Eclesiastés 12:13

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…Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.

Uno de los mayores problemas que enfrentan muchas personas hoy no es la falta de tiempo, aunque a menudo piensan que ese es el problema. Es el cansancio y el vacío que sienten, incluso después de trabajar duro y estar involucrados en muchas actividades y tareas, porque no tienen una dirección clara en la vida o no saben lo que realmente quieren lograr.

Todo ser humano quiere saber el propósito de su existencia. De hecho, hay cuatro preguntas principales que todos buscamos responder durante nuestras vidas: 

(1) “¿Quién soy?” Esta es una pregunta de identidad. 

(2) “¿De dónde vengo?” Esta es una pregunta de origen.

(3) “¿Por qué estoy aquí?” Esta es una pregunta de propósito. 

(4) “¿A dónde voy?” Esta es una pregunta de destino. Cuando encontremos las respuestas a estas preguntas cruciales experimentaremos la auténtica felicidad. Y el único que puede revelarnos las respuestas es nuestro Creador.

«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:10)

No conocer nuestro propósito es como arar en el mar o como caminar sin rumbo fijo; nunca llegamos a ningún lado.

Lamentablemente, un gran porcentaje de hombres y mujeres mueren sin entender para qué Dios los creó o sin descubrir su propósito en la tierra. Cuando nuestras vidas carecen de sentido, el tiempo mismo puede convertirse en una carga difícil de llevar. Por el contrario, aquellos que conocen su propósito caminan seguros por la vida e incluso son perseguidos por el éxito. Cuando hablo de “éxito”, no me refiero necesariamente a alcanzar fama o hacerse rico, especialmente teniendo en cuenta que ambos ocupan los peldaños más bajos en la escala de la felicidad, Jesucristo fue claro en este asunto, Él dijo; «Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” (Lucas 12:15). 

El verdadero éxito está en hacer la voluntad de Dios y cumplir el propósito por el cual fuimos creados. Todo lo demás son añadiduras.

«Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.»  (1 Corintios 10:31).

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Anónimo

Levítico 19:18

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No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.

El resentimiento es un suelo fértil para la maleza. Es la fuente de lo que puede destruir nuestra relación con otras personas y con Dios. A veces se disfraza, por ejemplo, cuando una persona dice que ha perdonado las ofensas pasadas, pero demuestra amargura. El resentimiento puede aferrarse en el corazón y esconderse sin que uno sea consciente de ello.

Considere las siguientes preguntas y vea si necesita perdonar a alguien:

°¿Ha estado esperando que cierta persona reciba lo que se merece?

°¿Habla negativamente de esa persona a los demás?

°¿Fantasea con venganza, aunque sea leve?

°¿Piensa en lo que alguien le hizo?

°¿Qué siente cuando a esa persona le sucede algo bueno?

°¿La culpa por lo que sucedió en su vida?

°¿Le resulta difícil ser abierto y confiar en la gente?

°¿Se enoja, deprime o amarga con frecuencia?

°¿Le resulta difícil o imposible dar gracias a Dios por la persona que le ha agraviado? 

Medite sobre el siguiente pasaje;

«Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” (Mateo 6:14-15)

Tómese un momento para dejar que el Señor examine su corazón. ¿Encontrará Él allí resentimiento?. Haga una resolución, y haga la siguiente petición a Dios;

«Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.» (Salmo 139:23-24)»

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Anónimo

Salmo 19:7-8

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La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.

Luego es difícil recordar cómo podíamos sobrevivir antes de que existieran los teléfonos inteligentes y las tabletas. Con tanta información al alcance de la mano, podemos encontrar al instante estadísticas deportivas, respuestas a preguntas triviales, e incluso llegadas y salidas de vuelos. Pero, en realidad, el anhelo de conocimiento es un problema antiguo. En los días de los profetas, la gente deseaba más información y conocimientos de los que tenían a su disposición. «Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación,” (1 Pedro 1:10) 

La plenitud del plan de Dios aún no se había revelado, pero las personas confiaban en su Palabra, pues confiar en la Palabra de Dios era confiar en Dios mismo. Es posible —y necesario— vivir de la misma manera en la actualidad. La Biblia es más que una fuente de consuelo o guía, es una de las maneras en que Dios permanece presente para nosotros a lo largo de la vida, y cumple su promesa de que nunca nos dejará ni desamparará.

«Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.” (Deuteronomio 31:8).

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Anónimo

Lucas 14:33

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Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser  mi discípulo.

Pocos en la iglesia actual están consagrados a Jesucristo como lo estuvo el apóstol Pablo. Pablo ejemplifica de lo que hablaba Cristo cuando dijo: “…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23). Pablo vivía tan entregado a nuestro Señor que no le importaba si vivía o moría. Esa es una actitud de la que prácticamente no se oye en nuestra época materialista y ególatra. La mayoría de las personas hoy viven para todo menos para lo que Pablo vivía.

Pablo seguía sintiendo gozo siempre que su Señor fuera glorificado, aun cuando fuera él mismo amenazado de muerte. Lo único que le importaba era que se siguiera difundiendo el evangelio, que se predicara a Cristo y que se exaltara al Señor. La fuente de su gozo estaba totalmente relacionada con el reino de Dios.

Hágase un auto análisis, se puede decir lo mismo de usted?

«Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.»

(1 Corintios 10:31).

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Anónimo

Jonás 4:1-2

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Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal.

El libro de Jonás no termina como pensaríamos. Desde el vientre de un pez, Jonás se comprometió de nuevo con el propósito de Dios. Pero más tarde, admitió que no quería el trabajo, y Dios reprendió su egoísmo. Verá usted, Jonás fue enviado a los ninivitas, quienes eran una amenaza para el pueblo judío. El renuente profeta temía que si estos enemigos se arrepentían, su misericordioso Dios no los destruiría. Jonás confesó que quería ver a los ninivitas aniquilados: “Por eso me apresuré a huir a Tarsis [para evitar su salvación]” (Jonás 4:2).

A veces nos resistimos a la voluntad de Dios porque no nos gusta el posible resultado de la obediencia. O, como Jonás, nos enfocamos en nuestros propios deseos y comodidades y perdemos de vista lo que es importante de verdad. Pero nuestros sentimientos acerca de lo que podría suceder no son una razón para oponerse al plan de Dios. Si el Señor nos llama a actuar, Él se encargará de los resultados. Nuestra tarea es obedecer.

¿Qué deseo egoísta le impide obedecer al Señor? Tal vez usted esté demasiado enojado con su cónyuge para tratar de arreglar su matrimonio o demasiado herido para aceptar con agrado el arrepentimiento de alguien que le lastimó. Pero los cristianos no debemos ser gobernados por los sentimientos. La obediencia es lo que se requiere, y sus bendiciones pueden sorprenderle. 

«Sea bueno, sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al cual te enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios nos vaya bien.” (Jeremías 42:6).

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Anónimo

1 Samuel 17:44-45

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Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo. Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.

El Señor quiere fortalecer nuestra fe para que podamos permanecer firmes en su gran poder. Lo hace poniéndonos en situaciones desafiantes que están más allá de nuestras fuerzas. Si confiamos en nosotros mismos, fracasaremos. Pero descubriremos la gran fidelidad de Dios si imitamos el ejemplo de David en el pasaje de hoy:

LA MOTIVACIÓN DIVINA. El deseo del joven pastor de ovejas era defender el nombre del Señor. En medio de nuestros problemas, debemos examinar lo que nos motiva para asegurarnos de que está centrado en Cristo y no en nosotros mismos.

RECONOCIMIENTO DE LA NATURALEZA DE LA BATALLA. La lucha de David en el ámbito físico fue contra Goliat. Pero la verdadera batalla era espiritual, al igual que la nuestra, «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:12).

RECUERDO DE LA FIDELIDAD DE DIOS EN EL PASADO. La confianza de David se basaba en el poder del Señor que le permitió proteger a sus ovejas de los animales salvajes. Aunque usted sea un nuevo creyente, también tiene una historia de la fidelidad de Dios que le fortalece y alienta.

DEPENDENCIA DEL SEÑOR. David no confiaba en armaduras o armas tradicionales; creyó en que el poder de Dios dirigiría una pequeña piedra a la cabeza de Goliat.

Aquel que venció el pecado, también velará por usted, le fortalecerá y le cuidará en cada situación. Confíe en Él.

«Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.»

(Isaías 26:4).

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Anónimo

Juan 10:27-29

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Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Lamentablemente, muchos creyentes a lo largo de la historia de la iglesia, incluso muchos en la actualidad, se han negado a creer que Dios garantiza la seguridad eterna de ellos. Tal negación se deriva de la errónea convicción de que esa salvación es un esfuerzo cooperativo entre las personas y Dios. Tal razonamiento dice que un Dios Todopoderoso no dejará de hacer su parte, pero que un cristiano falible pudiera dejar de hacer la suya.

Pero el creer en lo que dice la Biblia acerca de la salvación, que viene solo de un Dios soberano, lo llevará a la confianza de que su salvación es segura. Si la salvación es toda de Dios, entonces puede saber con certeza que Él no dejará de asegurarla. Cualquiera que sea verdaderamente hijo de Dios no tiene nunca que temer perder su ciudadanía en el cielo. Y si usted lo es, puede confiar en las palabras de Cristo del versículo de hoy de que “nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

«Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.»

(Romanos 9:16).

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Anónimo

Isaías 26:3-4

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Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.

Supongamos que tengo un problema o una situación de amenaza que me mantiene con una preocupación constante. Estoy tan enfocado en este asunto que parece como si estuviera llevando una pesada carga sobre mis hombros. Pero el Señor ofrece una alternativa liberadora:

«Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo.»

(Salmos 55:22). Aunque aveces Él no borra del todo los males que invaden esta vida, nos protege del peso de la preocupación al tomar nuestra situación en sus manos, y nos invade con su paz. 

Pero el llamado a una vida de paz es imposible sin la confianza en Dios. Esa confianza se construye a través de una relación con Él, al orar en medio de las pruebas, al buscar su guía y dirección, al abandonarnos en su soberana voluntad y al comprobar que su Palabra es verdadera y práctica para la vida.

Cuando experimentamos la fidelidad de Dios, y creemos que seguirá obrando a favor de sus seguidores, es cuando podemos experimentar su paz. De hecho, no solo es posible, sino que está prometida en las Escrituras al creyente que confía en Él; «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:6-7). 

Pero la paz inquebrantable no es instantánea; se cultiva mediante una relación constante con el Señor.

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Anónimo

Hebreos 12:1-2

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Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

“Renuncio”. Por lo general, decimos esto cuando una relación, un trabajo o algo parecido se vuelve tan estresante que creemos que no podremos salir adelante. A veces, estas palabras incluso se dirigen a Dios cuando las exigencias parecen demasiado grandes, el costo demasiado alto o los obstáculos demasiado desalentadores.

Pero incluso en tiempos de desaliento, Dios nos da lo necesario para resistir. Contamos con el testimonio de los creyentes que nos han precedido, aquellos cuyas historias están registradas en la Biblia. Y, por supuesto, nuestro máximo ejemplo es Jesucristo. Él soportó la cruz no solo para salvarnos, sino también para animarnos a no cansarnos ni desanimarnos.

Los problemas abundan en este mundo plagado de pecados, pero Dios dice que somos bendecidos cuando perseveramos en las pruebas, «Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.” (Santiago 1:12). Para lograrlo, debemos deshacernos del pecado y de los obstáculos que impiden nuestro progreso espiritual.

Cuando pensamos en rendirnos, nos estamos enfocando en nosotros en vez de hacerlo en nuestro Salvador, quien nos ha dado todo lo que necesitamos para perseverar. El deseo y el poder para seguir adelante provienen de Dios, no de nuestra voluntad y determinación. Los esfuerzos humanos pueden fallarnos, pero el Señor nunca nos dejará.

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Anónimo

Isaías 30:9

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¡Ay de los hijos rebeldes declara el Señor que ejecutan planes, pero no los míos, y hacen alianza, pero no según mi Espíritu, para añadir pecado sobre pecado! Isaías 30:1…Porque este es un pueblo rebelde, hijos falsos, hijos que no quieren escuchar la instrucción del Señor;

Isaías 30:9.

Todos queremos lo mejor del Padre celestial para nuestra vida, pero a veces nos interponemos en su camino. Ese fue ciertamente el caso de Israel. El pasaje de hoy de Isaías comienza diciendo: “¡Ay de los hijos rebeldes!’ —declara el Señor—‘que ejecutan planes, pero no los míos’” (Isaías 30.1).

En vez de confiar en las promesas y el poder de Dios, Israel se centró en la amenaza de un enemigo. Decidieron que lo más seguro era confiar en la ayuda de Egipto, aunque el Señor les había dicho que la solución era arrepentirse y confiar en Él. Al sustituir el plan de Dios por el de ellos, se perdieron lo mejor de Dios para la nación y sufrieron las consecuencias.

«El amparo de Faraón será vuestra vergüenza, y el abrigo a la sombra de Egipto, vuestra humillación.” (Isaías 30:3).

Cuando usted tiene que tomar una decisión, ¿se enfoca en el Señor y en su Palabra o en el problema que está enfrentando? ¿Se apresura a aceptar el consejo de otras personas antes de buscar dirección en las Sagradas Escrituras? Aunque su plan pueda parecer la opción más prometedora, si ha dejado a Dios fuera es muy posible que se haya convertido en un obstáculo para lo que Él desea para usted.

Cuando se sienta tentado a tomar los asuntos en sus propias manos, recuerde la guía del Señor: «Porque así ha dicho el Señor Dios, el Santo de Israel: En arrepentimiento y en reposo seréis salvos; en quietud y confianza está vuestro poder…» (Isaías 30:15). Cuando lo siga, Él le guiará hacia el mejor camino para su vida.»

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Anónimo