Santiago 2:14-16

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Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?

El buen árbol no solo puede, también lleva buenos frutos. Sin embargo, cualquiera que diga que es un buen árbol pero que no dé frutos de las buenas obras no tiene parte alguna en el cuerpo de Jesucristo. La persona que verdaderamente es cristiana podrá repetir lo que dice Santiago: “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma… Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2:17-18)

Ahora bien, no queremos confusión: no es que ganaremos el favor, la aceptación o la salvación ante Dios por nuestras obras, eso es imposible. Lo que destacamos es, que un verdadero cristiano manifestará o evidenciará la salvación que ha recibido (por la obra de Jesucristo) dando frutos, o sea, en buenas obras.

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.» 

(Efesios 2:8-10).

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Efesios 5:3-4

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Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias.

La sociedad en que vivimos se caracteriza por la oscuridad espiritual. Incluso quienes somos creyentes nos acostumbramos tanto a la oscuridad que no nos sentimos ni sorprendidos ni avergonzados por mucho de lo que sucede a nuestro alrededor. Quizás vemos el pecado, pero no lo reconocemos como malo, o tal vez ya no lo notamos.

Uno de esos pecados es la inmoralidad sexual. A lo largo de la Biblia, se nos advierte de sus peligros y se nos dice que nos abstengamos de comportamientos impuros, pasiones lujuriosas y malos deseos, «Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,” (Colosenses 3:5-6). Aunque nos haga sentir incómodos el hablar de ello, debemos considerar de lo que se trata la inmoralidad sexual hoy en día, ya sea adulterio, pornografía o relaciones fuera de matrimonio, y estar preparados para enfrentarla.

Si bien no podemos escapar de nuestra sociedad, Dios ha provisto todo lo que necesitamos para vivir en la luz de nuestro Salvador, Jesucristo. A través de su Espíritu que mora en nosotros, podemos enfrentar cada tentación y elegir lo correcto.

Si usted se siente cómodo viviendo en la oscuridad que le rodea, pídale al Señor que derrame su luz sobre su vida para que le indique cualquier tipo de concesión que tenga con el mundo o deseo pecaminoso. Luego, reciba su perdón y el poder para andar en sus caminos. 

«Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado.” (Salmos 32:5).

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Isaías 30:9

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¡Ay de los hijos rebeldes declara el Señor que ejecutan planes, pero no los míos, y hacen alianza, pero no según mi Espíritu, para añadir pecado sobre pecado! Isaías 30:1…Porque este es un pueblo rebelde, hijos falsos, hijos que no quieren escuchar la instrucción del Señor;

Isaías 30:9.

Todos queremos lo mejor del Padre celestial para nuestra vida, pero a veces nos interponemos en su camino. Ese fue ciertamente el caso de Israel. El pasaje de hoy de Isaías comienza diciendo: “¡Ay de los hijos rebeldes!’ —declara el Señor—‘que ejecutan planes, pero no los míos’” (Isaías 30.1).

En vez de confiar en las promesas y el poder de Dios, Israel se centró en la amenaza de un enemigo. Decidieron que lo más seguro era confiar en la ayuda de Egipto, aunque el Señor les había dicho que la solución era arrepentirse y confiar en Él. Al sustituir el plan de Dios por el de ellos, se perdieron lo mejor de Dios para la nación y sufrieron las consecuencias.

«El amparo de Faraón será vuestra vergüenza, y el abrigo a la sombra de Egipto, vuestra humillación.” (Isaías 30:3).

Cuando usted tiene que tomar una decisión, ¿se enfoca en el Señor y en su Palabra o en el problema que está enfrentando? ¿Se apresura a aceptar el consejo de otras personas antes de buscar dirección en las Sagradas Escrituras? Aunque su plan pueda parecer la opción más prometedora, si ha dejado a Dios fuera es muy posible que se haya convertido en un obstáculo para lo que Él desea para usted.

Cuando se sienta tentado a tomar los asuntos en sus propias manos, recuerde la guía del Señor: «Porque así ha dicho el Señor Dios, el Santo de Israel: En arrepentimiento y en reposo seréis salvos; en quietud y confianza está vuestro poder…» (Isaías 30:15). Cuando lo siga, Él le guiará hacia el mejor camino para su vida.»

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Anónimo