CARTA A LAS JOVENES DE LA IGLESIA

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Cómo quisiera estar con ustedes en mi terraza, con un vaso de té frío y conversar sobre Tito. Hay tantas cosas que quisiera decirles, cosas que ojalá hubiera sabido a esa edad. Pero hoy hablemos solo de por qué es importante tomar en serio el mandato de Tito 2:3-5

Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

Andaba en los ’40 cuando empecé a notar la belleza de este imperativo bíblico. Como esposa de un pastor joven, mi arrogancia espiritual no me permitía valorar a las mujeres mayores en mi vida. Juzgaba su espiritualidad según mis estándares y, la verdad, no reconocía su obediencia quieta, estable, durante décadas, tanto en tiempos de regocijo como de tristeza.
Yo no tomaba en serio Tito 2 así que perdí una de las más ricas provisiones de gracia divina para mi crecimiento en la gracia. Mi tristeza sobre mi pecado y pérdida solo es eclipsada hoy por la maravillosa paciencia y el amor de Dios por esta hija llena de orgullo.

Es un regalo maravilloso que ahora, en mis ‘70s, me hayan invitado a compartir mi aventura de Tito 2 con ustedes. Nunca fue un viaje solitario. Mis convicciones y compromisos nacieron en el contexto de una iglesia que predica sana doctrina. El Señor usó a mi esposo y otros líderes de la iglesia, a muchas mujeres y a dos eventos particulares para modelar la trayectoria de esta jornada.

El primer evento sucedió hace casi 30 años cuando me nombraron Directora del Ministerio de Damas de la Iglesia Presbiteriana en Estados Unidos. Bien pronto me dí cuenta que los recursos eran muy escasos para navegar en medio de la confusión de lo que ha de ser y hacer un ministerio de mujeres, así que al investigar la Palabra de Dios aterricé en Tito 2:3-5.
Lentamente, la idea capturó mi mente; pero mis ideas eran bien minimalistas. Lo que quería era desarrollar un plan para juntar mujeres jóvenes y mayores y terminar con el asunto. Pero al orar sobre el pasaje, acabé orando sobre el capítulo, luego sobre la carta entera y luego sobre la Biblia entera. Dice el Catecismo de Westminster que “las Escrituras manifiestan por sí mismas ser la Palabra de Dios… por el consentimiento de todas sus partes, y la visión del todo, que es dar toda gloria a Dios.”
Tener “la visión del todo” me ayudó a entender con más claridad, intensificó mi pasión por Tito 2 y pude ver esta responsabilidad del pacto familiar dentro de la gran historia de la redención.
Eva significa “dadora de vida.” No me parece que este calificativo sea puramente biológico. La vida de Cristo en nosotras capacita para que seamos dadoras de vida, no succionadoras, en cada relación, cada circunstancia, cada temporada de vida. Su gracia nos apodera para nutrir vidas de pacto -vidas basadas en las infalibles promesas de Dios en Cristo- en nuestros hogares, iglesias, vecindarios y lugares de trabajo.

El problema es que en un mundo caído luego preguntamos igual que Caín “¿soy yo acaso guarda de mi hermano?” Necesitamos ser discipuladas en la Palabra de Dios, exactamente el mandato del Señor Jesús a su iglesia.

Tito 2:3-5 hace el mandato género-específico. Tito 2 es más que un sistema para emparejar mujeres de diferentes generaciones. Tito 2 es acerca de ser guarda de mi hermana y discipular para vivir para la gloria de Dios de acuerdo a Su Palabra. Tito 2 es parte de la obediencia eclesiástica a la Gran Comisión. Tito 2 es ser dadoras de vida. O sea que al renovar mi mente y notar la magnitud del mandato el Señor me preparó para el siguiente paso.

El segundo evento fue el llamado que mi esposo recibió a servir en una iglesia con una rica mezcla generacional de gente piadosa. Tito 2 se convirtió en algo intensamente personal y práctico. Muchas veces me pregunté si era una mujer mayor o si era una mujer joven.
En lugar de desilusionarme porque las mayores carecían de liderazgo, decidí escucharlas. Les pedí compartir sus historias, que nos dijeran lo que les habría gustado saber a nuestra edad, nos contaran de sus versos bíblicos e himnos favoritos.
Pronto, mujeres jóvenes y mayores andaban juntas, conociéndose, amándose, aprendiendo unas de otras mientras discutían aplicaciones de la Palabra de Dios y oraban juntas. Nos dimos cuenta que cada una era mujer joven y mayor al mismo tiempo; que había una vibrante mutualidad al aprender y nutrir la fe de unas y otras.

La descripción de Pablo de esta clase de discipulado es profunda, eternal:

Más bien demostramos ser benignos entre vosotros, como una madre que cría con ternura a sus propios hijos. Teniendo así un gran afecto por vosotros, nos hemos complacido en impartiros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas, pues llegasteis a sernos muy amados  (1 Tesalonicenses 2:7-8).

Este discipulado es educador, relacionador, transformador. Las mujeres necesitamos mujeres maduras que enseñen “lo que es bueno” de acuerdo a la Palabra de Dios. Necesitamos aprender las bases teológicas de nuestro diseño creador, nuestro papel en el hogar y en la iglesia, nuestro llamado a ser dadoras de vida en cada rol y etapa que estemos. Necesitamos mujeres que compartan su vida y entrenen a cómo vivir la vida cristiana -cómo amar a otros, cómo cuidar la familia, cómo cultivar comunidades, cómo trabajar productivamente, cómo extender compasión de acuerdo a la Palabra de Dios. Necesitamos mujeres piadosas que oren y de continuo puntualicen la suficiencia de la Escritura para transformarnos en dadoras de vida.

Tito 2:3-5 es una maternidad. No tiene que ser biológica. Algunas de las mejores madres espirituales que conozco nunca han parido hijos biológicos. Lo que sí debemos notar es que ser madre es costoso. Es sacrificial.
De modo que la primera pregunta es ¿por qué? ¿Por qué haría una mujer esta clase de inversión?
Si la motivación es culpa, realización personal, entusiasmo por un nuevo programa o ministerio…estamos perdidas.
Pablo nos enseña la única razón razonable para obedecer:

Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús (Tito 2:11-13)

El evangelio es la única motivación que incentiva a una vida de obediencia: el Señor Jesús apareció en gracia y aparecerá en gloria. Mientras tanto hagamos discípulos.

Y Pablo es bien rápido para asegurarnos que el poder es del evangelio, no de nuestra capacidad de persuadir:

aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús quien se dio a sí mismo por nosotros, para REDIMIRNOS DE TODA INIQUIDAD y PURIFICAR PARA SI UN PUEBLO PARA POSESION SUYA, celoso de buenas obras (Tito 2:13-14)

Jesucristo es quien redime y purifica. Cuándo y cómo responderá una mujer es trabajo de la gracia de Dios. Pero si responde o no responde, de todos modos Dios hará en mí su obra purificadora y redentora al compartir el evangelio y mi vida con otros.

No es mi historia; es la historia de la gracia de Dios. Mi tardía respuesta a Tito 2 fue parte del plan soberano de Dios para mí, quizás para darme una pasión de urgirte a que no pierdas ninguna oportunidad de convertirte en una mujer involucrada en discipular relaciones con otras mujeres.

Mi querida amiga, no conozco tu cara o tu nombre, pero si confías en Dios para tu salvación, eres mi hija espiritual porque Dios te adoptó en nuestra familia. Y por ello,

Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros…por vuestra participación en el evangelio…estando convencido precisamente de esto:que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.

Es justo que yo sienta esto acerca de todos vosotros, porque os llevo en el corazón, pues tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia (Filipenses 1:3-7).

Tomado de “Older and Younger: Taking Titus Seriously” by Susan Hunt and Kristie Anyabwile in Word-Filled Women’s Ministry: Loving and Serving the Church edited by Gloria Furman and Kathleen B. Nielson, © 2015, pp. 158-170. Used by permission of Crossway, a publishing ministry of Good News Publishers, Wheaton, IL 60187, http://www.crossway.org.

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