2 Corintios 12:9

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Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

Los problemas y el sufrimiento que experimentamos en la vida no ocurren sin ningún propósito. Dios actúa a través de ellos para nuestro bien. Es posible que no nos guste o no entendamos con exactitud lo que hace, pero conocer algunos de sus objetivos nos ayuda a confiar en Él y cooperar para cosechar los beneficios de la aflicción. Veamos algunos;

    ■Protección. Después de que el apóstol Pablo orara con fervor para que su aguijón en la carne le fuera quitado, Dios le reveló que era una protección contra el orgullo. Todos tenemos aspectos de debilidad que podrían llevarnos al pecado, y Dios en su sabiduría sabe cómo protegernos.

    ■Dependencia. El aguijón de Pablo, que lo hacía débil, también lo enseñó a depender de la gracia y del poder de Cristo. De la misma manera, los problemas a menudo nos impulsan a buscar al Señor con humilde dependencia; para entonces estar en posición de recibir la fortaleza divina que Él promete darnos.

    ■Perspectiva divina Cuando el apóstol Pablo entendió al fin lo que el Señor trataba de hacer, vio su sufrimiento de manera diferente. Dejó de centrarse en su aflicción como un dolor y un obstáculo, y se sintió contento. Pudo regocijarse porque reconoció que el poder de Cristo en él era más importante que verse libre del dolor. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» (Filipenses 4:13).

A menos que reconozcamos que Dios siempre prioriza lo eterno sobre lo temporal, no entenderemos el valor del dolor, las pruebas y el sufrimiento.

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Marcos 1:40-42

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[40] Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme.

[41] Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio.

[42] Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio.

Bendito Dios , Padre nuestro que moras en los cielos y en nuestros corazones, alabado y exaltado seas en todo el universo. Agradecidas  por este nuevo despertar y por el descanso a nuestro cuerpo. Gracias porque estamos de pie y estamos aquí nueva vez recibiendo tu cálido abrazo, tus bendiciones y el favor de tus misericordias . Te pedimos perdón, oh Dios , por nuestras debilidades, límpianos de toda maldad , así como hiciste con el leproso, solo dices la palabra y al instante seremos limpios. Oh Señor queremos llegar hasta ti con olor fragante,  puros y sin manchas. Tu mereces toda la adoracion, por lo cual nos humillados y postramos a tus pies. Ayúdanos, Señor, pues solas no podemos. Aleja todo camino de perdición y enfoca nuestra mirada hacia ti, Rey de los Ejércitos. Ayúdanos a hacer lo bueno, a mostrar tu amor, a ser compasivos con los necesitados, caminar por fe junto a ti siempre, pues eres nuestro galardón.

Padre, he aquí también te presentamos  a nuestras  familias, te suplicamos por su salvación, no permitas que se pierdan, vuélvelas hasta ti y perdona sus culpas. Te llevamos nuestras súplicas en el nombre de tu hijo amado, Jesucristo,  nuestro Salvador y redentor.  Amén.

Juan 3:16-17

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Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

La mayoría de las personas pasan por la vida sin darse cuenta del gran dilema cósmico, es decir, ¿cómo puede un Dios santo reconciliarse con la humanidad pecadora? Tampoco le dan mucha importancia a la solución que Dios mismo proveyó en el Calvario: la cruz era el lugar donde estuvieron en plena exhibición tanto su amor como su justicia.

Cuando Adán y Eva desobedecieron al Señor, condenaron a pecar a toda la humanidad. Y desde entonces, vivimos en oposición al Dios perfecto y justo que nos creó.

El Señor podría haber abandonado a la humanidad a la condenación. Pero, por amor, quiso perdonar a los pecadores y reconciliarlos consigo, sin dejar de ser justo en lo más mínimo. Su solución fue proporcionar un sacrificio perfecto para expiar sus pecados. Eso significaba que se necesitaba un sustituto perfecto para que recibiera el castigo que merecían los pecadores. Así que Dios envió a su Hijo al mundo para cargar con el pecado de la humanidad y aquietar su propia justicia.

La cruz de Cristo representa la única respuesta a este problema cósmico. Dios Padre quedó satisfecho con el sacrificio de Cristo para que con amor eterno pudiera recibir a la humanidad redimida en su santa presencia. ¿Ha puesto usted su fe en Jesucristo como Señor y Salvador de su vida, y reconocido el sacrificio que Él hizo a su favor?

«El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.» (Juan 3:18).

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Filipenses 2:9-11

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Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

¿Qué significa cuando decimos que Jesucristo es Señor? Escuchamos la palabra Señor con tanta frecuencia que a veces pierde su poder y magnitud, pero esto es mucho más que un mero título que la Biblia le da al Salvador.

Filipenses 2.9-11 nos dice que Dios dio a su Hijo “un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla” y “toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Esto significa que su nombre no es otro que Señor. Como puede ver, Señor no es algo que Cristo haga; se trata de quien es Él: Nuestro Salvador es, y siempre será, el soberano gobernante de todo en el Cielo y en la Tierra.

Por tanto, cuando decimos que Jesucristo es Señor, nuestra vida debe reflejar su autoridad sobre nosotros. ¿Hay algo que usted intenta esconder de Cristo? ¿Se ha negado a llevar a cumplir con algo que le ha llamado a hacer? La Biblia dice que un día todo el mundo reconocerá a Cristo como Señor, «y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.» (Filipenses 2:11).

Entonces, debemos invitarle a las áreas oscuras de nuestra vida y permitirle que nos transforme a su imagen. Un buen punto para comenzar es con la sencilla pero profunda confesión: “Jesucristo es Señor”.

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Salmo 19:1,7-8

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[1] Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.

[7] La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.

[8] Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.

El Señor es nuestro Dios, Rey del universo  y grandioso es todo lo que en el habita . Aquí estamos,  amado Rendentor, alzando nuestras manos al cielo con corazones llenos de gozo, pues tu Señor eres El Dios de gloria y hoy visitaremos Tu casa de oración, Tu baluarte,  y ahí estaremos reunidos exaltando y alabando con gran gozo y esperanza . Recibiremos tu palabra,  tu consejo de boca de tu siervo, palabra  fiel y pura. ¡Gracias Señor por tan gran privilegio!

Bendice a tu pueblo, a los pastores, dales claridad de pensamiento, denuedo al hablar, llénalos de tu Santo Espíritu y que tu palabra cause gran impacto en todo aquel que la escuche. Es nuestro ruego que muchos se arrepientan,  vengan rendidos  a tus pies  y te reciban como Señor y Salvador. Perdona nuestros pecados , límpianos de toda maldad, santifícanos en tu verdad. Haz que tu rostro resplandezca, que Tu presencia sea manifiesta en todo lugar donde se predique tu palabra. Renueva nuestros corazones y que nuestra fe vaya en aumento día tras dia. Ayúdanos Señor, te lo suplicamos en el nombre de Jesucristo. Amén.

Jeremías 17:5-7

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Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.

¿Ha conocido a alguien que se haya negado a aceptar cualquier tipo de ayuda? Tal vez le dijo: “No necesito que me ayuden” o “¡Puedo hacerlo solo!”. En cierto modo, respetamos la decisión de estas personas de tomar su propio camino en la vida. Sin embargo, esta perspectiva puede ser un indicio de problemas espirituales que podrían estar frenándolas.

«Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17:9)

El libro El gran divorcio es una mirada alegórica a la eternidad. En él, el autor C. S. Lewis describe un personaje que solo quiere “lo que se merece”, ni más ni menos. Esto aparenta ser un acto de humildad, pero en realidad no es más que falsa humildad motivada por el orgullo. De manera similar, cuando decidimos resolver problemas por nuestra cuenta, terminamos fracasando, en especial cuando se trata del tema del pecado.

Romanos 3.23 deja en claro que el pecado es un problema de todos, cuyo precio a pagar es la muerte. «por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,» (Romanos 3:23). Si nosotros, como el personaje orgulloso del que habla Lewis, aceptamos solo “nuestros derechos”, entonces el pecado y la muerte reinarán en nuestra vida. Podemos superar dicha actitud con verdadera humildad y aceptando lo que no merecíamos: el amoroso sacrificio de Jesucristo por nosotros. Démosle gracias por darnos lo que no podíamos lograr por nosotros mismos: nuestra salvación.

«Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.» (Romanos 6:23).

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Hebreos 4:16

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Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

¿Te has sentido así? ¿Como si la mayor parte del día se hubiera desperdiciado sin ninguna posibilidad de tomar buenas decisiones? Mañana será un nuevo día; el de hoy no fue nada bueno. Tomamos la misma mala decisión cuando se trata de la comida: No seguí mi dieta para el almuerzo, así que voy a comer en exceso en la cena y disfrutar de un pastelito antes de dormir. Debería haber tenido un buen desayuno saludable, pero como no lo tuve, todo el día fue un desastre. Lo haré mejor el lunes… o el próximo mes.

¿De dónde sacamos la idea de que una mala decisión debe ser seguida por otra? Quizás de no entender el verdadero significado de un versículo escrito por el profeta Jeremías en el libro de Lamentaciones y citado con cierta frecuencia: «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.» (Lamentaciones 3:22-23)

Lo que un versículo de la Biblia no quiere decir es tan importante como lo que quiere decir. Jeremías no está diciendo que una nueva mañana sea el único tiempo en que vayamos a recibir misericordia. No hay nada místico relacionado con el reloj que marca la medianoche. Las mañanas no son el único momento en que Dios repone sus misericordias. 

Lo que Jeremías enfatiza es que siempre tendremos una nueva oportunidad, porque así de bueno es Dios. Nosotros tenemos la opción de acudir a él por la mañana, al mediodía o por la noche, una vez al día, nueve veces al día, cada hora si lo necesitamos, y solicitar la ayuda que nos haga falta para vencer en la batalla en la que en un momento dado nos encontremos. No tenemos que esperar al comienzo del día. Podemos buscar la gracia cuando la necesitemos. 

«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.» (Santiago 1:5).

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Hebreos 12:11

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[11] Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Amado Dios y Padre nuestro, bendito sea tu nombre, oh Jehová, Dios todopoderoso y de justicia. Grande son tus obras y grande  es también tu gracia y misericordia, a lo cual nos acogemos cada día. 

He aquí,  estamos ante ti con corazones rendidos y humillados ante tanta grandeza y plenitud. Eres nuestro Dios  y Rey. Te adoramos por siempre. Nada es comparado a ti, tu gran majestad y poder son infinitos y tu santa voluntad es incuestionable,  pues tu haces lo que quieres, siempre con un propósito., exaltar Tu gloria.

Damos gracias por este nuevo amanecer y por todo lo que has permitido y haz hecho en la vida de cada uno de tus hijos, nos acogemos a tu bendita y santa voluntad. Señor enséñanos a ser obedientes y humildes de corazón y a confiar plena y totalmente  en tu plan perfecto. Llévanos de la mano, pues solo en ti estamos seguras. Ayúdanos a ver y discernir tu verdad, tu camino, a ser valientes para defender tu verdad.  Agradecidas  también por nuestras familias, protégelas y guárdalas de todo mal. Perdona sus culpas y las nuestras también,  y no permitas que el enemigo nos tiente a hacer lo malo. Queremos hacer el bien y agradable en todas las cosas. Es nuestro anhelo y oración estar siempre contigo y seguir trillando ese camino hasta llegar a parecernos a ti en santidad.  Gracias por Jesucristo nuestro abogado e intercesor ante ti y nuestro redentor, en su nombre oramos, Amén y Amén.

Juan 10:27-29

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Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

El cristiano tiene una seguridad que ningún heredero de cosas temporales puede tener jamás. Él sabe con absoluta certeza no sólo que la herencia le será guardada, sino también que él mismo será guardado para ella.

«Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.» (1 Pedro 1:3-5).

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Romanos 3:20

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Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él (de Dios); porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

Mucha gente piensa que tratar de poseer una vida recta les garantiza un boleto al cielo. Pueden decir cosas como: “Soy una buena persona; no robo, no miento, no he matado a nadie, no engaño y no cometo adulterio, como otras personas lo hacen. Nunca he estado en prisión, y siempre trabajo duro y contribuyo a la sociedad. Entonces, ¿por qué no debería merecer ir al cielo?”. Observe que el enfoque está en “lo que yo hago”.

En verdad, esta es una mentira del Enemigo para engañar a la gente. Dios no acepta a nadie basándose en obras, y la razón es sencilla: la salvación no depende de nada que podamos lograr o hacer. Nada de lo que hagamos puede ganarla. “(Porque la redención (salvación) de su vida es de gran precio, Y no se logrará jamás),” (Salmos 49:8) Somos salvos solo sobre la base de lo que Cristo logró cuando murió en nuestro lugar para hacernos libres del poder del pecado y de la muerte. Si creemos esta gran verdad; sólo así haremos buenas obras como fruto de haber sido salvados.

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.» (Efesios 2:8-10)

 De eso se trata la salvación, de lo que Jesucristo hizo en la Cruz a favor de los que hemos creído en su obra redentora.

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