Romanos 4.4

Estándar

¿A QUIÉN SERVIRÉ?

Texto: Romanos 6:15-19

Idea central: Usa la libertad que Dios te ha dado para decidir sabiamente quién será tu señor… ¿Vivirás para servir a tus malos deseos o elegirás servir al Dios que te libertó?

Lecciones particulares:

— El hecho de que la ley ya no me obliga a obedecerle, el hecho de que Dios me ama incondicionalmente, no significa que yo puedo vivir como si Dios no existiese (v.15).

— La razón es simple (v.16a): cuando yo decido tomar mis facultades/habilidades y ponerlas a disposición de alguien, ¡yo estoy a merced de la voluntad de esa persona! Cuando yo pongo mi cuerpo a disposición de otro, ¡quien manda es el otro!
— Nuestra relación con nuestros deseos naturales (i.e. el pecado) y con los nuevos deseos en nosotros (i.e. la obediencia a Dios) funciona del mismo modo… O ponemos nuestros pensamientos, palabras y cuerpo a disposición de nuestros malos deseos y nos hacemos servidores del pecado, o los ponemos a disposición de los deseos del Espíritu y nos hacemos servidores de la obediencia. No podemos servir a dos señores (cf. Lucas 16:13).

—  Lo que cosecharemos será el fruto de a quién decidamos servir (v.16b): muerte, si servimos a la rebelión contra Dios; justicia, si servimos en sumisión a Dios. Nota qué tan estrecha es la relación entre injusticia y muerte, y justicia y vida: es tan estrecha que son términos intercambiables. Donde esté una, estará la otra; donde hay fuego, hay luz. Adicionalmente, nota que siempre sirves a alguien; incluso cuando “te sirves a ti mismo” no haces más que someterte a los deseos del pecado que están entrelazados con tu naturaleza caída.

—  Desde el punto de vista humano (v.19a), cuando éramos esclavos del pecado, Dios nos libertó a través de la iluminación con una verdad específica, lo cual nos permite tomar la decisión de negarnos a nuestros malos deseos y activamente someternos a Dios (vv.17,18).

    • Éramos esclavos del pecado → fuimos entregados a una doctrina específica → decidimos obedecer a Dios de corazón.
    •   Éramos esclavos del pecado → fuimos libertados del pecado → decidimos poner nuestros cuerpos bajo el servicio de la justicia.—  La realidad es que, incluso nuestra decisión, nuestra acción, es llevada a cabo por Dios (v.17, “gracias a Dios que [hicieron esto y aquello]”; cf. Romanos 9:14-24).

      Sin embargo, también es necesario considerar nuestra salvación en el plano puramente humano, pues somos débiles e incapaces de ver cómo la obra de Dios debe reflejarse en nuestra vida…

      Por tanto (v.19b):

  1. Considera de qué forma, con qué inventiva y con qué ánimo, ponías tu mente, palabras y acciones a disposición de tus deseos pecaminosos, con el fin de culminar el pecado.
  2. Toma tus recursos, todo tu ser, y con esa misma inventiva y ánimo ponlo ahora a disposición de la voluntad de Dios para llevar a cabo la santificación.
  3. Nota que cuando te haces siervo de la obediencia a Dios el resultado no es, simplemente, santidad (en contraposición a “iniquidad”, v.19b), sino santificación. En otras palabras, el mismo acto de someterte a la voluntad de Dios es el medio por el cual vas siendo purificado de tus malos deseos (el pecado que aún queda en ti). Míralo así: Antes servías a un señor y estás amoldado a sus hábitos…Ahora sirves a uno nuevo y mientras más te acates a su voluntad, más natural te será servirle y menos natural serán las acciones que hacías antes en el servicio anterior. Estás amoldándote a una nueva cultura, a una nueva naturaleza.

    Preguntas de introspección:

    Si examinaras tu vida en este momento, ¿a quién diría la evidencia que sirves? ¿Quién gobierna, realmente, tu vida? ¿Cuáles deseos son los que están presentes en tu mente en el díaa día? ¿Qué moldea tus decisiones, tus pensamientos, tus palabras, tus acciones? ¿En qué formas prácticas puedes expresar vivir en servicio a Dios en tu vida? ¿Qué estrategias puedes desarrollar para asegurarte de que le pones el mismo ánimo e inventiva al traerle alegría a Dios que el que le ponías al traerle alegría a tu vieja naturaleza?

    Historia sugerida:

    Zaqueo y su reacción al ser salvado, y la consecuente parábola de las minas (Lucas 19:1-27).

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