Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:12-13.
Hay muchos libros que prometen una vida cristiana exitosa, pero ninguna técnica humana puede llevar a cabo la obra de Dios. Cualquier compromiso o rededicación basada en nuestro propio esfuerzo no durará; la verdadera transformación proviene solo del Espíritu Santo. Por eso el Señor quiere que dependamos de Él para tener fuerzas y ser perseverantes.
El pasaje nos recuerda verdades básicas en cuanto a la vida cristiana:
PARTICIPAMOS AL OCUPARNOS DE NUESTRA SALVACIÓN: No se refiere a nuestra conversión inicial a través de la fe en Cristo; más bien, es el proceso de santificación mediante el cual crecemos a semejanza de Cristo. Un estilo de vida obediente y santo es algo que hemos de escoger y buscar.
NECESITAMOS TENER UNA ACTITUD DE TEMOR Y TEMBLOR: No hay lugar para la frivolidad en nuestra vida, porque Dios es santo y un día tendremos que darle cuenta de lo que hayamos hecho.
DIOS OBRA EN NOSOTROS: Jesucristo señala que nada podemos hacer separados de Él. «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.» (Juan 15:5).
El Salvador es quien nos capacita para vivir el proceso de santificación, semejantes a Su imagen.
Lee. Medita. Aplica.