Isaías 45:9

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 ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿qué haces?; o tu obra: ¿no tiene manos?

Hay varios pasajes de las Sagradas Escrituras que comparan a Dios con un alfarero y a nosotros con la arcilla. El Creador tiene derecho a transformar y moldear la vida de sus hijos como le parezca, y nos está conformando a la imagen de su Hijo, «Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo…» (Romanos 8:29). En otras palabras, nos está ayudando a no conformarnos al mundo o a ceder a nuestros antiguos deseos, «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» (Romanos 12:2)

«Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.» (1 Pedro 1:14-16).

El problema surge cuando no nos gusta el proceso de moldeo. Entonces discutimos con nuestro Alfarero y nos quejamos de las dificultades y aflicciones que a veces resultan cuando Él nos moldea. Isaías 45.9 lo expresa de esta manera: “¿Dirá el barro al que lo labra: ‘Qué haces?’”. A nosotros nos corresponde al igual que la arcilla, permanecer flexibles y someternos a los propósitos del Señor, no dejar que partes de nuestra vida se endurezcan y se resistan a sus intentos de moldearnos.

Dios obrará para eliminar esos bultos duros con el fin de moldearnos como vasos que sean útiles y agradables a Él. Nuestra responsabilidad es aceptar cualquier cambio del Maestro Alfarero. Podemos hacerlo con confianza porque estamos en sus competentes, hábiles y amorosas manos. Y esa es la situación más segura y satisfactoria en la que podemos estar.

Lee, Medita y Aplica!

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