Mi dragón

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Tengo un dragón escondido
debajo de mi almohada
con el que juego de noche,
acurrucado en la cama.

Es un dragón chiquitito,
apenas mide una cuarta,
pero tiene unos colmillos
afilados como espadas.

Mira con sus grandes ojos,
encendidos como el fuego,
y su larga cola llega
desde la cama hasta el suelo.

Me gusta jugar con él
a imaginar aventuras
en las que gana el dragón
al héroe de la armadura.

Cuando mi dragón sea grande
yo le abriré la ventana,
para que pueda volar
y llevarme a sus espaldas.

Juan Guinea Díaz
(España, 1981- )

Ser río sin peces

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Ser de río sin peces, esto he sido.
Y revestida voy de espuma y hielo.
Ahogado y roto llevo todo el cielo
y el árbol se me entrega malherido.

A dos orillas del dolor uncido
va mi caudal a un mar de desconsuelo.
La garza de su estero es alto vuelo
y adiós y breve sol desvanecido.

Para morir sin canto, ciego, avanza
mordido de vacío y de añoranza.

Ay, pero a veces hondo y sosegado
se detiene bajo una sombra pura.
Se detiene y recibe la hermosura
con un leve temblor maravillado.

Rosario Castellanos
(México, 1925-1974)

Parábola de la Inconstante

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Antes cuando me hablaba de mí misma, decía:
si yo soy lo que soy
y dejo que en mi cuerpo, que en mis años
suceda ese proceso
que la semilla le permite al árbol
y la piedra a la estatura, seré la plenitud.

Y acaso era verdad. Una verdad.

Pero, ay, amanecía dócil como la hiedra
a asirme a una pared como el enamorado
se ase del otro con sus juramentos.

Y luego yo esparcía a mi alrededor, erguida
en solidez de roble,
la rumorosa soledad, la sombra
hospitalaria y daba al caminante
-a su cuchillo agudo de memoria-
el testimonio fiel de mi corteza.

Mi actitud era a veces el reposo
y otras el arrebato,
la gracia o el furor, siempre los dos contrarios
prontos a aniquilarse
y a emerger de las ruinas del vencido.

Cada hora suplantaba a alguno; cada hora
me iba de algún mesón desmantelado
en el que no encontré ni una mala bujía
y en el que no me fue posible dejar nada.

Usurpaba los nombres, me coronaba de ellos
para arrojar después, lejos de mí, el despojo.

Heme aquí, ya al final, y todavía
no sé qué cara le daré a la muerte.

Rosario Castellanos
(México, 1925-1974)

Puentes

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Yo dibujo puentes
para que me encuentres:
un puente de tela,
con mis acuarelas;
un puente colgante,
con tiza brillante;
puentes de madera,
con lápiz de cera…

Puentes levadizos,
plateados, cobrizos.
Puentes irrompibles,
de piedra, invisibles…

Y tú, ¡quién creyera!
¡No los ves siquiera!
Hago cien, diez, uno…
¡No cruzas ninguno!

Elsa Isabel Bornemann
(Argentina, 1952-2013)

Sueños compartidos

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Al llegar la noche,
antes de acostarme,
pregunto a mi madre
si puede ayudarme:
-Dime, mamaíta.
¿qué puedo soñar?

-Sueña con sirenas
saltando en el mar.
Que eres un pirata
con parche en el ojo,
que con su fragata
navega a su antojo,
buscando un tesoro,
empuña su espada,
soñando despierto
con ver a su amada.

Duermo calentito,
me arropan tus versos,
y acabo soñando:
sueño con tus besos.

-Sueña con la selva,
húmeda y tupida,
verde, intransitable,
cálida, tranquila.
Cabalga en el lomo
de un león enorme,
persigue a la luna
hasta el horizonte.

Cuélgate en las ramas
de un árbol frondoso,
cena con los monos
plátanos sabrosos.

Duermo calentito,
me arropa tu amor,
y acabo soñando:
sueño con tu olor.

-Dime, mamaíta,
¿qué sueño esta noche?

-Sueña con pingüinos
en el Polo Norte.
Baila con las focas,
patina en el hielo,
los osos polares
ahuyentan tus miedos.
Mira las estrellas
hay dos muy brillantes:
mis ojos te alumbran,
ojos vigilantes.

Duermo calentito,
tu voz es mi abrigo,
y acabo soñando:
soñando contigo…

Juan Guinea Díaz
(España, 1981- )

El humo

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El humo
de las chimeneas
se va de viaje
y por eso se pone
su mejor traje.

Para
no perderse
deja sus huellas
por toda la escalera
de las estrellas.

Elsa Isabel Bornemann
(Argentina, 1952-2013)

Compartir

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Al pato, al perro, al loro y al gato
-esperen un poco- les dijo la nena.
Si no se pelean
yo vengo en un rato.
Les traigo galletas muy ricas a todos.

Pero hay un problema…

Hay un solo plato.
Hay que compartir
y si no, no hay trato.

-Bueno, bueno, bueno.
Le dijeron todos.

Y salió la nena a lo de Don Tato
y trajo un paquete de galletas dulces
para patiperros,
para lorigatos,
para gatiloros,
para loripatos.
Para patos, perros, loros y gatos.

Daniel Allaria Oriol
(Argentina, 1953- )

Cuéntico bóbico para una nénica aburrídica

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Una mañánica
de primavérica
hallé una láuchica
en la verédica.
Era muy rárica:
con dos mil rúlicos
sobre la cárica,
según calcúlico.
En su cartérica
guardaba heládico
de rica crémica
y chocolático.

Jugó a la abuélica,
también al ránguico,
pisa pisuélica
y bailó un tánguico.

Y muy ligérico
se fue en un cárrico
con su cochérico
y sus cabállicos.

No, no es mentírica
-cara de tórtica-
¿No crees nádica?
¡Pues no me impórtica!

Elsa Isabel Bornemann
(Argentina, 1952-2013)

Poema del enamorado de la maestra

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Usted jamás va a saberlo
y es apenas una frase:
¿cómo escribir que la quiero
en el cuaderno de clase?

Usted nunca va a enterarse.
Es ancha esta pena mía.
¿Cómo contarle mi amor
con faltas de ortografía?

Usted pondrá “insuficiente”
a su alumno enamorado,
pues por volverla a tener
¡voy a repetir el grado!

Elsa Isabel Bornemann
(Argentina, 1952-2013)