Apuntes a Génesis II

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TEMA V. EL HIJO LARGAMENTE ESPERADO. 

LA FAMILIA DE REBECA Y MUERTE DE SARA Génesis 22:20-24 y 23:1-20

Al hacernos partícipe de los sucesos en Harán, dentro de la familia de Nacor, nos preparan para la siguiente escena. Alguien no identificado trae noticias, Nacor tiene 12 hijos: las 12 tribus arameas.
En la narración previa Abraham no sabía que estaba siendo probado; tampoco sabía que Isaac no tendría que ser sacrificado. En la genealogía no sabe que su hermano Nacor, a quien no ha visto desde que abandonó Harán, tiene tantos hijos.
Es probable que el anuncio sea para el patriarca una confirmación, una apertura de ojos, de la dedicación de Dios sobre él.

20Y aconteció después de estas cosas, que le dieron noticia a Abraham, diciendo: He aquí que Milca también le ha dado a luz hijos a tu hermano Nacor: 21Uz su primogénito, Buz su hermano, y Kemuel, padre de Aram, 22Quesed, Hazo, Pildas, Jidlaf y Betuel. 23Y Betuel engendró a Rebeca. Estos ocho hijos dio a luz Milca a Nacor, hermano de Abraham. 24También su concubina, de nombre Reúma, dio a luz a Teba, a Gaham, a Tahas y a Maaca.

MUERTE Y SEPULTURA DE SARA
Todo lo que sabemos de las actividades de Sara entre los 90 y los 127 es que parió a Isaac a los 90 y se murió a los 127. No se extrañens, porque los únicos eventos de Abraham registrados durante los últimos 38 años de su vida (de los 137 a los 175) fue que escogió novia a Isaac, y que se casó otra vez.
Lo interesante es que Sara es la única matriarca cuya edad se registra al morir. Issac se casó con Rebeca tres años después de la muerte de su madre (Génesis 25:20), es decir a los 40 años de edad.
Pero antes de aprender sobre Rebeca tenemos la muerte y sepultura de Sara.

23 1Y vivió Sara ciento veintisiete años; estos fueron los años de la vida de Sara. 2Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y Abraham fue [procedió] a hacer duelo por Sara y a llorar por ella. 3Después Abraham se levantó de delante de la difunta, y habló a los hijos de Het, diciendo: 4Extranjero y peregrino soy entre vosotros; dadme en propiedad una sepultura entre vosotros, para que pueda sepultar a mi difunta de delante de mí.

Los ocupantes de Hebrón son hititas. La negociación entre Abraham y Efrón el hitita puede explicarse por dos leyes del Código Hitita, del segundo milenio A.C.
Abraham se identifica como un “peregrino extranjero” en una tierra que le ha sido prometida en herencia, vaya ironía, se reduce a sí mismo al estatus de alguien sin derecho y solicita un pedazo de propiedad para sepultar a su esposa. La costumbre obligaría a que Abraham regresara al lugar de sus ancestros para sepultar a Sara, pero el patriarca dice “no.”

5Y los hijos de Het respondieron a Abraham, diciéndole: 6Oyenos, señor nuestro: eres un príncipe poderoso [de Dios] entre nosotros; sepulta a tu difunta en el mejor de nuestros sepulcros, pues ninguno de nosotros te negará su sepulcro para que sepultes a tu difunta.

Se verá a sí mismo como peregrino extranjero más para los hititas es el escogido de Dios (príncipe de Elohim). Le dan la bienvenida de un rey y se muestran solícitos para atender su petición. Observen que le ofrecen gratis un espacio de tierra, oferta generosa que Abraham rehusa con la misma actitud con que antes rechazó la oferta de los reyes cuando la guerra contra el rey Q (14:22-23).

7Abraham se levantó e hizo una reverencia al pueblo de aquella tierra, los hijos de Het, 8y habló con ellos, diciendo: Si es vuestra voluntad que yo sepulte a mi difunta de delante de mí, oídme e interceded por mí con Efrón, hijo de Zohar, 9para que me dé la cueva de Macpela que le pertenece, que está al extremo de su campo. Que en presencia de vosotros me la dé por un precio justo en posesión para una sepultura.
10Efrón estaba sentado entre los hijos de Het; y Efrón hitita respondió a Abraham a oídos de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de su ciudad, diciendo: 11No, señor mío, escúchame; te doy el campo y te doy la cueva que está en él. A la vista de los hijos de mi pueblo te lo doy; sepulta a tu difunta.
12Entonces Abraham se inclinó delante del pueblo de aquella tierra, 13y habló a Efrón a oídos del pueblo de aquella tierra, diciendo: Te ruego que me oigas; te daré el precio del campo; acéptalo de mí, para que pueda sepultar allí a mi difunta.

Al pueblo de aquella tierra… a la ciudadanía local; Abraham no abusa su condición. Insiste en la compra y sugiere intermediarios para hablar con Efrón (cortesía extrema). Solo pretende la cueva al extremo del campo, pero de acuerdo a la ley hitita si solo compra una sección significa que no tiene obligación de pagar impuestos ni cumplir otros deberes. Sin embargo es probable que Abraham hizo la oferta más por modestia que por otra cosa, está en duelo y se considera peregrino extranjero.
Efrón, muy sagaz, insiste en vender todo o nada. Si vende todo, el comprador paga los impuestos. Coloca su precio más alto quizás esperando que Abraham se ponga a regatear. No hará nada furtivamente, habla delante de todo los ciudadanos.
Existe un paralelo con el intercambio que hizo David y Arauna jebuseo (2 Samuel 24:18-25). David insiste en pagar el importe total, pues igual que Abraham, considera que la propiedad no es legalmente suya a menos que pague el precio total (1 Crónicas 21:24).
Recibir una propiedad gratis sería una manera insidiosa donde el propietario original retendría el poder sobre la propiedad.

14 Efrón respondió a Abraham, diciéndole: 15 Señor mío, óyeme: una tierra que vale cuatrocientos siclos [un siclo=11.4 gr] de plata, ¿qué es eso entre tú y yo? Sepulta, pues, a tu difunta. 16Y oyó Abraham a Efrón; y Abraham pesó a Efrón la plata que éste había mencionado a oídos de los hijos de Het: cuatrocientos siclos de plata, medida comercial [peso corriente según el mercader].
17Así el campo de Efrón que está en Macpela, frente a Mamre, el campo y la cueva que hay en él, y todos los árboles en el campo dentro de sus confines, fueron cedidos 18a Abraham en propiedad a la vista de los hijos de Het, delante de todos los que entraban por la puerta de su ciudad. 19Después de esto, Abraham sepultó a Sara su mujer en la cueva del campo de Macpela frente a Mamre, esto es, Hebrón, en la tierra de Canaán.

¡400 siclos de plata! Ninguna oferta especial. 400 siclos serían más de 100 libras de plata.
David pagó 50 siclos; Jeremías pagó 17 a su primo en Anatot (Jeremías 32:9).
Pero Abraham no ofrece resistencia a la cantidad fijada por Efrón ni tampoco intenta persuadir que le baje el precio. Compró en el acto y sepultó a Sara.
¿Qué epitafio le pondrían?
“Aquí yace Sara, quien supo que nada es imposible para Dios.” Bien que lo aprendió cada vez que miraba a Isaac, y se reía.
Uno se pregunta si los 400 provendrían de las 1,000 piezas de plata que Abraham recibió de Abimelec. Curiosamente, luego de la transacción no se menciona que Abraham llore a su esposa. Abraham mismo será sepultado luego aquí (25:9), así como Isaac y Rebeca (35:27-29), Jacob y Lea (49:30; 50:13).
El campo y la cueva son las únicas propiedades de tierra posesión de Abraham. Todas las promesas anteriores empiezan aquí, quizás la historia sirve de modelo para que Israel comprenda que nada es automático. Siempre hay un costo por pagar. Aquí es monetario, después será moral: Los descendientes tendrán posesión si obedecen a Jehová y sus decretos, no gastando plata.

20Y el campo y la cueva que hay en él fueron cedidos a Abraham en posesión para una sepultura, por los hijos de Het.
Para que sepamos que el elemento crucial del capítulo no es la muerte de Sara sino la adquisición de un pedazo de tierra por Abraham a extranjeros, sombra de lo que ha de venir. <{{{{<<

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