Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.
¿Qué distingue a un creyente de un no creyente? El Señor Jesús señaló que sus ovejas lo conocen, escuchan su voz y lo siguen. Son aquellas por las que murió para salvarlas, y cuando las llamó, respondieron con fe y arrepentimiento, recibiéndolo como su Señor y Pastor.
Pero escuchar la llamada de Cristo a la salvación es solo el comienzo de una vida de fe mientras Él dirige nuestros pasos. El Señor dijo a los que creían en Él: “…Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Juan 8.31). Es esencial que reconozcamos su voz y rechacemos todo lo que la contradiga.
La voz de Dios se escucha a través de las Sagradas Escrituras. Por eso es vital dedicar tiempo a escucharlo a través de su Palabra. A medida que llenamos nuestra mente con las verdades bíblicas, el Espíritu las utiliza para enseñarnos, reprendernos, corregirnos e instruirnos en justicia, «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.» (2 Timoteo 3:16-17)
Cualquier cosa que usted escuche, compárela siempre con las Sagradas Escrituras para que pueda diferenciar entre la verdad de Dios y la lógica o las filosofías humanas. A medida que se familiarice con la voz de Cristo, prepárese para dejar de lado algunas de sus ideas preconcebidas, y así alinear su pensamiento con la Palabra de Dios.
Lee, Medita y Aplica!