Apuntes a Hebreos 7:1-28

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El autor de Hebreos vuelve a esta figura, Melquisedec, para decir lo que tiene que decir y educar a su audiencia en madurez de fe y vida. Nos recuerda Génesis 14, cuando el rey Elamita Quedorlaomer y sus aliados invadieron y derrotaron las ciudades-estado del “circuito del Jordán” -Sodoma y alrededores- y tomaron gran cantidad de cautivos, entre ellos a Lot, el sobrino de Abraham.

Cuando las noticias llegaron donde Abraham, éste armó sus sirvientes, pidió ayuda a sus vecinos y persiguió a los invasores. Los alcanzó cerca de Damasco, atacó por sorpresa, derrotándolos, y recuperó cautivos y gran botín.

En su camino de regreso Abraham se encuentra con el agradecido rey de Sodoma, quien le propone quedarse con los cautivos y que Abraham conserve el botín como ganancia de guerra. Pero Abraham declina la oferta a causa de juramento hecho al Dios Altísimo, creador de cielos y tierra, porque antes de la propuesta del rey, Abraham había recibido la visita de Melquisedec.

1Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, salió al encuentro de Abraham cuando este regresaba de la matanza de los reyes, y lo bendijo. 2Abraham le entregó el diezmo de todos los despojos, cuyo nombre significa primeramente rey de justicia, y luego también rey de Salem, esto es, rey de paz, 3sin padre, sin madre, sin genealogía, no teniendo principio de días ni fin de vida, siendo hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote a perpetuidad.

He aquí todo lo que Génesis menciona sobre Melquisedec “rey de justicia y paz.” No habla de parentela, ancestros, progenie, nacimiento, muerte, pero esto no significa que fuese una anomalía biológica o un ángel disfrazado de humano. Históricamente pertenece a una dinastía de sacerdotes-reyes, un ser vivo, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo.

Tanto en las declaraciones de Génesis como en los silencios del texto lo que vemos es una tipología de Cristo: Jesucristo no sigue el patrón de Melquisedec, es al revés: Melquisedec sigue el patrón del Hijo de Dios.

4Considerad, pues, la grandeza de este hombre a quien Abraham, el patriarca, dio el diezmo de lo mejor del botín. 

Es evidente la grandeza de este hombre: acepta diezmos de Abraham y además lo bendice. Su sacerdocio es mayor que el levítico, algo tremendo de aceptar para la mente hebrea.

5Y en verdad los de los hijos de Leví que reciben el oficio de sacerdote, tienen mandamiento en [según] la ley de recoger el diezmo del pueblo, es decir, de sus hermanos, aunque estos son descendientes de Abraham. 6Pero aquel cuya genealogía no viene de ellos, recibió el diezmo de Abraham y bendijo al que tenía las promesas. 7Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. 8Aquí, ciertamente hombres mortales reciben el diezmo, pero allí, los recibe uno de quien se da testimonio de que vive. 9Y, por decirlo así, por medio de Abraham aun Leví, que recibía diezmos, pagaba diezmos, 10porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

El diezmo entregado por Abraham equivalía al 10% de los despojos de guerra. En tiempos de Nehemías los levitas recibían los diezmos supervisados por los sacerdotes y traían el “diezmo de los diezmos” al templo (Nehemías 10:38). El punto del autor, sin embargo, no es la administración de los diezmos sino el hecho de que los miembros de la tribu de Leví al pagar diezmos a Melquisedec reconocieron la superioridad de éste como sacerdote y rey.

El mismo Abraham lo consigna al recibir la bendición: el hijo nunca es mayor que el padre.

11Ahora bien, si la perfección era por medio del sacerdocio levítico (pues sobre esa base recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad había de que se levantara otro sacerdote según el orden de Melquisedec, y no designado según el orden de Aarón? 12Porque cuando se cambia el sacerdocio, necesariamente ocurre también un cambio de la ley. 13Pues aquel de quien se dicen estas cosas, pertenece a otra tribu, de la cual nadie ha servido en el altar. 14Porque es evidente que nuestro Señor descendió de Judá, una tribu de la cual Moisés no dijo nada tocante a sacerdotes. 

Recordemos que el autor escribe a hebreos, es decir, a gentes conocedoras de las Escrituras. La objeción era inevitable: ¿otro sacerdote… descendiente de la tribu de Judá? ¡No hombre!

15Y esto es aún más evidente, si a semejanza de Melquisedec se levanta otro sacerdote, 16que ha llegado a serlo, no sobre la base de una ley de requisitos físicos, sino según el poder de una vida indestructible. 17Pues de Él se da testimonio:

Tú eres sacerdote para siempre

según el orden de Melquisedec.

18Porque ciertamente, queda anulado el mandamiento anterior por ser débil e inútil 19(pues la ley nada hizo perfecto), y se introduce una mejor esperanza, mediante la cual nos acercamos a Dios. 

¡La declaración anuncia la derogación de la ley anterior! “Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec (Salmo 110:4)” evidencia que el sacerdocio de Cristo no se basa en genealogía sino en vida indestructible, eterna.

El cambio debía suceder pues pese a la solemnidad del ritual y ministerio sacerdotal de la ley anterior, no se alcanzaba real paz de conciencia ni acceso inmediato a Dios. Lo sublime del evangelio de Cristo es que pone delante nuestro la esperanza, nos acerca a Dios, nos da libre acceso a la perfección que la ley no puede obtener.

El autor quiere que absorbamos la belleza del santuario, nos lleva desde la parte exterior hasta el santuario íntimo, hasta el Lugar Sagrado. Ojo. ¿Tendremos idea de cuán sorprendidos estuvieron los oyentes de la carta? ¿Cuántas personas podían acercarse a Dios en el Lugar Santísimo? Una.¿Cuán a menudo? Una vez al año.

20Y por cuanto no fue sin juramento, 21pues en verdad ellos llegaron a ser sacerdotes sin juramento, pero Él por un juramento del que le dijo:

El Señor ha jurado

y no cambiará [no se arrepentirá]:

«Tú eres sacerdote para siempre»,

22por eso, Jesús ha venido a ser fiador [garantía] de un mejor pacto. 

23Los sacerdotes anteriores eran más numerosos porque la muerte les impedía continuar, 24pero Él conserva su sacerdocio inmutable [intransferible] puesto que permanece para siempre. 25Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre [completamente] a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos.

26Porque convenía que tuviéramos tal Sumo Sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos, 27que no necesita, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, cuando se ofreció a sí mismo. 28Porque la ley designa como sumos sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra del juramento, que vino después de la ley, designa al Hijo, hecho perfecto para siempre.

El nuevo sacerdocio es mejor porque el sacerdote es Cristo. Cristo, quien soportó tentaciones terrenales. Cristo, quien derramó su corazón en oración ferviente a Dios. Cristo, quien aprendió en el sufrimiento cuán duro es el camino de la obediencia. Cristo, quien intercedió por sus discípulos para que su fe no faltara cuando llegara la hora de la prueba. Cristo, quien ofreció su vida a Dios como ofrenda por el pecado -el mismo Cristo, sumo sacerdote e intercesor de cuantos vienen a Dios por medio de El.

Aunque vino al mundo “en semejanza de carne”, vivió entre pecadores, recibió pecadores, comió entre pecadores, fue conocido como amigo de pecadores, sin embargo él mismo nunca pecó y ahora es exaltado sobre todos los cielos, a la diestra del trono de Dios.

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