Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
La decepción es una respuesta emocional ante los objetivos y deseos frustrados. A veces, es el resultado de circunstancias fuera de nuestro control, pero cuando otros están involucrados es fácil culparlos por la situación. Incluso podríamos perder la fe en la persona que creemos que nos defraudó.
Marta y María podrían estar de acuerdo con esto. El Evangelio de Juan nos dice que Cristo amaba a Marta, María y Lázaro. Debido a esto, esperaban que viniera de inmediato después de enterarse de que Lázaro estaba enfermo. Pero el Señor no vino sino hasta después de la muerte de Lázaro.
Nosotros somos, a menudo, como Marta y María. Oramos para que Dios intervenga en una situación de la manera que deseamos. Pero si no lo hace, nos quedamos perplejos y decepcionados de Él. Ahora bien, tal vez no expresamos estos sentimientos, pero nos sentimos defraudados.
El pasaje de hoy nos recuerda que el Señor tiene propósitos más elevados de lo que nosotros somos capaces de percibir. No deje que su decepción moldee su visión de Dios. En vez de eso, confíe en la verdad: Que el amor de Dios por usted nunca falla y que Él dispone todos los acontecimientos de su vida para la gloria de Él y el mayor beneficio para usted. Cuando se sienta decepcionado, la mejor respuesta es confiar en Él.
Lee, Medita y Aplica!