La sandía

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Cual si de pronto se entreabriera el día,
despidiendo una intensa llamarada,
por el acero fúlgido rasgada
mostró su carne roja la sandía.

Carmín incandescente parecía
la larga y deslumbrante cuchillada,
como boca encendida y desatada
en frescos borbotones de alegría.

Tajada tras tajada, señalando,
las fue el hábil cuchillo separando,
vivas a la ilusión como ningunas.

Las separó la mano de repente,
y de improviso decoró la fuente
un círculo de rojas medias lunas.

Salvador Rueda
(España, 1861-1933)

Romanos 5.4

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LO QUE SIGNIFICA “SOBERANÍA”

Texto: Romanos 9:19-21

Idea central: Dios, el Creador, tiene derecho absoluto de disponer de sus criaturas como le plazca y no necesita ofrecer explicaciones: Él es Dios.

Si Dios decide de quién tener misericordia y a quién endurecer (v.18); si Dios es realmente Dios y, por tanto, su voluntad es ley absoluta (v.19b; cf. Dn. 4:35)… ¡¿Por qué, entonces, nosotros somos responsables?! ¡¿Por qué Él nos pide cuentas?! (v.19a)

Lecciones particulares:

— Precisamente porque Dios es Dios, Él tiene el derecho de decidir qué hacer con cada uno de nosotros, humanos (v.21). Él nos formó del barro (Génesis 2:7) y, como alfarero, tiene el derecho de decidir para qué destino nos forma.

— Esto implica que nosotros no tenemos derecho de reclamarle a Dios por sus decisiones en cuanto a nosotros (v.20b). Si Dios decidió crearme para salvarme y sensibilizarme a Él, o si me creó para endurecerme y entregarme al pecado, Él tiene el derecho de hacerlo y yo, como barro en sus manos, no tengo ni voz ni voto.

— Así, la pregunta original no tiene pies ni cabeza… ¿Quién te crees que puedes ponerte al
tú por tú con Dios? ¿Quién eres tú para detener a Dios y decirle “Qué te crees que haces”? (v.20a). En esencia, el problema no es si Dios puede o no destinarnos a este o aquel camino
y luego darnos este o aquel destino. En esencia, el problema está en si nuestro orgullo nos permite vernos a nosotros mismos como realmente somos, y ver a Dios como Él realmente es.

Preguntas de introspección:

Nuevamente, ¿en qué formas cultivas una respuesta piadosa en tu corazón a la soberanía de Dios? ¿Eres capaz de identificar qué experiencias y/o preconcepciones alimentan tus ideas de autonomía? ¿En qué o cuáles formas prácticas mortificas tu orgullo en el día a día? ¿En qué formas significa esto que debes elegir someterte a la sabia voluntad de Dios, en lugar de preferir tus propios caminos?

Más que aceptar el hecho de que Dios es soberano, ¿eres capaz de regocijarte y asombrarte frente a la inmensidad de Su trascendencia? ¿Cómo puede una mejor apreciación de la trascendencia de Dios ayudarte a adorarle mejor? ¿Cómo puede ayudarte a amarle y agradecerle más?

Historia sugerida: Historia de la Creación (Génesis 1:1-2:7).

Paradojas

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Oh Dios inmutable,
bajo la convicción de tu Espíritu descubro que
cuanto más hago, peor soy;
cuanto más conozco, menos sé;
cuanta más santidad tengo, más pecador soy;
cuanto más amo, más queda por amar.
¡Oh, miserable de mí!

Oh Señor,
tengo un corazón rebelde,
y no puedo presentarme ante Ti.
Soy como un pájaro ante un hombre.
¡Qué poco amo tu verdad y tus caminos!
Descuido la oración
al pensar que ya he orado suficiente, y con suficiente fervor,
al saber que has salvado mi alma.

De entre todos los hipócritas, concédeme no ser un hipócrita evangélico,
que peca más tranquilamente porque la gracia abunda,
que dice a sus pasiones que la sangre de Cristo las limpia,
que piensa que Dios no puede mandarlo al infierno porque ya está salvado,
que ama la predicación evangélica,
las iglesias y los cristianos pero no vive con santidad.

Mi mente es un cubo sin fondo,
sin discernimiento espiritual,
sin deseo del día de reposo,
siempre aprendiendo, pero nunca alcanzando la verdad,
siempre junto al pozo del evangelio, pero nunca sacando agua de él.
Mi conciencia carece de convicción o contrición,
sin nada de lo que arrepentirse.
Mi voluntad carece de capacidad de decisión o determinación.
Mi corazón carece de afecto, y está lleno de fisuras.
Mi memoria no retiene nada,
por lo que fácilmente olvido las lecciones aprendidas
y dejo que tus verdades se filtren y se pierdan.

¡Dame un corazón quebrado que, sin embargo, acarree el agua de la gracia!

Arthur Bennett. El Valle de la Visión.
Antología de Oraciones y Devociones Puritanas, pp.88
El Estandarte de la Verdad, 2014.

Santiago 4

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TEMA 4. FE GENUINA Y OBEDIENCIA

La semana pasada aprendimos que la fe genuina resiste y huye de la tentación. Examinamos la progresión de una tentación ilustrada en la Escritura: ver-querer-tomar-compartir-sufrir.
Aprendimos que todo don perfecto y bueno procede de una sola fuente, nuestro Padre celestial.

En esta semana Santiago nos enseña otra manera de reconocer la fe genuina: la forma como un creyente responde a la Palabra de verdad. Por favor lee todo el libro [sí, otra vez].

Santiago 1:19-27

1. En el pasaje, revisa todo lo que Santiago nos instruye a hacer y a no hacer:

HACER:

NO HACER (no sigas o recházalo)

Revisa ahora Santiago 1:19-20

2. ¿A qué, o quién, hemos de ser rápidas para escuchar? (1:19)

3. “Lentas para hablar.” Lee los siguientes versos del Antiguo Testamento y observa lo que dicen sobre nuestras palabras:

Proverbios 10:19

Proverbios 17:27,28

Proverbios 18:2, 4-7

Eclesiastés 5:2

4. Aplicación: ¿Cuáles pasos tomarías para saber escuchar mejor? ¿Cuál de tus relaciones en particular se beneficiaría de tu aprender a escuchar mejor?

¿Pasos para guardar tus palabras? ¿Cuál relación tuya se beneficiaría…?

5. Busca Efesios 4:26 ¿Es pecado enojarse? ¿Cuál es la diferencia entre ira pecaminosa e ira “no pecaminosa”? Da ejemplo de cada una.
6. ¿Alguna historia en la Escritura que pruebe si enojarse es o no es siempre un pecado?

7. ¿Cómo definirías “ira justa”? ¿Cuál es su motivación?

8. Busca otra vez y escribe cómo refuerzan lo que Santiago enseña sobre la ira:

Proverbios 16:32

Proverbios 19:11

Proverbios 14:17

9. Aplicación: Examina aquella ocasión en la cual te airaste rápidamente. ¿Qué te hizo enojar tanto? ¿Cómo afectó tu ira el resultado de la situación?

¿Pasos que podrías tomar para ser mejor al controlar tu enojo? ¿Cuál de tus relaciones se
beneficiaría más?

Santiago 1:21-25

10. ¿Qué quiere decir “recibir la palabra implantada”? (v.21) ¿Con qué actitud hemos de recibir la Palabra de Dios? ¿Por qué es clave dicha actitud?

11. ¿Cómo nos exhorta Santiago a no ser engañadas? (v.22)

12. ¿En qué sentido la Escritura es un espejo? ¿Qué muestra de nosotros mismos?

13. Aplicación: Santiago describe la Palabra de Dios como “la perfecta ley que otorga libertad” (v.25). Sin embargo, muchos creen que la ley de Dios es algo que disminuye o quita libertad. Santiago dice que lo opuesto es lo correcto.
¿Cómo es que la ley de Dios nos concede libertad? Da un ejemplo de tu experiencia.
14. Lee el Salmo 19:7-11 y describe cada una de las formas como nos liberta la ley.
15. ¿De qué manera tiene sentido lógico que “quien escucha y hace” es bienaventurado en lo que hace? (v.25)

16. Reflexiona y anota si refuerzan la idea de Santiago:

Salmo 1:1-2

Lucas 11:27-28

Repasa ahora Santiago 1:26-27

17. ¿Qué quiere decir Santiago con el término “religioso”? ¿Algún sinónimo apropiado?

18. Santiago enseña que hay un indicador seguro para conocer si la práctica religiosa de alguno es falsa. ¿Puedes señalarlo?

19. Observa si refuerzan las palabras de Santiago sobre controlar nuestro discurso:

Proverbios 10:19

Proverbios 17:27

Salmo 39:1

Salmo 141:3

20. Resume 1:26-27, ¿las tres pruebas de la verdadera religión que ofrece Santiago?

1.

2.

3.

21. Aplicación: Basada en la definición, ¿practicas religión verdadera o falsa?
Para cada prueba, escribe modos concretos donde te esforzarte en demostrar verdadera religión en esta semana:

¿Controlaste tu lengua?
¿Tuviste preocupación activa por otros?
¿Persigues santidad personal?

RESUMEN

¿Cuál aspecto del carácter de Dios hemos aprendido esta semana, que Santiago nos muestra con toda claridad?
Completa la frase:

Saber que Dios es ______________________ me muestra que yo soy _________________.
¿Qué pasos iniciarás esta semana para vivir mejor a la luz de esta verdad?
Termina en oración.
Confiesa a Dios las veces en que has sido rápida para hablar, lenta para oír, y muy rápida para enojarte. Pide a Dios te de oídos para oír y manos para actuar.
Pide a Dios que coloque en tu camino personas en necesidad.
Pide que te ayude a desertar -abandonar- conductas religiosas equivocadas y aceptar religión verdadera, aquella que actúa en lo que se ha demostrado es verdad.
Bendice al Señor por Su tenaz amor hacia ti, tanto que te ha dado un espejo de verdad en Su Palabra.

© 2013 Jennifer Wilkin. Traducción autorizada al Ministerio de Damas, Iglesia Bautista de la Gracia en Santiago, República Dominicana.

El sapito Glo Glo Glo

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Nadie sabe dónde vive.
Nadie en la casa lo vio.
Pero todos escuchamos
al sapito: glo… glo… glo…

¿Vivirá en la chimenea?
¿Dónde rayos se escondió?
¿Dónde canta cuando llueve
el sapito Glo Glo Glo?

¿Vive acaso en la azotea?
¿Se ha metido en un rincón?
¿Está abajo de la cama?
¿Vive oculto en una flor?

Nadie sabe dónde vive.
Nadie en la casa lo vio.
Pero todos escuchamos
al sapito: glo… glo… glo…

José Sebastián Tallón
(Argentina, 1904-1954)

Romanos 5.3

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BIBLIA 101: DIOS ES SOBERANO Y SU VOLUNTAD ES LEY

Texto: Romanos 9:14-18

Idea central: Dios tiene el derecho doble de decidir de quién tiene misericordia y de quién no: (1) nadie lo merece, y (2) es un regalo de su pertenencia. La forma en que Dios decide a quién salva y a quién no salva está diseñada para hacer brillar su gloria.

Lecciones particulares: Cuando Dios eligió a los suyos para salvación, lo único que tomó en cuenta fue su propia voluntad (vv.11,18). ¿Significa esto que Dios es injusto porque no toma nuestra opinión o nuestras obras en cuenta? ¿Significa que Él no es justo porque es arbitrario? (v.14a)

— ¡De ningún modo! (v.14b).
— Dios no es injusto porque no es un tema acerca de dar equitativamente a cada quien lo que merece, sino que es un tema de misericordia (vv.15,16,18). De entrada, todos hemos pecado (cf. Romanos 3:10-12) y, por tanto, ninguno merece el bien de parte de Dios (cf. Romanos 6:23). Todo el tema de la salvación ha sobrepasado el nivel de “simplemente justicia/equidad”… Si fuéramos a aplicar solamente justicia, la ira de Dios sería satisfecha en nosotros.

— Dios tiene el derecho de tener misericordia de quien Él quiera…Y Él ejerce ese derecho de acuerdo a su voluntad (vv.15,18). Si Él decide hacerle el bien a un grupo de personas que le han insultado, Él definitivamente tiene el derecho de elegir quiénes serán los recipientes. En cierto modo, esto puede compararse con el derecho que tenemos de elegir a qué mendigo dar limosna cuando caminamos en la calle.

— Dios no solo tiene el derecho de elegir de quién tiene misericordia…Él también tiene el derecho de elegir a quién Él endurece (vv.17,18). Ver nota más adelante (sorry por el largo).

— Todo esto significa que la decisión de quién será salvo no depende de si una persona
quiere ser salva o de los esfuerzos que pudiera hacer, sino pura y exclusivamente de la decisión de Dios de quién tiene misericordia (vv.16,18). Esto le sale al frente a ideas como el arminianismo, que sugieren que la libre decisión humana es pivotal para la salvación.

— Dios dirige toda su providencia (v.17a) y, en particular, decide de quién tener misericordia y a quién endurecer por una sencilla razón: para que su gloria y poder sean evidentes para todo el que observe (v.17b,c; cf. Éxodo 10:1; 11:9; Efesios 1:6).

Nota:
El tema de cómo sucede este endurecimiento es complejo y levanta muchas preguntas; en adición, es controversial y no es directamente tratado aquí, no creo que éste sea el lugar para una discusión amplia. Es importante notar la relación entre nuestra responsabilidad y la soberanía de Dios. El relato que se alude en el texto (v.17) es más ampliamente narrado en el Antiguo Testamento (Éxodo 3-14). En varias ocasiones se nos dice que Faraón endureció su propio corazón (Éxodo 7:13,14,22; 8:15,32; 9:7,35; 10:3; 13:15) y, al mismo tiempo, Dios dice que Él fue quien endureció el corazón de Faraón (Éxodo 4:21; 7:3; 9:12; 10:1,20,27; 11:10; 14:4,8,17).

Hay una serie de principios que deben tenerse en mente. En primer lugar, no hay pecado en Dios (Isaías 6:1-4; 1 Juan 3:3,5; 5:15; Santiago 1:17) y Él no tienta a nadie (Santiago 1:13,14). En segundo lugar, la soberanía de Dios no anula nuestra responsabilidad y cada uno de nosotros cosechará el fruto de su pecado y endurecimiento (Ezequiel 18:20). Por qué nosotros somos responsables a pesar de Dios ser soberano es el tema que se considerará en la siguiente lección (vv.19-26).

En cuanto a cómo sucede el proceso del endurecimiento, mi convicción personal -en breve- es la siguiente sin ánimo de ser dogmático. En primer lugar, este endurecimiento solo sucede en personas no regeneradas (Romanos 8:29,30; Filipenses 1:6); si alguien es endurecido es porque nunca conoció a Dios (Mateo 7:15-23; Hechos 13:15-17). Luego, el proceso es que esta persona es expuesta a la realidad de quién es Dios (Mateo 12:22-24), pero, en lugar de ser avivada por el Espíritu de Dios, Dios no interviene, sino que permite que siga sus propias inclinaciones pecaminosas (Isaías 6:8-10; Mateo 12:25-32; Romanos 1:18-23; Hechos 6:4-8). A medida que este proceso se repite una y otra vez, la persona desciende en una espiral de cada vez mayor esclavitud interna al pecado, lo cual se refleja en mayor gobierno del pecado en su vida diaria (Romanos 1:24-32; Santiago 1:15); esto puede reflejarse como desenfreno, pero también puede ser más sutil, mostrándose en diferentes formas de orgullo. Entiendo que, ya que la consciencia está más despierta inicialmente y las ataduras del pecado son menores, Dios considera que esas decisiones iniciales confieren al hombre mayor responsabilidad que las últimas. Esta opinión surge de la observación de que, en el caso de Faraón, el “endurecimiento del corazón” es atribuido a Faraón con mayor frecuencia al inicio del proceso (7 atribuciones en Éxodo 7-9 y solo 2 en Éxodo 10-14), mientras que es atribuido a Dios con mayor frecuencia al final del proceso (solo 3 atribuciones en Éxodo 4-9 y 7 en Éxodo 10-14).

Eventualmente (y el periodo de tiempo no está definido, sino que depende de la voluntad de Dios), esta persona alcanza un punto de no retorno, en el que ha rechazado a Dios con suficiente intensidad como para que (desde el punto de vista humano) Él decida que definitivamente no hará esfuerzos por reavivar esta persona, sino que la entregará a los deseos que ella tanta prioridad le dio (Deuteronomio 29:18-21; Mateo 12:30-33; Marcos 3:28,29; Lucas 11:24-26; Hechos 6:4-8; 12:15-17; 1 Juan 5:16). Desde el punto de vista divino, a quiénes Dios mostraría inmerecida misericordia y a quiénes no lo haría fue decidido por Él en el “puro afecto de su voluntad”, desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4-6; Romanos 9:22,23).

Preguntas de introspección:

¿Quién reina, realmente, en tu corazón? ¿Has considerado las implicaciones de lo que significa que Dios existe? ¿Recuerdas el testimonio de la Creación (Romanos 1:20) sobre la realidad del Dios Creador? ¿Aprecias las implicaciones de la infinita distancia entre el Creador y nosotros, criaturas?

¿Cómo lidias con la rebeldía natural que se levanta en tu corazón al ver temas como este? ¿A qué respuestas bíblicas debiera llevarte esta realidad en tu corazón? ¿En qué manera nos ayuda esto a tener una relación con Dios más bíblica?

¿En qué formas afecta esto tu vida diaria, tanto a nivel vertical como horizontal? ¿Qué te dice esto acerca de la importancia objetiva (recuerda, lo que define lo objetivo es la opinión de Dios) de la gloria de Dios? ¿Cómo moldea esto la forma en que oímos frases como “fuimos creados para la gloria de Dios”, debemos “vivir para la gloria de Dios”?

Historia sugerida: Parábola de los obreros de la viña (Mateo 20:1-15).

Este era un rey…

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Ven mi Juan, y toma asiento
en la mejor de tus sillas:
siéntate aquí, en mis rodillas,
y presta atención a un cuento.
Así estás bien, eso es,
muy cómodo, muy ufano,
pero ten quieta esa mano,
vamos, sosiega esos pies.

Este era un rey…” me maltrata
el bigote ese cariño.
Este era un rey…” vamos niño,
que me rompes la corbata.
Si vieras con qué placer
ese rey… ¡Jesús! ¡Qué has hecho!
¿Lo ves? en medio del pecho
¡me has clavado un alfiler!
¿Y mi dolor te da risa?
Escucha y tenme respeto:
Este era un rey…” deja quieto
el cuello de mi camisa.

Oír atento es la ley
que a cumplir aquí te obligo.
Deja mi reloj, prosigo.
Atención: “Este era un rey…

Me da tormentos crueles
tu movilidad chicuelo,
¿ves? has regado en el suelo
mi dinero y mis papeles.

Responde: ¿me has de escuchar? “Este era un rey…” ¡Qué locura!
Me tiene en grande tortura
que te muevas sin parar.
Mas ¿ya estás quieto? Sí, sí,
al fin cesa mi tormento.
Este era un rey…” oye el cuento
inventado para ti.

Y agrega el niño, que es ducho en tramar cuentos a fe:
Este era un rey…” Ya lo sé
porque lo repites mucho.
Y me gusta el cuentecito.
Y mira ya lo aprendí:
Este era un rey…” ¿no es así?
¡Qué bonito! ¡Qué bonito!

Y de besos me da un ciento
y pienso al ver sus cariños:
los cuentos, para los niños,
no requieren argumento.

Basta con entender
su espíritu de tal modo
que nos puedan hacer todo
lo que nos quieran hacer.
Con lenguaje grato o rudo
un niño, sin hacer caso,
va dejando paso a paso
a su narrador desnudo.

Infeliz del que se escama
con esas dulces locuras:
¡si estriba en sus travesuras
el argumento del drama!

¡Oh Juan! me alegra y me agrada
tu movilidad tan terca.
Te cuento por verte cerca
y no por contarte nada.
Y bendigo mi fortuna,
y oye el cuento, y lo sabrás:
Este era un rey a quien jamás
le sucedió cosa alguna.

Juan de Dios Peza
(México, 1852-1910)