La noria

Estándar

He tocado los límites del tiempo.
Y vuelvo del dolor como de un viaje

alrededor del mundo…

Pero siento

que no salí jamás, mientras viajaba,

de un pobre aduar perdido en el desierto.

 

Caminé largamente, ansiosamente,

en torno de mi sombra.

Y los meses giraban y los años

como giran las ruedas de una noria

bajo el cielo de hierro del desierto.

¿Fue inútil ese viaje imaginario?

Lo pienso, a veces, aunque no lo creo.

Porque la gota de piedad que moja

mi corazón sediento

y la paz que me une a los que sufren

son el premio del tiempo en el desierto.

 

Pasaron caravanas al lado de la noria

y junto a la noria durmieron los camellos.

Cargaban los camellos las alforjas de diamantes.

Diamantes con el alba, rodaban por el suelo…

 

Pero en ninguna alforja

vi nunca lo que tengo:

una lágrima honrada, un perdón justo,

una piedad real frente al esfuerzo

de todos los que viven como yo

en el sol, en la noche, bajo el cielo de hierro

caminando sin tregua en torno de la noria

para beber, un día,

el agua lenta y dura del desierto.

Jaime Torres Bodet. México (1902-1974)

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