Apuntes a Hebreos: 3:1-6

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¿Hacia dónde miramos? ¿Hacia arriba o hacia abajo? 

¿Quién sería la persona más reverenciada en la mente hebrea? Moisés. Imaginen: el Gran Libertador, el Dador de la Ley, el que hablaba cara a cara con Dios y no murió, el que ofreció su vida cuando el asunto del becerro de oro para librar al pueblo de la ira de Dios, etc.

Pero el autor vuelve y dirige nuestra atención a Jesucristo. ¿Por qué? Vuelve nuestra atención hacia Quien es superior. 

1Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. 

Noten el término: “miembros de una hermandad santa” -hermanos en la familia de Dios, que comparten el llamado celestial. Calculado para recordarnos la dignidad con que nos ha investido, que no podemos tratar con ligereza pues sería insultante. Nuestro verdadero yo es ser santas (Romanos 7:17, así que ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mí), ciudadanas de una realidad que no se limita a la esfera terrenal, de modo que este conocimiento debiera afectar la manera como respondemos al pecado en nuestras vidas. 

La audiencia original sufría persecusión, pretendían volver a sus ancestros “a Egipto, donde las cosas eran mejores.” El autor les dice “hey, miren hacia arriba: tenemos un llamado celestial, somos pueblo santo, apartado por Dios, la dirección es para el otro lado…

Representante ante los hombres como apóstol (Juan 20:21), representante ante Dios como Sumo Sacerdote. La palabra “considerad: suena muy suave, moderada; en el original más bien es “fija tus pensamientos en Cristo” En otras palabras “¡concéntrate!” Manténganse en continua observación, lo cual tiene sentido si recordamos que El es la copia idéntica al original, la representación exacta de la naturaleza de Dios.

¿Por qué nos da trabajo poner mucha mayor atención y fijar nuestros pensamientos con toda intención en el carácter de Cristo?

Tenemos que tratar de comprender su profundo significado. Es lo que escribe el autor de Hebreos:  

considerad [fija tus pensamientos en] a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. 

2El cual fue fiel [siendo fiel] al que le designó [constituyó], como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. 3Porque Él ha sido considerado digno de más gloria que Moisés, así como el constructor de la casa tiene más honra que la casa. 4Porque toda casa es hecha por alguno, pero el que hace todas las cosas es Dios. 5Y Moisés fue fiel en toda la casa de Dios como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir más tarde; 6pero Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios, cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria [el gloriarnos] de nuestra esperanza. 

Cristo probó ser fiel, igual que Moisés. El autor, de hecho, alaba a Moisés (eco de Números 12:7 no así mi siervo Moisés; en toda mi casa [la familia de Dios] él es fiel). Lo cual demuestra que el mensaje de ambos, Cristo y Moisés (contenido en los primeros 5 libros de la Biblia) no es contradictorio; Jesús mismo dijo “si hubieran creído a Moisés, me creerían a mí, porque él escribió de mí [Juan 5:45].”

¿Cómo medir la fidelidad de un enviado?

Cuando ejecuta fielmente la comisión que le hemos confiado. 

Ahora bien, Moisés era parte (sirviente, mayordomo) de la casa (Israel en el Antiguo Testamento, la Iglesia en el Nuevo) mientras que Cristo construyó la casa (dueño). Significa que ¡Moisés no era el autor de la vieja economía como Cristo sí lo es de la nueva! (¿Que el constructor de la casa tiene más gloria que la casa misma? ¡Vaya idea nueva para estos judíos que tenían años considerando la fidelidad de Moisés!)

Con todo, Dios mismo da una solemne advertencia contra quien vaya en contra de Moisés (Números 12:8); más solemne es la advertencia implícita contra quien niegue o ignore a Cristo y el evangelio. Porque Moisés es tipología: apunta hacia Cristo, Jesucristo es el Salvador.

¿Cuál es esta casa? Nosotros. La comunidad de creyentes. Noten que son frases condicionales: si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza… La doctrina de la perseverancia final de los santos tiene la saludable enseñanza de que los santos son aquellos que perseveran hasta el fin (valga la redundancia). 

En la parábola del sembrador (Marcos 4:5, 16), la semilla que cayó en la roca nació pero no prosperó porque no tenía raíz, y la explicación señala “aquellos que escuchan, reciben con gozo, pero como no tienen raíz, cuando llegan los problemas se apartan” y esta es la advertencia que trae el autor de Hebreos y su constante énfasis en la necesidad de mantener su profesión de fe y esperanza gozosa, esto es, mantener el curso hacia el destino final, perseverar. De nuevo una ilustración marina: mantener el curso hacia un destino. El autor nos prepara porque luego hablará de Jesucristo como nuestra ancla.

El creyente vive por fe y no por vista; mantiene su esperanza en lo invisible, sin avergonzarse. No se trata de esperanza vana o secular sino de esperanza cierta. Sucederá. 

Amadas, el contentamiento se aprende, y se aprende en medio de relaciones; se alcanza, es una forma de dominio propio, de maestría por la gracia de Dios. 

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