento, cedió a sus deseos y violó la verdad que conocía muy bien. 

Antes de morir, Sansón lo perdió todo: sus fuerzas, su vista y su dignidad. El hombre que una vez lideró poderosamente a su nación, se convirtió en un esclavo de sus enemigos, «Mas los filisteos le echaron mano, y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel.  (Jueces 16:21).

¿Cuál es su debilidad? ¿Es la sensualidad, la inseguridad, el temor, la codicia, el chisme, el orgullo u otros males? Los defectos de personalidad pueden servir para bien o para mal, dependiendo de nuestra reacción. La propensión al pecado puede arruinar su vida —como pasó con Sansón— o llevarle a una total dependencia de Dios. El resultado dependerá de usted.

«Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.»  (Romanos 13:14).

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Romanos 1:8

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Doy gracias a Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo.

Una cosa sabemos del apóstol Pablo: Tenía un corazón agradecido. En casi cada una de sus epístolas, Pablo expresó gratitud por las personas que recibían su mensaje. Aunque sabía que cada iglesia necesitaba corrección, no solo envió instrucción; también envió un mensaje de gratitud. Siempre pudo ver que se cumplían los propósitos de Dios. Pablo expresó lo que está en el corazón de todos los verdaderos siervos de Dios: “Una actitud agradecida”.

Lamentablemente, algunos van por la vida destacando lo negativo. Se niegan a ser agradecidos por lo bueno que Dios está haciendo en la vida de otra persona. Si no les está sucediendo a ellos, entonces piensan que es malo. Pablo no expresó su gratitud diciendo: “Estoy muy agradecido por lo que Dios ha hecho por mí”. Más bien dijo: “Doy gracias a Dios por ustedes”. Él sentía tanto gozo por el éxito de otra persona como del suyo propio. Que lo mismo pueda decirse también de usted. 

«Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.» (Filipenses 2:3-4).

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Jonás 4:6

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Entonces el Señor Dios puso una planta y creció sobre Jonás para ser una sombra sobre su cabeza para librarlo de su malestar. Y Jonah estaba extremadamente feliz con la planta.

Como hemos observado, no podemos obligar a nuestro corazón a amar. Interiorizar esta verdad es imperativo para entender el cambio. Tim Keller escribió: “La mayoría de nuestros apegos más profundos como seres humanos son involuntarios. Jonah no miró la planta y dijo: ‘Voy a unir mi corazón a ti con afecto’. Necesitamos muchas cosas y nos apegamos emocionalmente a las cosas que satisfacen esas necesidades. Dios, sin embargo, no necesita nada. Él es total y perfectamente feliz en sí mismo, y no nos necesita. Entonces, ¿cómo podría encariñarse con nosotros? La única respuesta es que un ser divino infinito, omnipotente y autosuficiente ama solo voluntariamente.”

En otras palabras, su amor por ti no depende de tu amor por él; ni de si le servís; ni siquiera depende de tu buen comportamiento o de si te abstienes de pecar. 

¡Depende de él! ¿Entiendes la asombrosa verdad teológica que acabas de leer? El amor de Dios NO es una respuesta. No es una reacción. ¡No es involuntario! El corazón de Dios no funciona como el tuyo o el mío. Él no persigue “tesoros”. Él no necesita hacerlo. ¡Él es el tesoro supremo! No examina a una persona y, después de evaluar sus virtudes y defectos, decide si entregarse o no a la luz de lo que ve. 

¡El amor de Dios es el único amor en el universo que es dado por gracia! La gracia no es merecida. Su amor no es “ascendente”. En otras palabras, no nace de algo especial o bueno que él ve en ti o en mí y que “activa” su amor por nosotros. El amor de Dios es “descendente”. Es decir, nace en su propio ser y nos ama aunque no haya nada especial o bueno en nosotros. Es el único que es capaz de ofrecer este tipo de amor porque es el único que está satisfecho consigo mismo. Isaías 43:25 dice: «Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados». 

Supongo que estás familiarizado con la historia del profeta Jonás. ¿Qué le hace Dios al pueblo de Nínive justo después de pronunciar las palabras “su maldad ha subido delante de mí”? ¡Él les envía un salvador! ¡Él les muestra amor! ¡Él les envía un profeta para que se arrepientan! (Jonás 1:2). 

Lluvia de ideas: ¿Qué es lo más despreciable que alguien puede hacerle a Dios? Adorar a otro dios.

Ahora, piense de nuevo en Jonás. En el versículo 5 del Capítulo 1, relata cuando se desata la tormenta: “Entonces los marineros se asustaron y cada uno clamó a su dios…” Momentos después (¡piensen bien, solo unos momentos!), esos mismos marineros “invocaron a los Señor”, y dijo: “Oremos fervientemente, oh Señor, no nos dejes perecer…”. ¿Cuál es la reacción de Dios? ¿Los condena por su adulterio? ¿Que perezcan? ¿Esperar a que la tormenta los separe? Piénsalo. ¿Qué bien hay en ellos para que Dios los salve? Lo mismo que está en la gente de Nínive, en Jonás, en ti y en mí: nada. 

¡El amor de Dios no es una reacción, es un acto voluntario! No depende de nada que hagas o dejes de hacer. Me gustaría que reflexionara sobre una última pregunta. Ejecute un escaneo mental rápido de todo lo que posee. Su casa, carro, dinero, muebles, electrodomésticos, ropa, zapatos, libros, electrónicos, etc. Ahora, considere esto: ¿Cuántos de los artículos que posee actualmente son un regalo? ¡No apresures tu respuesta! Piénsalo. ¿Cuáles de las cosas que posees hoy has recibido gratis sin merecerlas? ¿Sabes cuál es la respuesta? TODO. 

Todo lo que tienes es por gracia. Somos la creación de Dios. ¡O Dios no existe, o todo le pertenece! ¡Es su universo! Es más, de este lado de la Caída, lo único que merecemos es una eternidad de castigo. Sin embargo, desde el día en que nacemos hasta el día en que morimos, solo recibimos una cosa de Dios: amor inmerecido. 

Ora y medita a lo largo del día: 

Dios es el único ser en el universo cuyo amor no depende de tu amor por él. Dejarme amar por él es la vida cristiana.

UN AÑO DE CAMBIOS: Un devocional centrado en disfrutar a Dios. Nicolás Emilio Tranchini. Cortesía del Hno. Hans Olivares.

Mateo 6:21

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Donde esté vuestro tesoro, allí estarán también los deseos de vuestro corazón.

Vuelve a leer las palabras de Jesús en Mateo 6:21e, pero esta vez lee prestando especial atención a la expresión: “Habrá… también”. ¿Qué crees que significa? La respuesta no es compleja. 

Para Jesús, una vez que encuentras algo especial o valioso, no puedes evitar amarlo; inevitablemente lo harás. En otras palabras, cuando encuentres algo que encaje en tu categoría de “tesoro” (una persona atractiva, una casa nueva, un buen libro, el celular último modelo, etc.), ahí tu corazón inevitablemente “también estará” ( es decir, ahí estarán tus pensamientos, tus emociones, tus sueños, tu pasión, tus planes, tus metas, tus ambiciones, tu amor, y eventualmente, por supuesto, tus acciones también). 

¿Qué aprendemos de las palabras de Jesús? Algo que ya sabemos intuitivamente pero que este verso capta magistralmente: El amor es una respuesta que no se puede controlar. No puedes obligar a nadie a amar nada; ¡ni siquiera tú mismo! Por ejemplo, puedo obligar a mi hija a comer sopa. Pero no puedo obligar a mi hija a disfrutar la sopa. (¡Ni siquiera amenazando!). Para que yo ame algo, realmente disfrute algo, ese algo tiene que encajar en mi categoría de “tesoro”. (Obviamente, ese no es el caso de mi hija con sopa). 

¿Puedes verlo? El amor no puede ser forzado. ¿Por qué? Porque el amor es una respuesta. Es la respuesta del corazón al encontrar algo especial, algo diferente, algo digno de nuestro cariño. Esta verdad tiene grandes implicaciones y nos presenta un gran dilema. ¡Dios nos ha mandado que lo amemos! ¿Entonces que? ¿Dios nos ha pedido que hagamos algo que no podemos hacer? ¡Exacto! Hasta que comprenda esta verdad, no experimentará un cambio real y profundo. Después de todo, si pudieras cambiar por tu cuenta, ¿por qué murió Jesús y por qué necesitaríamos su Espíritu? Si lo piensas un momento, esta dinámica está presente en cualquier relación amorosa.

 ¿Y si te dijera que te enamores del Hombre Invisible? Probablemente me dirías: “¡Eso es imposible! Para amar a alguien, tengo que ser capaz de verlo. Tengo que llegar a conocerlo como persona, conocer su carácter, su corazón, sus virtudes, su atractivo y su belleza. Nadie se enamora de alguien a quien no puede ver”. ¿Ahora lo entiendes? ¡Nuestra mayor necesidad en la vida es que Dios se revele a nosotros! Para que él se dé a conocer. Que nos permita ver que no hay nada ni nadie más valioso que él. 

Eso es lo que significa ser un verdadero cristiano. No es creer en Dios sino haber percibido el amor de Dios en Cristo como el mayor de todos los tesoros. Jesús dijo: “El reino de los cielos es como un tesoro escondido en el campo, que un hombre encuentra y… de alegría va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo” (Mateo 13:44-45).

 ¿Puedes ver la verdad que enseña este pasaje? ¡Nadie puede obligarme a amar algo, pero sí puedo ser influenciado para amar algo nuevo! Tu corazón no puede ser forzado a amar, pero sí puede ser seducido por “Algo” que es digno de amor. Pocas verdades son más relevantes que esta. Su amor por sus «tesoros» solo puede ser superado por un amor por un «Tesoro» superior.

 ¡El hombre de la parábola no pudo resistirse! ¡Para él, renunciar a todo “con alegría” es inevitable! Cuando ve a Jesús (“el tesoro” en la parábola), ¡TODAS sus otras posesiones, deseos, metas, anhelos y pasiones CAMBIAN! Su corazón ha sido cautivado y no puede contenerlo. Él ama a Jesús por encima de todo. 

Como Pablo, tiene la experiencia más preciosa del universo; un encuentro real con Cristo: “Además, estimo todas las cosas como pérdida en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo tengo por basura…” ( Filipenses 3:8). 

Ora y medita a lo largo del día: No puedes obligarte a amar, pero puedes exponerte a lo que es digno de ser amado y que te cautive.

UN AÑO DE CAMBIOS: Un devocional centrado en disfrutar a Dios Copyright ©️ 2021 Nicolás Emilio Tranchini. Cortesía del Hno. Hans Olivares.

2 Timoteo 3:16-17

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Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

Sabemos que hay muchas personas en el mundo que rechazan la autoridad de la Biblia. Pero ¿se ha detenido a pensar que algunas de ellas son cristianas? Muchos creyentes, sin saberlo, lo hacen al elegir qué partes de la Biblia creer y cuáles desestimar.

Pero la verdad es que la Biblia es la mismísima Palabra de Dios, hablada a sus mensajeros y a través de ellos, transmitida a través del tiempo, y relevante para cada generación. Es la magnífica revelación de Dios al mundo, y todo lo que dijo fue deliberado.

No podemos dividir las Sagradas Escrituras o descontextualizar sin el riesgo de alterar su significado. En 2 Timoteo 3.16, leemos que cada palabra de la Biblia es inspirada por Dios, y valiosa. Eso significa que ninguna parte de ella fue escrita sin despropósito, por lo que, no importa cuál sea la parte que estemos leyendo, debemos prestar atención a los versículos que la rodean, a la audiencia que va dirigido el libro, y al contexto histórico.

¿Alguna vez elige usted qué partes de la Biblia quiere creer y obedecer? Pidamos con valentía al Espíritu Santo que nos muestre cualquier parte de las Sagradas Escrituras que hayamos desechado, y que nos ayude a confiar en la autoridad de la Palabra de Dios. 

«Lámpara es a mis pies tu palabra,Y lumbrera a mi camino.» (Salmos 119:105).

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Romanos 1:9

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Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu…

En la actualidad, empleamos la palabra espíritu de la misma manera que el apóstol Pablo la empleó en el versículo de hoy. Pudiéramos observar a un deportista que juega muy bien y entonces comentar que mostró un espíritu fogoso, que significa que todo su ser estaba participando en su esfuerzo. En la universidad, el premio “espíritu de equipo” se otorgaba al jugador de fútbol que hiciera el mayor esfuerzo en el terreno. Esa es la forma en la que Pablo servía al Señor.

Pablo nunca sirvió al Señor sin una entrega sincera. Al hacerlo así, se distinguió de los mercenarios, cuyo trabajo era externo y no sincero, Jesucristo lo ilustró de la siguiente manera, «Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.» (Juan 10:11-13). Sea así como Pablo, y haga un esfuerzo diligente y sincero en su servicio a Cristo.

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