Romanos 4.15

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HIJOS, NO ESCLAVOS

Texto: Romanos 8:14-16

Idea central: Si eres guiado por el Espíritu de Dios, no tienes por qué preocuparte, incluso cuando caigas: eres hijo de Dios y eso nada ni nadie te lo puede quitar.

Lecciones particulares: 

¿Cómo yo sé que seguir al Espíritu me traerá vida verdadera?

— Por la sencilla razón de que todos y cada uno de los que son guiados por el Espíritu son hijos de Dios (v.14). Ninguno de los que sigue al Espíritu será dejado afuera: si vives sometiéndote al Espíritu y no a tus sentimientos y deseos, has sido llamado a ser hijo de Dios (1 Juan 3:1).

¿Cómo puedo estar seguro de esto?

—  Puedes estar seguro porque el Espíritu que recibiste no fue un espíritu de esclavitud, de méritos y rendimiento, para que vuelvas a vivir igual que antes, en temor de si realmente eres aceptado o si pecaste más de lo que Dios quiere tolerarte (v.15a)…

—  El Espíritu que recibiste (y sabes que lo recibiste porque eres capaz de escucharle y hacerle caso) es su Espíritu de adopción como hijo (v.15b; cf. recibiste el “Espíritu de Cristo”, su Hijo – v.9c).

—  Por esta razón, puedes estar seguro de que Dios te ve como su hijo, te ama como su hijo. Puedes acercarte a Dios con confianza y abrirle tu corazón, pedirle consuelo, pedirle consejo, expresarle amor y sentir su amor, buscar refugio y protección (v.15c). Puedes clamar ¡Abba, Padre!

 

— Más aún, si tienes el Espíritu de Dios (si lo que define tus pensamientos, decisiones y acciones es el Espíritu de Dios), el mismo Espíritu te habla directamente a tu corazón palabras de paz. Él te dice “Eres hijo de Dios” (v.16).

¿Tienes dudas de si eres salvo, de si eres hijo de Dios?

Revisa (1) si el Espíritu puede hablarte (i.e. si lo estás siguiendo), y (2) si tú puedes escucharle (i.e. si estás confiando en Él).

Preguntas de introspección:

¿Comprendes la relación entre matar tu pecado (y negarte a vivir de acuerdo a tus emociones y deseos naturales) y ser hijo de Dios? ¿Aprecias que es precisamente tu lucha con el pecado lo que más claramente identifica a los hijos de Dios?

¿Cómo vives tu vida, como hijo de Dios o como hijo del Diablo? ¿Los deseos de qué padre son la característica de tu vida? (Juan 8:44a).

¿Aprecias lo que significa ser hijo de Dios? ¿Entiendes que, aún cuando es cierto que pecas, esto no define tu relación con Dios? ¿Entiendes que Dios te sigue amando, te sigue considerando su hijo, aunque le falles? ¿Comprendes la diferencia entre fallarle y vivir guiado por tus deseos?

¿Cómo impacta tu vida la realidad de que eres hijo de Dios? ¿Le abres tu corazón con tus preocupaciones? ¿Buscas su consejo? ¿Te cobijas en su amor? ¿Cómo impacta esto la forma en que le oras? ¿Le hablas con el corazón en la mano o lo que te interesa es hablarle rimbombantemente? ¿Cultivas en ti un oído para escuchar cuando el Espíritu de Dios le habla paz a tu corazón? ¿De qué manera puedes asegurarte de que cuando oyes/sientes “paz” realmente es el Espíritu de Dios que te lo dice y no tú engañándote a ti mismo? (cf. Ro. 8:14).

Historia sugerida:  Parábola de las cien ovejas (Lucas  15:3-7). Parábola del hijo pródigo (Lucas 19:11-24).

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