Historia de la Redención (3)

Estándar

B. De Egipto a Canaán (El crecimiento del pueblo de Dios) Éxodo – Josué.

Dios preserva a su Pueblo en Egipto. Crecimiento, Moisés, las 10 plagas, Pascua, Liberación.

Dios bendijo grandemente a su pueblo en la tierra de Egipto, los libró de la hambruna y les multiplicó grandemente. Después de un tiempo, llamó Jacob a sus hijos, los bendijo y profetizó sobre ellos y sus descendencias las obras maravillosas que Dios haría con ellos. También les dio mandamientos sobre dónde debían sepultarlo y al terminar entregó el espíritu.

Pasó un tiempo y José procedió igual, llamó a sus hermanos y les dijo que moriría, pidió que tomaran sus huesos y los llevaran a la tierra que Dios juró a sus padres que les daría; porque el Señor les visitaría y ciertamente les haría subir allá. Al tiempo se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no tenía el mismo trato con la familia de José, al contrario, les veía como una amenaza. Así que ideó un plan para someterlos a esclavitud y así fue. Además quiso impedir que siguieran multiplicándose y le dijo a las parteras que mataran a todo niño varón al momento de nacer. Pero el Señor puso su temor en sus corazones y no lo hicieron.

Por esta amenaza, cuando una familia de los hijos de Leví tuvo un hermoso niño quisieron salvarlo colocándolo en el río, cerca de donde se bañaba la hija del Faraón. Ésta, al verle, le tomó como su hijo. El nombre de ese niño fue Moisés. Moisés vivía con los privilegios del hijo de la hija del Faraón, pero Dios tenía un plan para él y su pueblo que estaba siendo maltratado en esa tierra. El Señor siguió multiplicando a su pueblo en esta tierra hasta que llegó en momento de sacarlos y llevarlos a la tierra que Él había prometido a sus padres. Para esta tarea Dios llamó a Moisés para que fuese el líder del pueblo y le pidiera al Faraón que dejara ir a su pueblo. Pero el corazón de Faraón se endureció y dijo que no les dejaría ir.

Dios entonces, para mostrar su poder y la gloria de su gran nombre, envió sobre los egipcios diferentes plagas: ranas, moscas, muerte del ganado, tinieblas y otras más. Pero el corazón del Faraón seguía endurecido. Entonces habló Jehová a Moisés y le dijo que hablara a toda la congregación que todas las familias tomaran un cordero sin mancha y lo comieran con panes sin levaduras y hierbas amargas. Además debían tomar la sangre del cordero y colocarla en los postes y en el dintel de la casa en donde estuvieran celebrando la pascua, así lo hizo todo el pueblo de Israel. Y pasó el Señor aquella noche por toda la tierra de Egipto, tal como lo había dicho, e hirió con la muerte de todo primogénito de esa tierra. Toda esa tierra lloró a sus hijos menos los Israelitas, pues fueron librados por la señal de la sangre del cordero. Sólo después de esto faraón dejó salir al pueblo de Egipto. El número de ellos era aproximadamente dos millones y medio de personas. Realmente Dios hizo de la descendencia de Abraham un pueblo numeroso.

La provisión de Dios para Su Pueblo antes del Monte Sinaí.

Mar Rojo, agua, maná, Amalec.

No pasa mucho tiempo cuando Faraón decide perseguirlos y vengar la muerte de los primogénitos. Ya los israelitas se encontraban en el desierto y con el Mar Rojo en frente. Cuando vieron que los egipcios los perseguían se llenaron de temor y empezaron a quejarse con Moisés. Así que Dios habla a Moisés y le dice al pueblo que marche hacia adelante. Entonces Dios, dando muestra de su gran poder, divide el Mar Rojo en dos y su pueblo pasa por el medio del mar como por tierra seca. Intentando hacer lo mismo los egipcios, Dios cierra el mar con ellos dentro y todos perecen. Así libró el Señor a su pueblo de los egipcios, con su gran poder y su mano extendida.

Estando ya en el desierto los hijos de Israel empezaron a quejarse contra Moisés porque no tenían qué comer. Dios entonces dice a Moisés que hablara con el pueblo para que salieran en la mañana a recoger pan del cielo o maná, la provisión que Él haría fielmente cada día. Y así sucedió.

El pueblo siguió desplazándose por el desierto y nuevamente se quejó contra Moisés a causa del agua. Nuevamente Dios proveyó para su pueblo haciendo brotar agua de entre las rocas. Durante todo el tiempo que estuvieron en el desierto el pueblo nunca tuvo necesidad de nada, Dios fue su proveedor fiel. Aunque Israel tenía un corazón quejoso Dios nunca apartó su misericordia de ellos.

El pueblo siguió avanzando por el desierto y llegaron a Refidim. Allí fueron atacados sorpresivamente por los Amalecitas. Este pueblo atacó traicioneramente a Israel por la espalda, cuando estaban cansados e indefensos. Entonces Moisés le manda a Josué a preparar al pueblo para enfrentar al enemigo. Josué organiza a los varones israelitas para luchar contra Amalec. Entre tanto el pueblo luchaba, Moisés oraba a Dios y sucedía que cuando él oraba con sus manos arriba el pueblo tomaba ventaja en la batalla así que Moisés perseveró en la oración y Dios le dio la victoria a su pueblo. Dios también les prometió que exterminaría de la tierra a los amalecitas. Todo el pueblo estaba muy agradecido por haber sido librado y Moisés edificó un altar un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi. Después de lo sucedido Jetro, el suegro de Moisés, viendo el gran trabajo de su nuero, le aconseja que seleccione hombres sabios para que lo ayuden a lidiar con un pueblo tan grande. Así lo hizo y fue así como principió el largo proceso de organizar al pueblo.

Dios revela su palabra en el Monte Sinaí. Ley moral, ley civil y ley ceremonial.

Cuando salieron de Refidim, el pueblo llegó al desierto del Sinaí y allí acamparon por un tiempo. Dios llama a Moisés para que le diga al pueblo, de parte de Dios, que si ellos caminaban en los caminos de Dios y guardaban su pacto, ellos serían su especial tesoro sobre todos los demás pueblos sobre la tierra. Esto era sin lugar a dudas un privilegio enorme, debían estar agradecidos de la misericordia del Dios que los había librado de la esclavitud. Luego Dios señaló el día cuando descendería sobre el Monte Sinaí, todos debían bañarse y vestirse para este día especial. Nadie podía subir al monte, sólo Moisés podía, y así lo hizo. Estando Moisés en el monte Dios le entrega las leyes que regirán al pueblo en todos los aspectos de la vida.

Como ellos eran el pueblo de Dios debían conducirse diferentes a todos los pueblos sobre la tierra. Dios le dio tres tipos de leyes: Moral, Civil y Ceremonial. La primera parte de la ley divina contenía Los diez Mandamientos, los principios fundamentales sobre la moralidad y la religión. Se prohibía idolatría, robo, adulterio, etc. También se prohibía cualquier clase de crueldad e injusticia y se protegía a los menos privilegiados y al menesteroso. En la ley ceremonial se incluía todo lo relacionado a la adoración, al cómo conducirse en la casa de Dios, el tabernáculo, las ofrendas y los sacrificios. Todo esto habló Dios a Moisés, para sacrificarse para sí un pueblo santo, donde su Nombre se diera a conocer sobre toda la faz de la tierra. Y cuando acabó Dios de hablar a Moisés le dio las dos tablas del testimonio, escritas con su dedo.

Rebelión de Israel. Becerro de oro.

Viendo el pueblo que Moisés tardaba mucho en descender del monte Sinaí, se acercaron al hermano de Moisés llamado Aarón para que levantase dioses que fueran delante del pueblo pues creyeron que Moisés había muerto.

Nuevamente vemos como este pueblo es rápido en darle la espalda a Dios y dudar de su fidelidad. Aarón accedió débilmente a la petición y fabricó un becerro de oro de los adornos que le trajeron. Entonces Jehová le dice a Moisés que descienda del monte porque el pueblo se había corrompido. Al regresar, descubre con horror que el pueblo estaba practicando la idolatría. Tirando las tablas de la ley al suelo tomó el becerro de oro y lo fundió, haciéndole beber a todos. Entonces oró Moisés a favor del pueblo, para que este pecado de idolatría fuera perdonado y la presencia de Dios no se apartara del pueblo. El Señor escuchó el clamor y les perdonó y ratificó su pacto de bendecirles y hacerles el bien haciéndoles entrar en la tierra prometida.

La provisión de Dios para su pueblo después del Monte Sinaí. Agua, maná.

Entre tanto Dios seguía afirmando su pacto, su presencia se seguía manifestando. De día con una nube y de noche con una columna de fuego. Cuando se movían, el pueblo partía del sitio donde estuvieran. Antes de salir del campamento del Sinaí, se censó al pueblo, los varones de veinte años para arriba. El resultado fue de 603,550 individuos. En este tiempo ya el tabernáculo estaba en uso y se acercaba el primer aniversario de su liberación. El pueblo estaba contento y preparándose para celebrar la pascua nuevamente. Durante todo este tiempo ellos habían disfrutado de la misericordia de Dios y de su longanimidad. Cada día seguía dándoles maná y agua para el pueblo y en ganado.

Bianka Reyes de Suriel

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s