Apuntes a Hebreos: 1:5-14

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4siendo mucho mejor que los ángeles, por cuanto ha heredado un nombre más excelente que ellos.

Mmmm, qué cambio tan brusco.

Si vamos a cualquier tienda de artículos religiosos (y nuestros arbolitos de navidad), de inmediato vemos que la cultura está inmersa en asuntos angélicos: botones, alitas, conversaciones sobre angelitos de la guarda, etc., un interés enorme en qué hacen los ángeles y hasta gentes que nunca han leído Biblia hablan de “seguro tiene un ángel porque…” 

Ahora imaginen el tiempo de estos judíos convertidos y semi-convertidos, perseguidos, angustiados entre si vuelven a la tradición mosaica o continúan este camino angosto… Los judíos tenían en muy alta estima a los ángeles, al punto de considerar al arcángel Miguel como superior al Mesías (rollos de Qumran en el Mar Muerto). ¿Recuerdan la escalera de Jacob?  El hombre siempre se ha fascinado con los ángeles. 

¿Y nosotras? Quizás no seamos muy expresivas con el tema, pero cuando estamos vulnerables, particularmente emotivas, luego las cosas tienden a convertirse en “signos.”

¿Por qué?

Luego nos llega esta sensación de querer saber que los ángeles nos cuidan, como si el creador y sustentador del universo no fuera suficiente. Y empezamos a prestarle atención a “signos.” 

Ok. Quizás es el Señor que nos habla.
Pero si empezamos a depender de estas cosas en lugar de la representación exacta de Su naturaleza, algo no anda bien. O sentimos alguna “experiencia de fe” y luego queremos repetir la tal experiencia o encontrar algo parecido… Algo no anda bien.

De modo que el autor de Hebreos cita siete pasajes del Antiguo Testamento como prueba de la identidad de Cristo (no, no parece coincidencia, recuerden que el 7 era imagen de completo). Es evidente que el AT habla de Cristo (Lucas 24:44).

¿Por qué Cristo es superior a los ángeles?

El autor cita siete pasajes del AT, de memoria, recuerden que la Escritura no tenía versículos numerados ni nada por el estilo (¿vamos de robo, eh?). Asume que la audiencia tiene familiaridad también con los pasajes, pero como que no son capaces de ver la implicación de los viejos pasajes con los lentes de Cristo, de establecer la conexión y dar el toque final a la obra.

A. Jesucristo tiene un nombre superior a los ángeles (v.5, 6).

La primera cita es del Salmo 2:7 (Ciertamente anunciaré el decreto del Señor que me dijo: “Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.”). Ningún ángel es llamado hijo de Dios, colectivamente son llamados “hijos de Dios” pero ninguno es singularizado con este término, solo Jesucristo (Marcos 1:11; Lucas 1:32). 

La segunda cita proviene de 2 Samuel 7:14 (Yo seré padre para él y él será hijo para mí. Cuando cometa iniquidad, lo corregiré con vara de hombres y con azotes de hijos de hombres). ¿Cuándo recibió Cristo el título de Hijo de Dios? Desde una perspectiva eterna, siempre ha sido Hijo pues fue engendrado en la eternidad; pero al observar su ministerio terrenal, fue declarado Hijo en varias ocasiones, en especial cuando la Resurrección (Hechos 13:32-33; Romanos 1:4).

5Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Hijo mío eres tu, yo te he engendrado hoy; y otra vez: Yo sere Padre para El, y El sera Hijo para mí?

2 Samuel 7:14 fue un verso usado a menudo, tempranamente, como prueba de Jesús como Mesías, el Hijo de Dios.

B. La tercera cita, (Salmo 89:27 y 97:7 Yo también lo haré mi primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra y “adórenle todos los dioses [ángeles, en la Septuaginta]; Deuteronomio 32:43; Isaías 6:1-6; Juan 12:41).

6Y de nuevo, cuando trae al Primogénito al mundo, dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios.

C. Jesús, Rey divino y por tanto gobernador de los ángeles (v.7-9, 13-14)

La cuarta cita proviene del Salmo 104:4 (que hace de los vientos sus mensajeros y de las llamas de fuego sus ministros) para mostrar la relación de los ángeles en la divina administración del universo: aunque ocupen un alto lugar, sin embargo está por debajo a la supremacía otorgada al Hijo. Los ángeles ejecutan mandatos divinos igual que los elementos naturales. 

7Y de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles, espíritus, y a sus ministros, llama de fuego.

D. La quinta cita, Salmo 45:6b (cetro de equidad es el cetro de tu reino) celebra una boda real; las palabras citadas se dirigen al novio, al parecer un príncipe de la casa de David, alguien perteneciente a la dinastía a la cual Dios ha hecho promesas especiales según Sus propósitos. 

¿Quiénes son los compañeros? Probablemente hace referencia a los “muchos hijos” (2:10), que no se avergüenza de llamar “hermanos” (2:11).

8Pero del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, es por los siglos de los siglos, y cetro de equidad es el cetro de tu reino.

9Has amado la justicia y aborrecido la iniquidad; por lo cual Dios, tu Dios, te ha ungido con oleo de alegría más que a tus compañeros.

E. La sexta cita, Salmo 102:25-27, es un salmo de aflicción, alguien que experimenta el juicio divino pero ora con súplicas por misericordia y restauración. Contrasta la brevedad de la vida y lo terrenal con la eternidad de Dios.

Ahora bien, las palabras que el salmista dirige a Dios, el autor de Hebreos las aplica al Hijo. ¿Basado en qué? ¿Cuál es la justificación? 

¡Oh, ya lo presentó como el Creador del universo! No adoremos las criaturas sino al Creador. Vean la supremacía de Cristo.

10Y: Tú, Señor, en el principio pusiste los cimientos de la tierra, y los cielos son obra de tus manos; 11Ellos perecerán, pero tu permaneces; y todos ellos como una vestidura se envejecerán, 12y como un manto los enrollarás; como una vestidura serán mudados. Pero tu eres el mismo, y tus años no tendrán fin.

La séptima cita, que consolida el argumento, son las palabras que abren el Salmo 110 (Dice el Señor a mi Señor: siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies). Al igual que la primera cita, se refiere a la entronización del Rey, promesa de victoria sobre todos sus enemigos. El Nuevo Testamento de modo uniforme interpreta este salmo como mesiánico, aplicado a Jesucristo (Marcos 12:35). JC mismo, en su juicio, reclamó este salmo como suyo cuando dijo a los jueces que “a partir de entonces verían al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Altísimo” y este mismo reclamo fue luego vindicado por los apóstoles por los hechos de Dios.

El autor de Hebreos va más lejos cuando involucra Salmo 110:4 (Melquisedec) con el mismo Señor.

13Pero, ¿a cuál de los ángeles ha dicho jamás: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?

Los ángeles que han sido más exaltados son aquellos cuyo privilegio es “estar de pie en la presencia de Dios” como Gabriel (Lucas 1:19), pero ninguno ha sido invitado a sentarse delante de El, mucho menos a Su diestra. Todos los ángeles, sin excepción, son sirvientes de Dios, “espíritus ministradores” que no han de compararse con el Hijo. Y su servicio es en beneficio de los herederos humanos de la salvación.

14¿No son todos ellos espíritus ministradores, enviados para servir por causa de los que heredarán la salvación?

Observen que el autor no se detiene a explicar en qué consiste la salvación, asume que tanto el término como su significado son familiares. Lo que sí tienen qué entender es el terrible peligro al cual se exponen si tratan con ligereza su salvación.

1Por tanto, debemos prestar mucha mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos [derivemos fuera]. 

POR TANTO, posiblemente la frase que más veamos repetida en todo el libro.

Empieza a emerger la razón principal o el por qué del énfasis en Jesucristo como superior a los ángeles. La vieja revelación, la Ley del Sinaí, fue comunicada mediante intermediarios angélicos; pero la revelación final fue dada por el Hijo y por tanto demanda toda nuestra atención.

De manera natural nuestro corazón se desvía, va a la deriva de Dios, no tiende hacia El.  Ir a la deriva es una ilustración de la vida marina: a menos que alguien proactivamente amarre el bote, la corriente lo arrastrará. (C.S Lewis: drifting happens easily and imperceptibly).

¿Recuerdan la historia de Ulises? Pidió que lo amarraran fuertemente al mástil para que al oír el canto de las sirenas no pudiera ir tras ellas, a la deriva. Tenemos la tendencia de ir a la deriva, esto no significa perder salvación (alguien verdaderamente salvo podrá sufrir períodos de desobediencia, pero no pérdida de salvación).

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