Romanos 4.18

Estándar

ÉL INTERCEDE POR MÍ

Texto: Romanos 8:26,27

Idea central: Cuando oramos de acuerdo a nuestros propios deseos no oramos como debiéramos. El Espíritu, entonces, ora por nosotros e intercede amorosamente de acuerdo a la sabia voluntad de Dios.

Lecciones particulares: 

Si nuestra esperanza no está en lo que nos rodea y podemos ver, entonces podemos vivir pacientemente, aunque no tengamos cosas que nos gustaría tener o sucedan cosas que no nos gustaría que sucediesen (v.25).

—  La realidad, no obstante, es que somos débiles (v.26a) y, en lugar de esperar con paciencia, convertimos las cosas de este mundo en nuestra esperanza (cf. v.25a).

—  Esto se revela en cómo oramos (v.26b), pues no pedimos o agradecemos de acuerdo a la voluntad de Dios (v.27b), sino de acuerdo a lo opuesto (cf. Lucas 22:42), de acuerdo a nuestra terca voluntad egoísta (i.e. de acuerdo a nuestros deseos y a lo que sentimos). En otras palabras, incluso cuando oramos a Dios encontramos la manera de poner la esperanza en las cosas que vemos y deseamos aquí (v.25): un mejor trabajo, una mejor vida, una mejor relación, una mejor salud…

Sin embargo, hay esperanza:

—  El Espíritu que nos guía (v.14), el Espíritu que nos hace hijos de Dios (v.15), el Espíritu que nos habla paz (v.16), el Espíritu que nos hace probar las delicias de Dios (v.23), ese mismo Espíritu viene en nuestra ayuda cuando sucumbimos a la debilidad y no oramos como debiéramos (v.26a).

—  La forma en que el Espíritu ayuda no es convenciendo a Dios que nos dé lo que pedimos de acuerdo a nuestros deseos y sentimientos (cf. Santiago 4:3): ¡Él no “maquilla” nuestras oraciones! Más bien, la forma en que Él nos ayuda es haciendo Él mismo sus propias oraciones por nosotros (vv.26c,27b); oraciones de acuerdo a la voluntad de Dios.

—  Las oraciones que el Espíritu hace por nosotros no son el resultado de un cálculo frío que no nos toma en cuenta. Antes bien, son el resultado de una profunda sabiduría (v.27b; cf. Proverbios 2:6) que ha sido moldeada por un amor que no puede ser descrito con palabras humanas (vv. 26c,27a).

Preguntas de introspección:

¿Qué cosas ocupan la mayor parte de tus oraciones? ¿Qué revela la forma en que pides a Dios acerca de tus prioridades? ¿Cuáles son las motivaciones por las que pides/agradeces a Dios las cosas que pides/agradeces? ¿Revela la forma en la que oras que confías en Dios, o que tu corazón espera en las cosas de este mundo (cf. Mateo 6:25-34)?

¿Aprecias el amor de Dios en que, en lugar de desecharte y no darte nada por no orar como debieras, Él somete oraciones válidas en tu lugar? ¿Aprecias su amor en que Él pide para ti de acuerdo a su sabiduría y no de acuerdo a tus deseos “medalaganarios”?

¿De qué formas prácticas puedes asegurarte de que trabajas con el Espíritu y no contra el Espíritu en este aspecto de tu santificación? ¿Cómo puedes, en tu vida diaria, cultivar un corazón y una mente que genere oraciones más parecidas a las del Espíritu (i.e. de acuerdo a la voluntad de Dios)?

¿Cómo puedes lograr que “hágase tu voluntad, no la mía” sea una verdad que fluya de tu corazón, tu sentimiento real, en lugar de una coletilla hipócrita que agregas al final de tus oraciones carnales?

Historia sugerida: Historia de Pablo y su aguijón en la carne (2 Corintios 12:7-10).

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