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Que las palabras mueren cuando no las usamos para señalar lo que realmente significan.

Rigurosidad de pensamiento y modo en que hablamos afectan, para bien o mal, el tipo de comunidad en que vivimos. Cuando una sociedad entra en crisis, esto se nota con mucha claridad en el lenguaje. El lenguaje se empobrece de un modo tal, que ciertas ideas ya ni siquiera llegan a expresarse, donde todo razonamiento es reemplazado por la frase hecha, el slogan.

Slogan es la característica de nuestra moderna sociedad de masas en sus actuaciones políticas. Y cuando toda comunicación se realiza mediante etiquetas, no solo atenta contra el lenguaje sino que se destruye la racionalidad, pues no habrá oportunidad de pensar con seriedad en el orden y sentido de lo político. Se resuelve recurriendo a frases prefabricadas.

A su vez, las frases se convierten en el medio por el cual todo el mundo expresa sus “convicciones,” mismas que no irán más allá del slogan mismo. Pero criticar el slogan no sirve de mucho. Es necesario un paso más. La obra de C.S. Lewis se encuentra llena de apelaciones al sentido común para defendernos de las ideas de moda.

“Bulverismo” fue el nombre inventado por Lewis para designar una práctica típica de la retórica actual: la de intentar sugerir por qué alguien está equivocado antes de demostrar que en efecto está equivocado.

El asunto es grave porque tiene apariencia de refutación, pero no lo es porque no se hace cargo del argumento contrario. El bulverismo se caracteriza por atender a la psicología del otro, a sus eventuales intereses ocultos, en lugar de hacerse cargo de lo que en realidad piensa. Por ejemplo, si digo tener una suma considerable de dinero en el banco, la única manera de saberlo es sentarse y hacer el cálculo. Si mi cálculo es correcto quedará demostrado. Si mi cálculo es incorrecto, sería interesante explicar cómo llegué a ser tan pobre en aritmética (tomará relevancia la idea del deseo oculto), pero solo después de haber calculado y demostrado el error.

Lo mismo sucede con ideas y sistemas de pensamiento: intentar demostrar quién está equivocado especulando sobre las intenciones ocultas ajenas te conducirá al ridículo. Primero hay que demostrar en términos lógicos quién tiene posiciones insostenibles. Después, y solo después, ir y descubrir la causas internas del error. Es decir, demostrar el hecho de que alguien está equivocado antes de empezar a demostrar por qué está equivocado.

Solo haciéndonos cargo de los argumentos, y no de los intereses del otro, podremos avanzar en el descubrimiento de la verdad.

Ahora bien, para atrevernos a pensar, a hacernos realmente cargo de los argumentos del otro, hace falta rigor intelectual (conocimiento) pero sobre todo coraje, la valentía de seguir la verdad adonde nos lleve, reconociendo que muchas veces puede significar dejarnos convencer por otros.

ETICA Y POLITICA. Una mirada desde CS Lewis. Manfred Svensson.

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