Romanos 4.6

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DIOS BUSCA UN SERVICIO GENUINO, DE CORAZON

Texto: Romanos 7:1-7

Idea central: La relación que teníamos con nuestros malos deseos y sentimientos ha sido completamente disuelta, el pecado ya no tiene forma de exigirnos que continuemos atados a él. Por tanto, sirvamos a Dios de corazón, como quienes no están en unión al pecado.

Lecciones particulares: 

— La ley solamente puede reclamar derechos sobre una persona mientras ella vive (v.1).

  •   Mientras una pareja casada esté viva, ellos están atados el uno al otro (cf. v.6) por la ley (v.2a).
  •   Si uno de los dos muere, la ley pierde cualquier derecho a reclamar, por lo que no puede exigir que la relación se mantenga (vv.2b,3).

    — Cuando estábamos en nuestra vieja naturaleza (la carne), el resultado de la ley era despertar nuestras malos deseos y sentimientos  → ellos actuaban en nosotros y se expresaban en nuestras acciones físicas →  el pecado consumado traía muerte (v.5).

    —  Nuestro problema no era simplemente corrupción… Por medio de la ley estábamos atados a nuestra vieja naturaleza, nuestros malos deseos y sentimientos. No solo carecíamos de la capacidad de romper con nuestra naturaleza pecaminosa, sino que tampoco teníamos el derecho de dejar de ser pecadores.

    La ley exigía que permaneciésemos atados a la naturaleza pecadora, que permaneciésemos en el círculo de pecado-muerte.

    ¿Cómo recibiríamos el pago por nuestro pecado, la muerte, si dejamos de tener relación con el pecado? En apoyo a esta idea, nótese el uso de Pablo de la analogía: nosotros somos la esposa (vv.4,6), el nuevo marido es Jesús (v.4), y la ley nos ataba a nuestro viejo marido… (v.6); la anteposición a Jesús no es Satanás, sino el pecado. Adicionalmente, considerarlo de esta manera fluye de forma más natural al párrafo siguiente: la conclusión del párrafo actual debiera llevarnos a preguntar “Entonces, ¿es pecado, es mala, la ley?” (v.7).

    —  Dios, pues, ideó la solución:

    •   Por medio de Jesús, creó la forma de hacernos morir para libertarnos del derecho de la ley de exigir que continuáramos en unión al pecado (v.4a).

      —  De esta manera, somos libres para unirnos a Aquel que no nos dejó muertos, sino que nos resucitó de entre los muertos (v.4b).

    •   Todo esto con el fin de que podamos llevar fruto para Dios (v.4c).

      —  Por tanto, no tratemos de hacer el bien como antes, por obligación, como si nuestra unión verdadera real fuera con nuestros malos deseos y sentimientos. Antes bien, ¡hagamos el bien a partir de nuestra nueva realidad en unión al Espíritu! (v.6).

Preguntas de introspección:
¿Comprendes lo desesperada de tu antigua situación (no solo no podías ni querías salvarte, sino que aun cuando pudieras o quisieras no hubieras sido aceptado)? ¿Meditas en esta realidad de modo que tu corazón crezca en gratitud a Dios y a Jesús? En el día a día, cuando tienes que decidir entre el bien y tus malos deseos/sentimientos, ¿cuál es tu actitud al elegir el bien? ¿Sirves a Dios como si Él fuera un amorío que no tiene derecho a reclamarte y al que te pesa complacer? ¿O sirves a Dios de corazón, con amor y gratitud? ¿En qué formas prácticas puedes trabajar con el Espíritu para moldearte, de modo que hacer el bien no te sea una carga?
Historia sugerida: Ilustración de la esposa infiel (Ezequiel 16:8-15,32-41,58-63).

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